borde Sumario. Nuestro novel
Martín Roldán Ruiz, por Ricardo Gómez Peñaranda

Martín Roldán Ruiz

«En cuestiones literarias soy más permeable que en cuestiones futbolísticas»

 

Entrevista de Gabriel Ruiz Ortega

 

Nací en la ciudad de Lima en 1970, fue un jueves de aguacero que prácticamente inundó las calles de la capital. Cuando tenía cinco años mi familia se fue del distrito del Rímac para el de Breña, donde pasé la mayor parte de mi vida. A mediados de los ochenta participé dentro del movimiento del rock subterráneo. Estudié periodismo y fue allí donde descubrí que no la hacía tan mal escribiendo cuentos. Las experiencias vividas con los subtes me sirvieron para escribir mi primera novela, titulada Generación cochebomba, la cual publicaría en junio del 2007. Desde siempre tuve una necesidad de expresión, antes lo hacía con una banda de hardcore punk. Ahora creo que escribir es la mejor forma para expresar lo que amo, odio, lo que me jode y lo que me gusta. Escribo en una pagina web crónicas de fútbol y colaboro en una revista de Rock. Estoy próximo a publicar un libro de cuentos titulado La camiseta ensangrentada, vía editorial Norma.

Los autores peruanos que han marcado mi gusto por la lectura son Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa, Enrique Congrains, Antonio Gálvez Ronceros, Miguel Gutiérrez. De los extranjeros están Albert Camus, Juan Rulfo, André Malraux, Franz Kafka, Jorge Luís Borges, Gabriel García Márquez

Martín Roldán Ruiz (Lima, 1970) es autor de la novela Generación Cochebomba (2007), publicada por su cuenta y que ha tenido muy buena recepción por parte de los lectores. En la segunda mitad de este año la editorial Norma, en su colección Zona Libre, publicará su libro de cuentos La camiseta ensangrentada. Roldán Ruiz es, sin lugar a dudas, un escritor de gran proyección.

Publicaste la novela Generación Cochebomba por tu cuenta. Cuando un autor se da a conocer con un libro fuera de los circuitos “oficiales” de publicación, lo que casi siempre experimenta es el ninguneo. En tu caso, ha pasado todo lo contrario, creo que ya tienes la edición agotada, te invitan a dar charlas en universidades y hasta se está haciendo una tesis de la novela.

Sí, de verdad, y eso me sorprende mucho porque todo ha salido de personas que recién he llegado a conocer por mi libro. Porque, cuando lo publiqué, a los únicos que conocía del ambiente literario eran los profesores del taller de narrativa de la universidad de San Marcos, y uno de ellos, Jorge Valenzuela, aceptó presentar mi novela en junio del 2007. Lo mismo pasó en medios formales como El Peruano, Peru21, La Industria de Chimbote y La Razón, donde salió Generación cochebomba, incluso una entrevista con Juan Carlos Tafur, cuando tenía su programa en canal 11, y no porque conociera a alguien de esos medios, sino por el interés que les despertó la novela.  Pero es más por Radio bemba y por los blogs que el libro se ha hecho conocido al punto que la edición está por agotarse. El tomaquetepresto también ha contribuido a la difusión. Y eso ha conllevado a que me escriban los lectores contándome sus impresiones y lo que les suscitó leerla. Aparte me han invitado a conversatorios, se han hecho monografías escolares, y últimamente un alumno de literatura de la universidad Católica me ha escrito anunciándome que su tesis delicenciatura se basará en Generación cochebomba. Me pidióque lo apoye  en cuestión de entrevistas y datos, lo cual acepté gustoso. Hace un tiempo él había publicado una reseña en una revista virtual de la Católica y más que reseña es un pequeño ensayo sobre mi libro.

En Generación Cochebomba das cuenta de la violencia urbana que se vivió en la década del ochenta, marcada por el terrorismo de Sendero Luminoso y la ineptitud del primer gobierno de Alan García. ¿Hasta qué punto viviste esa violencia?

Claro, los personajes reflejan esas individualidades que se vieron afectadas por la violencia subversiva y la crisis económica del primer gobierno de Alan García, por eso la titulé Generación cochebomba, porque sus vidas fueron condicionadas por el contexto que  les tocó vivir. Ahora, si no me hubiera afectado a mí, personalmente, quizás nunca hubiera escrito una novela con esas características. Porque esa violencia la viví en carne propia. Los atentados, los coches bomba, cosa que todos los que crecieron en esos años te pueden decir que la vivieron; pero yo he estado muy cerca de atentados. Incluso, en una oportunidad, saqué a un grupo de amigos minutos antes de que estalle un petardo en la puerta de Sedapal (empresa del agua potable) en Breña. Si no hubiéramos salido de allí, mínimo hubiéramos sido heridos. Pero no solamente eso, sino también las batidas policiales, los paros armados, etcétera. Incluso algunos fallecidos cercanos, como un chico de mi barrio que fue asesinado por Sendero Luminoso en Huancayo, en su primera semana de servicio como policía, u otro que murió en una acción armada como miembro de Sendero. La incertidumbre que se vivía en esos años, la cual también era violencia, contribuía a aumentar tus paranoias con respecto a tu día a día, a tu futuro y del país entero.

