Sumario. Literatura Infantil y Juvenil
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Alfredo Gómez Cerdá

Carmen Fernández Etreros

Alfredo Gómez Cerdá



El riesgo del futuro es que las próximas generaciones prescindan de la lectura

   
Veinticinco años publicando libros, más de ochenta títulos dirigidos desde a primeros lectores como a adultos. En estos años ha jugado a cambiar de temas y de registros, de personajes y de espacios. Su obra se ha publicado en países tan lejanos como Canadá, Estados Unidos, Colombia, China o Líbano. Sus premios incontables. Los últimos este año el premio Ala Delta de Literatura Infantil y  el Cervantes Chico que ha recibido en Alcalá de Henares el pasado mes de octubre.

Carmen F. Etreros: Muchas veces ha comentado que en su infancia no tuvo la suerte de contar con muchos libros en su casa, ¿cree que de algún modo esto influyó en su decisión de escribir para niños?

Alfredo Gómez Cerdá: No tenía libros a mi alrededor en mi infancia, no viví un ambiente lector, ni siquiera cultural, entonces ¿por qué me siento atraído por los libros y la literatura desde pequeño? Más lógico hubiera sido lo contrario, como les ocurría a todos mis amigos, que como mucho leían tebeos. Yo también leía tebeos, por supuesto. Reconozco que desde niño tenía una propensión a convertir todo en literatura: mi propia vida y mis propias experiencias cotidianas. Eso me hace pensar que el escritor debe poseer algo innato: una predisposición, una sensibilidad, un talento... ¡qué se yo!  Pero los libros, que a veces me costaba conseguir, me conformaron como persona y me ayudaron. Tal vez los libros no puedan cambiar el mundo, pero sí pueden servirle, y mucho, a una persona. Y por supuesto, a un niño. Pero la literatura infantil la descubrí de adulto y no creo que mi experiencia personal influyese en mi decisión de escribir para niños, aunque el niño que fui puede esconderse entre los renglones de algunos de mis libros.

 

Carmen F. Etreros: ¿Cuáles cree que han sido las lecturas y los personajes literarios que más le han influido como escritor de libros infantiles y juveniles?

Alfredo Gómez Cerdá: No tengo unos modelos muy claros. Mis lecturas, sobre todo en la adolescencia, eran muy heterogéneas y desordenadas. Por supuesto, libros de aventuras (Verne, que no siempre me gustaba) y, sobre todo, Mark Twain, si tuviera que quedarme con dos personajes serían Tom Sawyer y Huck Finn. De pequeño me gustaba más Tom y de mayor me quedo con Huck. Pero al mismo tiempo leía novelas de Pereda y Palacio Valdés, porque esos libros andaban por casa, y me gustaban. Recuerdo Sotileza, Peñas arriba, La aldea perdida... Y después alguna de Galdós y Pío Baroja. A los dieciocho años leo La metamorfosis, de Kafka, y ese libro trastocó todo mi mundo literario de entonces. Mucho después empiezo a interesarme por la literatura infantil y juvenil, ya de adulto, y es el momento en que empiezo a leer, desde los hermanos Grimm hasta Roald Dhal.

 

Carmen F. Etreros: En Barro de Medellín, último premio Ala Delta, la vida de dos niños cambia por su descubrimiento de una biblioteca y unos libros infantiles, ¿puede la lectura cambiar un poco la realidad?

Alfredo Gómez Cerdá: Casi he respondido a esta pregunta al principio. De todas formas, en Barro de Medellín hay algo más determinante que los libros: la bibliotecaria. Creo que es la actitud de esa persona la que hace cambiar a los niños. En ella van a descubrir (o mejor, a intuir) un mundo muy diferente al suyo. Ella, como buena bibliotecaria, se va apoyar en los libros, pero sin su presencia, sin su cariño, sin su complicidad, sin su solidaridad, posiblemente nada cambiaría.

 

Carmen F. Etreros: En Eskoria un chaval sufre ante el acoso de sus compañeros, en Noche de alacranes intenta acercar a los jóvenes el drama de una guerra,... ¿cree que el escritor  debe comprometerse con la realidad a través de la literatura?

