NOVELA NEGRA

 

La N. N. y la transición Española…por el medio

 por

 ©Zeki

Zeki, es director- editor de la revista www.lagansterera.com

La historia del relato criminal en España echa a trompicones, éxitos, fracasos de editoriales, modas y acontecimientos históricos, se caracteriza por la falta de una tradición continuada del género, avalada, entre otras muchas circunstancias, por la ausencia de figuras marginales míticas.

El bandolero, nuestro peculiar prototipo del Robin Hood Ibérico  no encontró fuera de las crónicas periodísticas y raros ejemplos (El rey de Sierra Morena José Maria Tempranillo, Manuel Fernández González) su panegirista particular. La ausencia de un verdadero desarrollo urbano de nuestra geografía debido a la penetración tardía de la revolución industrial, son así mismo rémoras coyunturales que dificultaron nuestra asimilación a la nueva cultura urbana de mitad del siglo XIXº.

A pesar de haber sido los inventores de un género precursor del tema delictivo: la novela picaresca; no se han dado aquí, los factores sociales que en otros lugares impulsaron el nacimiento   y consolidación del relato policial.

 El relato policial (apelación genérica y arbitraría que engloba todas las vertientes) puede rastrearse  hasta los inicios históricos más o menos comunes del género, cuando aparecen los relatos de: Edgard Allan Poe, Wilkie Collins y Emile Gaboriau, en Norteamérica, Gan Bretaña, y Francia respectivamente.

Lo cierto de los inicios españoles: “El clavo” (1853) de Pedro Antonio Alarcón –es que son de dudosa originalidad si tenemos en cuenta las pesquisas de  otra famosa autora Emila Pardo Bazán, que también en su día se intereso por el cuento policial (“La gota de sangre” (1911).

Sí según el autor: (Alarcón) esa es la narración dramatizada de una causa celebre; la opinión de Bazán  es que ese relato, esta sacado de una novela corta (Le Clou) de un autor francés olvidado: Hippolite  Lucas. (Ver: J. Colmeiro)

El caso es que no podíamos tener unos comienzos menos brillantes.

 

El primer poso…

-El primer poso importante que viene  a abonar las primeras raíces del género, debuta con el éxito de las editoriales y colecciones populares antes de la contienda civil, que editaban cuadernillos, imitaciones de los dime novels americanos. De esa subliteratura nace una demanda de obras originales de más calidad a la que las editoriales responden con celeridad.

En 1926 la Editorial Iberia publica en su colección: Biblioteca Selecta, traducciones de autores extranjeros; “Club del crimen” y Selección Policíaca” de la editorial Dedalo, publican a Simenon y Hammett entre muchos autores famosos. Colecciones como “Biblioteca Oro” de la Editorial Molino, un pilar de la edición en España, empiezan promocionando obras y autores extranjeros de tema policíaco (Edgar Walace, Sax Rhomer…etc.) que encuentran un mercado ya afianzado. Progresivamente esas editoriales dan paso a autores españoles: Guillermo López Hipkiss (G. López H.) José Mallorquí, Enrique Cuenca  Granch, Abelardo Fernandez Arias ( Cecil Hdoge) que en una primera época, publican bajo el disfraz de seudónimos y temática argumental americanizante , para seguidamente introducir algunas obras con argumentos autóctonos. 

  

Los años 40

El renacer de las editoriales populares después de la contienda da un nuevo brío al género y a la aparición de autores Españoles. Como nunca hasta entonces el lector español tiene un amplio surtido de colecciones donde escoger y entre nuevos autores foráneos (Chandler, Frank Gruber…etc) aparecen obras escritas por españoles: Pedro Victor Debrigode Dugi (P.V.Debrigaw) Carlos Grondona Richmond, Octavio Cortés Faure, Fidel Prado (F.O Prad)…que gracias a una demanda creciente y a pesar de unas condiciones económicas poco favorables pueden aspirar a una incipiente  profesionalización. Sus novelas  eran productos de consumo rápido para evasión, sin mayores pretensiones, donde  los argumentos híbridos de aventura con elementos de la novela de detección clásica, conformaban historias de buenos y malos con pocas referencias de crítica social.

