borde Sumario. Libros. Reseña.
 

Temporada de caza para el león negro

 

Tryno Maldonado

 

Anagrama, 2009

 

Claudia Apablaza

Tryno Maldonado, Temporada de caza para el león negro

Salir juntos a pasear

Una de las tantas vías fijadas en el recorrido literario de escritores asqueados de sistemas que los hacen colapsar, es levantar la pluma y retratar la imagen o gran fantasma en un ser dotado de todo aquello que se aborrece para, posteriormente, dispararle y celebrar el lento derrumbe de su bien logrado sitial momentáneo. Afinarlo primero en su totalidad y desplante como el gran héroe de una patria que lo erige y levanta y, acto seguido, lanzarlo al tacho de la basura que pasa por el vecindario exactamente a las 8 de la mañana, o en su defecto más tardío, a las 8:10.

Hay que salir de caza, pareciera decirnos en susurros este narrador. Hay que definir con un cincel recién adquirido todo lo que se odia, retratar a la gran presa y luego de precisarla, buscarla en las ciudades, apuntarle, herirla, darle muerte, hacerla desaparecer.
 
Porque se ha vino generando la imagen de lo indeseado, de un ente vacío, de una forma que, a los pocos días de gestada se desprendió de lo amado y sagrado para lanzarse sola y vagabunda, dictarse en solitario las líneas a seguir; y hacerse, en ese viaje, representante ejemplar de todo el gran malestar cultural que vino después del triunfo de las grandiosas posibilidades estatales y privadas de un país como México, o una ciudad como el DF, o de un continente como todo Latinoamérica amarrado a una denigrante democracia neoliberal. Democracia que amenaza la intimidad de toda posibilidad de crear (y recrearse) libremente.

Hay tanto estado en México, queridos lectores, pareciera decirnos el narrador. Hay tanto sesgo privado para nuestros aprendices, hay tanta farandulilla derivada de eses exceso de posibilidades. Hay tanto lugar común y cliché. Vitrinas. Pieles. Neón. Y por otro lado, bien lejano y contrapuesto, caminando por otro riel, alguien alcanza a observar el trabajo lento, el paso taciturno de un psicoanalista perdido en un bosque, amasando todas las posibilidades de manifestarse el inconsciente, hasta que éste le entrega el rastro verdadero, la huella de años, donde antes hubo deseo, deseo, deseo y mucha luz.

Y por acá corre la novela del desencanto. Tal vez no sólo del desencanto mexicano, sino que tal vez del Latinoamericano que pisa Europa, o el del Latinoamericano que pisa Estados Unidos, del Latinoamericano que aprende a pisar.
El desencanto del narrador y del espectador que mira asqueado todo el panorama y el aparador.

Mi primer paso, dice el narrador-amante es la fineza de mi mano, que al igual que la de un joyero, describe detestando las cualidades de la presa indeseada. Además de todos los registros que deja esa presa en la ciudad, lugares que hemos habitado, el camino que hemos pisado en merodeos urbanos, en polvos, camas, polvos y camas, y finalmente: arribistas él, cansado él, snob él, criminal yo, criminalista yo, joyero y asesino yo.

 

La presa indeseada está descrita en 99 fragmentos. Golo, un artista que:

 

