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A propósito de la serie La Avellana. Editorial de Minificción colombiana

David Jacobo Viveros Granja
(Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia en Bogotá)
 

 

 

El microrrelato hispanoamericano


 

Hayku
Tsuyu /chiru/ya                  
Musai/kono/yo/ni               
Yoo/nashi/to                       

Rocío/desaparecer/:
Sucio/este/mundo/en
Quehacer/no hay/ así

El rocío se desvanece;
En este sucio mundo
Nada tengo yo que hacer (Kobayashi Issa)

La Serie identificada bajo el nombre de La Avellana ha publicado los siguientes títulos: La minificción en Colombia; La minificción en México; La minificción en Panamá; La minificción en Venezuela; Antología del cuento corto colombiano; La minificción bajo el microscopio; y El microrrelato hispanoamericano. El propósito de dicha serie es dar una respuesta a la producción que de manera dispersa ha existido del minicuento en Hispanoamérica, para ello se recurre a la antología. Este trabajo ha sido posible por el convenio entre las dos instituciones, que son: la Universidad Pedagógica Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, de México.

Con la difusión de estos textos críticos y antologías la Universidad Pedagógica Nacional pretende continuar su interés sobre el género minificcional desde las aulas de clase y desde el trabajo de investigación, buscando otro modo de acercarse a la literatura y a su comprensión.

Demos una revisión a cada una de estas publicaciones:

1. La minificción en Colombia, es una antología llevada a cargo por el investigador Henry González, donde se dan a conocer “cincuenta creaciones minicuentísticas de escritores representativos del género” (2002: 10). En su Estudio preliminar, se muestran los posibles orígenes de la minificción, que se remiten al oriente, o para otros autores a la imposibilidad de asignar una fecha precisa. También se reflexiona sobre el nombre que llevarían estos microtextos, Violeta Rojo insistiría en la necesidad urgente de delimitarlo con un nombre preciso: minicuento. Zabala, Tomassini y Colombo recurren a la definición de minificción. Laura Pollastri explicará cómo en Latinoamérica el desarrollo de la minificción ocurre gracias al modernismo y la prensa periódica; a lo que se añadirá la vanguardia en el año de 1930. Dos autores claves en ese momento serán Macedonio Fernández y Julio Torri.

La minificción bajo el microscopioEn Colombia la tradición del cuento nos lleva al Carnero de Juan Rodríguez Freyle a través de los primeros relatos breves o historielas. Según el Estudio preliminar un momento fundacional del texto brevísimo ocurre con la publicación de Suenan timbres (1926) de Luis Vidales; una segunda etapa, surge de 1940 a 1960 cuando estas creaciones pierden su marginalidad y adquieren valor en  libros o antologías, o periódicos y revistas. El tercer momento ocurre entre 1970 y 1980 cuando aparece la Revista Ekuóreo, “dedicada exclusivamente al estímulo y difusión del minicuento” (2002: 19). La cuarta etapa se refleja en la acogida de la creación breve en textos escolares, ventas ambulantes, concursos, etc.

2. La minificción en México, es una selección realizada por Lauro Zavala de treinta autores mexicanos en “cuyos textos de extensión mínima (menor a las 200 palabras) se exploran los bordes del poema en prosa, el micro-ensayo, la expresión epigramática o algún inesperado sistema de paradojas” (Zabala: 2002,11). El investigador Lauro Zabala recuerda que la brevedad posee una vocación pedagógica (12), y divide el libro en mini-cuentos (clásicos); micro-relatos (modernos) y minificciones (posmodernas).

3. La minificción en Panamá, estuvo a cargo de Enrique Jaramillo Levi, quien decide optar por el nombre de minicuento o cuento breve; y explica la dispersión que ha existido en Panamá sobre este tipo de textos ya que sus autores los incluyen junto a creaciones literarias más extensas. Jaramillo Levi menciona a Claudio de Castro y Rey Barría en la producción de minicuentos en Panamá. El minicuento más antiguo que aparece en esta compilación es El hombre que vendía empanadas,  de Rogelio Sinán, escrito en 1945 y recogido en libro en 1982. Esta antología reúne 33 autores y un total de 50 minicuentos. Enrique Jaramillo aclara que la antología no agrupa minificción, en su lugar el lector encontrará minicuentos. Ya que la minificción incluye “además de cuentos muy breves, otras posibilidades de la prosa breve creativa, en la que prevalece la hibridación de géneros” (Jaramillo: 2003, 15).

4. La minificción en Venezuela, antología llevada a cabo por Violeta Rojo, y definida por ella misma como una muestra de minificción venezolana (Rojo: 2004,13), buscó mostrar las tendencias y etapas del minicuento en este país. Desde los años 20 con el poeta José Ramos Sucre surgen autores interesados por la brevedad “como forma narrativa” (13), muchos de los textos reunidos han sido leídos como poemas en prosa pero Violeta Rojo prefiere verlos como cuentos poéticos (14). Lo que explica la autora es que los escritores no se han dedicado exclusivamente al texto breve, además, observa en la poesía, el género más relacionado intertextualmente con el texto breve en Venezuela (14). Un dato interesante descubierto aquí es que los minicuentistas  de este país repiten el aprecio por un mismo tema: la muerte (aunque también aparece el recuerdo de la infancia campesina o las viñetas sobre personajes y costumbres de provincia). Y son pocas las mujeres atraídas por el minicuento. Esta antología le permitió a Violeta Rojo apreciar el cuento muy breve venezolano que antes se mostraba disperso y poco atractivo ante ella.

