borde Sumario. Nuestro novel
Demetrio Guinea, El escriba y el rey

Demetrio Guinea

« El escriba y el Rey es, en determinados aspectos, superior a la novela de Umberto Eco»

 

Entrevista de Luis García

 

Por encima de todo, lector apasionado

En mi casa la que leía era mi madre. Había en el cuarto de estar un mueble alargado, con tres repisas horizontales en las que mi madre colocaba los libros   con algunos tiestos de pequeño tamaño. Entre sus títulos recuerdo Los novios, de Manzoni, la Divina Comedia, de Dante, Nada, de Carmen Laforet, Ana Karenina, de Tolstoi o Las almas muertas, de Gogol. También había un ejemplar muy lujoso de la novela El motín del Caine, ilustrado con fotografías de la película dirigida por Edward Dmitryck y protagonizada por Humphrey Bogart y Fred Mac Murray, que yo hojeaba con frecuencia, sobre todo porque me gustaban las fotos. Durante las tardes de invierno, después de hacer sus tareas en la casa, mi madre se sentaba frente a la mesa camilla y devoraba aquellos libros. Entretanto, yo hacía los deberes y luego sacaba mi colección de tebeos y leía a su lado, en silencio, mientras mis hermanas y mi hermano, menores que yo, jugaban en su habitación. Recuerdo que, de vez en cuando, ella compartía en voz alta conmigo algún pasaje que le había gustado particularmente. Y a mí eso me fascinaba. 

Pero los que hicieron de mí un lector privilegiado y agradecido fueron los jesuitas. Después de las clases vespertinas, dos o tres días a la semana venía un cura y nos leía durante la última media hora novelas como La isla del tesoro, El retrato de Dorian Gray o El último mohicano. Durante los recreos, los alumnos que nos aburríamos dando patadas al balón nos colábamos en su despacho y releíamos con deleite aquellos libros que él había desentrañado para nosotros la tarde anterior. Esos fueron mis verdaderos comienzos como lector fecundo y felicísimo.

Siempre admiré a quien, con el único recurso de la palabra, es capaz de levantar mundos imaginarios, recrear peripecias pasadas, inventar personajes que el lector siente tan vivos como personas de carne y hueso. Todavía hoy me sigue pareciendo un misterio que alguien acierte a procurar tanta dicha a sus semejantes mediante el simple recurso de poner una palabra tras otra para hilvanar historias que arrebaten, conmuevan o entretengan.

Ahora yo he querido comprobar si también era portador de ese don maravilloso que me deslumbra en tantos escritores.

 

Demetrio Guinea

Entrevista a Demetrio Guinea
por Luis García

 

Dice su editor que El escriba y el Rey es una novela que recrea la vida cotidiana de los hombres y mujeres que habitaban en Hispania en la Alta Edad Media. Una novela que refleja sus inquietudes religiosas, la dureza de la vida campesina, la actividad de los juglares... Y probablemente sea eso y mucho más. Porque en tiempos de “códigos da vinci”, de conspiraciones telúricas, de literatura histórica lineal, es de agradecer la aparición de autores como Demetrio Guinea, decididos a colocar en su justo lugar la Novela Histórica, y de editores como el responsable de El Tragaluz Ediciones, dispuesto apostar por un tipo de literatura que escasea más de lo que quisiéramos. Literaturas.com se honra en presentar en exclusiva a sus lectores el perfil de un escritor llamado a mayores gestas (literarias) que las que este momento le ocupan. 

 

Luis García
Demetrio Guinea, un nombre a tener en cuenta en un futuro próximo. ¿Cómo nace la novela El escriba y el Rey, de la que ya podemos decir que está siendo un autentico best seller en su tierra natal, La Rioja?

