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La cita con Ray Loriga, se da en una terraza de la plaza San Ildefonso, en pleno corazón de Malasaña en Madrid. Es un día caluroso y el escritor madrileño aparece vestido con vaqueros, botas de cuero, una camiseta negra ceñida al cuerpo y gafas oscuras. Autor de varios guiones de cine, entre ellos El séptimo día, película dirigida por Carlos Saura y que toca el espinoso tema de "La matanza de Puerto Hurraco", y de El hombre que inventó Manhattan (El Aleph, 2004) novela que se trajo de Nueva York, presenta ahora Días aún más extraños (El Aleph, 2007), que reúne varios artículos periodísticos y dos relatos, además de una carta imaginaria al escritor argentino Rodrigo Fresán, un libro que ha cosechado estupendas críticas entre la prensa española y cuya primera edición de diez mil ejemplares ha sido agotada.
Carlos Dávalos
Luego de leer la carta ficticia que le envías a Rodrigo Fresán la primera pregunta es ¿Cada vez te está costando más trabajo escribir?
Ray Loriga
En ese momento, sí. Esa no es tanto una reflexión sobre la escritura en sí, sino una reflexión sobre la construcción de una ficción entera, digamos que pase por novela o cuento, la construcción de una ficción independiente en la que uno crea lo suficiente como para llevarla adelante. Tuve la sensación, en cierto momento, de ser como un mago que sabe que tiene un conejo en la chistera. Que ya no se fía del asombro del público, sino que desconfía de su trampa.
Carlos Dávalos
Entonces te referías a la ficción pura y dura específicamente.
Ray Loriga
Sí. Y también tenía una cuestión de crisis entre la ficción y la metaficción. En ese momento, como escritor, no como lector, veía dos caminos y los dos me producían cierto desánimo. El de la ficción inocente, es decir, aquella en el que uno cree en lo que está haciendo y lo construye. Y el otro, que es una tendencia muy interesante y que ha dado frutos muy buenos: Bolaño, Vila-Matas, Piglia, César Aira, toda esta literatura que yo he leído mucho también y que habla de la ficción consciente, es decir, que el escritor todo el tiempo sabe que está hablando de la ficción. En ninguno de esos dos caminos, a mí personalmente – como lector sí, pero como escritor no –, me daba la esperanza suficiente como para lanzarme a ello.
Carlos Dávalos
¿Encontraste la forma de salir de ese embrollo?
Ray Loriga
Estoy en ello. Escribiendo.
Carlos Dávalos
¿Rodrigo Fresán te respondió esa carta ficticia?
Ray Loriga
Esa carta en realidad nunca fue una carta. Fue escrita a raíz de varias conversaciones telefónicas a altas horas de la madrugada hablando de todo esto ¿no?, de la posibilidad de ficción. Y de una enfermedad que creo que a todos los escritores, a casi todos, nos alcanza en algún momento, que es el desánimo de nuestra propia literatura.
Carlos Dávalos
Este último libro es un híbrido que tiene tanto de ficción como de no ficción, que por un lado tiene artículos, impresiones y opiniones tuyas sobre alguien o algún determinado tema.
Ray Loriga
Yo quería eliminar casi todos los artículos de opinión pura, es decir, aquellos que identificamos con la opinión política, social, moral, etcétera. Y estos artículos son más de reflexión sobre el trabajo de los demás, sobre la naturaleza del arte, sobre la fotografía, sobre el cine. Me parecía que eran menos perecederos que los artículos de opinión política, por ejemplo, porque las situaciones cambian tan rápido que publicar un artículo sobre un candidato desaparecido ya en combate tiene un interés muy relativo. Entonces intenté guardar los que me parecía que trataban temáticas menos actuales, menos inmediatas y más estables.
Carlos Dávalos
Al leer el relato largo Virginia se enamora tuve la impresión de no estar leyendo al Ray Loriga de siempre. Por un lado trabajas personajes que están bastante alejados de ti en apariencia y, por otro, no hay ese carácter sentencioso que solía haber en tus anteriores libros, sobretodo en los primeros.
