borde Sumario. Entrevistas.

Marta López Luaces

«He querido que a través de ciertas referencias el lector se transformara en el investigador de una realidad que se desvanece en cuanto se intenta limitarla o, lo que es lo mismo, comprenderla»

Daniel Muxica

Marta López Luaces acaba de publicar su primer trabajo narrativo “La virgen de la noche” (Sial Ediciones).

P.- Después de un extenso trabajo textual en la poesía, La virgen de la noche es tu iniciación en la narrativa. ¿Cómo describís esta experiencia y en qué fundamentos marcan en tu hacer este cambio de registro?
R.- Siempre he tenido un gran interés por la prosa y aunque sólo ahora publico mi primer libro de relatos, desde mis inicios he tenido esa inquietud. A pesar de eso, reconozco que para mí el impulso poético es el motor de ambas experiencias literarias. Ese impulso, como deseo de expresar lo inefable, es una preocupación estética que no sólo está presente en mi poesía sino que permea también toda mi prosa.


P.- Preciso, en el prólogo a tu libro Diego Martínez Torrón marca la mixtura cultural a la que se suma el contexto mágico -perplejo y desconcertante- que subyace en tus relatos. ¿Es la tradición el elemento seductor que moviliza las cuestiones iniciáticas resumidas en el cuerpo o en la ausencia de él?
R.- Debo decir que se representa esa ausencia aunque el lector luego negocie, desde su propia experiencia interior, una visión de esos cuerpos como espacios, si se quiere como dimensiones que aún están emergiendo y que descubrimos en toda la complejidad de sus múltiples y posibles lecturas. Por eso creo que llegamos a presentirlos más que verlos o vivirlos. Es por eso también que al igual que luego le sucederá al lector, los personajes no llegan nunca a poseer o visualizar esos cuerpos; y de ahí el deseo de muchos de ellos.


P.- La mística, la complicidad intelectual con elementos teológicos y cabalísticos, le dan a tus relatos un tono evanescente. ¿Qué te identifica con las tradiciones religiosas?
R.- Me ofrecen un lenguaje. Las diversas tradiciones religiosas y sobre todo, para mí, la Cábala, han explorado un idioma que intenta expresar lo inefable. Así, esa tradición me ofrece un vocabulario por el cual puedo explorar otras dimensiones del ser humano que no son visibles pero que sentimos.


P.- ¿Cómo combinas en tu vida personal la leyenda y la modernidad?
R.- Vengo de un mundo en el que las viejas leyendas y de aquella Galicia de hace más de treinta años, de una Galicia que aún entonces era mayormente rural o pesquera, se conjugan en las charlas familiares en las que se discute los conflictos de la vida moderna. También Nueva York, en sí misma una ciudad-leyenda, es a veces más imagen que realidad, aún para aquellos que residimos en ella.

P.- Me quedo en Nobody. Aunque lejos de la estructura desértica y asexuada que Beckett propone en Sin, más que la remitencia existencial del “no haber”, encuentro implícita una irónica observación sobre la ausencia de lo femenino como cuerpo social.
R.- Creo que hay ironía en la representación de todos los cuerpos, masculinos y femeninos, aunque en el caso del cuerpo femenino, por su historia de silencio y su construcción, histórica a través de la mirada del otro, más obvia. Como Foucault señala al final de Las palabras y las cosas, el sujeto del ser humano se borra como un rostro dibujado en la arena, a la orilla del mar. Así, todo lo que nos queda son efectos materiales, pero no existe ningún sujeto detrás de las acciones. De este modo, nos dice Foucault, el ser humano es una invención, un mito más. Creo que mi libro es en cierto modo una meditación, y una puesta en escena, de ese mito de los cuerpos.

P.- Copi sostenía que toda buena obra era, en el fondo, un policial. ¿Tu Soledad (la del relato, que no es ausencia), qué aspecto del policial guarda secretamente?
R.- He querido que a través de ciertas referencias, --tanto las citas como otros guiños literarios del cuento—el lector se transformara en el investigador de una realidad que se desvanece en cuanto se intenta limitarla o, lo que es lo mismo, comprenderla. Aceptar la lectura como una experiencia no siempre entendible sino sentida.

P.- ¿La palabra es un Golem en sí misma?
R.- El escritor es un creador, un escultor, de Golems.

