| Pedro Martínez es director de la revista de cultura Almiar que publica margencero.com
Nacho Fernández
Me gustaría empezar por el último cuento, Nunca llueve sobre el Sáhara, que da título al libro, habla de un escritor que ve la muerte y tira todo lo escrito, pues no quiere volver a publicar. La figura de la botella, con sus mensajes manuscritos, es una reflexión sobre la literatura y los autores ahora...
Pedro M. Martínez
La verdad es que el simbolismo de un mensaje en una botella se ha utilizado muchísimo, no es ninguna novedad; sí plantea una reflexión sobre la literatura pero sobre todo alrededor de la propia realidad de la vida. Hay un momento muy especial en el relato —intentaré no destapar demasiado el mismo— en donde el personaje dice que manda mensajes a alguien que no conoce. Es escribir buscando la magia de lo desconocido. El personaje dice también que tiene la suerte de saber que se va a morir y que va a poder despedirse de lo que le queda de familia, pues el resto de ellos no pudieron hacerlo ya que murieron en un accidente. La reflexión sobre la literatura es tangencial en este relato, pero está presente en cuanto a que la misma intenta reproducir la vida, es parte de la vida, aspira a contar lo que sentimos, lo que padecemos, lo que soñamos, lo que hemos sido o somos.
Nacho Fernández
Y además de una forma muy tierna...
Pedro M. Martínez
Sí, quise escribir un cuento que tuviera un punto de esperanza en el futuro, creo que necesitaba un final optimista, que no fuera una historia desgarrada.
Nacho Fernández
Pedro, en este libro veo que los temas de la Guerra Civil española y la posguerra están muy marcados. En relatos como Tarde de sábado o El silencio del valle te recreas en ellos, son lugares que tú conoces bien, ¿que significó para ti ese tiempo?
Pedro M. Martínez
Antes de nada decirte que creo que se ha escrito muy poco todavía sobre esos trágicos años de nuestra historia. Aún hay muchas personas que lo recuerdan y podemos escuchar sus historias al respecto de esos momentos terribles; cuando hayan muerto todos seguiremos, o habrá que seguir, recordando. Pero aparte de la crueldad del levantamiento militar contra el gobierno legítimamente constituido, de la guerra que se produjo en consecuencia y de los miles de muertos y exiliados, está también la época de negrura y desesperanza que hubo para las siguientes generaciones. Y yo pertenezco a una de ellas, a los que nacimos a principios de los '50. Fueron generaciones castradas, generaciones que no pudieron expresarse lo más mínimo, que vivieron el terror de la dictadura, la censura y la escasez de recursos. Ese tiempo forma una parte sustancial de mi vida y los recuerdos de lo que yo oí y viví en mi casa, o en el barrio, tenían que estar en las páginas de Nunca llueve sobre el Sáhara. Sí, hay que escribir más sobre esos tiempos que destruyeron la vida de tantas personas.
Nacho Fernández
En El río petrificado —un relato muy pesimista— hay una última frase desoladora que marca el cuento: «Aún quedaba mucha nieve por venir», ¿qué significa ese río petrificado?
Pedro M. Martínez
En ese cuento hablo del año 1957 ó 1958. Es una época aún tremenda en España, en donde mucha gente hablaba del extranjero con envidia, como si en otros países las calles se empedraran con oro. Son unos años en donde todo parece haberse parado, donde parece que nada puede ocurrir. La dictadura de Franco está completamente establecida, todo está atado y bien atado. En El río petrificado vemos una carretera que surge de la nada para perderse en la nada; la campiña pareciera estar suspendida en el aire... pero esa frase algo lapidaria, que acertadamente señalas, también indica que el tiempo no se puede detener. Es un relato sin salida aparente...
Nacho Fernández
De La mano inocente me ha sorprendido y gustado cómo recoges palabras que no son muy utilizadas ya. Aquí utilizas términos como chiscón, cuchitril, barbinegro, pañoliqui —muy madrileño—, o frases como «terminar de naja», en fin que utilizas también un castellano casi en desuso para tus textos...