El tema de la novela es el movimiento subterráneo. ¿Qué significaba ser un subte en Perú?

Para mí, Generación cochebomba es la visión de los años de la violencia interna a partir del movimiento subterráneo, que básicamente es un movimiento rockero de la década de los ochenta y que tuvo como principal referente al movimiento punk. Tuvo fuerte influencia en las bandas de rock del Perú, pues a partir de allí descubrieron que existían estilos distintos al hard rock que dominaba el sonido de las bandas de esos años. Pero no sólo musicalmente, porque influenció en muchos jóvenes que estaban en búsqueda de un espacio donde desarrollar sus inquietudes o sus formas de expresión y sobre todo encontrar una identidad, lo cual para mí es lo más importante. En un país que se estaba yendo al abismo, por el accionar subversivo, y por las ineptitudes del gobierno de Alan García, la juventud tenía la necesidad de expresar de alguna forma su malestar, y fue el movimiento subterráneo el lugar idóneo. Entonces, básicamente, ser subte significaba, Ser Tú Mismo, que es una máxima del punk. Porque no había etiquetas ni parámetros, tú llegabas y era tu forma de ser, honesta contigo mismo y con los demás, lo que te catalogaba. Si bien la estética era de botas militares, más conocidas como Chankabuques, los pelos parados y los jeanes rotos, no era algo necesario. Ahora que veo las fotos de esos años, pues más parecíamos indigentes, en comparación a la estética de los Emos de estos años, que tienen hasta tiendas exclusivas donde les venden la ropa.

¿Te sigues considerando un subte?

A mi lo subte me enseñó a ser honesto con lo que hagas, y si tienes necesidad de expresarte, pues no puedes quedarte callado, porque para eso tienes muchas formas de hacerlo. En ese sentido sí me sigo considerando un subte, porque eso ha marcado mi  camino de vida. Yo tenía con los años la necesidad de expresar lo que había sido los años ochenta con toda su carga dramática y no encontré mejor forma que escribirla. Una vez me peguntaron si me consideraba un escritor subte, pero como eso conlleva a muchas interpretaciones, entonces respondí que era un escritor que había escrito sobre los subtes… Ahora que me lo preguntas, recuerdo que a principios de los noventa, cuando tenía una banda de Hardcore punk, Daniel F me entrevistó para su fanzine Tarántula. En ella me pregunta cómo me veía quince años más tarde. Yo le dije que capaz no seguía en alguna banda, pero a lo que me dedicara, sea la fotografía, la pintura o la literatura, iba a tener muy presente lo que había aprendido con los subterráneos.

¿Cómo se llamó tu banda de rock?

Tuve una banda de Hardcore punk que se llamó Dictadura de Conciencia. Con ella pude expresar lo que sentía en esos años.  Fue una buena experiencia porque viví muchas cosas, conocí mucha gente, y dejamos nuestro granito de arena dentro del hardcore punk del Perú. Yo ya no continúo, pero algunos miembros formaron Dios Hastío, que es la banda peruana, en su estilo, más conocida y respetada internacionalmente. Son realmente brutales, originales, descreídos, y contundentes. Una patada a ciertas conciencias hipócritas.

Próximamente vas a publicar tu segundo libro, ahora de cuentos. En él se aborda a las barras bravas.

Sí, el libro se titulara La camiseta ensangrentada. Son siete cuentos donde abordo ese tema, que me parece bastante importante porque es un fenómeno relativamente reciente que ha moldeado la forma de vida y la manera de pensar de un grueso sector de la juventud posguerra interna.

¿Sigues siendo barrista del mejor equipo del Perú?

Y el más grande también porque hay equipos que pueden ser estadísticamente mejor posicionados, pero les falta eso que hace grandes a los equipos, el arraigo con la cultura popular e idiosincrasia de determinado país. Por eso sigo siendo barrista de Alianza Lima.  Siempre he ido e iré  a la tribuna popular, allí tengo mis amigos, y no me veo en otra tribuna, además que yo no puedo ver un partido si no estoy alentando al equipo.

Siempre he pensado que uno de los desfogues de la gente es el fútbol. Recuerdo que en los años noventa la pasión futbolera suplió los discursos ideológicos y políticos, la intensidad con la que se vivió el fútbol en esos años es más fuerte si se compara a hoy en día.