P.- ¿El final de Soledad implica un acto voluntarioso u oficioso de sincretismo?
R.- Creo que eso es lo que verdaderamente implica la posmodernidad. Aun con todos los problemas que implica la globalización, el sincretismo religioso, cultural y aún social es la gran transformación y aventura de nuestra época. Aunque a veces lo sintamos como una enorme soledad insostenible que, por lo general, y creo erróneamente, se asociaría con la experiencia poética.

P.- ¿Encuentras en tus relatos algunos puntos de contacto con los de Patricia Highsmith?
R.- No sé, leí la primera novela de Highsmith hace un par de años en Rosario, Argentina. Fui a dar una conferencia y me dio un catarro que me obligó a guardar cama por varios días. Alguien me trajo Mar de fondo, que creí iba a ser una novela policíaca, como tantas otras y, por supuesto, estaba muy equivocada. El cuidado del lenguaje, por lo general extraño en este subgénero, el control narrativo en todas sus facetas en las que se mezclan imágenes de horror, de ironía, pero también de ternura y nostalgia para poder explorar así la complejidad de las emociones.

P.- ¿Que te atrae del mito urbano para construir estas historias?
R.- La libertad y la opresión de la gran ciudad, El hecho de que ese anonimato que nos permite ser nosotros mismos es también lo que nos limita y nos aísla. Nueva York, Madrid, Buenos Aires son todas ciudades en la que residido o he pasado largas temporadas, Sin embargo, nací y me crié en una ciudad relativamente pequeña, La Coruña. Es por eso que también extraño esa intimidad de la ciudad de provincias.

P.- ¿Piensas continuar con relatos o la poesía te ofrece una alternativa más ligada a tus sentidos?
R.- . Aún cuando las fuentes sean las mismas, para la poesía y para prosa el impulso literario es diferente. Es por eso que necesito expresarme en ambos géneros. Ahora estoy terminando una novela titulada Los traductores del viento,que trata del exilio y la soledad del individuo. Por otro lado, también acabo de terminar otro libro de poemas que será publicado por la editorial Pre-textos a principios del 2010 titulado los Arquitectos de lo imaginario y que toca temas similares

P.- Hay algo que impresiona en el cuento, que da título al libro, La virgen de la noche, y es el cuerpo que se relata, o por ejemplo el libro de las posiciones que necesita ser mirado, leído, para darle cuerpo a la imagen. Es una metáfora, pero implica una ideología.
R.- El mundo occidental necesita dar materia, sustancia, a aquello que no lo tiene, no así en muchas otras tradiciones: asiáticas, indígenas, africanas etc. Hoy día esas tradiciones están presentes en el llamado mundo desarrollado, desestabilizar la llamada “realidad occidental”. Es por eso mismo que, a veces, sentimos esas otras realidades como perturbadores. Detrás de la imagen, de la palabra, presentimos otras posibilidades que parecen nos acechan.

P- Me tomo de las últimas palabras del cuento mencionado y que bien podría cerrar a las cinco historias: “Pero ahora ha pasado ya tanto tiempo que quién sabe quién recordaría qué y que saldría de todo aquello si fuéramos a reescribirlo”. ¿Animarías a una reescritura que abordara aquello que quedó pendiente?
R.- ¿No es eso lo que implica el arte de la lectura?

P.- La síntesis de este libro me lleva extrañamente a pensar en ciertos recursos del gótico, pero sobre todo en un Hölderlin perplejo frente a la divinidad. Ya que la poesía, de la que no te desprendes, marca cada emoción y cada idea, me gustaría que descubrieras tu forma de trabajar interdisciplinariamente.
R.-. Un lenguaje que expresa lo cotidiano es más fácil en la prosa que en la poesía. En la experiencia poética, para mí, lo cotidiano y lo local, por lo general, no se mezclan fácilmente con esas otras experiencias interiores. Parto de un lenguaje que aspira a expresar lo sublime, y que aunque asocio íntimamente con la poesía, también llevo a la prosa. Sin embargo, creo que al menos hasta ahora nunca he partido del impulso de la prosa al de la poesía.