Pedro M. Martínez
El castizo, aquella forma de hablar que teníamos en el «foro» se está perdiendo, si no es que se ha perdido ya. Soy de los que pienso que hay que reivindicarlo, que hay que mantenerlo como un distintivo cultural de este Madrid que tuvo en su momento calles con huertas por donde los coches pasaban cada dos horas, y en las que podíamos jugar en la calzada un partido de fútbol. Esta forma de hablar muchos la han olvidado y otros, quizá, tienen reparo en utilizarlo por considerarlo poco «culto». Creo, como te digo, que hay que recuperar el castizo, más todavía en estos momentos en que se escribe con la «k» y tres líneas seguidas parecen un suplicio.
Nacho Fernández
En El silencio del valle, un cuento en donde reivindicas también el asturianismo, otra de tus señas personales, para mí tienes una arrancada excepcional con el primer diálogo.
—«¿Qué viene a hacer a España?» —pregunta un Guardia Civil;
—«Vengo a ver la tumba de un amigo» —responde el personaje sin pestañear;
—«Y eso, ¿dónde queda?» —vuelve a preguntar el guardia;
—«Eso sólo nos importa al muerto y a mí».
Aquí también hablas de la posguerra y de los maquis...
Pedro M. Martínez
Sí, es en el tiempo de los «25 años de paz», los maquis hacía muy poco que habían desaparecido. Franco intenta lavar la cara al régimen y piensa en que la O.N.U. le acepte y acabar, de este modo, con el boicot que todavía hacen a España las democracias occidentales. El personaje, Ramón, tiene los cojones de pedir el pasaporte en contra de todo lo que piensan sus amigos exiliados en Francia, lo consigue y regresa a España. El diálogo, por cierto, no es muy distinto de alguno que yo viví en 1968 ó 1969, cuando viajé a París y tuve que sufrir las preguntas lapidarias de los guardias en la frontera. Eran tiempos, ya sabes, en que llevar melena y barba era muy sospechoso.
Nacho Fernández
La joya de la corona es Hilo de oro. Una historia de intriga, de misterio, donde se mezcla lo gótico con el terruño astur y en donde descubres para la literatura el mito asturiano de la xana.
Pedro M. Martínez
Bueno, mi madre es asturiana y he pasado mucho tiempo allí. La xana es un mito que siempre me atrajo y la historia maduró después de muchos paseos por aquellos bosques y costas... Para mí, la xana representa el amor en estado puro o el Amor con mayúscula, algo sobre lo que ahora parece que también da vergüenza escribir. Un amor de este tipo exigiría tanto que produciría miedo e, incluso, conducir a la muerte. Basándome en esto —el amor te puede salvar, pero también abrasar— ideé la trama del cuento.
Nacho Fernández
¿Y respecto al estilo con el que está escrito...?
Pedro M. Martínez
Quise escribirlo desde el punto de vista más «clásico», dividiendo incluso el cuento en capítulos con su título correspondiente. Es una narración en donde se espera un final sin sorpresas, en donde el lector sigue la historia paso a paso y sabe que con la palabra «fin» el cuento se extenderá entero ante sus ojos. Por cierto, tengo que reconocer que aquí me plegué a la moda de las historias con manuscritos escondidos, sortilegios misteriosos, etc... (risas).
Nacho Fernández
Pero le da un toque muy interesante...
Pedro M. Martínez
Sí, es posible que sí...; Hilo de oro, es un cuento sobre el amor, es un cuento de amor...
Nacho Fernández
Otro relato que me ha gustado es El botones. Creo que es un puro relato negro, policíaco, con muertes como se moría antes, con un toque pedófilo si se le puede añadir este término muy actual a esa España gris de los finales de los cincuenta, también muy macabro. El botones, ¿cómo surge?
Pedro M. Martínez
En El botones está la España negra. Pero la España negra del desarrollismo, la de las putas de Chicote y de El Abra, en donde muchos curramos en oficinas siniestras, destartaladas, sucias, en donde había muchas veces individuos impresentables. Allí se explotaba a botones —me parece que ya no existe esta categoría laboral—, chavales muy jóvenes que por una miseria trabajaban horas y horas. Estos chicos aprendieron las peores mañas de aquella sociedad. La historia cuenta, en última instancia, la miseria que produce la represión, la suciedad que genera el tener que ocultar lo que se es. Vista la historia con los ojos de ahora sorprendería que una cosa así pudiera pasar.
Nacho Fernández
Un país como el nuestro en blanco y negro...
Pedro M. Martínez
Exactamente.