Ray Loriga
He sido, a veces, víctima de mis propias sentencias (risas). En esa evolución de escritor he intentado huir de ello. No es porque no me guste personalmente algo que ya utilicé antes, eso de la frase redonda, el aforismo, todas esas cosas que han sido parte de mi estilo. Ya hace tiempo que he intentado otra cosa, en mi libro anterior El hombre que inventó Manhattan también lo intenté. De hecho estos personajes de Gini y su amiga, que a veces es su prima y a veces es su hermana, han reaparecido varias veces en cosas que he escrito. En el hombre que inventó Manhattan hay dos hermanas, una que es una periodista y pertenecen al mismo tono. Dos adolescentes burguesas de buena familia, que tienen pequeños problemas que para ellas son inmensos, que son estos problemas sentimentales y que hablan de ellos. Son personajes que su lado humorístico está muy marcado.
Carlos Dávalos
¿Tú crees que la edad tiene que ver en ese sentido, ya no hay esa misma espontaneidad, tal vez, para sentenciar? ¿Los años no pasan en vano?
Ray Loriga
Sí, tenía que ver con mi inocencia, también. Pensar que con una frase puedes cerrar algo, un tema, un círculo. Ya te digo que no es algo que me reproche tampoco, pero tampoco pretendo seguir haciéndolo. Siempre he sido muy consciente de escribir desde el sitio en el que estaba, es decir, creo en la literatura como una crónica directa desde la trinchera de donde uno está. Cuando escribía a los veinte años, sabía que un libro como Héroes sólo se puede escribir a esa edad. No hubiera tenido ningún sentido escribir ese libro a los cincuenta. Nunca quise ser un escritor de cincuenta años a los veinte, pero también he tenido cuidado en no ser un escritor de veinte años a los cuarenta. Son dos cosas muy diferentes.
Carlos Dávalos
Algo así como lo que decía Kurt Cobain, ¿no? Eso de que no le gustaría llegar a la edad de Pete Townshend y seguir tocando My generation.
Ray Loriga
Yo estoy muy de acuerdo con eso y la gente que más admiro ha evolucionado en ese sentido. Bob Dylan no se pasa la vida cantando proclamas libertarias de los años sesenta. Yo creo que cuando tienes la suerte o la desgracia de empezar a trabajar muy pronto, de darte a conocer muy temprano, te toca crecer delante de los demás, y creo que hay que ser responsable de ese crecimiento. No en un sentido de evolución o maduración como mejora. No considero que sea mejor lo que escribo ahora que lo que escribía hace veinte años, simplemente se corresponde a mi situación actual, como la anterior se correspondía a la persona que era entonces.
Carlos Dávalos
¿Escribes mejor desde la estabilidad emocional o la inestabilidad es a veces más creativa?
Ray Loriga
Yo tengo la teoría que es contraria a la del escritor maldito y perturbado, que se escribe mejor desde la felicidad, incluso cuando se escribe sobre la infelicidad. Creo que la inestabilidad es algo de lo que se saca mucho material, y el dolor, el desengaño y los momentos más bajos producen un material, pero que yo no puedo utilizar normalmente hasta que no estoy mejor. Lo primero que escribí sobre el 11 de septiembre fue mucho después. En aquel momento no era capaz de reaccionar ante eso. Igual, sea lo que sea, un desengaño amoroso, una situación difícil, cualquier bajada a esas simas te produce un efecto que para mí es utilizable luego en una situación mejor. Desde la locura, el dolor, me cuesta mucho tener el ánimo, simplemente el ánimo de escribir. Ahora, también es cierto que sin pasar por esas situaciones es difícil escribir algo.
Carlos Dávalos
Hace algunos años apareció una antología de escritores iberoamericanos en la que aparecías tú y que llamó mucho la atención desde el título: Mcondo. Un libro que pretendió ser una especie de diatriba contra el realismo mágico y al Macondo de García Márquez y que nació en Latinoamérica con escritores como el propio, Fresán, Alberto Fuguet, entre otros.