  1. usa zapatillas converse
  2. no cree en dios
  3. ama ver películas
  4. es un niño bien que no se baña
  5. es imbécil
  6. es guapo
  7. tiene un amante daltónico
  8. le gustan los gatos
  9. tiene un temperamento melancólico
  10. apareció de pronto en la escena artística nacional
  11. su amante queda cesante por quedarse con él
  12. pertenece a la generación atari y es un dios
  13. le gusta comer pizzas frías los martes
  14. coge con su amante como loco
  15. nació en los setenta
  16. participó en la colectiva de la galería fernández fiallo
  17. no fue invitado a la primera a formar parte de la gran muestra
  18. no se quita sus tenis ni para dormir
  19. es un soberano cabrón
  20. su mejor amigo se llama nostalgic zebra
  21. ladra
  22. está obsesionado con la muerte
  23. está muy inquieto para el día del lanzamiento de la exposición colectiva
  24. a veces está días sin hablar
  25. tiene un aire aniñado
  26. no sabe lo que es el daltonismo
  27. nunca había salido de la ciudad
  28. sus pinturas fueron las más exitosas de la colectiva
  29. usa calzones calvin klein
  30. no habla de sus otras parejas
  31. no terminó la secundaria
  32. peleó con su amante
  33. se mudó a vivir con su amante
  34. retrata a su gato: martínez
  35. se despertó con unos gritos de su amante
  36. mancha los libros con pintura
  37. consume cocaína
  38. su amante lo ama con toda su alma
  39. juega todo el día atari
  40. cubo de erno rubik es su obra más famosa
  41. cuando se enoja, duerme en el sillón
  42. le gustan los parques de diversiones y los hot-dogs
  43. tiene el sueño muy pesado
  44. habla solo
  45. es celoso
  46. coge todo el día
  47. es indiferente
  48. le gusta dormir sin almohada
  49. su amante no sabe por qué lo ama
  50. pintó todo el baño, incluso la bañera
  51. se obsesionó con pintar todos los días
  52. hizo una exposición individual
  53. monologa en idiomas
  54. fue a descansar a una banca en el parque
  55. le gusta posar con el gato
  56. apenas sabe leer, sumar y restar
  57. le gusta ver películas
  58. dejó el atari
  59. le intriga la historia de un cazador
  60. se encierra a pintar
  61. consume opio
  62. fue catalogado como el niño prodigio de las artes mexicanas
  63. le agendaron una gira
  64. le gustan los aviones
  65. se hizo famoso
  66. le gusta ir al parque
  67. no se sabe si su nombre es un seudónimo
  68. una vocalista le compró su obra matezza v 0.1.
  69. jugaba mucho con martínez, el gato
  70. cuando martínez murió, dejó de pintar
  71. usa la ropa de su amante
  72. no cree en dios
  73. su nombre es un seudónimo
  74. le gusta morder a su amante
  75. se ríe mucho de una historia de un junkie
  76. le gustan los comics, las revistas de moda y las pornográficas
  77. se baña con vanina una tarde y es descubierto por su amante
  78. jodió una instalación de un célebre artista: javier beltrán
  79. nunca aprendió a conducir un coche
  80. se fue de gira artística por europa
  81. compró kilos de ropa con el dinero de sus nuevas ventas
  82. patrocina a sus amigos y a extraños
  83. durmió con un travesti que se hacía llamar 23.
  84. se molestó porque le preguntaron por sus tenis muy usadas
  85. se desesperó porque no tenía cocaína
  86. dejó de pintar cuando martínez murió
  87. viajó a chicago y jugó ping pong sobre una obra de arte
  88. le inyectó cocaína a martínez
  89. no quiso seguir la gira
  90. adoraba la historia que contaba nostalgia zebra sobre un cazador de leones
  91. se compró un rauschenberg con la venta de uno de sus cuadros
  92. rebautizó a martínez con el nombre de pepa
  93. se lo llevaron preso junto a un actor de cine por escándalos
  94. despareció en barcelona
  95. pintó encima una de sus obras más famosas
  96. ganó las apuestas a unos marineros en barcelona
  97. perdió sus converse en barcelona
  98. le gustaban los parques de diversiones, los algodones de azúcar y los hot-dogs
  99. su amante lo quiso, pero no supo nunca porqué

 

Murió. ¿Y qué?

 

El victimario, el amante que lo mira con desdén y un amor melancólico a lo lejos. Una especie de burla.

 

Recuerdo que la tesis de las novelas de personajes entrañables es una de las grandes posibilidades que ofrece la narrativa. Si bien no la única, una de las más celebradas: La lupa puesta sobre algo que siempre recordaré y amaré, hasta mi muerte. Y acá, en Temporada de caza para el león negro, esa tesis desaparece, pierde espacio, pierde tiempo y lugar. El personaje deja de satisfacer al lector, de darle posibilidades de reconocerse, y se convierte en la gran vitrina de la humanidad, vitrina en que se enuncian características y dotes, logros, que si bien conforman una trama, no logran figurar la imagen de un lector satisfecho, enamorado, amante de lo que se reflejó. Al contrario, tal vez ni siquiera se detesta o se odia, finalmente da igual y queda la sensación de no saber nada acerca del personaje principal: Golo.

De esta forma, el lector en su proceso íntimo de lectura, más allá de encontrarse y acelerar en intimidad, ve burdas e instantáneas fotografías, identificaciones huecas, vacías, maniacas, un lector que se aleja, ya que quiere tragarse y relamerse en otras imágenes, textos que lo salven de su precariedad, que lo empalmen de fronteras, que lo inserten en los bordes con los que linda la  literatura.

Con todos estos ejercicios violentos, Tryno Maldonado nos lleva a descubrir que hay tantos Golos como individuos en el mundo, y que el niño, nuestro vecino, tal vez nuestro amante, o el mejor escritor, el artista chileno, mexicano, argentino, español, norteamericano, catalán, peruano, boliviano, el mejor escritor o el mejor artista francés de los últimos tiempos es también un Golo, uno que se perderá en litros de alcohol desesperado, bukoswkiano, en orgías en casa de los padres que salieron de paseo un fin de semana. Cerraron los ojos, devinieron famosillos en un dos por tres antes de los 30, porque un agente literario los quiso subir (y de paso subirse) a un sitial; falsos homosexuales para ganar puntos en la carrera, intelectuales para ganar otros más, alcohólicos y más, perfecto idiotas y más, tiernos payasos de un sistema súper valorado o de una nación bien representada en el extranjero.

Para terminar, quiero recomendar otro libro que encontrará eco en este de Tryno Maldonado (1977). Hay una gran cercanía entre este Golo, personaje de Temporada de Caza para León negro, y el músico punk Rufus, el personaje de la novela Mi nombre es Rufus, del argentino Juan Terranova (1977). Me aventuraría a decir incluso que ambos golos o ambos rufus nacieron el mismo día y hoy por la mañana, muy temprano, salieron a pasear.

 

Tryno Maldonado (Zacatecas, México, 1977) ha publicado el libro de cuentos Temas y variaciones (2002), la novela Viena roja (2005) y la antología de narrativa mexicana Grandes hits, vol. 1 (2008). En el 2009 Editorial Anagrama publica su segunda novela, Temporada de caza para el león negro, entre las finalistas del Premio Herralde 2008. Actualmente vive en Oaxaca, donde es editor de Editorial Almadía.