borde Sumario. Libros. Reseña.
 

Aunque seamos malditas

 

Eugenia Rico

 

Suma Editorial, 2008

 

Marta Sanuy

Eugenia Rico, Aunque seamos malditas

Dice Eugenia Rico en una entrevista reciente que es importante encontrar nuevos caminos para la novela. Aunque seamos malditas es una respuesta coherente con esa pretensión. Esta autora escribe novelas que son libros de viajes, pero no del todo, que podrían ser ensayos, porque como los buenos ensayos a veces nos hacen parar la lectura en seco y ponernos a pensar, que utilizan como una brújula la historia y la antropología y también el periodismo: lo que acontece o lo que aconteció, recortado de un periódico o copiado de un archivo. Se imbrica en la novela y sus consecuencias nos resultan verosímiles porque, tanto si nos muestra la caída del muro de Berlín como si estamos leyendo la quema de una bruja, la autora nos lo cuenta con una voz potente.

En Aunque seamos malditas muchos géneros arropan un tema y plantean con amplitud una pregunta: ¿qué es la brujería?. Tres mujeres pelirrojas acusadas de ser brujas, dos en el siglo XVII, una ahora, toman la palabra para contar su vida. A veces, al principio, el lector no sabe quién le habla exactamente, ni siquiera de qué, pero lo que lee le afecta, se siente implicado, y de esa intercambiabilidad de las voces empiezan a surgir respuestas. Vuelve a ser un acierto narrativo el viaje en el tiempo, es siempre sustancioso el arco que tensan los personajes de Eugenia Rico: en su novela anterior “El Otoño Alemán” nos contaba la mirada de una chica española que viajaba a la Alemania durante la caída del muro  y la de una alemana durante las segunda guerra mundial, aquí nos encontramos con la historia de dos mujeres, Milagros y Selene, conocedoras de la medicina de su época, hábiles, independientes, que son quemadas por la inquisición en el siglo XVII, y la de su descendiente contemporánea, Aínur, una historiadora que escribe sobre Selene y viaja a la aldea asturiana dónde se desarrolló su infancia huyendo de otra inquisición contemporánea, la de la prensa.

En la novela hay más personajes, Satán, el perro que aparece en un eclipse, el Farero, el Hombre Oscuro, Consuelo, la Aldea, el mar, el tiempo, la superstición, el miedo: y todos parecen concebidos por un lugar permanentemente aislado en la niebla, una niebla física y también metafórica que termina perfilando los linderos de esta novela y explicando la maldición de los diferentes, de aquellos a los que les han enseñado una manera de ser felices que no les sirve, y tienen que inventarse otra.

Llama la atención que en las novelas de de Eugenia Rico  siempre terminemos oyendo una voz coral; hasta los personajes  más cercanos abarcan  siglos y albergan otras vidas y otras voces que confluyen en la suya.  Y eso se agradece en el actual panorama narrativo en el que el yo aquí y ahora tanto nos ha fatigado; en el que muchos han confundido escribir de un modo contemporáneo con contar lo que les pasa a ellos. Quizá por eso esta novela, que tiene 479 páginas no es una novela larga. La autora domina perfectamente una fragmentación narrativa eficaz, intensa, en muchos momentos de gran altura reflexiva y poética, sabe dosificar la información, investigar en sentimientos concretos y manejar imágenes.

La literatura de Eugenia Rico, también en esta novela, es una literatura poco ingenua, hecha de literatura, que mejora con las relecturas, y todavía más con la competencia del lector.