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Leticia Sánchez
Frío. Eso es lo que se siente leyendo el libro de Martin Amis. El frío climatológico de la Unión Soviética. El frío mortuorio de los campos de esclavos. El frío separatorio de las relaciones humanas. Una temperatura que Amis ha calculado a la perfección y que consigue.
Volemos hasta el tiempo del fin de los monstruos, cuando había finalizado la Segunda Guerra Mundial y moría Stalin. Y sin embargo, las cosas aún no habían acabado. Amis viaja al corazón de los soviéticos, ese corazón helado y medio mutilado que lucha por sobrevivir en mitad del hielo, del hambre y de la represión. Dos hermanos, uno el frágil poeta y el otro el veterano de guerra y protector, se encuentran en Norlag, un campo de esclavos. Allí el hermano mayor descubre con asombro que su hermano pequeño se ha casado con la mujer de la que ha estado toda la vida enamorado: Zoya.
Esta es una historia, en fin , sobre Rusia y sobre el ser humano. Los que estaban internos en el campo de trabajo, en vez de desear libertad, se dedicaban a esclavizarse los unos a los otros dividiéndose en distintas clases sociales. (los cerdos, las sanguijuelas, las putas, los comemierda…) y haciendo sangrientas guerras entre ellos. Parece como si Amis nos advirtiese de que el horror sólo provoca horror y de que ése es el estado natural del hombre que jamás ha visto otra cosa. Recuerda un poco al caso de Liberia, el país africano que se fundó con esclavos liberados de Estados Unidos. Y cuando los negros americanos desembarcaron en su continente de origen, se dedicaron a esclavizar a los negros nativos. Ironías de la vida.
Y tal vez eso no sea lo más importante, sino que se puede ver cómo lentamente a los trabajadores del campo los van despojando de su capacidad de amar, de su capacidad de sentir, convirtiéndolos en seres respirantes.
Las mujeres visitando a los hombres en los campos y éstos, tan débiles que apenas se podían meter en la cama con ellas (¿sería una metáfora de la unión soviética?), unos hombres desesperanzados, sangrientos , violentos, donde la violación simplemente es una forma de abrirse camino y la fuerza bruta un arma como otra cualquiera. U triángulo amoroso entre los dos hermanos y la bellísima, hipnotizante y judía Zoya, que causa más desesperación que esperanza.
Y toda esta vida desasosegada nos la va contando su protagonista, lo que hace que se agudice más el tema. O mejor, se lo va contando el protagonista a una supuesta hijastra a la que se confiesa cuando ve que puede estar en el final de sus días. Nadie se quiere ir con tanta mierda a la tumba.
Martin Amis, eterno azote de los bienpensantes, bestia negra contra los fundamentalismos, escritor ante hay que quitarse el sombrero y ondear la capa, nos muestra toda esta desesperanza de aquel mundo agonizante. |