| Norberto Luis Romero, Emma Roulotte, es usted
Eclipsados, 2009
Con Emma Roulotte, es usted, Norberto Luis Romero regresa, después de más de quince años de no publicar cuentos en España pero sí fuera de ella, al territorio de las distancias cortas en el que se mueve como pez en el agua; y lo hace de la mano de un libro por primera vez cargado de humor, ironía, sarcasmo, centrado en los avatares del relato como género, junto al resto de constantes narrativas que lo caracterizan: imaginación, agilidad, atmósferas, transgresiones y distopías, todo ello metido en un laberinto donde se extravían y confunden personajes, libros y autores, literatura y realidad.
P: Estamos ante un libro muy distinto, tanto en tema como en estilo, de otros anteriores que has escrito, ¿por qué?
R: Es distinto a lo escrito y publicado posterior al año 1990, pero no difiere demasiado de mis libros de cuentos anteriores, fantásticos y con un tono muy ameno y llano.
P: ¿Cuándo lo escribiste exactamente?
R: Fue escrito en un momento en que me hallaba bastante desilusionado con la literatura porque como escritor de cuentos fantásticos se hacía muy difícil publicar; hay que tener en cuenta que hasta hace muy poco este género apenas se cultivaba en España, cuando no era denostado. De modo que me pasé años mendigando en las editoriales una publicación, tanto de este libro como de otros también de cuentos, y a pesar de las respuestas de editores y agentes, todas ellas favorables y muy halagadoras, la conclusión era siempre la misma: un no rotundo por ser el cuento un género que no se vende.
P: ¿Esas editoriales o agentes tienen nombre? Bueno, si quieres decirnos por lo menos algunos...
R: Claro que tienen nombre y apellidos. Conservo las cartas de la mayoría de ellas, como una de Júcar, pues Silverio Cañadas se mostró dispuesto a la publicación, pero ya por entonces la editorial estaba a punto de desaparecer. Severo Sarduy, con Editions du Seuil, si bien se interesó por el libro, prefirió esperar a ver su “comportamiento comercial” en España. Casi todas estas cartas acababan con un mismo consejo o sugerencia: envíenos una novela.
P: De modo que Emma Roulotte estuvo “guardada” mucho tiempo, ¿no?
R: El original, que por aquella época llevaba el nombre de “El libro de Thabata”, pasó años en un cajón, desistí de ofrecerlo hasta ahora, gracias a este auge del género -que espero no sea efímero-, cuando introduje algunas reformas y a raíz de éstas le cambié el título y el nombre a la protagonista, y directamente se lo ofrecí a Nacho Escuín, de Eclipsados, quien de inmediato lo aceptó.
P: Sin embargo, tengo entendido que esta obra fue premiada en un concurso, ¿es así?, ¿dónde?, ¿cuándo?
R: Fue en el año 1991, en un premio convocado por la “Revista del Sur”, en Mälmo, Suecia, con el apoyo de la Universidad de la Sorbona de Paris IV. “El libro de Thabata”, obtuvo una mención especial del jurado, pero lejos de motivarme esta mención, fueron tantas las puertas a las que golpeé sin que me abrieran, que me olvidé de él hasta hace un par de años, cuando volví a leerlo y decidí retocarlo.
P: ¿Y qué fue lo que te llevó a escribirlo?
R: La verdad, por entonces estaba a punto de tirar la toalla y llevaba un tiempo sin escribir, hasta que una amiga, a la que menciono en alguna de las dedicatorias, me instó a hacerlo aunque fuera por inercia.
P: En el libro hay una mirada entre irónica y compasiva sobre la manera en que se imitan torpemente las fórmulas de algunos géneros literarios clásicos, ¿por qué hay autores que hacen eso?, ¿es una garantía de éxito?
R: Mencioné que este libro había sido escribo en circunstancias poco optimistas, cuando además observaba cómo a mi alrededor proliferaban los concursos de cuentos más variopintos en los que resultaban ganadores verdaderos bodrios, muy alejados de los parámetros más o menos estrictos del cuento, y no por contravenirlos, sino por ignorancia del género. Acabo de decirte que comencé el libro por inercia, como bien queda dicho en las primeras páginas, sin saber hacia adónde me dirigía, hasta que enseguida descubrí el hilo conductor y supe que lo que quería expresar era, justamente, mi revancha: quería vengarme de los cuentos burlándome de ellos.
