| Con El arte de llorar a coro, publicada por Lengua de Trapo, el dramaturgo danés Erling Jepsen debutó en la escritura de novelas. Recibida con gran entusiasmo en Dinamarca por crítica y público, El arte de llorar a coro fue adaptada al cine y convirtió a su autor en una figura pública de la cultura danesa. La maestría con la que Jepsen maneja comedia y tragedia para contar una historia familiar situada en un pueblecito danés de los años sesenta, así como la frescura de la voz del narrador, Allan, un niño de diez años que trata de agarrarse a lo poco que le queda de ingenuidad para afrontar la parte más turbulenta de su entorno, lo convierten en un autor digno de ser descubierto.
1. Llama la atención el enfoque que adoptas para tratar temas tan complicados. ¿Determinó el tema el enfoque o bien es una característica de tu narrativa (el humor negro, la distancia hacia los personajes...)?
Sí, se podría decir que es una característica de mi narrativa esa distancia que genera el humor negro. Me gusta moverme entre los registros que van del absurdo y lo grotesco a lo realista. Por otra parte creo que también es mi manera de abordar un tema como el del incesto, un enfoque distante pero que a la vez genera una comprensión muy estrecha de los personajes y que me resulta necesario para tratar este tema tan cercano a mí.
2. Aunque desde la ingenuidad y casi siempre desde el absurdo, Allan es un verdadero creyente; frente a él, hay toda una ritualización, hasta cierto punto hipócrita, de la religión (los funerales, las clases en el aula), ¿qué papel jugaba la religiosidad en la educación sentimental de los niños daneses en los años sesenta?
Dinamarca ha sido (y es) un país muy religioso, como supongo que sucede en España. Los rituales han estado siempre ligados a la vida cotidiana. En este sentido me parece que la relación de Allan con los rituales es bastante natural dadas las circunstancias medioambientales. Por otro lado, en su caso particular -es un personaje entre la niñez y la adolescencia, entre la ingenuidad y un atisbo de conciencia crítica-, la intensidad con la que ritualiza su experiencia cotidiana también está ligada a su necesidad de creer. Su necesidad de decirse a sí mismo que lo que ocurre a su alrededor no es malo, porque si pensara esto su padre dejaría de ser un héroe. La fe de Allan es tanto natural como autoimpuesta.
3. ¿Qué papel jugó en la versión cinematográfica? ¿Está satisfecho con el resultado?
No participé demasiado en la versión cinematográfica. No me gusta intervenir porque mi dominio es el del lenguaje literario, y el audiovisual es algo totalmente distinto. Y sí, estoy muy satisfecho con el resultado. Fue la película elegida por Dinamarca para representarnos en los Oscar y además creo que ganó un premio en el festival de San Sebastián, aquí en España, así que estoy encantado. También la versión cinematográfica de mi nuevo libro, Terriblemente felices, que creo que va a distribuirse en vuestro país, es estupenda.
4. «Todas las familias felices se parecen, pero las desdichadas lo son cada una a su manera». Este es el comienzo de Ana Karenina, ¿está de acuerdo con esta afirmación?
¡Cómo no va a estar uno de acuerdo! Creo que esta sería una muy buena definición para la novela. La familia que aparece tiene su propia idiosincrasia –una idiosincrasia muy danesa, de Jutlandia- a la hora de ser infeliz. Por otro lado, y paradógicamente, si se quiere, también la desdicha es universal, aunque se presente de diferentes maneras. Desde este punto de vista el caso de mi novela podría verse como una pequeña muestra de algo que, desgraciadamente y de momento, sucede en todas partes.
5. De alguna forma, todos los miembros de la familia buscan ser aceptados y entrar dentro de la «normalidad» social, ¿esconde esto una crítica a la sociedad?, es decir ¿es necesario estar «algo loco» o negar la realidad para integrarse?
Una de las bases de la novela es la crítica que se hace al silencio colectivo ante una injusticia por todos conocida. Todos los miembros de la familia buscan ser aceptados en la sociedad porque somos seres gregarios por naturaleza, pero si la sociedad acepta como normal una conducta monstruosa como esta, es porque ella misma, efectivamente, está desequilibrada.
6. ¿Cómo trabajó la mirada del niño? ¿Partió de recuerdos de la infancia o de lo que puede observar actualmente en niños de su alrededor?
Ambas cosas. La mirada del niño era la parte más compleja de la obra. Me recordaba a mí, a mi necesidad de seguir considerando a mi padre como un héroe a pesar de que lo que veía lo hacía imposible. Por otro lado creo que la psique de Allan refleja este momento crítico de toda infancia en que uno intenta seguir agarrado a su niñez por el miedo que genera la edad adulta que se avecina con todas sus complicaciones.
7. ¿Podría situar la novela en la actualidad? O la vida en una comunidad pequeña es fundamental para que se dé una historia así.
Desgraciadamente sí podría situarse en la actualidad. Y no sólo en una comunidad pequeña. Como vemos casi cada día en las noticias, estos casos se repiten con alarmante frecuencia en cualquier lugar. El hecho de estar situado en una comunidad pequeña, que además fue el caso real, lo que marca es la ambigüedad con la que la sociedad reacciona en estas ocasiones en las que todos saben y todos callan por el miedo que tienen a que se les cuestione su silencio: ¿Desde cuándo lo saben? ¿Por qué no han dicho nada? En este caso estaba también implicada la policía del pueblo, los profesores…
8. ¿Se siente parte de una generación de escritores en Dinamarca?
La verdad es que no me siento parte de una generación. Mis novelas no tienen nada que ver con autores de mi edad, como Peter Hoeg. Y sin embargo sí creo que he captado una tendencia de la literatura danesa contemporánea que es la de transformar en ficción la propia autobiografía.
9. Fuera de Dinamarca, ¿qué autores le han influido más, o con cuáles se siente más en deuda?
Bueno, me gusta pensar que mi mayor influencia en la literatura no es un autor, sino un boxeador, Mohamed Ali. Como su forma de boxear, mi narrativa es suave, ágil, rápida, trato de que el lector se confíe y cuando menos lo espera, ahí está el golpe maestro, el golpe que sorprende. Por otro lado, y dado que he sido escritor teatral durante veinte años, no puedo negar la influencia que autores como Beckett, Ionesco o Bernhardt han tenido en mi forma de concebir la escritura
10. Actualmente se está traduciendo mucha y muy variada literatura danesa al español. ¿Hay un momento especialmente brillante en la literatura danesa?
Me alegra saber que se está traduciendo tanto. No podría decir si ahora es un momento especial, pero sí se están moviendo muchas cosas, el ambiente literario es muy variado y rico. Una suerte para los que lo estamos viviendo. |