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Mondo 21: La novela negra palurda

   

 

 

Cultura 21

En Julio publicamos en exclusiva la primera parte de este entramado de mundos y submundos que rodean la obra de "el hombre de los 21 dedos", escrita por Antonio Domínguez Leiva y José Ángel Mañas.

Lanzamos de nuevo en exclusiva la segunda parte de este MONDO 21 a colación de la publicación de los número 3 y 4 de este serial pulp ( el hombre de los 21 dedos ), seguro que también lo disfrutas.

 

 

MONDO21:
· Gothic Galicia
(ver sinopsis novela)

Llegamos por fin a este subgénero que nos encanta y cuya extraordinaria vitalidad ha escapado al ojo vigilante de la crítica, fundiéndose a menudo con el “horror palurdo” tan conocido por hitos como 2000 Maníacos o la mítica Matanza de Texas.

Contrapuesta al universo urbano de la novela negra gangsteril o detectivesca, la palurda retoma el interés naturalista por los habitantes degenerados de pequeños “shitholes” o “agujeros de mierda” (a menudo en sentido estrictamente literal) que ya evidenciaban Maupassant o Frank Norris.
Una de las matrices del género viene precisamente de la obra de Faulkner Santuario, con su inolvidable mirón coprófilo y sadomasoquista Popeye, violador de la pobre Temple Drake con una mazorca de maíz.


(Popeye o el palurdo degenerado por antonomasia)

Más próximo ya al pulp (con el que el venerable Faulkner sólo tonteó), Erskine Caldwell se entregó en cuerpo y alma al subgénero llamado “gótico sureño”, empezando con dos títulos inmejorables, Bastardo y algo así como Maldito gilipollas (Damm Fool). El rollo palurdo triunfa en sus dos obras más conocidas La ruta del tabaco y Los Pequeños Acres de Dios, incluyendo pequeñas escenas de degenere cachondo entre el proletariado agrícola.

Más radicales son las obras de Flannery O’Connor y los relatos de los dos supergays sureños Tenesse Williams y Truman Capote, creando un universo entre hiperrealista y fantástico donde todas las aberraciones son posibles y huelen a pedo rancio.

El cine más subversivo se volcó en el tema palurdo con momentos clásicos como la violación subnormal de los Perros de paja de Peckinpah (referenciado por nuestro amigo Catxo en su proyecto de adaptación cinematográfica de Gothic Galicia), la violación cerdil del Deliverance de Boorman o los psicópatas endogámicos de Las colinas tienen ojos (a medio camino entre cine negro y terror, como tantas obras psicopáticas). Desde entonces se ha convertido en un arquetipo del cine de género, con innumerables versiones de los “salvajes del interior” que tanto aterrorizan y divierten a los jóvenes urbanitas.


(Billy Redden como el  perenne palurdo Lonny y su banjo)

Galicia caníbal

Fai un sol de carallo.
Con isto da movida haiche moito ye-yé que, de noite e de día, usa jafas de sol: ¡Fai un sol de carallo!
A matanza do porco
A matanza do porco.- A berra e un conxunto de berros dun porco cando o van matar.
San Martiño oficial de Monforte ó Nepal, o magosto para agosto, safaris do porco,
filloas de sangue, Galicia embutida: ¡Fai un sol de carallo!, ¡Galicia caníbal!
Etiopía ten fame
Etiopía ten fame.- Un parado occidental sostén un filete.
Un negro deitado, o negro non lle chega, arrastra o bandullo.
O parado occidental sostén o filete; o parado altivo, o negro non lle chega.
Doa os teus riles: un ril á merenda. Doa os teus riles: outro ril á cea....”

El himno de Antón Reixa sigue resonando en la conciencia de todo movidero que se precie, encarnando un arquetipo galaico marcado por la estética primitivista.

El estereotipo de la Galicia bárbara proviene -cómo no- de la mirada foránea, alimentado por el imaginario metropolitano pero curiosamente interiorizado por cantidad de artistas autóctonos. El emblema absoluto de este barbarismo galaico es, evidentemente, el Hierofante, Mago Supremo Ramón María del Valle-Inclán.

 

Empezando con el modernista Flor de Santidad y siguiendo con la genial Trilogía Carlista, Valle va perfilando su Galicia esperpéntica hasta llegar a la increíble trilogía de las Comedias Bárbaras, de obligada lectura para el/la veintinuer@ que se precie. Divinas Palabras, con sus múltiples degenerados, no le van a la zaga, empezando por nuestro querido Laureaniño el idiota, enano hidrocéfalo expuesto de feria en feria por sus familiares y que terminará asesinado en una cutre bacanal de mendigos (hay algo del Freaks de Tod Browning en todo esto... habría que investigarlo).

Don Camilo José Cela prolongó este universo –el equivalente hispano más claro del “Gótico sureño” americano (que Cela mamó con Faulkner y Caldwell, el muy listillo)- en varias obras, culminando con Mazurca para dos Muertos, también de culto veintiunero.

