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Claudia Apablaza
Salir juntos a pasear
Una de las tantas vías fijadas en el recorrido literario de escritores asqueados de sistemas que los hacen colapsar, es levantar la pluma y retratar la imagen o gran fantasma en un ser dotado de todo aquello que se aborrece para, posteriormente, dispararle y celebrar el lento derrumbe de su bien logrado sitial momentáneo. Afinarlo primero en su totalidad y desplante como el gran héroe de una patria que lo erige y levanta y, acto seguido, lanzarlo al tacho de la basura que pasa por el vecindario exactamente a las 8 de la mañana, o en su defecto más tardío, a las 8:10.
Hay que salir de caza, pareciera decirnos en susurros este narrador. Hay que definir con un cincel recién adquirido todo lo que se odia, retratar a la gran presa y luego de precisarla, buscarla en las ciudades, apuntarle, herirla, darle muerte, hacerla desaparecer.
Porque se ha vino generando la imagen de lo indeseado, de un ente vacío, de una forma que, a los pocos días de gestada se desprendió de lo amado y sagrado para lanzarse sola y vagabunda, dictarse en solitario las líneas a seguir; y hacerse, en ese viaje, representante ejemplar de todo el gran malestar cultural que vino después del triunfo de las grandiosas posibilidades estatales y privadas de un país como México, o una ciudad como el DF, o de un continente como todo Latinoamérica amarrado a una denigrante democracia neoliberal. Democracia que amenaza la intimidad de toda posibilidad de crear (y recrearse) libremente.
Hay tanto estado en México, queridos lectores, pareciera decirnos el narrador. Hay tanto sesgo privado para nuestros aprendices, hay tanta farandulilla derivada de eses exceso de posibilidades. Hay tanto lugar común y cliché. Vitrinas. Pieles. Neón. Y por otro lado, bien lejano y contrapuesto, caminando por otro riel, alguien alcanza a observar el trabajo lento, el paso taciturno de un psicoanalista perdido en un bosque, amasando todas las posibilidades de manifestarse el inconsciente, hasta que éste le entrega el rastro verdadero, la huella de años, donde antes hubo deseo, deseo, deseo y mucha luz.
Y por acá corre la novela del desencanto. Tal vez no sólo del desencanto mexicano, sino que tal vez del Latinoamericano que pisa Europa, o el del Latinoamericano que pisa Estados Unidos, del Latinoamericano que aprende a pisar.
El desencanto del narrador y del espectador que mira asqueado todo el panorama y el aparador.
Mi primer paso, dice el narrador-amante es la fineza de mi mano, que al igual que la de un joyero, describe detestando las cualidades de la presa indeseada. Además de todos los registros que deja esa presa en la ciudad, lugares que hemos habitado, el camino que hemos pisado en merodeos urbanos, en polvos, camas, polvos y camas, y finalmente: arribistas él, cansado él, snob él, criminal yo, criminalista yo, joyero y asesino yo.
La presa indeseada está descrita en 99 fragmentos. Golo, un artista que:
- usa zapatillas converse
- no cree en dios
- ama ver películas
- es un niño bien que no se baña
- es imbécil
- es guapo
- tiene un amante daltónico
- le gustan los gatos
- tiene un temperamento melancólico
- apareció de pronto en la escena artística nacional
- su amante queda cesante por quedarse con él
- pertenece a la generación atari y es un dios
- le gusta comer pizzas frías los martes
- coge con su amante como loco
- nació en los setenta
- participó en la colectiva de la galería fernández fiallo
- no fue invitado a la primera a formar parte de la gran muestra
- no se quita sus tenis ni para dormir
- es un soberano cabrón
- su mejor amigo se llama nostalgic zebra
- ladra
- está obsesionado con la muerte
- está muy inquieto para el día del lanzamiento de la exposición colectiva
- a veces está días sin hablar
- tiene un aire aniñado
- no sabe lo que es el daltonismo
- nunca había salido de la ciudad
- sus pinturas fueron las más exitosas de la colectiva
- usa calzones calvin klein
- no habla de sus otras parejas
- no terminó la secundaria
- peleó con su amante
- se mudó a vivir con su amante
- retrata a su gato: martínez
- se despertó con unos gritos de su amante
- mancha los libros con pintura
- consume cocaína
- su amante lo ama con toda su alma
- juega todo el día atari
- cubo de erno rubik es su obra más famosa
- cuando se enoja, duerme en el sillón
- le gustan los parques de diversiones y los hot-dogs
- tiene el sueño muy pesado
- habla solo
- es celoso
- coge todo el día
- es indiferente
- le gusta dormir sin almohada
- su amante no sabe por qué lo ama
- pintó todo el baño, incluso la bañera
- se obsesionó con pintar todos los días
- hizo una exposición individual
- monologa en idiomas
- fue a descansar a una banca en el parque
- le gusta posar con el gato
- apenas sabe leer, sumar y restar
- le gusta ver películas
- dejó el atari
- le intriga la historia de un cazador
- se encierra a pintar
- consume opio
- fue catalogado como el niño prodigio de las artes mexicanas
- le agendaron una gira
- le gustan los aviones
- se hizo famoso
- le gusta ir al parque
- no se sabe si su nombre es un seudónimo
- una vocalista le compró su obra matezza v 0.1.