P: El personaje de Emma es entrañable, ¿también te inspiraste en alguien que conoces para crearlo?
R: Emma, por aquel entonces Thabata, era a la vez personaje de ficción y real, pues se trataba de mi amiga Giselle Dubois, instigadora y Musa.
P: ¿Que está ocurriendo en la actualidad con la literatura en español o con todas en general?
R: Sobre lo que está ocurriendo en la literatura actual no tengo demasiado criterio porque, obviamente, resulta imposible seguir de cerca la “producción” de libros, pero sí existe cierta tendencia a imitar fórmulas y autores insuperables, lo cual es un despropósito, pues de lo que se trata es de encontrar una voz propia para expresar eso que llamamos mundo interior (cuando se tiene, que no siempre ocurre). También sucede que en España sigue primando el realismo sobre lo fantástico, y en especial creo detectar ciertas corrientes inspiradas en autores como Cheever, Carver, Bucowski y la generación Beat, que a mí, personalmente, salvo excepciones, me atraen muy poco. Luego están los autores vivos inventados por el sistema y los grandes grupos editoriales que imponen determinados autores o libros, pero afortunadamente hay una buena hornada de verdaderos creadores jóvenes, que no se someten a las reglas del mercado.
P: Por último, yo me lo pasé muy bien leyendo el libro y me imagino que también otros lectores, ¿cómo te lo pasaste tú escribiéndolo?
R: Siempre me lo paso bien escribiendo, no importa qué. Pongo suficiente distancia entre la narración y mi “yo”, de modo que, incluso cuando escribí mi primera novela “Signos de Descomposición”, en la que el desgarro y el abandono son constantes, yo me divertí. Imagínate con Emma, cuando a cada momento se me iban ocurriendo disparates, ironías, burlas y a la vez tenía que ir dejándolas de lado porque corría el riesgo de hacer un libro interminable parodiando géneros, personajes famosos, cuentos o autores consagrados.
P: Ahora mismo Internet es una presencia constante en la literatura, de una u otra manera: se escribe sobre Internet o en Internet, en blogs, revistas digitales, etc., ¿por qué no aparece ninguna mención a la red en tu libro?
R: Si alguien echa en falta en el libro cuentos relativos a Internet, ediciones digitales, blogs y toda esta tecnología fabulosa, que piense que a finales de la década de 1980 ni siquiera había correo electrónico. Si tuviera que escribir el libro ahora mismo me divertiría aun más parodiando a la blogósfera.
P: Por último, Norberto, ¿qué estás escribiendo ahora?, ¿hay algún libro que hayas escrito recientemente y que esté a punto de publicarse? Cuéntanos...
R: En noviembre aparecerá una reedición de “El momento del Unicornio”, en Tropo Editora, también de Zaragoza, libro al que agrego un prólogo personal y unos pocos cuentos que no figuran en la primera edición de Nobel. Para el año próximo tengo apalabrado otro libro de cuentos, esta vez menos fantásticos, con Baile del Sol, y por aquí, sobre mi mesa, anda también una novela fantástica ya terminada, y cuentos, muchos cuentos fantásticos con criaturas voraces como protagonistas, en los que Emma Roulotte tampoco hallará un papel.
El chiste más cruel: un comentario sobre Emma Roulotte es usted
por Julio Espinosa Guerra
“No tenernos talento, es que/ no tenemos talento, lo que nos pasa/ es que no tenemos talento”. Así comienza su poema Rimbaud el poeta chileno Gonzalo Rojas y así habría que comenzar cualquier comentario a Emma Roulotte es usted, de Norberto Luis Romero, no porque él no tenga talento, sino porque para enfrentar su lectura hay que ser por lo menos un lector competente, un lector con talento... de esos de los que hay tan pocos, grupo al que yo, por supuesto, no pertenezco. Así las cosas, desde ya quiero decir que estas palabras vienen dadas desde la reflexión posterior a la lectura, un reposo largo pero necesario que me ha ayudado a ir encajando pieza tras pieza, palabra tras palabra, para una vez hecho el trabajo poder valorar en su justa medida el libro, justa medida para mí, que para nada tiene que ser la de otros.