Más próximo a nosotros en todos los sentidos citemos la obra maestra del tristemente desaparecido Antón Blanco A matanza caníbal dos parrulos lisérxicos, aclimatando el gore más Tromesco a la Galicia caníbal de nuestro corazón.


(Dos miembros del clan antropófago Machado, primos hermanos de los Mourente)


Resquiat in pace.

 

Violaciones

La violación rige el universo del pulp negro donde infinidad de heroínas se exponen (a menudo sucumbiendo) a un destino “peor que la muerte”. Casi todas las portadas de la Edad Dorada, desde Black Mask hasta los paperbacks, presentan una futura víctima que observa, con ojos desorbitados (The Girl with the Frightened Eyes de Lawrence Lariar) el avance del peligroso sexópata que encarna la mirada del propio lector (muchas veces en visión subjetiva, de hecho).
Obedeciendo al principio de las 3 eses, sexo, sadismo y pistola humeante (smoking gun), las portadas prometían invariablemente la sombra de una violación posible. En una espiral de violencia el tema pasó de ser tabú a ser uno de los ingredientes claves del género negro. Del ya citado Santuario de Faulkner se pasó al Secuestro de Miss Blandish del británico Hardley Chase, el cual inauguró (especialmente en el siempre sadomaníaco Reino Unido) un verdadero subgénero de secuestro-y-violación, ilustrado entre otros por el redescubierto Darcy Glinto y su alter ego Hank Janson (ambos pseudónimos de Harold Ernest Nelly).

Durante los 50 la escalada llegó a títulos tan escandalosos como ¡Forzada! o la Gran Violación que se lleva la palma en sensacionalismo soft-core.

¿Os habéis preguntado alguna vez a qué vienen tantas violaciones en el cine?
Las feministas estadounidenses sí, y desde los años setenta con el célebre panfleto de M. Haskell De la reverencia a la violación, estudio de la representación de la mujer en el cine. La respuesta es clara: el cine está dominado por el patriarcado, rigiendo la implacable Ley del Falo. El sitio de la mujer es en la casa haciendo la cena o en un parking siendo violada.
Fue sin duda en la edad dorada del  cine “exploitation” -al que 21 rinde incesante homenaje- cuando la violación estuvo más al orden del día. Es casi imposible hallar una de esas pelis –ya sean de horror, de gángsters, de detectives, de negros, de vaqueros, de nazis (en el curioso subgénero de la nazixploitation al cual volveremos, no os preocupéis), de monstruos galácticos o de mujeres encarceladas en jaulas filipinas- donde no se viole a una o más protagonistas. Un auténtico subgénero emergió de esta paranoia violadora, el “rape and revenge” o “violación y venganza”, ilustrada por la durísima Escupo sobre tu tumba (plagio que pasó desapercibido del magnífico título de Boris Vian) de Meir Zarchi.


(trasero machacado de Camille Keaton, Mejor Actriz del Festival de Cine Internacional de Catalunya en 1978)

No olvidemos, más suave, el contundente Ms. 45 del joven Abel Ferrara, con su monja justiciera que hubiera hecho las delicias de los libertinos franceses.

 

Es curioso pensar que el boom de las violaciones psicotrónicas coincidió en gran parte con los efectos del Verano del Amor y la “liberación sexual” de los setenta. ¿Cara oscura de una época? ¿Grito sádico de los desheredados del sexo? ¿Reacción de angustia de los carcas ante las alegres correrías de las jipis?... La cuestión está siendo analizada por sesudos académicos de lo “freak”. Os mantendremos al tanto de sus deliberaciones

 

· Al Servicio de su majestad (ver sinopsis novela)

         

A todos nos acojona ir al hospital, ¿no?
Pues eso mismo explica sin duda el constante éxito del thriller médico, cara oscura del gran género hospitalario por excelencia que es la novela rosa de médicos (por eso de que los matasanos tienen mucho morbo con su mezcla de la autoridad, el uniforme y el saber…), ilustrada desde los novelones de Frank G. Slaughter y las producciones del grupo editorial Arlequín hasta la famosa serie televisiva en lucimiento del Clooney.

Menos conocida, la novela negra de ambiente hospitalario es, curiosamente, uno de los más vitales subgéneros del negro, cruzándose constantemente con la novela de terror.
 
Por supuesto todo empezó con ese maravilloso mito moderno del sabio loco, surgido en el batiburrillo de la novela gótica y cuyo clásico avatar fue el Doctor Frankestein que dio nombre a su desgraciada criatura.
De Frankestein al Dr. Jekyll hay mogollón de doctores totalmente majaras que quieren rivalizar con el Creador o apoderarse del mundo o descubrir un misterio último, situado más allá del bien y del mal.
Uno de los primeros híbridos, a menudo clasificado entre la ciencia ficción, fue el clásico Donovan’s Brain de Siodmak (1942). La historia gira en torno al cerebro del accidentado millonario W. H. Donovan, mantenida viva por el ambiguo Dr. Patrick Cory. Poco a poco el órgano va adquiriendo habilidades telepáticas, hasta controlar al propio doctor que lo alimenta.
La versión radiofónica, con el increíble Orson Welles, cosechó un gran éxito, renovado por la reedición en 1988 que se llevó un Grammy.
Como dato veintiunero, Nancy Reagan aparece enfrentada al malévolo cerebro en la segunda adaptación cinematográfica (¿se tratará de algún irónico juego del destino? ¿Una oscura premonición de su futuro papel en la Casa Blanca?...)


