| Literaturas.com presenta en exclusiva a sus lectores, por cortesía de la Editorial Mondadori, un fragmento del guión de Malditos bastardos, la esperada película de Quentin Tarantino.
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EXTERIOR. GRANJA LECHERA. DE DÍA
Una modesta granja lechera, en la campiña de Nancy, en Francia (lo que los franceses llaman «tierra de vacas»).
Aparece un SUBTÍTULO en el cielo, sobre la casa del granjero.
CAPÍTULO UNO
«ÉRASE UNA VEZ... EN LA FRANCIA OCUPADA POR LOS NAZIS»
El SUBTÍTULO desaparece, y es sustituido por otro:
«1941: Ha pasado un año desde el inicio de la ocupación alemana de Francia»
La granja consiste en una vivienda, un pequeño establo y doce vacas desperdigadas por el campo.
El propietario del terreno, un GRANJERO FRANCÉS grande como un toro, va descargando hachazos sobre un tronco que estorba en su terreno. Sin embargo, a simple vista, no hay forma de saber si ha estado golpeando el tronco durante un año entero o acaba de empezar hoy.
JULIE
Una de sus tres hermosas hijas adolescentes está tendiendo la colada. Mientras cuelga una sábana blanca oye un ruido, y al apartar la sábana hacia un lado, ve que...
(PLANO SUBJETIVO de JULIE)
Subiendo por la colina, por la carretera que lleva a la granja, se acerca un coche descapotable nazi, con dos banderitas nazis en el capó, un SOLDADO NAZI al volante, un OFICIAL NAZI sentado, él solo, en el asiento trasero, y dos SOLDADOS NAZIS más, conduciendo dos motos delante de ellos.
JULIE
¡Papá!
El granjero francés clava el hacha en el tronco, gira la cabeza y ve a los nazis que se acercan.
La ESPOSA DEL GRANJERO, CHARLOTTE, aparece en la puerta de entrada de la casa, seguida de sus DOS OTRAS HIJAS ADOLESCENTES, y ve cómo se acercan los alemanes.
El granjero chilla a su familia (en FRANCÉS, SUBTITULADO EN CASTELLANO):
GRANJERO
¡Entrad en casa y cerrad la puerta!
GRANJERO
(a Julie)
Julie, saca un poco de agua con la bomba, para lavarme, y luego entra en casa con tu madre.
La jovencita corre hasta la bomba de agua, que está al lado de la casa. Coge un cuenco y empieza a bombear. A los pocos bombeos, el agua empieza a salir y cae en el cuenco, salpicándolo.
El granjero francés se sienta en la cepa del tronco que poco antes estaba talando, se saca un pañuelo del bolsillo, se limpia el sudor de la frente y espera la llegada de la caravana nazi. Tras un año de vida con la espada de Damocles colgando sobre la cabeza, este podría muy bien ser el fin.
Julie acaba de llenar el cuenco de agua y lo coloca en el antepecho de la ventana.
JULIE
Aquí lo tienes, papá.
GRANJERO
Gracias, cariño. Ahora entra en casa y cuida de mamá. No corras.
Julie entra en la vivienda y cierra la puerta tras ella.
Mientras su padre se levanta de la cepa y se acerca hacia el alféizar donde está el cuenco de agua...
... El SONIDO del MOTOR de las dos motocicletas y el coche se oye cada vez más FUERTE.
El granjero se echa el agua del cuenco en la cara y el pecho. Coge una toalla que cuelga de un clavo y se seca la cara y el pecho mientras observa las dos motos y el único automóvil. Los cuatro representantes del Partido Nacionalsocialista se detienen en su propiedad.
No nos acercamos a ellos, sino que seguimos observándolos a distancia, igual que el granjero.
Los DOS MOTORISTAS NAZIS se han bajado de las motos y están en posición de firmes junto a ellas.
El CHÓFER NAZI ha dado la vuelta alrededor del automóvil y le ha abierto la puerta a su superior.
El OFICIAL NAZI le pregunta al chófer (EN ALEMÁN SIN SUBTITULAR):
OFICIAL NAZI:
¿Esta es la propiedad de Perrier LaPadite?
CHÓFER NAZI
Sí, mi coronel.
El oficial nazi sale del asiento trasero del automóvil y lleva en la mano izquierda un maletín de cuero negro.
OFICIAL NAZI
Hermann, no quiero que se me moleste hasta que yo os llame.
