| No Man’s Land. Conversación con Roman Simić
Con el premio literario más importante de Croacia a sus espaldas, ganado en 2005 con De qué nos enamoramos, Roman Simić (Zadar, 1972) es hoy junto a Edo Popovic, Robert Perisic, Zoran Feric y otros, uno de las referencias puntuales del nuevo mapa literario de lo que antes se conocía como cortina de hierro yugoeslava. Sus textos, marcados por el dolor, el hundimiento, pero a la vez por la ironía y un lenguaje preciso, hablan de un lado del mundo que por lo general conocemos poco (o mal) en los países de habla hispana. Aprovechando la reciente publicación de su libro por la editorial Baile del sol, nos hemos sentado bajo el solecito de Zagreb, raki, café y croissants por medio, y hemos intentado entrar a su libro desde diferentes lados. ¡Ojala que sí!
Carlos A. Aguilera
Una de las cosas que siempre me ha interesado es la manera en cómo un autor se enfrenta a su propia obra… Pudiéramos comenzar por aquí ¿Cómo lees tú esa tensión entre lo íntimo y lo literario que De qué nos enamoramos coloca muchas veces en campos de diferencia?. ¿Pensaste siempre en trazar una frontera entre lo ficticio, lo que procede directamente de la literatura, lo imaginario, lo político..., y la memoria, lo privado, las experiencias personales?
Roman Simić
Lo que yo quería era tener esta frontera tensa, despierta, insegura, no fija. Construir un equilibrio entre estos dos tipos de experiencias y usarlas como una llave con la cual el lector pudiera abrir puertas diferentes, que lo llevaran irremediablemente al mismo fin. Lo íntimo es para mí, sobre todo, un embalse de emociones. La literatura tiene que ser de una u otra manera “personal”, privada, y como autor soy de los que aún cree en algo anacrónico: no mentir. Es decir, cada palabra que escribo tiene que ser importante sobre todo para mí mismo, tener un peso, como si estuviese cambiando el mundo... Por otra parte, quiero escribir sólo cuando me resulte estrictamente necesario, y “lo privado” me permite esto más que cualquier otro utensilio. Creo que es la única manera de ver/leer el mundo “en original”. Por supuesto, no se trata de soňar con una autobiografía. Tampoco, trazar “decorados verosímiles”. No mentir aquí significa “sentir que uno puede decir las cosas a la hora que tiene que decirlas”, así de sencillo. Y la literatura es ese mar que está allá fuera y al lado y debajo y encima y adentro, y por desgracia, es lo que uno no puede evitar.
Carlos A. Aguilera
Muchos de los personajes de tu libro están marcados por una suerte de pérdida, hundimiento, “marca“… ¿Crees que esto tiene que ver con la experiencia de la guerra que vivieron hace algunos años los países que conformaban la antigua ex-Yugoslavia?. ¿Existe para ti un cambio (me refiero a la manera en que se comportan las personas) entre el antes y el después de la guerra?
Roman Simić
Creo que todo el libro está marcado por la guerra, aunque ningún relato la narre o se refiera a ella directamente. Más que la guerra-acción o la guerra-política, me interesaba la guerra que estábamos y aún hoy estamos viviendo en la actual Croacia: guerra de desilusionados y robados y dañados y alienados… Es una cosa increíble. En la superficie (si miráramos desde afuera, desde una posición turística), parece que funcionamos de manera normal; nadie podría decir que en este lado del mundo hace quince años nos estábamos matando. Pero sí que lo hicimos y sí que ese hecho nos cambió. Entre las muchas cosas que perdimos hay una que para mí resulta muy importante: la inocencia. Con esta pérdida por supuesto que uno puede sobrevivir (incluso escrito así pareciera un lujo), pero evidentemente vivir es otra cosa. Y esto lo veo como un tsunami: viene, mata a muchos, mueve la tierra unos centímetros y ahora todos pretenden vivir como si no hubiese pasado nada. Pero no se puede. Ese par de centímetros son en sí mismos toda la diferencia... Los relatos de mi libro intentan localizar esos pequeños terremotos en una zona más importante, más frágil, más personal —a mi modo de ver—, la del amor. Y en esta zona mejor que en otras es donde creo que se puede ver toda la crueldad, todo el desastre de una guerra que no termina, que dura.
Carlos A. Aguilera
Frente a un canon nacional y pedagógico, utilizado sobre todo por los profesores en las escuelas, los periodistas en los suplementos de cultura y las malas políticas (los malos políticos) en diferentes países, existe otro más pequeño, personal, “perverso“, que es el que a través de diferentes libros elabora un escritor para darle fuerza a su escritura o para mostrarse a sí mismo el-camino-que-quiere-o-desea-seguir. ¿Cuál sería tu canon privado?
