|
Pilar Adón 1971. Ha publicado relatos y
poemas en revistas como Barataria, La Hora Feliz o Punta de Plata.
Participó en la antología Aldea Poética, publicada
por esta misma editorial y en la 1ª Exhibición Internacional
de Poetas Contemporáneos de la Universidad de Fredericton
(Canadá). Premio Ategua (Córdoba, 1997) con la novela
Todavía la Luz. Premio Regenta (Salamanca, 1998) con el ensayo
Donde acaba la creencia, ha publicado recientemente el libro para
niños, Objetivo: el Flautista de Estambul. Obtiene el I Premio
Ópera Prima de Nuevos Narradores Con el hombre de espaldas.
Su última novela Las hijas de Sara (2003) la ha publicado
en Alianza.
Las Hijas de Sara: Una novela que dará que hablar
Introducción: Empieza la primavera y con ella sale la segunda
novela de Pilar Adón Las Hijas de Sara, un libro
denso, cargado de palabras poéticas y de un clima muy elaborado
que parece un libro de madurez. Una novela sorprendente para haber
sido por una persona tan joven como la escritora a quien entrevistamos.
Una novela que dará que hablar.
Maria Tena.- ¿Desde cuándo escribe?¿Cuánto
tardó en escribir Las hijas de Sara?
Pilar Adón.- Pues la verdad es que me recuerdo escribiendo
desde muy pequeña. Supongo que como me pasaba el día
entero leyendo, una cosa me llevó a otra, y con muy pocos
años escribía historias de miedo y pequeñas
obras de teatro. Me acuerdo de que pensaba constantemente en cómo
los escritores serían capaces de construir historias tan
largas, documentadas y redondas, cuando a mí me costaba tantísimo
esfuerzo describir incluso mi propia casa. Estaba convencida de
que leían enciclopedias enteras, y yo misma comencé
a leer una, desde la A. Obviamente, lo dejé pronto.
La historia de Las hijas de Sara comenzó a finales
de 1999 y la di por terminada el año pasado, en febrero,
después de varias versiones, cada una de ellas con su título
propio, y con toda una serie de argumentos que han ido montándose
los unos sobre los otros. De todos modos, los motivos principales
de la primera historia permanecen, y aunque la excusa no cambie,
el paisaje ha ido evolucionando. Recuerdo que mi idea primera era
enfrentar a una mujer con un ángel caído, alguien
peligroso y tremendamente atractivo. Creo que este motivo es uno
de los principales en la novela que he dado a los lectores.
Pregunta.- ¿Qué diferencias encuentra entre escribir
poesía y construir una novela? ¿Cómo ha sido
su evolución de un género a otro?
Pilar Adón.- Escribir una novela es un tour de force. Es
un reto personal, algo que una se impone cada día, como una
cita con alguien encantador pero absolutamente dominante y exigente.
Es un trabajo de fondo, una conversación diaria con los personajes
y una visualización constante de escenarios,
descripciones, e incluso del argumento de la novela. La poesía
es otra cosa. Escribir poesía es llegar, sentarse y soltar
lastre. No creo que la técnica tenga nada que ver, pero tampoco
el impulso creador.
La verdad es que lo que hago es alternar los dos géneros.
No empecé, como muchos otros escritores, con poesía
y de esto pasé a la narrativa. Fue justo al revés.
Comencé con relatos y con amagos de novelas. Siempre quise
ser prosista. De todas maneras, muchos lectores me comentan que
mi narración tiene algunos aspectos muy poéticos y
creo que es cierto.
Pregunta.- ¿Cuál cree usted que es el mayor logro
de esta novela?
Pilar Adón.- Casi todo el mundo coincide en afirmar que
desde la primera página el ambiente que se ofrece en la novela
es tan insinuante y tan envolvente que atrapa al lector y éste
se deja llevar por ese mundo de mujeres y arena, dominado por hombres
implacables
El estado de ánimo que queda en el lector
cuando ha leído la novela: eso es lo que quería conseguir,
un estado de ánimo que perdurase.
Pregunta.- ¿Qué hay de Pilar Adón en esta
narración?
Pilar Adón.- Hay mucho del fondo de la novela y muy poco
en lo que se narra. Quiero decir, el argumento, los odios y rencores
familiares, no tienen nada que ver conmigo ni con mi historia, pero
sí el trasfondo vivencial y literario: la impresión
de inmensidad de todo lo que nos rodea, la sensación de miedo
ante lo impredecible y, sobre todo, ante lo irreparable. La imposibilidad
de controlar lo que nos sucede. De todos modos, el escritor también
es sus lecturas, y no se puede obviar la huella de lecturas que
me marcaron y que me siguen marcando: Duras, Faulkner, Morrison,
Woolf,
Pregunta.- ¿Cómo construyó la trama?, ¿Cómo
se le ocurrió esta historia?
