| Poética
A modo de autorretrato literario, diré que soy un "manipulador de anécdotas cotidianas y un depredador de historias ajenas con objetivos estrictamente literarios". Eso es lo que hubiera querido decir cuando de pequeño me preguntaban qué quería ser de mayor y no me salía y eso es lo que quiero seguir siendo de más mayor, ahora que sí me sale, aunque hace años que ya nadie me lo pregunta. Y como vivir del cuento, aparte de imposible, es un tópico demasiado gastado, sí quisiera decir que mi intención es seguir viviendo con los cuentos.
Cuentos como los de este libro, de lo subterráneo que hay en lo cotidiano, de las obsesiones y los impulsos, de las venganzas y las contenciones, del inmovilismo y los desaciertos, de las decisiones equivocadas que arrastran al desastre, de la violencia latente y la paciencia envenenada, de las batallas perdidas, de las formas del relámpago.
P.- El escritor y periodista, Marius Carol, apadrinó la presentación en la Casa del Llibre de tu libro de cuentos “Formas del relámpago” ganador del Premio de Cuentos Ateneo de la Laguna e interpretaba así su título: “Formas del relámpago es una figura metafórica para subrayar la fuerza transformadora de la reacción impulsiva o de las reglas no escritas de la venganza planificada que son las dos cuerdas del columpio en que se balancean los protagonistas de estos relatos tan apasionados como pasionales” ¿Por qué ese título? ¿Es ese el hilo conductor o la fuerza que aúna los relatos del libro? Y si es así ¿Trabajaste con ese hilo conductor desde el principio teniendo presente el libro futuro?
R.- El título tiene casi 20 años lo que significa que es anterior a cualquiera de los cuentos del libro y de casi todos los que no fueron incluidos. He tenido todo este tiempo el título en la cabeza y sí, ha sido el hilo conductor de las tramas de los cuentos. Es, como decía Marius Carol, una metáfora, quizá más evidente cuando decidí escribir relatos con una orientación concreta de los argumentos. Me interesaba tratar el impulso incontrolable a partir de sucesos concretos y cotidianos cuando aparece ese elemento extraño que precipita los acontecimientos trágicos, la atmósfera previa a la tormenta, como alguien me escribió en el apartado de comentarios del blog del libro, la espera tensa entre el relámpago y el estruendo del trueno. Y ese hilo conductor ha seguido a lo largo de este tiempo y no ha perdido su vigencia al ver el libro publicado. Creo, incluso, que cuentos posteriores podrían seguir estando afectados por esa figura metafórica.
P.- Juan Carlos Márquez se lamentaba al presentar su libro “Oficios” de que la política editorial limitaba la creatividad del escritor de cuentos imponiéndole la necesidad de un bloque temático o una llamémoslo “homogeneidad” entre las historias ¿Cómo vives tú esos y otros condicionamientos del mercado en relación a la libertad creadora?
R.- En mi caso no he tenido la sensación de limitación. Es un primer libro con lo cual la presión previa a la publicación simplemente no existe y tampoco tenía la certeza de que alguna vez estos cuentos iban a ser publicados. En este aspecto ha sido una escritura limpia, sin condicionantes. Por otro lado, los cuentos que he escrito hasta ahora, y sigo haciendo, tienen una tendencia concreta a pesar de sus variables, y esa tendencia puede tener un efecto de imán que hace el conjunto sea homogéneo.
P.- Se ha dicho de tus relatos en clave chejoviana que nacen de “tener la nariz siempre asomada a la ventana”, de su estrecho vínculo con la observación de lo cotidiano, de las gentes corrientes ¿De dónde surgen tus historias, qué motor las pone en marcha? ¿Cuál es el trasfondo real de Formas del relámpago?
R.- Mis historias salen de la realidad más cercana, de lo que veo cada día, de lo que me cuentan, de alguna noticia que he oído, de lo que me pasa en mi entorno. Hay una carga importante de lo real pero eso sólo tiene efectos de disparador, llega un momento de la historia que se tuerce, que la ficción empieza a contaminar esas situaciones reales y las va diluyendo, haciendo que la mano se suelte y caiga a esos abismos inventados, aunque quizá no tanto, aunque quizá no todos los cuentos. Las once historias tienen una parte real y otra ficticia aunque en medidas diferentes. Algunas responden a experiencias personales, otras a anécdotas de terceros convenientemente modificadas, y cosas parecidas. Y es cierto, me interesa la gente corriente, normal, con la que puedo cruzarme cada día, gente vulgar incluso, sin grandes atractivos aparentes pero con una parte oscura que puede aflorar en cualquier momento. Todos tenemos algo que esconder y eso es lo que muestran estos personajes.