La calidad literaria de aquellos primeros relatos dejaba, salvo excepciones, ciertamente mucho que desear, pero constituyeron una escuela para lectores y un embrión de aficionados al género, de los que tiempo después se beneficiarían  otros…

Las exigencias de la censura por una parte, impedían cualquier viso de denuncia social, que a la postre es uno de los elementos diferenciador de la novela negra. En cuanto a la novela policial, más clásica, sin ese componente de crítica que actuaba como rémora para la creación de las anteriores (n.n.), hubiese resultado particularmente inverosímil, los modos de actuación policiales al estilo anglosajón…transplantados en referentes hispanos. La maquinaria castradora de la censura, se enfrentó con la balbuciente y prometedora introducción, de un género de raíces foráneas, en el gusto del consumidor patrio, impidiendo que el impulso para la instauración de una novelística del género, genuinamente española, tomará formas más sólidas.

 Buscando paliar esos impedimentos, respondiendo al auge de ese tipo de literatura y a la vez mejorar el aspecto económico, las editoriales dan paso  seguidamente, a un plantel ensanchado de autores patrios.

 

Un primer disparo

-“El inocente” de Mario Lacruz, es la novela en la que una corriente mayoritaria e intelectual quiere ver el primer disparo de la novela negra española. Una obra que inevitablemente llevaba el marchamo de primera novela negra española. Quien quiera abordar el estudio del género en España no tiene más opción…que proceder a una lectura crítica de esa novela.

 Desgraciadamente existiendo aún los obstáculos de la censura que impedían una visión crítica en los argumentos, Mario Lacruz opta en El inocente por situar su narración en un contexto imaginado, con premisas de igual índole. Uno tiene que ser muy benévolo para situar con paralelismo de apoyo, y transportar personajes y acontecimientos a la actualidad que los españoles vivían por entonces.

Un crimen inexistente que comienza con escenas de persecución, resueltas dentro de los códigos de la mejor novela negra  pronto se diluye en disquisiciones sicológicas cargadas de moralina compasiva de la que no consigue despegarse un concepto pequeño burgués de la existencia. Son legítimas las sospechas, que: el autor habiendo leído a Hammett y Chandler, intenta reproducir para un público afín una narrativa de visos superiores, y que lo que a la postre deja translucir, no es más que mala conciencia al abordar un género que él intuye de serie B.

 Detrás  de ese primer  disparo fallido, vienen otros que van combinando las particularidades de nuestro marco peninsular,  adaptando los  códigos que imperan dentro del género, a un costumbrismo tipo Francisco García Pavón y su  personaje el original: Plinio, o  el comisario Tomás Salvador y sus argumentos tipo causa celebre.

 

Rehabilitación en tercer grado…

A finales de los 60, la irrupción desarrollista de la televisión en los hogares españoles, no consigue desbancar la costumbre popular de lectura de las novelas de tiros. Sería interesante conocer  algún sondeo sobre el hábito de lectura de los españoles hecho en aquellos años, en los que no era sorprendente ver a los obreros con sus novelas en los bolsillos posteriores y a las amas de casa intercambiando las suyas en los kioscos… Hábitos hoy  desaparecidos.

Era necesario recobrar la libertad para que la novela negra pudiera encontrar su natural cauce realista, de denuncia de arbitrariedades y corruptelas…narrando historias de los eternos perdedores sujetos a la ley, y, de los que haciendo la ley sucumben a la borrachera del poder y se entregan a todo tipo de atropellos.

 

Los duros, melindres…y oportunistas

La nueva etapa de la novela negra en España en el momento de la transición, nace de un desafió etílico de Manuel Vázquez Montalbán con unos amigos “…Tatuaje fue una broma. una apuesta etílica después de una cena con el editor de casi todos mis libros de poemas, Pepe Batlló, y otro más….” Ese episodio y el descubrimiento  por un  autor   francés, crítico y director de la revista Polar (Michel Lebrun) de la obra de Montalbán, van a propiciar el relanzamiento  del género en España. Sin embargo a pesar de su indudable posición preponderante dentro del género autóctono, Manuel Vázquez Montalbán y su serie de Carvalho que es un hito en esa historia, no deja de ser parte de esos melindres que abordan el género con mala conciencia. Tatuaje (1974) nace de la reacción contra cánones literarios de principio los años setenta, y contrapunto a la literatura llamada seria. Era la segunda novela donde aparecía el detective Pepe Carvahlo, escrita en 15 días como historia de guardias y ladrones.