Pilar Adón.- La que se ha publicado es exactamente la cuarta
versión de esta novela. Así que las inspiraciones
y ocurrencias han sido muy variadas y cambiantes. Pero en general,
creo que el arranque es el mismo que el de la anterior ("El
hombre de espaldas") e incluso de la que estoy escribiendo
ahora: una casa aislada donde se desatan pasiones internas, el deseo
de crear un mundo especial, diferente y, sin embargo, reconocible.
Un mundo en el que podría suceder cualquier cosa, aunque
luego yo no desee que suceda y, por lo tanto, en el que se establece
una sensación constante de alerta que se enmascara por la
apariencia de que lo cotidiano es lo dominante. La idea esencial,
en suma, es la de que, bajo la apariencia de tranquilidad habitual,
existen pasiones y temores interiores que dominan nuestra existencia.
Pregunta.- Su libro refleja unas relaciones familiares opresivas
con un padre dominante. ¿Piensa usted que ha retratado una
familia normal? ¿Hay familias normales? ¿Se siente
identificada con Julia? ¿Cómo logró crear ese
clima de nostalgia de la madre, secretos no acabados de resolver,
intimidades familiares, pasiones?
Pilar Adón.- Henry, el padre de las dos chicas Drayton,
es la excusa perfecta para representar cómo el miedo impuesto
a fuego desde pequeños, cómo el poder irresistible
de una persona que en todo momento se muestra como inevitable e
invencible, lleva a la desesperación y a los comportamientos
estériles. Drayton es un piloto inglés y su comportamiento
es en ocasiones algo patológico, el comportamiento de un
enfermo, pero en realidad es la manifestación exagerada del
afán de muchos adultos por imponer en sus hijos unas actitudes
poco naturales o poco recomendables. En el caso de Drayton se trata
de su obsesión porque sus dos hijas no tengan miedo y sepan
cómo defenderse, una obsesión que pone en práctica
con métodos detestables y que, en realidad, llegan a conseguir
justo lo contrario: que sus hijas estén constantemente acobardadas,
incapaces de enfrentarse al mundo real. En casos más comunes
se da la obsesión porque el niño sea el más
listo, el más bueno, el más responsable
No creo que se trate de una familia normal y, desde luego, no tiene
nada que ver con mi propia historia biográfica. Sé
que siempre se dan matices de la personalidad del autor en sus obras,
pero en este caso los matices de mi personalidad no se dan en la
trama, sino en aspectos más recónditos que afloran
constantemente en la novela.
Pregunta.- Dice en la novela: El nombre de una persona es muy importante
¿Qué significado tienen los nombres en la novela?
¿Por qué los nombres de los protagonistas son extranjeros?
Pilar Adón.- Desde el principio de una novela, desde el
mismo instante en el que imagino una trama, tengo que enamorarme
de los personajes y no sólo de los principales, sino de todos
ellos. Y en ello influye, en cierto modo, el nombre que seleccione
para cada uno de ellos. En cuanto a lo de los nombres extranjeros,
junto a los españoles, se debe a dos motivos: el primero,
porque Drayton es británico y por lo tanto Rose tiene un
nombre no español (aunque Sabina y Julia sí son españoles),
y el segundo porque me intriga el motivo de la persona fuera de
su medio, rodeada de un ambiente dañino, salvajemente humano.
El miedo impulsa a los hombres. Mis personajes se mueven por motivos
que tienen que ver más con el miedo que con el amor o con
la codicia. Desarrollar mi historia en un ambiente vagamente étnico,
en un lugar donde yo misma me siento desarraigada, creo que ofrece
una historia más genuina, más auténtica.
Pregunta.- ¿Qué papel juega el paisaje, el viento,
la arena?
Pilar Adón.- El paisaje siempre ha jugado un papel importante
en la descripción del estado de ánimo de los personajes.
Se puede hacer de manera muy obvia (el personaje está triste
y entonces llueve) o mucho más sutil, tan sutil que incluso
muchas veces se hace de manera absolutamente intuitiva. El viento,
el desierto, el polvo constante en esta novela, la arena, todos
estos elementos contribuyen a crear el ambiente árido y algo
perverso en el que se mueven los personajes de Las hijas de
Sara. La sequedad, el infinito polvo que lo rodea todo, además,
contribuyen a hacer que la huida constante que persiguen las mujeres
Drayton sea más impracticable. Casi imposible.
Pregunta.- Dos de sus protagonistas femeninas huyen, el suicidio
sobrevuela por toda la historia. ¿Qué ha querido usted
contar? ¿Cree que las mujeres necesitan huir de cierto modelo
de familia o de pareja, que no son capaces de cambiarla desde dentro?¿qué
piensa de las relaciones entre madres e hijas, entre hermanas?
