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Corpus Barga, Periodismo y literatura

Pedro M. Domene  

 

 

Corpus Barga, Periodismo y literatura

El autor de Los pasos contados (1963), Corpus Barga (1887-1975), vuelve al panorama literario español de la mano de la Fundación Banco de Santander que publica en su colección «Obra Fundamental», Periodismo y literatura (2009), una amplia selección de su obra, con prólogo de Arturo Ramoneda.

De su infancia y adolescencia en el pueblo de Belalcázar daría cuenta Corpus Barga (Madrid, 1887- Lima, 1975), nacido Andrés García de la Barga y Gómez de la Serna, en una de sus primeras novelas, La vida rota (1910), texto que reelaboraría años más tarde como Los galgos verdugos (1973). El relato está protagonizado por una amplia galería de personajes en un pueblo, que en la novela recibe el nombre de Benalmena, aunque se vislumbra como el municipio cordobés donde la familia y el propio Corpus Barga pasaban largas temporadas; en realidad, muestra esa visión crítica del caciquismo andaluz y las desigualdades sociales que asolaban la vida del campo en la España de principios del siglo XX. Quizá por este y otros motivos, el joven Barga empieza muy pronto a colaborar en la prensa republicana, concretamente, a partir de 1906 y lo hace en destacados medios de entonces, El País, El Intransigente y El Imparcial, frecuenta las tertulias de la capital, y se hace muy amigo de Valle-Inclán, Baroja y Silverio Lanza, además de pintores e intelectuales de la época que pasaron por El Café de Levante. A propósito de sus inicios, años más tarde, diría: «Yo escribía en periódicos como El País y en todos los periódicos de rebeldía que había entonces. Así empezábamos todos. Azorín  me dijo un día que él había estado escribiendo un año entero en El País, sin cobrar, un artículo casi diario, y que son los mejores artículos que ha escrito, los que ha escrito con más pasión».

José Esteban realizaría sobre él una entrañable visión de sus últimos momentos en vida: «Corpus Barga fue toda su vida un rebelde por la causa de la libertad y a ella se entregó en lodo momento. Amó siempre el trabajo bien hecho, pero también siempre ponderó su conducta ética sobre los valores estéticos. Sólo unos meses antes de morir, el 12 de junio de 1975 escribía a Manuel Aznar, compañero de juventud. «La verdad es que llevó mucho tiempo fuera de España y tengo ganas de volver. Todo lo que me lleve a España sin compromiso lo acepto». Aquel gran transterrado  ponía una sola condición para volver: sin compromisos. Llevaba a rajatabla, ya en las cercanías de la tumba, y con la nostalgia de la patria lacerándole los recuerdos, todo un sentimiento numantino de no aceptar ni obediencias previas ni sombra de capitulación alguna. Y así moriría en Lima anhelando porque la libertad y la democracia tuvieran una nueva alba en la vida española».