 

 

Marta López Luaces, La Virgen de la Noche
Editorial Sial, 2009

por José Manuel Lucía

En un reciente ensayo, fascinante desde su título, “¿Cómo hablar de los libros que no se han leído?”, Pierre Bayard se acerca a esa nebulosa de obras literarias de las que hemos oído hablar, que conforman nuestra particular biblioteca colectiva, que hemos hojeado o que nos han explicado en las aulas del colegio, del instituto o de la Universidad, y de las que podemos hablar, opinar, aunque en realidad no las hayamos leído… e incluso de aquellas otras que un día pasaron por nuestras manos, que devoramos en las tardes interminables de verano o en las noches cercanas de invierno, pero de la que no recordamos más que detalles superfluos y sin importancia: la calidad del papel, el color de la tapa, el lugar que ocupan en la estantería o el calor que pasamos mientras la terminábamos en la playa… pero nada más, como si el libro se hubiera convertido con el paso del tiempo en un conjunto de páginas en blanco, donde todo está por comenzar a leerse, e incluso, comenzar a escribirse… Pero ¿qué sucede cuándo leemos una obra que se esconde tras las palabras, que ofrece imágenes –pantalla, páginas-pantalla para así no sacar a la luz la verdadera esencia de las historias que nos cuentan? La literatura es un viaje y gracias a la literatura podemos acercarnos a geografías, a países y barrios que nunca conocerán el peso de nuestros cuerpos. Pero, ¿qué sucede cuándo este viaje se hace a una tierra sin tierra, a un mundo donde todo lo real son apariencias y los cadáveres desaparecen en el recuerdo como así también las apariciones de vírgenes o de esas personas que cubren nuestros deseos siendo nada más que un sueño? ¿Cómo puede calificarse un libro, un texto que se esconde de la lectura? ¿Acaso podemos estar seguros de que lo hemos leído o hemos de crear una nueva forma de lectura, la no-lectura-ficcional, que hable de una obra que se va deshaciendo a medida que vamos pasando por ella nuestros ojos? Así sucede con estos cautivadores relatos de Marta López-Luaces, que se esconden bajo la apariencia de cinco títulos, casi todos ellos, evocadoras de cinco mujeres: Nobody, Un reflejo de pureza (que no es otra que Assumpta), Brunilda, Soledad y La Virgen de la Noche. Todos ellos situados, aparentemente, en una geografía muy precisa: el barrio de Saint-Nicholas, que un día fue de adinerados judíos y que hoy sufren la decadencia de sucesivas oleadas de emigrantes, en que los hispanos suponen una de las comunidades más abundantes.

Cinco relatos evanescentes. Cinco relatos de relatos. Porque este es una de las puertas con que nos adentramos al universo de arena del mundo que nos describen, un universo como ese puñado de arena que intentamos atrapar en el puño de las playas: “Entonces entendí por qué me habían llamado. Como no pudieron retener su imagen, ahora necesitaban retenerla del único modo posible: dándole legitimidad y autoridad a la historia de Nadie con la palabra escrita”. Así termina el primero de los relatos del libro: “Nobody”. Alguien nos relata lo que le cuentan, resume lo que ha ido conociendo a lo largo de decenas de entrevistas y nos lo ofrece… y lo hace con el mismo misterio de quien lo ha vivido, de quien lo cuenta, de quien lo escucha… y ahora, de quien lo lee. Todos situados en el mismo plano de la ficción, de la evanescente ficción que está más allá de cualquier lógica: ¿Qué movió a aquellas personas a hacer colas a la puerta de la habitación de Nobody en Saint Nicholas? ¿Qué había en esa mujer sin nombre para que su edad oscilara entre los veinte y los cincuenta años? ¿En qué ocasión Assumpta había perdido el reflejo de los espejos? ¿Cómo creía que podía volver a recuperarlo? ¿Qué es más real, qué es más ficticio: el ballet de aquella sala llamada “La Iglesia” o las diferentes puertas que se abren, las salas que el joven pasa acompañado de Brunilda? ¿Y esa Soledad, y esas Soledades, cuyos cadáveres desaparecen después de una vida consagrada a los libros, a la no lectura de los libros? Y por encima de todo, la Virgen y el libro de las posiciones… Cinco relatos que muestran un mundo, el de Saint-Nicholas para adentrarse en nuestro mundo, en el mundo de los símbolos y de las alegorías. Cinco relatos que nos llevan de la mano hacia un universo que de tan cercano resulta desaparecer de nuestras manos lectoras, de nuestros recuerdos lectores. Relatos que nos devuelven lo mejor de la ficción: relatos que es necesario leer y leer y leer… relatos que vuelven a escribirse en cada lectura. Relatos que se multiplican en nuestros recuerdos de no lectores… en este nuevo universo en que los libros son algo más que letras y papel y tinta. Relatos que son recuerdos, que nos obligan a mirarnos a nosotros mismos para encontrar las respuestas a tantas preguntas.

 

 

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