borde Sumario. Entrevistas.

Tino Pertierra
«Escribo las películas que me gustaría ver»

Celia Ferrón

Desde que ganara el Premio Tigre Juan en 1996 con el libro de relatos “Los Seres Heridos”, Tino Pertierra no ha dejado de publicar. Con más de 1000 columnas publicadas en el periódico La Nueva España (en el que trabaja como periodista y director del suplemento cultural), novelas, ensayo y hasta “experimentos teatrales” (como llama a una serie de monólogos que él mismo dirigió para la compañía de teatro Hechizo Astur), Tino Pertierra accede a entrevistarse con la Revista Literaturas para charlar, entre otras cosas, de su última creación, “Cuerpo a Cuerpo” (ediciones Laria).

Celia Ferrón- Trajinando por foros, artículos de opinión, entrevistas y demás debates que circulan en Internet, todos tienden a considerarle como un escritor “femenino”, o que entiende bien (refleja) el mundo de las mujeres. ¿Comparte esta opinión? ¿O le cansa? ¿Le parece justa? En novelas como “Jesse James estudió aquí”, “¿Acaso mentías cuando dijiste que me amabas?” y hasta “Toda la verdad sobre las mentiras de los hombres”, el protagonista es masculino. Y en su última obra, “Cuerpo a cuerpo”, las dos historias más largas, o las dos mini-novelas, son narradas por un hombre. ¿Por dónde cree, entonces, que le viene la fama de ser un “escritor de mujeres”?
Tino Pertierra- Porque no es lo habitual y eso llama la atención. Y al llamar la atención lo más fácil es reducirlo todo a una etiqueta. La vida es más sencilla si lo tenemos todo etiquetado, metido en cajitas, da seguridad y no obliga a cambiar de esquemas, que son la antesala del prejuicio. Llevo más de 15 años escribiendo columnas, seguramente miles de ellas, y las que están escritas desde un punto de vista digamos femenino no llegan ni al cinco por ciento. Tal vez menos. No importa, realmente. Que cada lector se quede con lo que más le convenga o interese. Es libre de hacerlo. No sería lógico que yo esperase de los lectores que hayan leído todo lo que he escrito en prensa, ni justo. En cualquier caso, qué más da lo que sea uno a los ojos de los demás, incluso a los ojos de uno mismo. Lo que importa es si su obra llega, comunica, transmite, o si, por el contrario, está envasada al vacío. Si alguien se toma la molestia de etiquetarme será porque mis palabras le han llegado, para disfrutar con ellas o para odiarlas, que también es una forma de divertirse.

Celia Ferrón- “Cuerpo a cuerpo” no es una novela, pero nos resistimos a llamarlo “volumen de relatos”. ¿Cómo lo definiría usted? Leyéndolo, llama la atención la cantidad de “parejas” que aparecen en sus historias. ¿Son las relaciones sentimentales el centro de la vida?
Tino Pertierra- Es un revoltijo, me gustan mucho esas bolsas de Navidades en las que te encuentras desde un bombón hasta un chicle pasando por gominotas o pipas. Me aburren mucho los corsés, y me aprietan demasiado: esto es una novela, esto son relatos, esto es periodismo, esto es ficción... En ese libro hay cuentos, microrrelatos, una novela corta, columnas, confesiones, de todo un poco. Se puede abrir por cualquier página, y el desafío está en que el lector quiera pasar a otra, sin sospechar lo que le espera en ella.

