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Mecanismos internos
(traducción: Eduardo Hojman)

 

J. M. Coetzee

 

Mondadori, 2009

 

Oscar Escudero

J. M. Coetzee, Mecanismos internos (traducción: Eduardo Hojman)

En el momento de plasmar estas líneas, todos los suplementos literarios de los periódicos de tirada nacional han sentado cátedra ya sobre “Mecanismos internos”. Algunos críticos han acusado a J.M Coetzee de incurrir en el conservadurismo en tanto en cuanto los autores que somete a su lupa son archiconocidos y gozan de asiento preferente en la república de las Letras, de manera que no apuesta por nuevos talentos ni arriesga su reputación ensalzando autores desconocidos o sencillamente denostados por el mainstream literario. Incluso ha habido espacio para la polémica entre un veterano escritor barcelonés y un reseñista también escritor, aunque más joven, porque el último defendía en su tribuna que J.M Coetzee es mucho peor crítico literario que autor de ficción, mientras que el primero opinaba que el Nobel sudafricano convierte en oro todo lo que toca, luego su arte no admite ninguna clase de objeción, y quien ose hacerlo poco menos que recibirá un mal de ojo.

“Mecanismos internos” recoge veintiún ensayos sobre escritores contemporáneos, aparecidos originalmente en el New York Review of Books entre 2000 y 2005. Con el ánimo de hacerse comprender y de huir de toda pretensión relacionada con convertir un texto didáctico en una luminosa obra de arte, J.M Coetzee aplica de forma más o menos reiterativa un método que vale para todos los autores: una pinceladas biográficas, un prolijo y detallado resumen de la obra al más puro estilo de Edmund Wilson, y un balance final de defectos y virtudes. En el caso de algunos autores de lengua no inglesa, J.M Coetzee examina la calidad de sus traducciones, donde queda de manifiesto, sobre todo, el dominio del escritor sudafricano de los idiomas alemán y francés. Entretanto, J.M Coetzee elude buscar influencias atávicas y genealogías eruditas derivadas de otros autores precedentes, lo que facilita la lectura porque sólo falta que nos suenen a chino para acabar de no entender nada. Sin duda, lo mejor del J.M Coetzee crítico es que no le tiembla el pulso para expresar con contundencia y libertad lo que le gusta y le disgusta de vacas sagradas como Naipaul, García Márquez o Roth. De esto último deberían tomar nota muchos críticos de nuestra Península, que se pasan los días denostando a los que les caen mal y enalteciendo a los que les caen bien, sin que la calidad literaria, esto es, el verdadero y único objeto que debería importarles, tenga la menor relevancia a la hora de vertebrar sus juicios.  

“Mecanismos internos”, forjado con el mismo hierro que otros títulos como “Utopía y desencanto”, de Claudio Magris o “Vidas escritas”, de Javier Marías, es útil y necesario. En primer lugar para los admiradores de la obra de J.M Coetzee, porque se familiarizan (nos familiarizamos) con los gustos del venerado autor de “Desgracia”. En segundo lugar porque estos libros acostumbran a desempeñar la función de auténticas lanzaderas para ampliar horizontes y acceder a nuevos autores, o para envalentonarse con aquellos otros con los que nos separaban grandes reservas o prejuicios. Así que aquí no entraremos en polémica. Como dice el propio J.M Coetzee: “(...) una vez que un libro se lanza al mundo se convierte en propiedad de sus lectores, quienes, a la mínima oportunidad, alterarán su significado de acuerdo a sus propios preconceptos y deseos”. Pues eso, propiedad de sus lectores, no de sus críticos.