Alfredo Gómez Cerdá: La literatura en sí misma es un compromiso. Me interesa la literatura comprometida con el ser humano, con la complejidad ilimitada del ser humano, en sus virtudes y en sus defectos. Mis libros son mis personajes. En Eskoria es verdad que subyace el tema del acoso escolar, pero si la analizamos en profundidad veremos que lo que hace la novela es indagar en la mente y en el comportamiento de unos personajes, tratar de comprender sus miedos, sus inseguridades, sus complejos, sus reacciones, a veces carentes de toda lógica. Mi compromiso mayor, por consiguientes, es con mis propios personajes. Quiero trasladarlos con fidelidad al papel, con honestidad y con todo mi cariño, aunque en algunos casos se trate de seres detestables. Noche de alacranes, lo he dicho ya muchas veces, no es una novela sobre la guerra civil, sino sobre la posguerra. Las consecuencias de la locura de la guerra. La idea era muy simple: tratar de reflejar como unos jóvenes, que solo tratan de comprender lo que ha pasado, son arrastrados irremediablemente por la fuerza bruta de la violencia, que aun late. Pero vuelvo a insistir en la idea de los personajes. La historia podía haberse situado en otro país, en otra posguerra y, por consiguiente, en otras circunstancias. Pero no está mal que los jóvenes lectores españoles reflexionen sobre hechos que son mucho más recientes de lo que ellos mismo creen. La protagonista del libro —se lo digo a menudo a ellos— podría ser su abuela.

 

Carmen F. Etreros: Uno de sus últimos trabajos Autobiografía de un cobarde se anuncia escrito sin comas, ni puntos y coma, ni guiones, sólo con puntos, exclamaciones e interrogaciones, ¿qué papel tiene la experimentación en su trabajo de escritor?

Alfredo Gómez Cerdá: Siempre se dice que uno de los problemas de la LIJ es que no permite demasiada experimentación, pero yo creo que no es cierto. Y si no se experimenta más es por culpa de los editores, que miran con recelo cualquier cosa que se salga de lo tradicional y que suelen mostrarse reacios a cualquier innovación formal. Yo siempre me planteo la “forma” de la novela, porque cada libro te pide ser contado de una manera. Al menos a mí me ocurre. En el caso de Autobiografía de un cobarde la historia la escribe el protagonista, pero se trata de alguien que cree no saber escribir literariamente —“bonito”, dice él— y, para facilitarse el trabajo, decide utilizar solo el punto, prescindiendo de los demás signos de puntuación. Yo me he limitado a seguir sus pautas. Evidentemente, esto me complicó las cosas; pero estoy muy satisfecho con el resultado, porque el relato se vuelve directo, seco, trepidante. Y esa forma creo que es la más adecuada para esta novela.

 

Carmen F. Etreros: Premio Ala Delta 2008, Premio Cervantes Chico 2008, Premio Gran Angular 2005,.. Más de veinticinco premios literarios en su carrera, ¿qué significan para tu trabajo cotidiano todos estos galardones?

Alfredo Gómez Cerdá: Al comienzo de mi carrera literaria, los premios fueron una forma de abrirme camino y darme a conocer. Ahora son otra cosa. Los veo de otra manera. No necesito premios para publicar, pero digamos que de vez en cuando me apetece saber si aun soy capaz de ganar un premio, si mis libros siguen teniendo la calidad suficiente para competir por un premio. Supongo que no todos los escritores sienten esa necesidad. Llegado un momento de tu carrera, los premios, por prestigiosos que sean, no son lo más importante. Me gustan los retos. Y, además, hay algo esencial: los premios me animan a continuar. De todas formas, he dicho en varias ocasiones que el mejor premio que tengo son mis lectores, algunos realmente entrañables, que se toman la molestia de escribirme y de contarme lo que han sentido leyéndome. Eso es impagable y no lo cambiaría ni por el Andersen.

 

Carmen F. Etreros: Sus libros conectan con los intereses y preocupaciones de los jóvenes, ¿puede estar relacionado con el contacto constante que mantiene con sus lectores?