- jugaba mucho con martínez, el gato
- cuando martínez murió, dejó de pintar
- usa la ropa de su amante
- no cree en dios
- su nombre es un seudónimo
- le gusta morder a su amante
- se ríe mucho de una historia de un junkie
- le gustan los comics, las revistas de moda y las pornográficas
- se baña con vanina una tarde y es descubierto por su amante
- jodió una instalación de un célebre artista: javier beltrán
- nunca aprendió a conducir un coche
- se fue de gira artística por europa
- compró kilos de ropa con el dinero de sus nuevas ventas
- patrocina a sus amigos y a extraños
- durmió con un travesti que se hacía llamar 23.
- se molestó porque le preguntaron por sus tenis muy usadas
- se desesperó porque no tenía cocaína
- dejó de pintar cuando martínez murió
- viajó a chicago y jugó ping pong sobre una obra de arte
- le inyectó cocaína a martínez
- no quiso seguir la gira
- adoraba la historia que contaba nostalgia zebra sobre un cazador de leones
- se compró un rauschenberg con la venta de uno de sus cuadros
- rebautizó a martínez con el nombre de pepa
- se lo llevaron preso junto a un actor de cine por escándalos
- despareció en barcelona
- pintó encima una de sus obras más famosas
- ganó las apuestas a unos marineros en barcelona
- perdió sus converse en barcelona
- le gustaban los parques de diversiones, los algodones de azúcar y los hot-dogs
- su amante lo quiso, pero no supo nunca porqué
Murió. ¿Y qué?
El victimario, el amante que lo mira con desdén y un amor melancólico a lo lejos. Una especie de burla.
Recuerdo que la tesis de las novelas de personajes entrañables es una de las grandes posibilidades que ofrece la narrativa. Si bien no la única, una de las más celebradas: La lupa puesta sobre algo que siempre recordaré y amaré, hasta mi muerte. Y acá, en Temporada de caza para el león negro, esa tesis desaparece, pierde espacio, pierde tiempo y lugar. El personaje deja de satisfacer al lector, de darle posibilidades de reconocerse, y se convierte en la gran vitrina de la humanidad, vitrina en que se enuncian características y dotes, logros, que si bien conforman una trama, no logran figurar la imagen de un lector satisfecho, enamorado, amante de lo que se reflejó. Al contrario, tal vez ni siquiera se detesta o se odia, finalmente da igual y queda la sensación de no saber nada acerca del personaje principal: Golo.
De esta forma, el lector en su proceso íntimo de lectura, más allá de encontrarse y acelerar en intimidad, ve burdas e instantáneas fotografías, identificaciones huecas, vacías, maniacas, un lector que se aleja, ya que quiere tragarse y relamerse en otras imágenes, textos que lo salven de su precariedad, que lo empalmen de fronteras, que lo inserten en los bordes con los que linda la literatura.
Con todos estos ejercicios violentos, Tryno Maldonado nos lleva a descubrir que hay tantos Golos como individuos en el mundo, y que el niño, nuestro vecino, tal vez nuestro amante, o el mejor escritor, el artista chileno, mexicano, argentino, español, norteamericano, catalán, peruano, boliviano, el mejor escritor o el mejor artista francés de los últimos tiempos es también un Golo, uno que se perderá en litros de alcohol desesperado, bukoswkiano, en orgías en casa de los padres que salieron de paseo un fin de semana. Cerraron los ojos, devinieron famosillos en un dos por tres antes de los 30, porque un agente literario los quiso subir (y de paso subirse) a un sitial; falsos homosexuales para ganar puntos en la carrera, intelectuales para ganar otros más, alcohólicos y más, perfecto idiotas y más, tiernos payasos de un sistema súper valorado o de una nación bien representada en el extranjero.
Para terminar, quiero recomendar otro libro que encontrará eco en este de Tryno Maldonado (1977). Hay una gran cercanía entre este Golo, personaje de Temporada de Caza para León negro, y el músico punk Rufus, el personaje de la novela Mi nombre es Rufus, del argentino Juan Terranova (1977). Me aventuraría a decir incluso que ambos golos o ambos rufus nacieron el mismo día y hoy por la mañana, muy temprano, salieron a pasear.
Tryno Maldonado (Zacatecas, México, 1977) ha publicado el libro de cuentos Temas y variaciones (2002), la novela Viena roja (2005) y la antología de narrativa mexicana Grandes hits, vol. 1 (2008). En el 2009 Editorial Anagrama publica su segunda novela, Temporada de caza para el león negro, entre las finalistas del Premio Herralde 2008. Actualmente vive en Oaxaca, donde es editor de Editorial Almadía. |