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Leo Santos
No resulta fácil escribir acerca de un libro como éste. Probablemente lo único adecuado en este caso es llamar a su lectura como algo necesario en estos tiempos descreídos en los que la psicosis de crisis nos tiene convencidos de que hace unos años las cosas iban bien en nuestro mundo feliz.
Alfonso Armada y Gonzalo Sánchez-Terán mantuvieron una correspondencia publicada en el suplemento XL Semanal durante casi tres años de 2002 a 2005. El que recuerde esas cartas, unas enviadas desde Nueva York, dónde Armada era corresponsal en la ONU, y otras enviadas desde Guinea Conakry donde Sánchez-Terán trabajaba como cooperante, tendrá la oportunidad de volver a encontrarse con ellas en este libro de la editorial Trotta. Los demás, los que nunca se cruzaron con ellas, deberían leerlas inmediatamente para tomar conciencia del abismo que separa los territorios geográficos que en esta época globalizadora se nos antojan tan cercanos. El abismo es, qué duda cabe, humano, y a él nos acercan los dos autores, enfrentándonos en muchas de sus cartas a las contradicciones y mentiras de una sociedad anestesiada por el progreso consumista.
Tanto Armada como Sánchez-Terán conocen bien África y a lo largo de su correspondencia toma cuerpo el coraje y la rabia por el abandono de un continente a su suerte, a “su mala suerte”, en las manos de dictadores corruptos apoyados por los intereses comerciales y estratégicos de las potencias occidentales. El aviso, el testimonio, la condena pública en su ventana impresa al mundo nos vuelve cómplices por omisión cuando leemos y olvidamos lo leído ante la magnitud de la injusticia.
“No se vive impunemente. Lo que compras, lo que opinas y lo que votas repercute en esta tierra, en estos campos de desplazados. Es así de sencillo, en Occidente estamos sufragando el dolor de millones de personas. No somos espectadores del drama de África, somos actores; no asistimos al horror, lo azuzamos. Es importante entenderlo: el número de balas en el cargador del verdugo depende en gran medida de nuestra conciencia, de nuestra capacidad para indignarnos, de cómo usemos el don de la ira. No sé si tú te darás por aludido: en cualquier caso lo eres. El mundo se ha convertido en un patio de vecinos, todo se sabe y hay que tener una voluntad de hierro para desconocer la suerte de los otros. Hogaño, ignorar es un crimen contra la humanidad”.
Pero al tiempo que relata la miseria humana escondida en las trastiendas de nuestro mundo este libro habla de la grandeza de hombres y mujeres con nombres desconocidos para nosotros, capaces de darle sentido a su vida en medio del caos y la violencia, ejemplo contundente de la mejor literatura periodística. A menudo estas cartas desvelan imágenes de una enorme fuerza expresiva, prácticamente propias del terreno de la poesía. También describen personajes cuya vida atraviesa la crónica dejando un surco imborrable en nuestra memoria. Alfonso Armada y Gonzalo Sánchez-Terán saben escribir y lo hacen de manera ejemplar, en el contenido y en la forma. |