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Tatami

 

Alberto Olmos

 

Lengua de Trapo, 2008

 

Miguel Baquero

Alberto Olmos, Tatami

En su última novela, Alberto Olmos (Segovia, 1975) parece haberse planteado un reto: construir un entramado literario con el menor número de materiales posibles. Porque, en efecto, es exiguo el espacio físico en que se produce la novela: un avión que vuela rumbo hacia Tokio; exiguo el tiempo: las horas que dura el vuelo desde Madrid; exiguos son también los personajes de que se vale: en esencia, tres: un hombre que cuenta, una mujer (la pasajera de al lado) que le escucha y una tercera persona, una joven, sobre la que se refiere la historia. Y es exiguo, por último, el lenguaje: conciso, directo, a veces rudo. La apuesta de Olmos tiene mucho de minimalista, o así me lo parece a mí. Se trata de construir, con los materiales justos y ninguno más, una historia compleja, plena de matices y sugerencias, una historia absorbente que a lo largo de 123 páginas (también en esto Olmos renuncia a la grandilocuencia) absorba la atención del lector sin más armas que su pura desnudez. Y en mi opinión, lo consigue de forma espléndida.

En Tatami, un hombre (el pasajero de al lado) narra la historia de por qué vuelve a Tokio, dieciocho años después de su marcha. La historia, que comienza de forma un tanto anodina e incluso tópica, va poco a poco alcanzando intensidad, a medida que se va pervirtiendo (digo bien, pervirtiendo), hasta desembocar en una compleja pugna psicológica en la que una especie de atracción fatal une a las tres (apenas tres) piezas del puzzle. La historia que narra el pasajero de al lado pronto toma un sentido diferente a lo que podría pensarse; la primera reacción de la pasajera que le escucha es cambiar de sitio, ocultarse, huir; sin embargo, algo desconocido, mucho más allá del simple morbo, la empuja a seguir escuchando, y la hace desear el final. Y el pasajero de al lado sabe jugar con ese deseo, alimentarlo, defraudarlo, volver a empezar. Se trata de “la dominación” a la que continuamente alude. La novela de Alberto Olmos, en su esencia,  trata de eso, de las “fuerzas magnéticas descomunales” que nos ponen a merced de los otros, que nos hacen olvidarnos de nosotros mismos y de todos nuestros principios para dejarnos arrastrar hacia donde nunca hubiéramos pensado. Sin necesidad de trucos ni artificios, tan sencilla y fácilmente como una prosa fluida nos va adentrando en una historia escabrosa.

“Me voy. No quiero oír más”. “Todavía no has oído nada”.

Pese a su brevedad, Tatami es una novela poderosa, contundente, con la que Olmos demuestra haberse apoderado de un sitio en la literatura actual.