Ahora se dice que el fútbol es el nuevo opio de los pueblos, pero bueno, yo no soy un fan del fútbol en general, soy fanático de Alianza Lima y todo lo que genera ese equipo, el resto no me interesa mucho la verdad. Pero yendo a lo que dices, creo que el fenómeno de las barras bravas es consecuencia de los años que se vivieron anteriormente. Ante una clase política venida a menos, con una crisis económica aún latente, con los supuestos revolucionarios que por años pregonaban una aurora de justicia e igualdad, y solamente se dedicaron al terror, la juventud buscó espacios como los había hecho mi generación, y encontraron en los estadios, esa identidad que un país destruido les había negado. Dentro de esa crisis de valores, el equipo pasó a ser la religión en que creer, y la barra  la patria por la cual luchar. Pero, si bien los subtes eran un movimiento antistablishment, las barras bravas son un fenómeno juvenil que en el fondo reclama su lugar dentro de la sociedad ¿Cómo? Pues mientras los subtes teatralizaron la violencia con su música, con la letra de sus canciones, con sus estética e iconografía para denunciar a un sistema que estaba podrido, los barrabravas usan la violencia para llamar la atención y decir a la sociedad: “Hey mírennos, acá estamos, ayúdennos”. Entonces como dices tú, el equipo, la camiseta, la barra, suplió los discursos políticos que la generación anterior sí tenía muy presente. Pues en los noventa ningún adolescente le interesaba la política y los políticos. Después de haber crecido con Sendero Luminoso, y con el desastre económico donde nos llevó el gobierno del APRA, ¿había forma de creer en la clase política? Entonces es la violencia y la prepotencia, su medio de comunicación más a la mano. Más aún cuando Fujimori da el ejemplo al romper el orden constitucional y se zurra en las leyes. Lo cual fue entendido como: “Si quieres lograr algo, pues atropella y olvídate de las convenciones que con eso no se llega a nada”. Si lo hacía el Presidente de la República, por qué no ellos.

Este libro de cuentos sobre fútbol y barras bravas será publicado por la editorial Norma. El hecho que hayas llegado a ella por mérito propio tira por los suelos la idea de que para ser publicado en una editorial grande es imperante tener un buen padrino, hacer gala de buenas relaciones o actuar como Rey de la Diplomacia.

La verdad todas estas cosas no me dejan de sorprender, desde la aceptación de mi novela, y ahora la publicación de mi libro de cuentos por editorial Norma. Y en verdad fue una casualidad que yo haya ido a la presentación de El mundo sin Xótchil de Miguel Gutiérrez, y entre el grupo con el cual compartimos una conversación, en el cual estabas tú también, yo haya preguntado cómo se puede hacer llegar un manuscrito a una editorial y es allí donde David Abanto, a quien recién conocía, me dice que es editor de Norma. Pues bien, le expliqué de qué tratan los cuentos, le interesó y sin ningún compromiso me dijo que le haga llegar el manuscrito. Los leyó, le parecieron buenos y me propuso publicarlos. Entonces, he tenido algo de suerte en ese sentido; pero, creo yo que si los cuentos no hubieran sido buenos, no se hubiera animado. Entonces si uno cree que tiene algo bueno para publicar, sería lo mejor que busquen un editor. Pero siempre hay que estar preparado para asimilar lo que nos digan. Por ejemplo, a mí un editor me rechazó mi novela, y eso no me amilanó para publicarla. Estaba seguro de lo que había escrito y por eso me mandé. Ahora con este nuevo libro, yo estaba buscando una editorial, sea la que sea, y bueno, me tocó esta oportunidad, con Norma. Y si no, pues siempre queda la autoedición, como hice con Generación cochebomba.

Imagino que, al igual que en la novela, en esta próxima publicación los personajes recogen mucho de ti.

Solamente en algunas situaciones, porque lo que me interesaba, en cuanto a los personajes de los cuentos, era escribir sobre las personas que conocí en este mundo que es el Comando Sur, como así se llama la barra de Alianza Lima, pues veía que todas las contradicciones que tenemos como país en formación se veían reflejadas en estas personas y en la organización y dinámica de estas agrupaciones, llamadas barras bravas.  Entonces, en ese sentido, el antiguo slogan: “Alianza Lima es el Perú y el Perú es Alianza Lima”, no falta a la verdad. Y si bien son cuentos basados en hechos reales, me he ayudado con la ficción para poder reflejar lo que deseaba expresar en cada uno de ellos.

Más allá de tu conocimiento de lo que es el mundo de las barras, ¿tuviste algún referente literario en cuanto al tema?

He leído una antología de cuentos de fútbol, hecha por Jorge Valdano. Y unos cuentos de Roberto Fontanarrosa, de las que destaco El viejo Casale que es un cuento muy conmovedor, muy de hinchas fanáticos del club Rosario Central. De peruanos he leído El equipito de Mogollón de Augusto Higa, o el capítulo de Al final de la calle de Oscar Malca, titulado El estadio y la revolución. Y uno que leí cuando era niño y que recuerdo mucho, se titula Ochoa y la escribió el periodista Alfonso Tealdo. Trata sobre un famoso hincha de la U, el eterno rival de Alianza Lima. Esto demuestra que en cuestiones literarias soy más permeable que en cuestiones futbolísticas. Pero, creo yo, que mis cuentos no son de fútbol, es más no son tan de Alianza Lima, porque lo que me interesa es el fenómeno llamado barras bravas, como expresión pura de lo que somos como seres humanos y como peruanos.

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