En este grupo de escritores pusilánimes del género y sin embargo con talento se incluye Eduardo Mendoza La verdad sobre el caso Savolta: un acercamiento a la literatura policial, desde los códigos del género, más convencional que sus otras novelas que seguirán-El misterio de la cripta embrujada, (1979) El laberinto de las aceitunas (1982) La aventura del tocador de señoras 2001-donde el uso del pastiche atenúa sus reparos. Demasiado para Gálvez (1979) es otra de las novelas que marcan esa etapa y Jorge Martínez Reverte se añade a ese grupo de escritores que a pesar de usar los estereotipos del género (protagonista de serie, relatos de crítica social que se enmarcan dentro de un contexto preciso y reconocible,…etc.)  rehúsan la catalogación de literatura policial por su asimilación con género menor, debe entenderse.

Los Duros.

Dos alumnos aventajados, surgidos del Premio Circulo de crimen  van a mantener la cabeza de puente…de esa primera tentativa seria de construir una novelística del género negro autóctono.  

Juan Madrid que va actuar de verdadero cronista de la transición, retoma la herencia del costumbrismo, pasado por el molde del realismo urbano propio de los códigos de    la novela negra. Construye unas instantáneas, de las periferias sociales, sin maquillajes cuyo resultado es un producto original y consistente de una perfecta asimilación del género. Toni Romano, el detective que J. Madrid creara como protagonista de algunas de sus novelas, antiguo boxeador y cobrador de deudas en un Beso de amigo se enfrenta a los residuos de bandas franquistas mezcladas en operaciones inmobiliarias…un símil de la actualidad que imperaba en aquellos años. En Nada que hacer (1984) el protagonista es Silverio Roca , la acción -la historia de una venganza- esta menos sujeta a la actualidad social del momento, es técnicamente más innovadora. Juan Madrid incide en la vertiente de la historia desde el punto de vista del delincuente (croock-story). Es igualmente uno de los pocos autores que toca el procedural español, en sus relatos de Brigada Central

Andréu Martín, trabajando con ojo clínico el lado más psicológico, hace suyas igualmente, las referencias del hard boiled made in Spain y construye una obra sin complejos. El señor Capone no esta en casa (1979)  es un claro compromiso con las premisas de la novela negra: la historia se desarrolla en el Chicago de los años 30- Una demostración del perfecto manejo de los cánones del género negro. En 1980 gana el premio Circulo del Crimen con: Prótesis donde concurren ya muchos de los referentes de su propuesta literaria- la agresividad, la locura, el terror , el humor..etc.

Jaume Fuster , Francisco Gzl Ledesma, Raoul Guerra Garrido,…etc son parte de ese plantel de autores que construyen desde sus relatos una base sólida para una tradición española del género policial.

Estos relatos reconstruyen el recorrido de los cambios sociales que se van produciendo, la transformación que se opera en las respuestas que las clases marginales construyen a su propia salida…y la reconversión de los cuerpos policiales cangrenados por la corrupción y la falta de profesionalidad.

 En la actualidad la novela policial en España vuelve a gozar de un nuevo momento de gloria, paradójicamente las colecciones especializadas han desaparecido, pero una legión de autores- Lorenzo Silva, Alicia Gimenez Bartlett, Suso de Toro, Rafael Reig, y muchos otros que imperdonablemente se me olvidan, cuyas obras son publicadas diseminadas entre la maraña editorial, han sabido despuntar, mantenerse, y construir sin remilgos una tradición de novela negra auténticamente española.

 

©Zeki, es director- editor de la revista sobre Novela Negra  www.lagansterera.com .Agosto 2002

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