Celia Ferrón- Periodista y escritor (lo dice la Wikipedia), ¿es una parte inseparable de la otra? El hecho de ser periodista, ¿alimenta y ayuda a su parte creadora y novelera? Y, tomando el periodismo como un género dentro de la literatura, ¿cuándo disfruta más en una entrevista: al hacerla, o al redactarla luego?
Tino Pertierra- El periodismo me quita muchísimo tiempo como escritor de ficción, de hecho sería mucho mejor en esta faceta si me hubiera dedicado a otro tipo de trabajos. Llegar a casa después de pasarte horas escribiendo con pretensiones veraces y cambiar el chip a la ficción no es sencillo. De alguna manera, las columnas de ficción son un puente entre ambos territorios. El periodismo me ha dado musculatura para escribir, no sé lo que es el bloqueo ni el miedo a la página en blanco, te da una disciplina muy importante y te obliga a desprenderte de un texto por imperativos de cierre, apenas sin corregir. Eso te da rapidez y precisión. Al mismo tiempo, te condiciona cuando afrontas una novela, que es una carrera de fondo y tú estás entrenado para los mil metros lisos y te falla muchas veces la paciencia. El periodismo tiene la ventaja de que te permite cambiar de situaciones constantemente, y conocer a muchísima gente variada. Respecto a la entrevista, depende del personaje. Si es interesante, la conversación puede ser apasionante. Lo más engorroso es pasar las notas al ordenador, porque nunca las grabo. Y lo más divertido es después crear con ellas un retrato y un relato, manejando los materiales que has extraído del personaje. Cuando todo funciona, es una experiencia magnífica. Cuando el interlocutor no tiene interés, es una tortura.

Celia Ferrón- En el hilo de la pregunta anterior, usted trabaja en un periódico de manera remunerada, es decir, que ahí cumplirá 8 horas y luego tendrá que sacar tiempo para escribir sus ficciones. ¿Se hace demasiado duro? ¿Ha de autoimponerse, entonces, un tiempo para escribir ficción, como hacía Kafka?
Tino Pertierra- Lo que más me gusta en este mundo, aparte de las personas que quiero, es escribir. No tengo que auto imponerme nada porque disfruto por igual en ambas facetas, aunque en el trabajo diario no siempre puedas hacer lo que quieras. Insisto en que escribir novela cuesta porque exige una tenacidad diaria que no siempre se corresponde con tu estado de ánimo o tu energía. Por eso cuando escribo una novela no me marco más plazo que 3 o 4 meses de escritura, sé que me acabaría aburriendo. Otra cosa es que antes de ponerme a ello lleve mucho tiempo escribiéndola en mi cabeza. Mi problema no es tanto ése, en todo caso, como que mi imaginación está en funcionamiento sin parar y cuando me decido por una historia tengo otras dos pidiéndome que me vaya con ellas. Tengo docenas de novelas empezadas.

Celia Ferrón- ¿Por qué hay tantos escritores periodistas?
Tino Pertierra- Hay más filólogos escritores... Supongo que publicar un libro te da pedigrí, o eso piensan algunos, y dura más que un artículo que mañana sirve para envolver el bocadillo. Tonterías. Hay lectores que me recuerdan a veces columnas mías de hace diez años, que les dejó huella, y en cambio no se acuerdan de que iban mis novelas. El tamaño no importa, o no debería importar, pero muchos periodistas cometen el error de pensar que es más prestigioso publicar libros que escribir en prensa. Ahora que cualquier “mindundi” puede hacer lo uno y lo otro, sólo la calidad decide qué es lo más importante, no el soporte.

Celia Ferrón- ¿Cree en el bloqueo del escritor, o le parece una excusa para no trabajar?
Tino Pertierra- Puede haber situaciones de todo tipo en las que las palabras se resisten a venir, o las que llegan no sirven de nada. Por mi profesión no sé qué es el bloqueo, bien o mal salgo adelante, pero sí es cierto que a veces las cosas te salen con más fluidez y calidad que otras. No me he parado a analizar en qué momentos, perdería gracia.

Celia Ferrón- Desde hace años escribe una columna en La Nueva España. Supondremos que esa columna tendría unos plazos, y unas peticiones. ¿Pierde algo de soltura la escritura por ello?
Tino Pertierra- No, escribir esas columnas me lleva muy poco tiempo, en un cuarto de hora puedo ventilar una, o dos si estoy con energías y la historia me sale a borbotones. La limitación de espacio es un estímulo. Cada palabra es esencial y el lector debe encontrar entre líneas mucha información.

Celia Ferrón- Su andadura literaria comenzó (al menos para el público) en 1996 con “Los Seres Heridos”, un volumen de relatos. No sería el último (“El Dios de las tristezas amorosas”; “Cuerpo a Cuerpo”). ¿Con qué se siente más cómodo, con novela o relato? ¿Es de la opinión de que es necesario o conveniente haber escrito relatos antes de acometer la novela, o por el contrario piensa que son géneros tan diferentes que ninguno ha de ser el paso previo al otro?
Tino Pertierra- Es más cómodo el relato, mi impaciencia me lleva a ponerme  nervioso cada vez que escribo una novela, y, de hecho, tres en casi 13 años no es precisamente un número enorme. Hay grandes novelistas que nunca escribieron relatos, y viceversa. No sé, cada autor es un mundo aparte, aunque, ciertamente, empezar con relatos es un buen aprendizaje para emprender empresas mayores en dimensiones, que no en calidad, pero tampoco es imprescindible.

