| La escritora Marta Rivera de la Cruz vuelve, tras ser finalista del Premio Planeta con En tiempo de prodigios en 2006, con La importancia de las cosas, una original novela en la que la ilusión dará una segunda oportunidad a sus protagonistas gracias al misterio, la casualidad y el amor.
P. La importancia de las cosas es una novela que rompe con tu trayectoria literaria anterior, urbana, divertida, optimista, ¿por qué este nuevo registro?
R. Pues porque, como autora, tenía ganas de hacer una novela así. Quiero decir que no hubo voluntad de romper con nada. Simplemente, salió.
P. Una casa llena de objetos y colecciones (gramolas, cascos militares, muebles antiguos, bastones, soldados de plomo,...), un inquilino misterioso que se suicida, ¿dónde nace el argumento de La importancia de las cosas?
R. Para mí la novela empieza de verdad cuando Mario Menkell entra en la casa de su inquilino muerto y descubre todas las cosas que atesoró durante años. En ese momento, creo que, como el propio Menkell, el lector empieza a preguntarse quién era ese hombre y qué significan las cosas que guardaba. Yo pasé por una situación parecida cuando tuve que ayudar a una persona a vaciar una casa que pertenecía a un tercero, y al ir encontrando sus objetos, comenzaron también las preguntas de si conocíamos realmente a su propietario.
P. El amor es uno de los motores de la novela, pero en tu novela surge entre dos personajes solitarios de más de cuarenta años, Beatriz y Mario. ¿La falta de comunicación es un problema en nuestra sociedad?
R. La falta de comunicación ha sido el gran problema del ser humano, pero no en esta sociedad, sino durante toda la historia.
P. El amor como antídoto para la soledad, ¿crees en serio que es posible en los tiempos que corren?
R. Creo que el antídoto para la soledad es, más que el amor, el afecto en cualquiera de sus formas: desde la pasión amorosa hasta el cariño por los viejos amigos. Y sí, es posible quererse, afortunadamente.
P. El director de la Universidad cotilla y manipulador, el agente de la oficina inmobiliaria, el agente literario en busca de un nueva "estrella de las letras", una anciana elegante aficionada a la ópera,... Dibujas con precisión la imagen de varios personajes secundarios que aparecen por casualidad pero sin embargodominan la vida de los protagonistas, ¿qué papel debe tener un personaje secundario en la novela?
R. Creo que los personajes secundarios son esenciales, porque de alguna forma apuntalan a los protagonistas y les dan la ocasión de crecer. Intento cuidar mucho a mis secundarios, pulirlos y darles forma. El que tengan poco papel en la obra no quiere decir que deban aparecer desdibujados.
P. Has comentado “todos necesitamos que por lo menos una vez en la vida aparezca una persona que sea el detonante de cosas nuevas. El cruce de destinos y segundas oportunidades aparecen cuando menos lo esperas”, ¿crees en el destino y la suerte?
R. Sí. Pero creo también que está en nuestras manos forzar que las cosas ocurran o, simplemente, dejar que pase el tren.
P. La literatura dentro de la literatura. Autores contemporáneos como Paul Auster utilizan esta técnica de las muñecas rusas, historias contenidas dentro de la novela ¿por qué esta técnica?
R. Para mí sería imposible escribir una novela lineal, donde la historia avanzase sin apoyarse en otras. Necesito de esas pequeñas historias que van surgiendo para que la trama principal progrese.
P. Y después de La importancia de las cosas, ¿cuáles son tus planes de futuro?
En estas próximas semanas tengo el compromiso de trabajar en la promoción del libro. Luego, ya veremos. Tengo otra historia en la cabeza...
La importancia de las cosas, Marta Rivera de la Cruz
Planeta, 2009.
Tras dos años y medio la escritora Marta Rivera de la Cruz vuelve con La importancia de las cosas, una novela sólida y que sorprende sin duda por su cambio de registro. La importancia de las cosas es una novela vital, de trama emocionante y final feliz que enganchará al lector desde sus primeras páginas.
La novela se plantea con una estructura de muñecas rusas, la literatura dentro de la literatura. Vidas e historias dentro unas de otras. La vida del protagonista Mario Menkel, un cuarentón profesor universitario de creación literaria, conocido por haber escrito una sola novela sin éxito alguno, da un vuelco cuando se tiene que hacer cargo forzosamente de las cosas y pertenencias del inquilino de un piso que tenía en alquiler que se ha suicidado. Menkell, que al principio se siente superado por las circunstancias y quiere deshacerse de todos los trastos, se encontrará la casa con múltiples objetos y colecciones como gramolas antiguas, miniaturas, soldados de plomo, porcelanas, abanicos,... Esta nueva experiencia le ayudará a acercarse a Beatriz, otra profesora universitaria, que ama en silencio desde hace años y que se acaba de separar.
Beatriz Millares y Mario Menkell se adentrarán sin pensarlo en la vida secreta del inquilino muerto, Fernando Montalvo, revisarán sus cajones y sus armarios y descubrirán gracias a sus conversaciones con los que le conocieron, a la lectura de sus cartas y la observación de sus objetos y colecciones, la importancia que tenían para él sus cosas y un misterio que les unirá para siempre y les dará una segunda oportunidad en la vida y en el amor. La posibilidad de rehacer una vida a los cuarenta, a los sesenta e incluso a los ochenta, la falta de comunicación entre los habitantes de una gran ciudad o la importancia de la suerte y el destino son otros de los temas que están presentes en La importancia de las cosas. Además podemos encontrar una crítica explícita al funcionamiento de algunas universidades privadas en las que se valora más el pago de las cuotas por los padres de los progenitores que la calidad de la enseñanza.
Hay que destacar la habilidad de la escritora para la confección de la compleja trama, el ritmo hábilmente dosificado por la intriga y la particular importancia de personajes secundarios como el rector Saldaña, la vitalista anciana Anna Livia o el sufrido Iosto Haupft, que tienen un gran papel en el desarrollo de la trama. Marta Rivera de La Cruz (Lugo, 1970) fue finalista del Premio Planeta con En tiempo de prodigios y autora de novelas como Que veinte años no es nada con la que obtuvo en 1998 el Premio Ateneo Joven de novela.
En suma una novela optimista y vital cuya trama misteriosa se cose con una delicada prosa y unas dosificadas gotas de misterio y suspense, y que interesará sin duda a todos a aquellos que quieran descubrir los secretos insospechados que pueden esconder algunas cosas. |