Roman Simić
Para mí los escritores mas importantes son los que no puedo o no se dejan seguir. Isaac Babel o Julio Cortázar por ejemplo. O Ernest Hemingway, Antón Chejov o Juan Rulfo… O John Banville. También muchos otros que me fascinan, me matan y me hacen parar con la lectura/escritura y reírme de pura alegría!. Como te darás cuenta no hay muchos croatas en mi lista. Pero ya sabes, somos personas (eximo de esto a la literatura) muy modestas…
Carlos A. Aguilera
Con el hundimiento del Gran Hermano Socialista los diferentes países que conformaban la exyugoeslavia (Croacia, Serbia, Macedonia, Eslovenia, etc…) asumieron una configuración propia. ¿Qué salva y qué desecha tu promoción de la literatura que se promocionó bajo los 40 años de Socialismo en Yugoslavia? ¿Crees que la lengua: la croata, la eslovena, la macedonia…, jugó un papel importante a la hora en que se separaron política y culturalmente todas estas literaturas, o piensas —como Cioran— que un libro e incluso una literatura es algo que está más allá de la lengua o el idioma en que ha sido escrita?
Roman Simić
La lengua es siempre un objeto, un instrumento de la política (casi más que de la literatura) y desgraciadamente nosotros no fuimos la excepción. A los esfuerzos de los lingüistas-políticos del espacio cultural exyugoslavo para demarcar los idiomas de cada uno, se sumaron muchas otras intenciones. Algunas de ellas muy prosaicas. Por ejemplo, el mercado. Si fuéramos a hablar de los libros, antes de la guerra los escritores croatas contábamos con 20 millones de lectores (es decir, toda la Yugoslavia), ahora, en el mejor de los casos, con cuatro. Antes era normal comprar un libro de un escritor serbio o publicado en Serbia en Zagreb, eso formaba parte de lo normal, de lo doméstico. Ahora no. Los libros serbios, bosnios, etc. no son “nuestros” aunque tampoco son extranjeros. Existen en una especie de no man’s land. No se importan (porque son caros); no se publican (porque no hacen ganar dinero); no se leen (porque no se sabe que existen). Y en algunos casos cuando un escritor cruza la frontera de su propia literatura/lengua, el libro no se traduce ni se importa, sino que se publica de nuevo en el otro lugar. Es una paradoja que mataría a los árboles (¿ves como la lingüística tiene que ver con la ecología?), y de veras que pesa.
Sobre la tesis de Cioran, aunque fuese cierta no funcionaría en Croacia. Todavía no. Cosa que tampoco es rara. A nosotros siempre nos falta un par de días, años, siglos…
Carlos A. Aguilera
Algunos de los escritores croatas y serbios más conocidos (Dubravka Ugresic, Pedrag Matvejevic, Aleksandar Tišma …) viven o vivieron en otros países. De hecho, muchos marcharon durante el periodo de Milosevic al exilio. ¿Crees que hay una diferencia substancial para la literatura entre ese “estar afuera” y vivir ahora mismo en cualquier barrio de Zagreb, Mostar o Sarajevo? ¿Tienen más oportunidades de ser conocidos los que no viven dentro?
Roman Simić
No creo que exista una respuesta definitiva a tu pregunta, tal y como yo lo entiendo. El “estar afuera” te puede dar una perspectiva diferente, “independiente”, pero también te puede quitar otras, “dependientes” – y sin ellas de vez en cuando uno olvida, se aleja de la materia misma, empieza a generalizar, escribir sobre estereotipos. (No quiero decir que los estereotipos en literatura sean malos, sobre todo para el mercado literario, ¡para éste son pura delicia!). Sólo que la literatura del exilio no vale más ni menos que la literatura de los no-exiliados, por la simple razón que la calidad de una obra literaria no gana nada ni pierde nada por estar a un lado u otro de la frontera. (Por mucho que le pese al mercado europeo!). Pero bueno, sin ese “afuera” la mirada de los de adentro se cansaría, se haría torpe. Como sabes tú mejor que yo, el exilio es un sitio que no existe en el mapa de los escritores (el literario quiero decir); estamos solos y permanentemente “afuera”, y ese land tiene su propia geografía, su propia experiencia, la cual sólo puede “traducirse” a nuestra única lengua privada y precisamente por eso es que puede mostrarnos algunas de las cosas que frecuentemente no vemos.
Carlos A. Aguilera
Después de dos libros de relatos, varios de poesía y de organizar anualmente el evento narrativo más importante de Croacia (a lo que habría que sumar tu labor como editor en la Editorial Profil), ¿podrías contarnos qué estás escribiendo ahora?. ¿Sobreviven algunos de los temas anteriores en el nuevo libro?. ¿Pudiéramos pensar esa mezcla entre hundimiento, humor y recuperación de la memoria como algo distintivo a tu obra?
Roman Simić
Sí. Poco a poco estoy avanzando en una novela muy “a la mía”; pero esto es un secreto, incluso para mis lectores... Los croatas somos muy misteriosos (no sólo modestos). Esto de ser croata es un gran teatro. Lo recomiendo. |