CHÓFER NAZI
Como usted desee, mi coronel.
El CORONEL DE LAS SS grita al granjero en FRANCÉS (SUBTITULADO EN CASTELLANO):
OFICIAL NAZI
¿Es esta la propiedad de Perrier LaPadite?
GRANJERO
Yo soy Perrier LaPadite.
El coronel de las SS recorre a grandes zancadas la distancia que los separa, y dice, en francés, con una sonrisa en la cara:
OFICIAL NAZI
Es un placer conocerlo, monsieur LaPadite. Soy el coronel Hans Landa, de las SS.
EL CORONEL HANS LANDA le tiende la mano al granjero francés PERRIER LAPADITE. El francés le coge la mano al alemán y se la estrecha.
PERRIER
¿En qué puedo ayudarle?
CORONEL LANDA
Me gustaría que me invitara a entrar en su casa y tener una conversación con usted.
INTERIOR. CASA DE LAPADITE. DE DÍA.
Se abre la puerta de la vivienda de la granja, y el granjero le hace señas al CORONEL DE LAS SS para que entre. El alemán se quita la gorra color gris de las SS y entra en el hogar del francés.
El coronel Landa se encuentra inmediatamente en presencia de la esposa del granjero y de sus hermosas hijas, las tres juntas en la cocina, sonriéndole.
El granjero entra detrás de él y cierra la puerta.
PERRIER
Coronel Landa, esta es mi familia.
El CORONEL DE LAS SS hace entrechocar los talones y toma la mano de la esposa del granjero francés.
CORONEL LANDA
Soy el coronel Hans Landa de las SS, madame, para servirle.
Le besa la mano y sigue hablando sin soltar la mano de su anfitriona.
CORONEL LANDA
Le ruego que disculpe mi descortés intromisión en su vida cotidiana.
ESPOSA DEL GRANJERO
No diga disparates, coronel.
Con la mano de la mujer francesa aún cogida, y mirándola a los ojos, el coronel de las SS dice:
CORONEL LANDA
Monsieur LaPadite, veo que son ciertos todos los rumores que he oído en el pueblo sobre su familia. Su esposa es una hermosa mujer.
Sus ojos se apartan de la madre y se dirigen hacia las tres hijas.
CORONEL LANDA
(CONTINÚA)
Y sus hijas son todas igualmente preciosas.
PERRIER
Gracias. Tome asiento, por favor.
El granjero le ofrece al coronel de las SS una silla frente a la mesa de madera del comedor. El oficial nazi acepta la invitación del granjero francés y se acomoda en la silla. Coloca su gorra gris de las SS sobre la mesa y deja el maletín negro en el suelo, a sus pies.
El granjero (un perfecto anfitrión) se vuelve hacia su esposa y le pide:
PERRIER
Charlotte, ¿tendrías la amabilidad de traerle un poco de vino al coronel?
CORONEL LANDA
Merci «bocú», monsieur LaPadite, pero no tomaré vino. Siendo esta una granja lechera, supongo que no me equivoco si supongo que tendrán leche, ¿no es así?
CHARLOTTE
Sí.
CORONEL LANDA
Entonces tomaré leche.
CHARLOTTE
Sí, señor.
La madre de tres criaturas saca de la nevera una jarra de leche y vierte el fresco líquido blanco en un vaso alto para el coronel.
El coronel de las SS toma un largo trago y luego deja el vaso, CON FUERZA Y HACIENDO RUIDO, sobre la mesa de madera.
CORONEL LANDA
Monsieur, bravo por su familia y por sus vacas.
PERRIER
Merci.
CORONEL LANDA
Por favor, tome asiento conmigo, en su mesa.
PERRIER
Sí, señor.
El granjero francés se sienta ante su mesa, frente al nazi.
Las mujeres se quedan de pie.
El coronel Landa se inclina hacia delante y le dice al granjero en voz baja, en tono confidencial:
CORONEL LANDA
Monsieur LaPadite, lo que tenemos que tratar es mejor tratarlo en privado. Ya ha visto que he dejado fuera a mis hombres. Si no se lo van a tomar como ofensa, ¿podría usted pedirles a las encantadoras damas que nos dejaran solos?
PERRIER
Tiene usted razón.
PERRIER
(dirigiéndose a su familia)
Charlotte, ¿te importaría llevarte a las chicas fuera? El coronel y yo tenemos que hablar. |