La Reagan en uno de sus bodrios habituales… “este cerebro tiene ideas PROPIAS”

El best-sellerísimo Robin Cook ha hecho su agosto con esta rama de la novela, nutriéndose de la paranoia de todo hijo de vecino en lo relativo a la salud pública (o privada).
Su mejor obra sigue siendo, sin duda, Coma (1978), llevada a la gran pantalla con gran eficacia por Michael Crichton.

 


Unos pacientes la mar de “colgados”…

 

La joven doctora Susan Wheeler descubre varios casos misteriosos en los que pacientes del Boston Memorial Hospital aparecen en coma tras ser operados en el bloque operatorio número 8. Intrépida, investiga hasta descubrir que han sido todos asesinados para alimentar el mercado negro de órganos. Al ser descubierto el cirujano jefe trata de operar a la joven con una apendectomía de urgencia que no cuela.

Por desgracia para su homónimo (o deberíamos decir al revés), el gran Robin Cook de Yo fui Dolores Juarez, es este Cook, el de los médicos el que se lleva toda la fama, pariendo horrores clínicos como churros, siempre con gran eficacia pero sin ese puntito de locura tan querido por los veintiuner@s.

Otros autores que se han ido forrando con este peculiar y extrañamente popular subgénero son, aparte del propio Michael Crichton, Gary Braver, John Case, April Christofferson, John Darnton, Eileen Dreyer, Tess Gerritsen, Leonard S. Goldberg, Michael Palmer o Steven Spruill…

Al parecer los anglosajones nunca se cansan de comas y tráficos de órganos desde los atroces flashbacks del libro homónimo de Braver a las operaciones traumáticas de la Venganza de la Dreyer…

Para haceros una idea de la extensión de esta auténtica y contagiosa enfermedad literaria basta pasaros por:
http://www.overbooked.org/booklists/crime_fiction/medthrillers.html

El propio triunfo del arquetípico e incorrectísimo House viene a desbancar las lindezas sentimentales del Clooney, mostrando la fascinación por el lado oculto del universo galénico.

by the way, ¿alguno de vosotr@s se siente con ganas de pasar una temporadita en un hospital norteamericano?

 

Al Servicio (muy) secreto de Su Majestad

Los servicios secretos monárquicos deben, evidentemente, todo su lucimiento al verdadero agente secreto Al Servicio de su Majestad 007.
Por cierto, el título homónimo corresponde a uno de los mejores de la serie, con el inolvidable pero olvidado George Lazenby, quien inauguró una línea dura muy a tono con las novelas originales de Fleming y que retoma por fin la serie gracias al discutido pero deliciosamente psicótico Daniel Craig

 

Sin embargo, otras visiones un tanto más sombrías de esos servicios han inundado la literatura negra, especialmente tras las hipótesis revisionistas de “ripperólogos” o deberíamos traducir “descuartizadorólogos” que asociaron los crímenes del célebre Jack con una operación de camuflaje orquestada por la Reina Madre para borrar los rastros de su díscolo y sifilítico retoño Alberto.
El ejemplo más escalofriante es, por supuesto, la incomparable novela gráfica de Allan Moore, From Hell.

 

Madrid era una fiesta

Antes de los locos años 90 hubo los otros, los despendolados años 20 que en España culminaban un largo proceso fiestero inaugurado en los garitos finiseculares.

Para tener una idea de qué van los delirios del pobre Don Camilo, os recomendamos dos libros extremadamente cachondos.
Primero la increíble mundobiografía (porque es todo menos una autobiografía solipsista, ya que refleja toda la ciudad de Madrid en el desfase de la Edad de Plata) La novela de un literato de Rafael Cansinos-Assens.
Imposible resumir todas las escenas de cogorzas, puterío y demás jolgorio que en ella se narran.
Ahí os va una foto del Cansino y sus coleguillas:

 

Encontraréis ahí a los grandes desfasados de la época, entre los cuales destaca, y cómo, el muy excéntrico y muy gay Antonio de Hoyos y Vinent, precursor indiscutible de la movida petardo-glam
Por cierto, a ver cuándo le ponen una estatua o un algo en Chueca, ¿no?

Hele aquí, a ver si alguien se apunta.

 

Para saber más sobre él id a: http://www.eurielec.etsit.upm.es/~zenzei/index.php?numero=12&tipo=literatura&arch=antonio

La otra joya es la antología de Lily Litvak,
Antología de la novela corta erótica española de entreguerras.

Lamentablemente estamos sin imágenes de esas curiosísimas producciones, pero para que no os quedéis chafados ahí va esta litografía sobre el otro rollo Belle Epoque que le molaba a nuestros tataratatarabuelos…

 

| el hombre de los 21 dedos|

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