Nacho Fernández
Con La mar tapada llegamos otra vez a tu lado más costumbrista, más asturianista, más puñetero si se me permite la palabra. Este cuento me parece rescatado para el libro, ¿es así...?
Pedro M. Martínez
Así es. Muy bien tu intuición. El cuento lo escribí para presentarlo a un concurso en Asturias y como pedían determinadas cosas contenidas en el texto a presentar lo jodí del todo. Son de esas tonterías que se hacen a veces... No me gustan mucho los concursos, pero de vez en cuando me he presentado con la sana intención de pillar algo de currículo. Este relato también tiene que ver con el amor, pero éste está en un segundo plano: el mito del cuélebre es para mí la representación del rebelde, la dura vida del ser que es distinto a todos los demás y tiene que apañárselas para sobrevivir.
Nacho Fernández
Y es un relato que también tiene una apreciable sensualidad, un cuento lésbico...
Pedro M. Martínez
Con el toque lésbico me imagino que muchos asturianos de pro quizá puedan escandalizarse, pues hay que suponer que tiene que ser un guapo caballero el que libere a la dama de entre las fauces del animal.
Nacho Fernández
Todos eran iguales, menos uno, me ha recordado mucho, Pedro, la forma de narrar de Delibes, recorriendo caminos que nos enseñó el maestro de Valladolid.
Pedro M. Martínez
Te agradezco mucho que me compares con el maestro (risas), uno de los mitos de mi juventud. Sí creo que con este cuento quise inspirarme en este estilo literario, preciso, escueto, pero de una gran capacidad comunicativa y poética. Además transcurre en Castilla, a comienzos de la década de los '70 en que muchos pueblos fueron abandonados debido a la emigración a las grandes ciudades. Tiene que ver también con una determinada generación, con la de Triana, con la de Hilario Camacho o los Rolling; mucha gente de ésta generación militaba en la clandestinidad en el Partido Comunista o en Comisiones Obreras y rechazaban la masificación de las grandes ciudades. Es un cuento político, sin duda, aunque sólo se vea la política a través de las conversaciones de los dos personajes principales.
Nacho Fernández
En Jugando con Alicia me pare un relato de observación, como si se tratara de un ejercicio para un taller literario, muy perfeccionado.
Pedro M. Martínez
Es un juego y, en efecto, un juego de «taller». Este cuento se me ocurrió a partir de un hecho real que me ocurrió en Mérida. Observé a una pareja de ancianos que daba vueltas sin parar alrededor de una fuente y se lo comenté a Ana, mi mujer, quien me dijo que cómo me fijaba en esas cosas... A partir de ahí, se me ocurrió la idea y lo escribí de un tirón. Es, también, un humilde homenaje a los cronopios de Cortázar. Ojala me haya quedado tan redondo, tan circular como a él le gustaba definir a un relato que le hubiera agradado.
Nacho Fernández
Las influencias de la gente que te han gustado, te han marcado son muy importantes para la vida de un escritor, para formarte y sobre todo para tener un criterio. Lo digo por Disparos en un parquin. ¿Cómo fue ese viaje?, porque está claro que aquí la primera persona delata que se hizo realmente.
Pedro M. Martínez
La anécdota del viaje es verídica. Luego la pasé por la turmix literaria. Es uno de tantos viajes de los que hicimos en aquel tiempo, donde íbamos arrastrados por las carreteras ya que no teníamos un puñetero duro. El cuento está dedicado a mi hermano, protagonista de la anécdota. También creo que hay que escribir mucho más sobre aquella época, en donde la gente que viajaba de aquella manera tenía un poderío que ríete tú de Keoruac o de los hippies.
Nacho Fernández
Sí, parece un viaje de iniciación, pero de vuelta de todo un entramado de aventuras...
Pedro M. Martínez
Es un descubrimiento de la Europa en donde nos llamaban españolos.
Nacho Fernández
Toubkal, un relato de venganza, de aventura, de celos, ¿cómo te da por saltar entre estos registros?
Pedro M. Martínez
Es que todos llevamos de todo... Es un cuento sobre los celos, que cuadré, por fortuna, con una aventura durante la escalada de una montaña; ya sabes que durante un tiempo me dediqué al alpinismo y me apetecía escribir algo en donde estuviera presente ese mundo. Creo que aquí he recogido algo de Agustín Faus, aquel buen escritor que supo fundir la ficción con la montaña.