Demetrio Guinea
Cuando yo era adolescente participé varios veranos como figurante en un retablo histórico que comenzó a representarse en Nájera en 1969, en el maravilloso claustro gótico-plateresco de su monasterio de Santa María la Real, titulado Crónica Najerense. La historia se refería al reinado de Sancho ‘el Mayor’ y al de su hijo y heredero en el reino de Pamplona, Don García, ‘el de Nájera’. Confieso que la figura de aquel Sancho me fascinó desde el primer momento. Su historia y la de su relación con Nájera, ciudad a la que dotó de Fuero y convirtió en su segunda capital y centro neurálgico de la ruta compostelana, que él desvió e hizo discurrir a partir de ese momento por lo que actualmente es La Rioja, me atrajeron tanto que despertaron mi vocación por la Historia Medieval. Andando el tiempo me di cuenta de que el monarca que aparecía en aquella obra era un poco acartonado; de que el guión ponía en su boca parlamentos demasiado impostados y grandilocuentes. Y cuando tuve la oportunidad de leer los testimonios de algunos de sus contemporáneos, como el obispo ovetense Poncio de Tabernoles, el abad Oliva de Vich o el cluniacense Odilón de Champagne, comprobé que la figura de Sancho adquiría perfiles más atractivos. Todos aquellos testimonios hablaban de un hombre jovial, simpático, atento a las cosas de Dios, ambicioso pero compasivo, y al que le gustaba particularmente relacionarse con los monjes. Ahí estuvo el origen de todo. Cuando terminé la carrera me prometí a mí mismo que algún día escribiría una novela retratando al Rey desde esta perspectiva tan humana y sugerente. Ahora puedo decir que he cumplido aquel propósito de juventud.

 

Luis García
Esperaba este recibimiento? No es fácil ser profeta en tu tierra....

Demetrio Guinea
Mire, La Rioja es una región donde existe un gran nivel de vida, uno de las más altos de España. Aquí hay mucho bienestar material; la sociedad riojana es una sociedad hedonista, muy amante de la buena mesa, del buen vivir, pero lamentablemente no es una sociedad demasiado culta. A la hora de leer, los riojanos se decantan por el típico best seller, por la última novedad que está de moda, por el libro de lectura fácil. Aquí se vendieron Códigos da Vinci como por un tubo. Hay, creo yo, poco criterio, poca información. Cuesta distinguir entre literatura y mecanografía (seguramente lo que acabo de decir no sucede sólo en la Rioja sino en toda España y puede que hasta en toda Europa. Es la sociedad tecnológicamente avanzada y, al mismo tiempo, semianalfabeta en la que estamos desembocando). No creo que pasemos de quinientos los buenos lectores riojanos. Por eso ha sido una sorpresa muy grata la buena acogida de El escriba y el Rey, sobre todo si se considera que rompe con todas las modas imperantes ahora mismo, pues en esta novela no hay intriga, ni asesinatos, ni misterios de ninguna clase… En ese sentido, sí que ha sido una auténtica sorpresa. Acaso se deba a un cierto chovinismo riojanista, si se le puede llamar así, pues la novela sucede en parajes riojanos y muchos de los acontecimientos se vinculan a la abadía de San Millán, en torno a la cual se ha creado un lema cuando menos equívoco pero de indudable arraigo y buena fortuna, que ha trascendido las fronteras regionales: “San Millán, cuna del castellano”.   

 

Luis García
Cabe decir en su contra que se trata de una novela ajustada a planteamientos históricos, y a su favor que está totalmente alejada de sus parientes más cercanos, si por parientes entendemos los código da vinci, ejemplo que usted mismo acaba de citar. ¿Cómo El escriba y el Rey, una novela ambientada en los comienzos del II Milenio, es capaz de enganchar a tantos lectores?

Demetrio Guinea
Desconozco las razones, pero si he de fiarme de lo que me han comentado algunos lectores que se han dirigido a mí tras leer la novela, acaso la principal de todas ellas radique, precisamente, en la ruptura con todas esas obras tan de moda, que repiten modelos trillados y que incluyen, como decía antes, intriga, misterio, esoterismo, sexo, templarios o asesinatos. A decir verdad, la trama de El escriba y el Rey es tan simple como relatar los quehaceres del monje en el escriptorio real y su vida en Nájera, sus recuerdos monásticos,  el amor a sus padres, ya fallecidos, su enamoramiento de una joven judía, sus idas y venidas y las del Rey, así como sus pláticas con éste y con otros personajes, gente de la época, campesinos, collazos, clérigos, obispos, peregrinos, abades, con sus preocupaciones y sus sobresaltos cotidianos. También se cuentan algunos viajes, y se explica el trabajo de los copistas dentro de los monasterios. A eso se reduce la novela. Y sin embargo, a mucha gente le ha cautivado el relato humilde de todo esto, con un lenguaje cuidado, evitando anacronismos zafios, siempre esforzándome para que el lector se crea que se trata de un monje del siglo XI, y no yo, el que está detrás. Lógicamente, esto me produce una gran satisfacción, porque sé que la novela no resultaba nada fácil de colocar a un editor, digamos, normal... El mío la leyó y se enamoró de ella tal como estaba pergeñada en el borrador que le entregué. No me pidió que cambiase ni una coma. Fue un osado y, seguramente, tan irresponsable como yo, pero lo cierto es que hasta la fecha la novela está funcionando muy bien en La Rioja. Ya veremos qué ocurre cuando tratemos de promocionarla a nivel nacional.