Primeros escritos

Cuando aún no había cumplido los diecisiete años, señala Ramoneda, publicó su primer libro de poemas, Camtares (1904), del que parece no queda vestigio alguno, salvo el testimonio de su sobrino, Ramón Gómez de la Serna que afirmaba lo siguiente: «... tuve en mis manos un ejemplar de su libro...¿Cómo se llamaba aquel libro? Lo tuve en mis manos muy pocos minutos (...). Era interesante, disparatado, audaz. Tenía el estilo de los grandes atentadores». Y, en 1906, un nuevo libro, Clara Babel, donde mezclaba relatos de temática variadísima, de valor desigual, pero con finura poética, con un cierto tono de descaro anarquista de época. Fue, sobre todo, en Baroja en quien Corpus Barga buscó apoyo para sus inquietudes literarias y aunque entonces el novelista apenas hizo nada por él, lo recuerda en el volumen Desde la última vuelta del camino, de sus Obras Completas. Continua escribiendo en la prensa, sobre todo en El Intransigente y en El Radical y parece claro su deseo de dinamitar con sus escritos una sociedad que le parece aún más sumergida en una crisis más profunda que la denunciada unos años por los hombres del 98. A mediados de 1910 realiza un viaje a París y allí se relaciona, además, de los conocidos: Baroja y Gómez de la Serna, con el ruso Ilia Ehrenburg y con un hijo de Tolstoi.  Regresa a Madrid a mediados de 1911 y se retira, de nuevo, a la casa familiar cordobesa donde vuelve a reiterar sus ataques contra el caciquismo en una conferencia que pronuncia en la Casa del Pueblo de Belalcázar. En 1913 conocerá a José Ortega y Gasset cuya amistad mantendría hasta 1936 y al que dedicará varios artículos (en esta selección se recoge el titulado, «Un aspecto de Ortega el refractario»). Ese mismo año funda, dirige y prácticamente escribe completo el semanario Menipo con dibujos de Tito Salmerón, hijo de Nicolás Salmerón. El personaje del cuadro de Velázquez hará un repaso de los aspectos más diversos de la vida madrileña, sin embargo pronto tendrá problemas y tropezará con la justicia y ante la perspectiva, Barga opta por un exilio voluntario a París, ciudad en la que se establece definitivamente, incluso durante los años de la República, hasta 1948 de donde se trasladará a Lima, su hogar definitivo. Desde su exilio francés colaborará con la prensa española, El País, La Correspondencia de España, y el nuevo diario, El Sol. En este periódico publicará numerosas crónicas sobre los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, como la entrada del rey Alberto en Bruselas al frente de sus tropas tras la retirada alemana o la firma del Tratado de Versalles. Sus colaboraciones pueden leerse en Revista de Occidente y La Gaceta Literaria. En 1929 empieza a escribir para La Nación, de Buenos Aires por cuyas páginas desfilarán los nombres de los artistas y escritores más importantes del momento: Salinas, Picasso, Maiakowski, Cocteau, Satie, Kerensky, Zuloaga, Miró, Rivera, Colette, Mann, o Modigliani.

Su dedicación al periodismo no le permite profundizar en una obra literaria más amplia: en 1920 trabajaba en dos libros, uno de poemas Ofrenda a Santiago, y otro de relatos La rosa de los cuentos, que nunca publicará. Por esa época realizaría las traducciones de Ivona y su amante, de Léon Werth y Orfeo, de Jean Cocteau. En 1930 aparece en un volumen dos relatos que habían sido publicados en la Revista de Occidente y que ahora se titulan, Pasión y muerte. Apocalipsis, el libro lleva un prólogo de Julio Gómez de la Serna. Este mismo año, a raíz de la irresistible ascensión del nazismo, La Nación, lo envía a dirigir su agencia de Berlín, allí conocerá a Meyerhold, e intima con Augusto Assía y Francisco Ayala. En marzo de 1931, junto a un grupo de redactores abandona El Sol, cuando en el Consejo de Administración se aboga por la monarquía. Corpus Barga inicia nuevas colaboraciones en revistas y periódicos que aparecen y desaparecen en el espacio periodístico del panorama convulso: Crisol, Luz, Diario de Madrid, Diablo Mundo, Oasis que surgen al hilo de la efervescencia política, de los enfrentamientos entre los diferentes grupos, una vitalidad desconocida de la vida española, las sucesivas crisis políticas  y el entusiasmo de la España nueva que surge tras el 14 de abril de 1931. A comienzos del 36, Barga mostrará su entusiasmo ante el triunfo del Frente Popular y sobre todo por la defensa de los auténticos derechos del pueblo, y en abril asistirá a un homenaje a Luis Cernuda por la publicación de su obra La realidad y el deseo y poco después emprende una serie de viajes por el mundo, fundamentalmente por los países de la vieja Europa.

La guerra civil

Hasta el mes de julio enviará artículos y crónicas desde París, Viena, Budapest, Bucarest y desde algunas ciudades rusas, pero el comienzo de la guerra civil interrumpe su labor.  Tendrá, entonces, un destacado papel en las relaciones entre España y la URSS: en París comprará los aviones que André Malraux se encargaría de llevar a la España en guerra de los primeros meses; en Valencia y Barcelona desarrollará una intensa actividad cultural, participará en el desmantelamiento del Museo del Prado y en el envío de algunos de sus tesoros a Ginebra, será uno de los artífices del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas celebrado en julio de 1937, además de sus colaboraciones en El Mono Azul y Hora de España.