P.- Tanto la voz del narrador de tus relatos como el tono emanan un cierto pesimismo, una amargura escéptica frente a la condición humana, eso unido a unos protagonistas que parecen transitar situaciones sin salida o ser incapaces de encontrarla me hace pensar en la práctica de una poética del fracaso. ¿Te interesas por los antihéroes? ¿O estamos más bien ante un discurso, sobre todo en los relatos de parejas, cercano a un Antonioni, que reflexiona sobre las paradojas e imposibles de la comunicación entre seres humanos, entre amantes?
R.- Es cierto que el mundo de la pareja está muy presente, pero supongo que en gran parte por lo que tiene de cercanía en las relaciones humanas. Soy conciente de cierta obcecación literaria por la relación de pareja, por sus códigos, por sus reglas y por sus mecanismos de transgredirlas. Creo, sin embargo, que en todos los ámbitos de la vida la fricción de las relaciones entres personas que conviven o comparten produce chispas, ya sea la propia pareja como otras relaciones filiales, compañeros de trabajo, amigos o simples desconocidos con los que un día tenemos la mala suerte de cruzarnos. Se han dicho de estos cuentos que desprenden una “concepción pesimista de la realidad, una muestra convulsa de la compleja condición del vivir y de las personas”. Existe esa tendencia al pesimismo, a que las cosas tiendan hacía lo dramático. Aquí, las decisiones erradas de los personajes y la intromisión trágica del azar canalizan las tramas hacia ese punto. Los antihéroes, es cierto, habitan estos cuentos por esa incapacidad de dominar sus vidas, o de hacerlo de la manera más desafortunada, seres, como dices, que no encuentran la salida o que avanzan, más o menos convencidos, hacia la salida equivocada.
P.- El día de la presentación dejaste entrever que personas de tu entorno podían verse identificadas en personajes de tus cuentos, teniendo en cuenta las tramas y los personajes que encontramos en el libro ¿crees que el escritor debe nutrir sus historias de personajes tan reales o bien tomar ciertas precauciones, diluir las similitudes, enmascarar las coincidencias?
R.- Alguien dijo que nadie está a salvo a mi lado, a salvo, claro está, de no convertirse en un personaje, él y la historia que esconde. Yo escribo desde la sensación más que desde la invención y necesito nutrirme de cosas reales, de caras, de recuerdos más o menos inmediatos. Que el libro tenga personajes reconocibles es anecdótico, simplemente los tomo prestados aunque ello, después del día de la presentación, me haya generado algún problema. Pero para mí es inevitable y a veces yo también soy mi propio modelo, pero también la gente que hay a mi alrededor y sus secretos. Pero llega un momento que los despido, que ya no los necesito ni tampoco lo que me hayan podido contar, y a partir de allí la historia ya es sólo mía, la moldeo como quiero. Aunque pensándolo ahora, quizá sí que podía haber tomado algunas precauciones al respecto pero vuelvo a decir que estamos ante un primer libro y en esto ha habido cierta inexperiencia. Quizá con el segundo sea más precavido. O no.
P.- Paul Auster compara al escritor con el detective. Al igual que el detective el escritor tiene que ir más allá de las apariencias: el hecho de querer descubrir la verdad repite el hecho del escritor, dice Auster ¿Qué verdad busca Jordi Macarulla con sus relatos? Por ejemplo en el relato “La cena está lista” o en “La cortina”
R.- “La cena está lista” es para mí el cuento más emblemático del conjunto, creo que es el que más disfruté escribiendo. Aquí el personaje prácticamente se me escapa de las manos y camina sólo y se dirige al lector sin requerir casi de mis intromisiones. Es una historia tensa, oscura, trágica. Aunque parte también de retazos reales están lo suficientemente mezclados y condimentados para que nadie pueda ser identificado. “La cortina” sale de una experiencia propia, sus escenarios son los escenarios de mi casa, el personaje intruso es reconocible, existe (o existía). Pero eso sólo es el planteamiento, aquí se acaban las similitudes. Aunque ambos cuentos son diferentes en cuanto a su trama, los dos plantean la incomunicación de la pareja y sus consecuencias.