Pilar Adón.- Cuando inicié la historia de Las
hijas de Sara no tenía ninguna pretensión feminista
ni de reivindicación con respecto a la figura de la mujer
encerrada en el hogar y sin posibilidad de huir. En realidad, creo
que tanto Rose como Julia Drayton podrían haber sido personajes
masculinos cuya figura represora y cruel fuera la madre y la figura
paterna la que hubiera desaparecido y fuera recordada. De todas
formas, es cierto que los personajes femeninos me atraen más
y no sólo para escribir sobre ellos, sino también
para leer. Últimamente la verdad es que casi sólo
elijo libros escritos por mujeres porque los títulos que
se pueden leer al mes son escasos y me interesan más.
Pregunta.- En su libro hay incontables referencias culturales expresas
o no ¿Cuáles son sus escritores preferidos? ¿Cree
que cualquier escritor contemporáneo debería conocer
la Biblia?
Pilar Adón.- Hay unos cuantos escritores que han sido maestros
para mí, y no sólo por sus libros, sino también
por lo que ellos mismos significaban para mí biográfica
e incluso estéticamente. Por ejemplo, Virginia Woolf, además
de sus obras magníficas, significa el amor absoluto por la
literatura, la capacidad de volver a escribir a pesar de saber que
cada nueva obra suponía una nueva crisis, y su perfeccionismo.
Marguerite Duras significa el carácter y la historia del
siglo XX. Para mí ella era el siglo XX en forma de mujer.
Y en esta novela -no olvidemos que es una novela del Norte de Africa-
flota cierto aroma del matrimonio Bowles. Uno de los personajes,
en un guiño que me he permitido, se llama Jane y su marido
es compositor
Otros escritores son William Faulkner o E.M.
Forster.
La verdad es que creo que todos nosotros conocemos, aunque sea
de forma irregular, la Biblia. A todos (al menos hasta la gente
de mi generación) nos han contado de pequeños montones
de historias relacionadas con la Biblia y no puedo negar que es
un tema que me atrae mucho, al nivel de los mitos, de las historias
básicas que uno no hace más que repetir, que todo
el que se sienta a escribir recrea sin querer, porque explora esquemas
y patrones universales. El primer contacto con uno de los libros
más demoledores e influyentes de la historia de la literatura
te descubre toda una serie de historias entre fantásticas
e increíbles, con todos aquellos personajes tan buenos o
tan malos, que hablan de esa manera absolutamente metafórica.
Creo que aquellas historias forman parte de mí tanto como
"Ivanhoe" o "Los tres mosqueteros" y que de
ellas se puede extraer la causa de muchos comportamientos actuales.
Pregunta.- ¿Qué piensa usted del panorama editorial?
¿cree que publicar es muy difícil o que es más
difícil escribir?¿Qué piensa usted de los agentes
literarios, los lectores, los correctores, los editores y todo ese
mundo que acompaña a la fabricación de un libro y
su venta?¿Qué piensa de la promoción de los
libros? ¿Cree usted que se puede o se debe vivir de la literatura?
Pilar Adón.- La verdad es que me paro muy poco a pensar
en la máquina editorial como tal. Me dedico a escribir sin
pensar demasiado en todo lo que va a venir después. Quizá
es que soy muy poco práctica, o quizá es que lo único
que realmente me importa es escribir y que luego me lean y me comenten
qué les ha parecido a los lectores lo que he escrito. Esa
es quizá la parte de la edición y todo lo que ello
implica que más me gusta: el contacto con el lector y la
conversación con él. Con respecto a los agentes literarios,
creo que sí son necesarios porque, además de muchas
otras cosas, se encargan de consolar al escritor en momentos no
muy buenos, ampararle y mimarle.
La promoción es muy interesante en muchos sentidos (es de
hecho una parte fundamental de la edición como tal). Pero
sobre todo me interesa en cuanto implica la posibilidad de comunicarles
a los demás tus intenciones con respecto a la novela e incluso
con respecto a la literatura en general. Puede llegar a ser agotadora,
pero compensa.
El hecho de que el escritor (hay muy pocas excepciones) no pueda
vivir de escribir me parece paradójica. La actividad creativa
no conoce horarios y lo más frecuente es que tengamos que
estar sometidos a horas de escritura determinadas en función
del trabajo paralelo que cada uno de nosotros tengamos para poder
vivir. Hay gente que cree que los escritores están muy bien
pagados porque se centran en lo que se oye a veces de adelantos
millonarios o de premios literarios muy bien remunerados, pero lo
normal es que después de dos años de trabajo la compensación
no sea precisamente económica. Sin embargo, no creo que a
ninguno de los escritores a los que respeto les anime el lucro a
la hora de escribir, sino el deseo de expresar algo que de otro
modo no podrían decir.
|