En enero de 1939 el Gobierno Republicano dispone que se abandone Barcelona;  el nombre de Corpus Barga estará ligado al de Antonio Machado en el doloroso camino hacia el exilio que ambos iniciarán rumbo a la frontera francesa, y que más tarde recordará en diversos artículos. Se instala, de nuevo, en París y vuelve pronto a colaborar en publicaciones extranjeras: El Sol y Crítica, de Buenos Aires o en Romance y Cabalgata, revistas creadas en México por los primeros emigrantes españoles; en 1944 colabora en la creación de la Unión de Intelectuales Españoles que abogaba por la unión de todos los intelectuales frente al régimen franquista impuesto en la España de postguerra.

En 1948 Corpus Barga se traslada a Lima en cuya Escuela de Periodismo será profesor y posteriormente, director. En esta ciudad mantiene contactos con exiliados e intelectuales y seguirá con sus colaboraciones en prensa: La Nación, una vez más, El Nacional, de Caracas, El Tiempo, de Bogotá y numerosas revistas y periódicos de Lima, El Comercio, Expreso, Visión del Perú, Mar del Sur, aunque no dejará de hacerlo en revistas españolas de la época: Revista de Occidente, Papeles de Son Armadans e Ínsula. En octubre de 1967 se despide de la universidad con una notable conferencia sobre sus años de periodista: relata sus primeras incursiones, sus grandes entrevistas, y los importantes hechos históricos vividos en las dos guerras mundiales. Durante todo este tiempo no había dejado de trabajar en su obra literaria, a partir de 1957 lo hará en su obra más conocida, los tres volúmenes de Los pasos contados, y en 1974 se le concedía el Premio de la Crítica por su novela Los galgos verdugos.

Realizó dos visitas a España durante su largo exilio, la primera en 1963, acompañado en Barcelona por José Agustín Goytisolo con quien ya se había carteado anteriormente, y una segunda en la que visitaría Belalcázar para comprobar cómo la Casa Grande estaba en ruinas y añoraba el pasado de unas estancias tan queridas para él como se puede leer en Los galgos verdugos.

Murió el 8 de agosto de 1975 en Lima, rodeado de su familia y sin que los esfuerzos de Gonzalo de Bethencourt y Camilo José Cela desde las páginas del diario Pueblo, no lograran nada en favor de su retorno a España y a su querido Madrid.

Periodismo y Literatura

Periodismo y literatura, la antología preparada por Arturo Ramoneda, contiene una selección de fragmentos de su autobiografía en los tres primeros volúmenes de Los pasos contados, los años de su vida familiar hasta 1906, así como una selección de sus artículos de viajes, los realizados entre 1919 y 1930, las ciudades de París y Madrid, literatura, arte, política y ciencia con entrevistas a personajes de gran calado en la historia como Mussolini, Bergson, Rodin, Azaña, Picasso o Falla. La antología incluye asimismo artículos de Barga sobre la II República, con la que simpatizaba y que más adelante le valdría el definitivo exilio, época de la que también se muestran algunos artículos, dos muestras de esa visión del escritor en el extranjero. Y de su obra en narrativa, Ramoneda ha seleccionado una novela corta de corte muy vanguardista titulada, Pasión y muerte o Mary y los altos hornos, un edificanterelato social, en palabras de Ramoneda, o un análisis exhaustivo de mundos interiores, en un juego intelectual del que lo sentimental y lo trascendente están excluidos. A diferencia de muchos otros autores de la época, Barga nunca tuvo interés en recopilar todos sus artículos periodísticos en un volumen, por lo que ahora se encuentran dispersos en los archivos de decenas de periódicos y en revistas, tanto españolas como hispanoamericanas. Quizá por eso, el valor de  Periodismo y literatura, resulta aún más importante, sobre todo para mostrar esa faceta que le ocupó la mayor parte de su vida a un olvidado Corpus Barga, que bien merece un lugar destacado en la literatura española del siglo XX.

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