Celia Ferrón- Dos novelas juveniles. ¿Le gusta que tengan esa acepción? ¿Las escribió pensando en un público juvenil, o simplemente eligió (o le eligió a usted) un protagonista joven?
Tino Pertierra- “El secreto de Sara” no estaba pensada para ser juvenil, y de hecho tuve que cortar muchas cosas para que lo fuera. Una lástima. “Jesse James...” sí nació para ser juvenil. Me gustaría escribir más novelas juveniles, pero sin los corsés habituales que tienen por imposiciones del mercado, con lo cual irían fuera de colecciones juveniles. Las mejores novelas para jóvenes nunca llevaron esa etiqueta.

Celia Ferrón- Cinéfilo, comentarista de cine, crítico cinematográfico, incluso tiene ensayos sobre tal (“Pasión de cine”; “Nosotras”). ¿Influye el cine en su obra? ¿Alguna vez ha escrito algo pensando en su posible adaptación al cine?
Tino Pertierra- Claro que influye, igual que la música o la televisión, o el café con los amigos. Todo influye. En mi caso, influye mucho mi querencia por las elipsis para ahorrar descripciones inútiles, y por un diálogo ágil y que restalle. Creo que escribo las películas que me gustaría ver, de alguna manera. Nunca he escrito pensando en que un productor pudiera hacer una película con mi material, de hecho una vez uno compró los derechos de una novela pensando que era muy cinematográfica y al ponerse a hacer el guión vimos que era inviable. Las apariencias engañan mucho en literatura.

Celia Ferrón- Resulta inevitable la siguiente pregunta viniendo de una revista digital como la nuestra. ¿Valora positivamente la facilidad de difusión de escritos que se tiene ahora gracias a Internet? ¿Prefiere una revista en papel o digital? ¿Cree que redes como Facebook pueden ayudar a la literatura? ¿En qué sentido?
Tino Pertierra- Nunca se ha leído más que ahora, ni escrito. Otra cosa es discernir qué tiene valor de esas toneladas de palabras y qué es baratijas. En Internet no hay el filtrado que hay en la literatura de papel. Depende de la revista, la prefiero digital o en papel. La digital, en principio, proporciona unos mecanismos multimedia que hacen más completa y dinámica su contribución, mientras que en papel prima más la profundidad, el análisis amplio, y la belleza si la hubiera del diseño y las imágenes. En España queda mucho por hacer en revistas digitales culturales y lo que hay en papel deja mucho que desear en líneas generales.

Celia Ferrón- ¿Qué opina del e-book?
Tino Pertierra- Supongo que para libros técnicos, divulgativos o prácticos puede estar bien y ser útil. Para leer una novela o un poema me temo que ya no estoy en edad de cambiar el papel por una pantalla. Tener toda la literatura universal en el bolsillo no me importa. El libro de papel singulariza tus gustos y encuaderna tus pasiones. Un ordenador lo convierte todo en pulpa sin vida.
Celia Ferrón- ¿Nos diría en qué está trabajando ahora? Literariamente, se entiende.
Tino Pertierra- En una novela. La narradora y protagonista es... una mujer. ¿De qué se ríe?