Norberto Luis Romero es un autor casi desconocido, pero es un autor casi desconocido con más de quince libros bajo el brazo, traducido más de una vez al inglés y con un grupo de lectores que lo siguen, fieles. Es eso que se llama “un autor de culto”, cuatro palabras que oculta otras: un autor que no vive de la literatura, un autor que no ha tenido suerte con las editoriales, un autor sin agente, un autor olvidado de la mano de Dios, del Diablo y del Dinero, la triple “D” de la literatura (esto me lo acabo de inventar).
Siendo esto una cosa muy mala para cualquiera que se dedique a cualquier cosa, no deja de tener su lado positivo, porque “un autor de culto” puede escribir lo que quiera cuando quiera. Es debido a esa libertad que en Emma Roulotte es usted, el autor nos propone una novela con esquema de libro de cuentos o un libro de cuentos metido en un bonito papel de regalo tipo “novela”.
En su inicio un muchacho llega a un pueblo perdido de la mano de Dios (naturalmente), buscando a un escritor al que le tiene que entregar un paquete, un encargo de un conocido. No encuentra al destinatario porque se le han perdido las señas, pero sí que se encuentra con Emma, quien lo ayudará sin éxito en su empresa. Resulta ser que el muchacho es la excusa para hacer entrar a Emma en el relato, pero tampoco de manera definitiva, sino que como un personaje puente, siempre secundario o terciario, que deambula en historias de otros personajes, personajes que cuentas historias de otros personajes y que, a la vez, cuentan historias de otras, perdiéndose en un damero en el que nunca se sabe cuándo mueven las blancas y cuándo mueven las negras. O peor aún: sin saber si hay blancas o negras.
Esta suma de historias no tiene un hilo conductor claro. Emma es la excusa que termina por unir los cuentos, pero nada de trama, por favor. Emma no es Sherezade ni El Quijote. Emma es un personaje en busca de un autor que le de consistencia.
Esto nos lleva a otro punto interesante del libro. No es casual que sea un personaje en busca de autor. O, mejor, un personaje en busca de una personalidad. La referencia a Pirandello no es casual en absoluto. Norberto Luis Romero se goza en el absurdo, no tanto de los cuentos, sino de la denuncia solapada de una serie de autores que escriben relatos en diferentes géneros que no dominan. El absurdo denuncia un vacío de la literatura actual en nuestra lengua que la industria no desea llenar porque justamente lo que busca son este tipo de historias: vacías, planas, donde los personajes siempre están como la Emma del comienzo de esta novela/relato: perdidos en sus propios cuentos.
Pero Emma Roulotte no refleja solamente el páramo por el que se mueve la literatura en nuestra lengua (con contadísimas excepciones), sino que también se nos presenta como un símil, una metáfora del propio autor, en tanto literario, de nuestros días; autor que anda en busca de alguien que le dé existencia y consistencia, un panorama cultural que no existe. De esta forma Emma es ese “autor de culto” que no cabe en ninguna parte, pero que está en boca de todos como un personaje/autor deseable siempre desde los labios para afuera, nunca en la intimidad.
Desde este punto de vista, los diferentes cuentos están allí como divertimento y como denuncia y, al mismo tiempo, representando el entramado que oculta la historia más verdadera y fundamental: la de Emma. Por eso no es casual que sean intermitentes e intencionadamente suenen chapuceros o jueguen con el paradigma del cuento clásico, con estructuras archiconocidas y tramas que nos suenan a las que usan mal y constantemente los autores más populares. Por eso, también, se trata de historias llenas de ironía y sarcasmo, las más de las veces, incompletas o completas con “forceps”. No es que el autor no sepa escribir, sino que sabe escribir demasiado bien, sabe muy bien hacia dónde va… o mejor, hacia donde no quiere ir.
Si usted cree que sin tener talento puede leer un libro que va a jugar y reírse de sus neuronas, este es el adecuado. Corra a pedírselo a su librero y pase un buen rato intentando adivinar quiénes son los ironizados que se encuentran tras cada una de las historias, para al final, llorar con el autor por la falta de perspectiva, con el desencanto que hay tras estas historias, que realmente son una novela, del mundo del libro y sus alrededores. Y no se crea, por favor, el final feliz: igual que en El apartamento, de Willy Wilder, la peripecia final no es más que la tramoya que oculta la tragedia: los “autores de culto” lo son simplemente porque ni los editores ni los lectores tenemos talento.
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