Alfredo Gómez Cerdá: El contacto con los lectores es importante. Pero el contacto no puede limitarse a las visitas que de vez en cuando hacemos a los colegios o institutos para dar una charla. Hay que estar muy pendiente de la realidad de los jóvenes. Hay dos cualidades que me parecen fundamentales en un escritor: observación y curiosidad. Las dos van ligadas. Con los jóvenes hay que ponerlas en práctica constantemente. No hay que caer en los extremos cuando se trata de reflejar el mundo de los jóvenes: ni hay que hacerles la pelota y dorarles la píldora, ni denigrarlos por los comportamientos más negativos de algunos. Se escribe de jóvenes como se escribe de adultos o de ancianos. Además, yo intento que los personajes sean atemporales, o al menos no estén ligados a un momento demasiado efímero y a unas modas determinadas. Puedes hablar de hechos puntuales, pero con personajes que muestren sentimientos profundos. Y el mundo de los sentimientos apenas cambia de una generación a otra. Uno de mis libros de más éxito entre los jóvenes es “Pupila de águila”, que ya tiene veinte años y que gusta tanto, o más, que el primer día. El secreto: los sentimientos de los personajes.

 

Carmen F. Etreros: Lleva más de treinta años escribiendo y publicando libros para niños, ¿cómo ve el panorama actual de la literatura infantil y juvenil?  ¿Qué cambiaría?

Alfredo Gómez Cerdá: Llevo veinticinco años, que ya me parece una barbaridad. Los problemas de la LIJ son idénticos a los de la literatura llamada de adultos. Eso es un factor más para acabar con las barreras. El marketing y las redes comerciales se están apoderando de las editoriales y el libro se está convirtiendo en un “producto de consumo”. Los editores están abandonando el fondo editorial y están cayendo en picado en un sistema de novedades que es demoledor. Libros lanzados a bombo y platillo, que apenas duran un trimestre en el mercado. Se crean modas. Se imponen modas. Se encargan libros sobre determinados temas y con determinadas características. Se hacen colecciones donde la literatura brilla por su ausencia. Se crean libros exclusivamente para que se prescriban en centros escolares. Mucho ruido y pocas nueces. Haría falta una buena crítica literaria que desbrozase un poco, pero la crítica es escasísima, no hay contraste de opiniones y eso convierte con facilidad a los críticos en santones. Se ha perdido magia e ilusión. Pero en nuestro país se están escribiendo muy buenos libros. En medio de todo ese maremagno hay un grupo de escritores con gran calidad.

 

Carmen F. Etreros: ¿Cuáles cree que deben ser los objetivos de una novela juvenil: entretener, divertir, enseñar, informar,...?

Alfredo Gómez Cerdá: Todo eso, por supuesto, y más. Emocionar, reflexionar, criticar, cuestionar, descubrirse a uno mismo y descubrir al otro, encontrar explicaciones o llegar a la conclusión de que algunas cosas no pueden explicarse, viajar a la esquina de enfrente o al centro de la Tierra... En resumen, humanizarnos. A los jóvenes —incluso a los niños— no se les debe plantear la lectura solo como algo divertido, como un juego. Eso es mentira. Leer no es jugar. Leer —leer bien— no es fácil y requiere un esfuerzo grande y duradero. La LIJ ya debe ir preparando ese terreno.

 

Carmen F. Etreros: ¿Cuál cree que puede ser el futuro papel de Internet en la difusión de la literatura infantil y juvenil?

Alfredo Gómez Cerdá: No soy experto en Internet. Por un lado, me parece fascinante esa tela de araña que se teje con Ia red, se trata de una comunicación directa, rápida y horizontal. Todos pueden participar, todos pueden escribir. El problema: ¿dónde está la excelencia literaria? ¿Cómo descubrir una hoja que realmente merezca la pena en medio de un bosque de mediocridad?  No hay selección, en una misma web puedes encontrarte poemas de Lorca junto a otros que sonrojan. No sé si Internet acabará con el libro, tampoco sé si el libro electrónico acabará con el libro de papel. El problema es otro.
Hace poco lo decía uno de los mejores novelistas norteamericanos, Philip
Roth, al señalar que el problema no es que se estén perdiendo los libros de papel, sino que se están perdiendo los lectores. Ese es el riesgo del futuro: que las próximas generaciones prescindan de la lectura.
 

Carmen F. Etreros:  Ha publicado novelas, teatro, guiones, numerosos libros de literatura infantil y juvenil, ¿le queda algún deseo por cumplir en el terreno de la escritura?

Alfredo Gómez Cerdá: Muchísimos. Fundamentalmente escribir todos los proyectos e ideas que tengo en la cabeza. No aspiro a más.