 

Luis García
¿Y cómo se perfila el personaje de Abzio Sánchez, mitad monje, mitad erudito, mitad campesino...?

Demetrio Guinea
Bien. Como le he dicho antes, lo que yo pretendía contar en esta novela era, básicamente, el reinado de Sancho ‘el Mayor’, monarca de la dinastía pamplonesa, y su relación con Nájera, que es la ciudad riojana donde yo nací y he vivido buena parte de mi vida, y que los pamploneses convirtieron a partir del siglo XI en su segunda capital. La idea de incorporar al escriba se me ocurrió después, mientras trataba de resolver cuál era el punto de vista que debía adoptar a la hora de afrontar la escritura del libro. Contar determinados aspectos del reinado de Sancho III desde la perspectiva de un monje que ha vivido la mitad de su vida en un monasterio me pareció una idea sugestiva, pues me iba a permitir contraponer la vida monástica y la vida cortesana. Pero el escriba tiene un pasado, es hijo de unos humildes aparceros adscritos al dominio monástico dependiente del abad de San Millán, y eso me proporcionó una coartada para relatar también aspectos de la vida rural y campesina durante la Alta Edad Media, cuestiones que raramente se tocan en este tipo de novelas y que me ayudó a crear el telón de fondo que ha gustado a buen número de lectores. Por lo demás, también tenía que explicar en qué circunstancias fue ingresado Abzio en la abadía millanense siendo un niño, cuáles fueron las motivaciones de sus padres, etc., lo que me dio, a su vez, la excusa para traer a colación determinadas cuestiones relacionadas con las creencias, las supersticiones y la religiosidad de las gentes de aquella época. Una vez en la abadía, Abzio se siente un escriba vocacional y lee los libros de los Santos Padres y otros autores cristianos que se guardan en la biblioteca, al tiempo que en su función de escriba debe ayudar a copiar los códices que les encargan los rectores de otros monasterios. Eso es lo que le gusta, y no aspira a ser un diácono ni un presbítero. Se siente indigno de recibir las órdenes mayores.

 

Luis García
En su opinión, ¿soportaría la novela una comparación colateral con El nombre de la rosa?

Demetrio Guinea
Mire, no quisiera que interpretase esto como una jactancia o una muestra de arrogancia por mi parte, pero creo que el El escriba y el Rey es, en determinados aspectos, superior a la novela de Umberto Eco; novela que, por lo demás, disfruté y me gustó mucho en su día, y actualmente me sigue pareciendo una gran obra, vaya esto por delante. Pero la historia de Eco transcurre toda ella en un único escenario, un monasterio ubicado cerca de los Alpes, y el autor pone  todo el énfasis en el misterio, en la intriga, en la resolución de los crímenes por parte de Guillermo de Baskerville, un remedo con hábito monjil de Sherlock Holmes, al que no en vano le puso Eco el apellido de Baskerville como homenaje al sabueso londinense y al título de una de las novelas firmadas por Arthur Conan Doyle, El perro de los Baskerville, y protagonizada por el famoso detective. Tal como yo lo veo, El escriba y el Rey se vuelca con más dedicación en el alma de los personajes, ofrece un retrato bastante minucioso y creíble de la Alta Edad Media y procura mostrar al lector determinados aspectos de la vida monástica y campesina que no aparecen en la novela de Eco (situada temporalmente, por cierto, en la Baja Edad Media, lo que cambia algunas cosas) ni, en general, en ninguna novela de similares características.