Nacho Fernández
La soledad de la gata. Me ha gustado lo cotidiano que es, refleja lo que está ocurriendo en la vida de la protagonista en tiempo real, es un relato escrito para un corto. Trata un tema muy actual de nuestras ciudades: la inmigración. ¿Cómo enfocaste este relato?
Pedro M. Martínez
No sé si decir lo que voy a decir. Este relato es un homenaje a las victimas del 11-M y alguna vez he debatido en dónde está el momento en que el citado homenaje se hace presente. Hay un momento en la historia que la protagonista escucha un mensaje en un contestador que dice que «hoy es 11 de marzo» y poco después ella se va porque «tiene que darse prisa o perderá el tren para la estación de Atocha...».
Nacho Fernández
Esto que me dices abre todavía más sus posibilidades cinematográficas.
Pedro M. Martínez
¿Tengo que ser más explicito en el relato?, ahí me queda la duda, creo que debe quedarse como está... y que cada cual entienda lo que sea.
Nacho Fernández
No, no, creo que así está muy bien, aunque entonces el título me parece que no ha sido acertado.
Pedro M. Martínez
Yo puse La soledad de la gata, porque imaginé que la protagonista muere en los trenes de la muerte ese día y la gata se queda sola.
Nacho Fernández
Eso cuadra... ¿Y tú crees que la gente lo entenderá si no contamos lo que estamos contando ahora...?
Pedro M. Martínez
Pues no lo sé, los que lean esta entrevista, sí. También pienso que en los momentos en que escribí este cuento la fecha del 11 de marzo era emblemática, hoy ya no lo es tanto.
Nacho Fernández
Cuéntame algo sobre la portada de este libro.
Pedro M. Martínez
A la portada, como supongo que pasa con todas las portadas, le dimos unas cuantas vueltas... La foto es de mi hijo Diego y presenta una botella luminosa flotando en una ola abstracta. La botella lleva un mensaje que puede ser algo relacionado con la literatura, de lo que acabamos de hablar.
Nacho Fernández
O un mensaje del protagonista.
Pedro M. Martínez
Así es. Creo que es una buena fotografía, sugerente y con calidad que es lo que se busca para la tapa de un libro.
Nacho Fernández
¿Con qué editorial lo publicas?
Pedro M. Martínez
Mandala&LapizCero se ha encargado de ello, con las auspicios de CiÑe, un círculo independiente de escritores y escritoras del que soy socio desde hace tiempo.
Nacho Fernández
Pedro, éste es tu último libro, pero has tenido alguna experiencia más, ¿cómo funcionaron?
Pedro M. Martínez
Los dos otros libros que publiqué fueron experiencias colectivas. El primero —Cuentos de El Comercial— tuve la suerte de que lo presentaras tú y está agotado...
Nacho Fernández
En el famoso café El Comercial...
Pedro M. Martínez
Allí fue. Luego, llegó Vampiros, ángeles, viajeros y suicidas, que nos editó Kokoro Libros, cuya segunda edición ya está a punto de agotarse, también, y ahora este mi primer trabajo lo cual te pone de los nervios...
Nacho Fernández
Ya me imagino.
Pedro M. Martínez
En fin, esperemos que el libro guste a los lectores y pueda vencer los obstáculos que tiene en el sistema actual una producción editorial de este tipo
Nacho Fernández
Lo recomiendo, sin duda. Y antes de finalizar, me gustaría saber otra cosa: ¿Y la novela, cuándo, cuándo...?
Pedro M. Martínez
Pues tengo ahí un proyecto con el que me quiero enredar en breve. A ver qué tal me siento haciéndola, pues una cosa es que decidas ponerte a escribirla y otra que el asunto funcione. Supongo que cuando llegue el verano y me ponga delante del Cantábrico comenzará a despejarse la incógnita.
Nacho Fernández
Pues que sigas escribiendo, relatos o novela, porque me ha agradado mucho esta conversación.
Pedro M. Martínez
Muchas gracias a ti; Nacho, ha sido un placer esta conversación.
Nacho Fernández
¿Algo más?
Pedro M. Martínez
Pues aparte de lo grato que es estar con un amigo, que la cerveza estaba cojonuda... |