5. Antología del cuento corto colombiano, es una reedición llevada a cabo por Guillermo Bustamante y Harold Kremer de lo que representaría a su juicio el cuento corto colombiano. En la Introducción, ellos mencionan acepciones como: cuento brevísimo, minificción o minicuento, y anotan que el siglo XX aún no le había dado un lugar propio. “El cuento corto se alimenta del poema, del ensayo, de la epístola, del relato, del cine, de la noticia periodística, de la tradición oral” (Bustamante y Kremer: 2004, 16). Entre las características que mencionan está su cercanía con el haikú, la dificultad de reconocer rasgos históricos a través de él y la precisión en las imágenes ajena a cualquier adorno.

6. La minificción bajo el microscopio, escrito por Lauro Zavala, está compuesto por estudios sobre la teoría de la minificción, análisis de ciertas breves creaciones y entrevistas que el autor ha concedido sobre este tema tan propio del siglo XXI y de la pantalla electrónica a través de una escritura fractal. En él se encuentra además un glosario y una bibliografía de antologías y volúmenes dedicados al estudio del género. En su Prólogo se refiere al “boom de lo mínimo” (Zabala: 2005, 9), aunque su naturaleza es silenciosa y está alejada de los grupos de poder cultural. Zavala demuestra el interés sobre este tema por la incorporación al canon literario en las últimas décadas, las numerosas antologías, las investigaciones en tantos países y los cursos sobre minificción en las universidades. La razón de incluir un glosario la justifica su autor porque el surgimiento de un nuevo género exige el empleo de términos nuevos. Este libro de Lauro Zavala que la Universidad Pedagógica Nacional -a través de la serie La Avellana- da a conocer en el año 2005 inicia la línea de publicaciones teóricas alrededor de la minificción.

7. El microrrelato hispanoamericano, de David Lagmanovich es uno de los pocos textos que ahondan en las bases teóricas de la minificción, y ha sido fundamental en la línea de trabajo del Grupo de Investigación en Hipermedia, Minificción, Literatura y Lenguaje, HIMINI. Lagmanovich hace mucho tiempo había percibido la presencia de las minificciones o microrrelatos y por ello las incluyó en ese momento en sus clases de literatura y conferencias. Sintió en ellas los rasgos centrales de la modernidad al provocar efectos artísticos usando un limitado número de elementos como reacción a la extensión y redundancia decimonónica del romanticismo. Hacia el año 2005 su autor manifestó la abundancia de recopilaciones y antologías pero no de igual modo,  existían avances que quisieran comprender el “fenómeno literario que entrañan” (Lagmanovich:2007, 11). Los microrrelatos ustedes ya los conocen, ahora es urgente explicar claramente qué son.

 

Lo que otros autores dicen acerca de esta serie

Luciana Hilaria Contreras, de la Universidad Nacional del Comahue, en su texto titulado Derroteros de La Avellana, reconoce que esta serie a través de sus antologías ha sido la mejor exponente en el interés de la minificción desde su primera publicación en junio del año 2000. Para esta autora, la serie La Avellana merece una atención crítica “porque contribuye al proceso de reconocimiento del género”. Ella encuentra además que las antologías publicadas exponen “diferentes posicionamientos teóricos” donde se definen las bases de esta breve forma narrativa. También rescata los aspectos críticos que surgen en las publicaciones de La Avellana “asociada con los procesos de canonización”, sus producciones -anota ella- se “orientan a especialistas en el tema, autores de minificción, profesores y estudiantes de los tres niveles educativos y al público en general”. Luciana Contreras valora la presente serie porque se convierte en “un fuerte mecanismo de consagración del género”.

También Contreras rescata la presencia de la mujer dentro de estas antologías, y reúne los siguientes temas que desde la minificción las escritoras trabajarían: “la muerte, el amor, el sexo, el absurdo, las realidades virtuales y la literatura misma, al tiempo que textualizan mediante el humor, la ironía y los juegos de palabras aquellas pasiones que asaltan a todo ser humano”. De este modo se evidencia el “quiebre de un sistema literario masculino y monológico”.

Luciana Contreras concluye mencionando al grupo de investigadoras especialistas del género minificcional (Laura Pollastri, Francisca Noguerol, Dolores Koch, Violeta Rojo, María Elena Lorenzín, Graciela Tomassini y Stella Maris Colombo) y anotando que la serie La Avellana es un vehículo de difusión generador de repercusiones académicas, y nos sugiere la siguiente pregunta: ¿en qué posición se ubica la serie La Avellana dentro de los procesos de canonización?

