borde Sumario. Libros. Reseña.
 

Rant, la vida de un asesino

 

Chuck Palahniuk

 

Mondadori, 2007

 

Jordi Corominas i Julián

Chuck Palahniuk, Rant, la vida de un asesino

Hay clases y clases en la Literatura estadounidense contemporánea. En una de ellas, Don DeLillo parece gozar de una plácida butaca en el Olimpo, desde donde desde otra vertiente también reposan Philip Roth, Paul Auster y, entre otros, Bret Easton Ellis, a quien desde su sucia, estudiada y elegante brutalidad narrativa se ha querido comparar con Chuck Palahniuk, quien no tiene plaza en el monte de los elegidos. No puede volar tan alto por varios motivos. Su trayectoria y estilo han jugado con lo excéntrico, con universos inventados de lo marginal que servían como metáfora de las miserias de nuestra sociedad. El éxito del escritor de Oregon se cimentó en repetir la misma historia con pequeñas variantes, fruto de una constante exhuberancia de modificación que alcanzó su cima en El club de la lucha, obra celebradísima a partir de la adaptación cinematográfica de David Fincher.

Con Rant Palahniuk no da palos de ciego. Simplemente se repite. No importa que desee sorprendernos con otra supuesta vuelta de tuerca bajo la apelación de Capote, A sangre fría y la no ficción. No importa tampoco el estilo, breves intervenciones de los testigos acompañadas de emoticons de la era web. La tan pregonada novedad se convierte en una prueba fehaciente de lo que el autor denuncia, diseño banal con poco contenido.

Rant es la unión de voces para contar la vida de Rant Casey. El inicio del libro parece pedir una nueva oportunidad del cine. Un gris hombre de negocios topa con el padre del protagonista, quien desencadena el sinfín de opiniones sobre su hijo, un personaje típico del autor. Su mérito en vida fue tener una gran afición a las picaduras de insecto, ser rico por encontrar antiguas monedas, divertirse con las choquejuergas, morir espectacularmente, tener el virus de rabia y ser el iniciador de una verdadera pandemia. Estas características, ese sería el sentido irónico del libro, convierten a Rant, un hombre más que mediocre, en un Mesías de la posmodernidad, por eso merece la pena recoger los testimonios de tantas personas, fuente oral impresa sin que ello signifique autenticidad del relato, pues el mito Rant genera un efecto más  propio de Aquí hay tomate, con falsos amores, amigos de mentira y las sabias aportaciones de una reputada antropóloga que comenta las pandemias a lo largo de la historia.

Escrita con originalidad. Humor. Tensión narrativa. Irreverente. Grotesco. Vida marginal. Eslóganes para un libro. Términos atractivos, propios de una operación comercial. Es así como palabras que antiguamente tenía sentido lo pierden. El mercantilismo de lo diferente en la literatura actual tendría que incitarnos a la reflexión. No podemos comparar, por cultura y ámbito de influencia, a Palahniuk con Houellebcq, pero creo que encontraríamos algunos parecidos hasta poder constatar cierto fenómeno literario del escándalo por el escándalo tiñéndolo de filosofía low cost. Lo sucio pierde valor y encanto. Sigue exaltando a las generaciones jóvenes que lo calibran como material subversivo cuando no es más que una réplica adaptada al contexto de Bukowski y compañía, aunque con otro escenario, trama y cuerpo, pues los personajes pretenden escandalizar sin conseguirlo, son rebeldes de la nada, ángeles que caen por su propio peso y se convierten en demonios de los bajos fondos, inexistentes en la mayoría de casos, producto de la imaginación del creador de Asfixia.

La barrera entre el conformismo y la incapacidad es muy leve. ¿Conformismo de repetición o incapacidad para el cambio? Cuando se agota un recurso conviene buscar otro para mejorar el anterior. Progresar. Algo que no hace Chuck Palahniuk, estancado en su propia agua con la redención de la fama de las buenas ventas y la trasgresión comercial.