P.- De muchos libros se dice que son barómetros del tiempo ¿Cómo vincularías Formas del relámpago a su tiempo? ¿Qué lectura en clave hacen de su tiempo las historias que lo componen?
R.- Albert Baiget en la reseña que escribió con ocasión de la edición del libro, hablaba de “ciertos ángulos misteriosos de la sociedad urbana contemporánea” en los que ahondan estas tramas. Los escenarios, aunque en ningún momento se citan nombres de lugares, son muy vigentes en nuestra vida cotidiana, un dormitorio conyugal, una habitación de hotel, un autobús, una oficina, la retención en una autopista. Es evidente la vinculación con nuestro tiempo y con los males mundanos que nos acechan.
P.- Y en cuánto a autores ¿Qué autores consideras tus maestros en la gestación de tu estilo y universo narrativo? ¿Con qué autores actuales te identificas más?
R.- Siempre he sido lector de cuentos antes que de cualquier otro género. Me interesa la intensidad, la tensión que pueda tener una historia en pocas páginas. Todo lo que está pero no se dice. Al principio me gustaba Cortázar, luego fui descubriendo los autores americanos, Carver especialmente, aunque también Cheever, Dobyns, con su único libro de relatos. Es curioso descubrir a veces autores de cuentos magníficos que desaparecen del plano editorial. Quizá el libro que más veces he releído “Historias de amor y otros cuentos chinos” es de un tal José Fernández Cavia que nunca he vuelto a saber de él. Conservo su libro, de la también desaparecida editorial Sirmio, casi como un tesoro. Si tuviera que citar más autores citaría a Calcedo, de escritura deliciosa, Castán, y ese reciente libro de Francisco Afilado que promete cosas interesantes en el futuro. Y por supuesto Chejov. Y Poe.
P.- ¿Por qué elegir el oficio de cuentista? ¿Qué le hace a alguien escribir relatos o cuentos hoy día? ¿Te planteas otros géneros? Háblanos de tus nuevos proyectos.
R.- Aunque es de celebrar la aparición de ciertas editoriales especializadas en el género, que espero que tengan mucha suerte, es cierto que el mundo editorial no apuesta demasiado por los libros de cuentos, como si simplemente se reservara una pequeña cuota. Se dice a veces aquello de que se considera un género menor. Curiosamente, también los lectores tienen una predilección clara por la novela. Pero no es mi caso, ni como escritor ni como lector. Por tanto no me planteo si estoy haciendo o no lo correcto, sigo y seguiré escribiendo cuentos, y por allí van principalmente mis nuevos proyectos. En estos momentos compagino la escritura de más cuentos con una novela, que todavía está en una fase muy inicial, una trama negra que tengo totalmente dibujada en mi cabeza y que me quema.
P.- Y para terminar como apasionado lector de relatos que eres ¿Qué razones les darías a los lectores para leer relatos en general? ¿Y para leer concretamente tu libro Formas del relámpago?
R.- El relato es un género muy agradecido, con una mínima inversión de tiempo se asiste como lector a toda una historia que va mucho más allá de las pocas páginas que pueda tener. Un buen relato es tenso, comprimido, su mecánica tiende a lo perfecto, a que todo encaje, a que no haya flecos, sobrantes. Todo ha de funcionar de forma coordinada, todo se aprovecha. Aunque esto no tiene porqué implicar restricciones a la libertad creativa, en absoluto, todo lo contrario. Pero soy conciente de su falta de popularidad en este país. Hay reticencias, por los motivos que sean, a leer relatos. Espero que esto cambie algún día.
Y a la segunda pregunta contestarte aquello que se dice, que un primer libro es como un hijo, y yo estoy satisfecho con el resultado y también con los comentarios que estoy recibiendo al respecto. Para mí esta es una buena razón. En todo caso en la web del libro (www.formasdelrelampago.com) hay información y algún relato colgado que puede servir de muestra. Quien llegue hasta allí será bienvenido. |