 

Luis García
La disposición de los capítulos, con una pequeña entradilla, ayuda a situarse en la novela y recuerda las obras de caballerías, la Literatura medieval....  ¿Se considera un especialista en la materia?

Demetrio Guinea
En Historia sí, pero no específicamente en Literatura medieval. Sin embargo, me gustan mucho las producciones literarias de nuestro medievo, muchas de las cuales ya leí siendo estudiante, desde el poema del Mío Cid hasta las Crónicas del canciller López de Ayala. Ahora releo con frecuencia algunas de ellas, y eso incluye obras como el Libro de Buen Amor, del arcipreste de Hita, pero también algunos Cancioneros del siglo XV o determinadas obras de Alfonso X ‘el Sabio’ que me atraen particularmente, como son La Crónica General y, sobre todo, La Grande e General Estoria, cuyo castellano antiguo, en plena floración, me resulta gozoso de leer. De las novelas de caballerías conozco completa Tirante el Blanco, de Joanot Martorell, y algunos pasajes del Amadís de Gaula. Respecto a la idea de la entradilla al comienzo de cada capítulo, tengo que decir que la tomé, en realidad, de El Quijote, aunque son numerosas las obras que incorporan ese tipo de introducciones. Ahí está, por ejemplo, El Decamerón, de Boccacio, o los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. Finalmente, le puedo contar que, cuando me hallaba en pleno proceso de redacción de la novela, leía durante un buen rato, antes de ponerme a escribir, a mi paisano Gonzalo de Berceo, sobre todo sus Milagros de Nuestra Señora y su Vida de Santo Domingo de Silos, que me parecen un prodigio. Leer a Berceo me ayudaba a desatascarme, a coger impulso y a imbuirme del estilo literario que quería plasmar en la novela.

 

Luis García
¿Era necesaria la utilización de la primera persona en El escriba  y el Rey? A mi juicio la novela casi la exige.....

Demetrio Guinea
Estoy de acuerdo con su apreciación. Fíjese, al principio hice unos tanteos y realicé diferentes aproximaciones en las que utilicé el punto de vista del “narrador omnisciente”. Sin embargo, me pareció que la novela no funcionaba de esa manera, así que opté por la primera persona y decidí desechar todo lo realizado hasta entonces y empezar de nuevo. Durante algún tiempo tuve dudas. ¿La primera persona debía ser la del propio Rey contando su vida a un biógrafo de ficción, siguiendo el modelo de Eginardo, autor de la Vita Karoli Imperatoris, biografía del emperador Carlomagno? Me parecía un recurso demasiado trillado y decidí que fuera otro personaje el que contara desde fuera la vida del Rey, pero no como parte de un encargo del monarca o de las personas de su entorno, sino como resultado de una vivencia y una experiencia íntimas. Pronto tuve claro que debía escoger la figura de un clérigo regular, dado que éstos eran prácticamente los únicos que sabían leer y escribir en su época. Abzio Sánchez podría referirse, de esta forma, a los recuerdos de su vida en el monasterio y a los de su vida anterior con sus padres y sus hermanos campesinos, y además también a la de Sancho ‘el Mayor’, pero en razón de que la biografía de este último vendría a cruzarse de forma inopinada con la suya.

 

Luis García
La utilización de la primera persona siempre conlleva riesgos..... ¿Qué hay de Demetrio en Abzio y viceversa?