El editor y ensayista Javier Perucho en su escrito titulado Poéticas de la microficción, se refiere a la antología que la serie La Avellana dio a conocer bajo el nombre de La minificción en México de Lauro Zavala, porque “por vez primera el microrrelato mexicano es objeto de una antología sistemática” dentro de una serie que compendia las “expresiones nacionales” de este tipo de cuento en Latinoamérica. De tal modo los autores de esta publicación se convierten en un “diagnóstico de la microficción mexicana del siglo XX”. Javier Perucho concluye afirmando que La minificción en México es uno de los textos para elaborar la historia del cuento brevísimo y formular poéticas de microficción del siglo XX.

 

A manera de conclusión

Las antologías de la serie La Avellana tienen dos características anotadas por Laura Pollastri en su texto El canon hereje: la minificción hispanoamericana, primero, el antologista se convierte en un crítico durante el proceso de selección, y segundo, “toda antología se vuelve un modelo de lectura”.

Junto a las antologías, las publicaciones teóricas de la presente serie se encuentran dentro de la búsqueda de un reconocimiento canónico del género minificcional a partir de la preocupación desde el campo académico.

Laura Pollastri ve la minificción como una modalidad de escritura pero también como una estrategia de lectura, en ese camino, la serie La Avellana igualmente piensa en la función pedagógica que permite esta escritura breve en la enseñanza de la literatura. Además el trabajo de La Avellana es clave porque promueve la aparición de escritores y lectores de minificción, y la creación continua y dedicada a este tipo de textos. La escritura promueve un nuevo  modo de leer los textos.

La labor pedagógica de la serie La Avellana se justifica en las palabras de Lauro Zavala cuando afirma que “La minificción siempre ha tenido una vocación pedagógica” (86). Este mismo autor propone la enseñanza de la teoría literaria a partir de la minificción, la cual también se ha usado en el aprendizaje de idiomas extranjeros, en cursos de lingüística, literatura o en el aprendizaje de la organización gramatical.

Esta serie se caracteriza por lo siguiente: la búsqueda de un reconocimiento oficial del género minificcional (al darle un estatuto a la minificción para que ingrese y se dé a conocer en el circuito canónico de la literatura, apareciendo en librerías, en la internet, a través de la venta de textos, la acogida por parte de profesores de distintos niveles de educación y por su alcance internacional), la búsqueda de autores y lectores de minitextos, la trascendencia de La Avellana en la literatura hispanoamericana, ya que no hay grupo de investigación o institución que hasta el momento haya proyectado la minificción a través de una serie. Es una ventaja que la Universidad Pedagógica lidere este proyecto con el grupo de investigación. Los documentos de La Avellana, tienen mucha demanda por parte de los lectores, ejemplares como La minificción en Colombia  se agotaron, y otros como La minificción en Panamá se vendieron igualmente en gran cantidad. Y para Colombia es importante la difusión de la minificción  a través de antologías mediante una serie promovida por el grupo HIMINI y la Universidad Pedagógica.

Lo que ha hecho esta serie es una experiencia única en el mundo, ha creado el espacio para producir otras publicaciones desde la Universidad Pedagógica, aparecerán entonces la Segunda antología del cuento corto colombiano, Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, y una segunda serie conocida como Didáctica de la minificción.

Finalizo con estas palabras del libro titulado: El otro, el mismo:

“Es curiosa la suerte del escritor. Al principio es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad” (1993: 174).

Bogotá 31 de octubre de 2008

 

Bibliografía

BORGES, Jorge Luis. Obra poética 1923/1977. España: Alianza Editorial, S.A.,  1993.

BUSTAMANTE, Guillermo y KREMER, Harold (compiladores). Antología del cuento corto colombiano. Serie La Avellana. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2004.

CONTRERAS, Luciana Hilaria. Derroteros de La Avellana. En: http://148.206.107.10/biblioteca_digital/estadistica.php?id_host=10&tipo=ARTICULO&id=2743&archivo=10-219-2743ecc.pdf&titulo=Derroteros%20de%20La%20Avellana

GONZÁLEZ, Henry (comp.). La minificción en Colombia. Serie La Avellana. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2002.

JARAMILLO LEVI, Enrique (comp.). La minificción en Panamá. Serie La Avellana. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2003.

LAGMANOVICH, David. El microrrelato hispanoamericano. Serie La Avellana. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2007.

PERUCHO, Javier. Poéticas de la microficción. En: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/hist/perucho2.htm

POLLASTRI, Laura. EL CANON HEREJE: LA MINIFICCIÓN HISPANOAMERICANA. www.freewebs.com/celehis/actas2004/ponencias/66/3_Pollastri.doc

RODRIGUEZ-IZQUIERDO, Fernando. El haiku japonés. España:Publicaciones de la Fundación Juan March, 1972.

ROJO, Violeta (comp.). La minificción en Venezuela. Serie La Avellana. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2004.

ZABALA, Lauro. La minificción bajo el microscopio. Serie La Avellana. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2005.

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