Marta López Luaces, La Virgen de la Noche
Editorial Sial, 2009

por José Manuel Lucía

En un reciente ensayo, fascinante desde su título, “¿Cómo hablar de los libros que no se han leído?”, Pierre Bayard se acerca a esa nebulosa de obras literarias de las que hemos oído hablar, que conforman nuestra particular biblioteca colectiva, que hemos hojeado o que nos han explicado en las aulas del colegio, del instituto o de la Universidad, y de las que podemos hablar, opinar, aunque en realidad no las hayamos leído… e incluso de aquellas otras que un día pasaron por nuestras manos, que devoramos en las tardes interminables de verano o en las noches cercanas de invierno, pero de la que no recordamos más que detalles superfluos y sin importancia: la calidad del papel, el color de la tapa, el lugar que ocupan en la estantería o el calor que pasamos mientras la terminábamos en la playa… pero nada más, como si el libro se hubiera convertido con el paso del tiempo en un conjunto de páginas en blanco, donde todo está por comenzar a leerse, e incluso, comenzar a escribirse… Pero ¿qué sucede cuándo leemos una obra que se esconde tras las palabras, que ofrece imágenes –pantalla, páginas-pantalla para así no sacar a la luz la verdadera esencia de las historias que nos cuentan? La literatura es un viaje y gracias a la literatura podemos acercarnos a geografías, a países y barrios que nunca conocerán el peso de nuestros cuerpos. Pero, ¿qué sucede cuándo este viaje se hace a una tierra sin tierra, a un mundo donde todo lo real son apariencias y los cadáveres desaparecen en el recuerdo como así también las apariciones de vírgenes o de esas personas que cubren nuestros deseos siendo nada más que un sueño? ¿Cómo puede calificarse un libro, un texto que se esconde de la lectura? ¿Acaso podemos estar seguros de que lo hemos leído o hemos de crear una nueva forma de lectura, la no-lectura-ficcional, que hable de una obra que se va deshaciendo a medida que vamos pasando por ella nuestros ojos? Así sucede con estos cautivadores relatos de Marta López-Luaces, que se esconden bajo la apariencia de cinco títulos, casi todos ellos, evocadoras de cinco mujeres: Nobody, Un reflejo de pureza (que no es otra que Assumpta), Brunilda, Soledad y La Virgen de la Noche. Todos ellos situados, aparentemente, en una geografía muy precisa: el barrio de Saint-Nicholas, que un día fue de adinerados judíos y que hoy sufren la decadencia de sucesivas oleadas de emigrantes, en que los hispanos suponen una de las comunidades más abundantes.

Cinco relatos evanescentes. Cinco relatos de relatos. Porque este es una de las puertas con que nos adentramos al universo de arena del mundo que nos describen, un universo como ese puñado de arena que intentamos atrapar en el puño de las playas: “Entonces entendí por qué me habían llamado. Como no pudieron retener su imagen, ahora necesitaban retenerla del único modo posible: dándole legitimidad y autoridad a la historia de Nadie con la palabra escrita”. Así termina el primero de los relatos del libro: “Nobody”. Alguien nos relata lo que le cuentan, resume lo que ha ido conociendo a lo largo de decenas de entrevistas y nos lo ofrece… y lo hace con el mismo misterio de quien lo ha vivido, de quien lo cuenta, de quien lo escucha… y ahora, de quien lo lee. Todos situados en el mismo plano de la ficción, de la evanescente ficción que está más allá de cualquier lógica: ¿Qué movió a aquellas personas a hacer colas a la puerta de la habitación de Nobody en Saint Nicholas? ¿Qué había en esa mujer sin nombre para que su edad oscilara entre los veinte y los cincuenta años? ¿En qué ocasión Assumpta había perdido el reflejo de los espejos? ¿Cómo creía que podía volver a recuperarlo? ¿Qué es más real, qué es más ficticio: el ballet de aquella sala llamada “La Iglesia” o las diferentes puertas que se abren, las salas que el joven pasa acompañado de Brunilda? ¿Y esa Soledad, y esas Soledades, cuyos cadáveres desaparecen después de una vida consagrada a los libros, a la no lectura de los libros? Y por encima de todo, la Virgen y el libro de las posiciones… Cinco relatos que muestran un mundo, el de Saint-Nicholas para adentrarse en nuestro mundo, en el mundo de los símbolos y de las alegorías. Cinco relatos que nos llevan de la mano hacia un universo que de tan cercano resulta desaparecer de nuestras manos lectoras, de nuestros recuerdos lectores. Relatos que nos devuelven lo mejor de la ficción: relatos que es necesario leer y leer y leer… relatos que vuelven a escribirse en cada lectura. Relatos que se multiplican en nuestros recuerdos de no lectores… en este nuevo universo en que los libros son algo más que letras y papel y tinta. Relatos que son recuerdos, que nos obligan a mirarnos a nosotros mismos para encontrar las respuestas a tantas preguntas.

 

 

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