Demetrio Guinea
Admito que hay mucho de mí mismo en el personaje del escriba Abzio Sánchez. Yo fui alumno de los jesuitas y no tengo ningún inconveniente en reconocer que en mi adolescencia resulté ser un chico piadoso, de comunión diaria y mucha preocupación por todo lo relacionado con el sexto mandamiento, la pureza, la masturbación y todo eso. Pero no deploro ni lamento los años que pasé con ellos. A mí, la educación que me dieron aquellos hombres no me traumatizó particularmente, ni me supuso un esfuerzo sobrehumano quitarme de encima una religiosidad tan teñida de catolicismo militante, uno de cuyos puntales era la realización cada año de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola en las casas de ejercicios que a la sazón había en Tudela (Navarra), Santurce (Vizcaya) y Santurde (La Rioja). A partir de mi salida del colegio evolucioné con naturalidad hacia el agnosticismo y no me quedaron cuentas pendientes, ni con el colegio ni con los frailes. Todo lo metabolicé para bien. Reconozco, no obstante, que en determinados aspectos los jesuitas resultaron castrantes, pero por contra he de decir que tuvieron indudables cosas buenas. Lo que más les agradezco es el amor y el gusto por la lectura que me inculcaron desde que llegué con once años al colegio Sagrado Corazón de Logroño a hacer segundo de Bachillerato. Muchos aspectos de la personalidad de Abzio Sánchez he podido relatarlos tirando, simplemente, del hilo de la memoria y recordando cómo era yo mismo en mi adolescencia. Ahora repaso algunos pasajes de la novela y me veo claramente retratado en ese escriba vocacional, ingenuo, bondadoso, lleno de fe en Dios, algo angustiado por la idea del pecado y por el contagio pernicioso con la vida laica, y que se rebela a menudo contra la visión misógina que el abad de San Millán, el obispo de Nájera y otros clérigos mantienen acerca de la mujer como fuente de tentaciones y de perdición para el hombre.

 

Luis García
¿Es El escriba y el Rey la novela que a usted le hubiera gustado leer?

Demetrio Guinea
Sí, desde luego. Y a menudo, todavía hoy, repaso algunos capítulos y me sorprenden. Particular predilección siento por el capítulo quinto, que habla de la vida monástica de Abzio Sánchez y de su adiestramiento como escriba en el scriptorium monástico... Fíjese, cuando la presentamos en Logroño, en la librería El Tragaluz, el editor llevó a una actriz amiga suya y ésta leyó algunos pasajes, después de mi breve intervención, ante el público congregado. Le aseguro que al escuchar aquellos textos leídos de una manera tan subyugante, me recorrió un escalofrío. Me parecía increíble que yo fuera el autor de todo aquello. Fue muy gratificante y emocionante para mí.

 

Luis García
¿Qué está  preparando en estos momentos?

Demetrio Guinea
Bueno, he publicado tres libros en apenas catorce meses: dos obras de Historia y esta novela: unas mil cuatrocientas páginas en total. Creo que ahora debo moderarme y dosificar mi presencia en los escaparates, porque en caso contrario corro el peligro de que la gente se harte de mí. Actualmente estoy corrigiendo una obra cuyo título provisional es Confidencias al amante, que terminé hace unos meses, y que posee un fuerte componente íntimo y erótico. Sería tal vez excesivo darla a la imprenta este mismo año, así que aguardaré hasta el 2009. Por lo demás, me estoy planteando la posibilidad de redactar una segunda parte de El escriba y el Rey. Dejé algunos cabos sueltos, por si la obra tenía algún éxito y me resultaba factible retomarla en ese punto en el que me había detenido. Si finalmente me pongo a ello, hablaré del reinado de Don García ‘el de Nájera’, sucesor de Sancho en el reino de Pamplona, los problemas surgidos con sus hermanos, la reconquista de Calahorra (la Calagurris romana, lamentablemente de actualidad por el reciente atentado etarra contra su casa-cuartel durante la pasada Semana Santa), la muerte del Rey en la batalla de Atapuerca en el año 1054, o los graves enfrentamientos que sostuvo con el abad de San Millán, Domingo de Cañas, al que desterrará y amenazará de muerte. Domingo de Cañas, nacido cerca de Nájera, ya aparece en la primera parte, pero para mi sorpresa nadie ha reparado en que se trata del futuro Santo Domingo de Silos. Y eso que daba muchos datos de él para que cualquier lector, al menos riojano, lo descubriese, pero no ha sido así. La novela estaría escrita igualmente en primera persona, y su redactor sería un Abzio Sánchez ya anciano, que regresó hace tiempo a San Millán, después de los años pasados en Nájera, en la corte de Sancho ‘el Mayor’... Y junto a todo esto, hago esfuerzos para concluir mi tesis doctoral sobre La Iglesia Católica y el catolicismo en La Rioja durante la IIª República, con la que ya llevo cerca de cuatro años pero que cojo y dejo con una frecuencia que no sé si me va a permitir terminarla en un plazo razonable.

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