Ray Loriga
Eso nació en su día, de varios viajes que hice por aquel entonces a Hispanoamérica y de la toma de contacto con escritores como Alberto Fuguet, Rodrigo Fresán o Sergio Gómez. Ya ellos conocían mi obra, y yo la verdad es que no sabía de la existencia de esta generación de escritores hasta que llegué ahí. De mi contacto directo con ellos nace una sensación de que a ambos lados del océano, estamos tratando, no de enterrar, pero sí de sobrevivir a ciertas tradiciones literarias que nos habían marcado violentamente y que habían, de alguna manera, cercenado la posibilidad de una progresión generacional natural. El boom latinoamericano o la generación de los cincuenta en España parecía que era un freno de lo siguiente. Y con todo el respeto que teníamos todos por los escritores del boom, cada uno con sus preferencias –yo siempre he sido más de Cortázar y de Rulfo que de García Márquez– se hizo esa antología. Y es que la presencia de García Márquez como marchamo de todo un grupo de escritores radicalmente diferentes, que poco o nada tienen que ver el uno con el otro, y no hablo de niveles de calidad, sino de distintos estilos, no tenía lugar. Borges es radicalmente distinto a García Márquez, Cortázar es muy diferente a Borges, Juan Rulfo, que es un poco el origen del realismo mágico, es un escritor aparte. Pero yo creo que el concepto “realismo mágico” se instaló en el imaginario crítico y popular, sobretodo como definición de una literatura que no afectaba necesariamente la Ciudad y los perros de Vargas Llosa, por ejemplo, o a otros escritores que vinieron inmediatamente después como Bryce Echenique. Supongo que el peso que esos escritores tuvieron aquí, no fue tan grande como el que tuvieron allá en América Latina.
Carlos Dávalos
¿Estuviste de acuerdo con aquel prólogo?
Ray Loriga
Nunca necesité de una reacción tan virulenta, yo no necesitaba del prólogo de alguna manera, no necesitaba subirme contra nadie, encima de nadie o debajo de nadie, sobretodo de escritores que admiro. Nunca he tenido, tampoco, esa sensación rupturista. Yo aquí no he escrito nunca contra Marsé, o contra Ángel González, no he escrito contra Gil Biedma. Pero tampoco he escrito contra Javier Marías o Pérez Reverte, de hecho somos amigos. Yo me he visto más en una línea de respeto, admiración y lectura de mis escritores anteriores y posteriores. Otra cosa es que tú escribas de otra manera. Pero quizá para ellos era más necesario eso de matar al padre, yo no tenía muchos padres a quien matar, la verdad.
Carlos Dávalos
En alguna entrevista dijiste que tú siempre quisiste emular un poco la vida de alguno de tus autores favoritos como Kerouac o Bukowsky. ¿Siguen siendo ellos tus escritores predilectos?
Ray Loriga
Siempre hay un cariño para los escritores que te forman inmediatamente. Pero mucho antes de Bukowsky y de Kerouac estaba Baroja y Unamuno, Teresa de Jesús y el Lazarillo de Tormes o el Quijote. En verdad mi formación real ha estado dada por literatura española. Curiosamente luego se me ha acusado de escritor extranjerista, pero mi ADN literario, que me cogió desprovisto de defensa cuando empecé a leer, fue la literatura española, desde el Siglo de Oro hasta la generación del 98.
Carlos Dávalos
Sin embargo cierta crítica te acusó justamente de eso, de tomar referentes de fuera.
Ray Loriga
La gente se olvida cuando habla de eso, incluso para bien o para mal. Cuando se me catalogó, para bien, como el primer escritor de una generación que salía al mundo, que conocía el mundo, que tendía a la evolución de ciertas vanguardias narrativas extranjeras que no habían permeado es poco justo, ahí esta Ramón J. Sender y otra gente que conocía toda la evolución de la literatura, el Nouveau Roman tiene influencia en Carmen Laforet. Eso había permeado por muchos lados, lo que pasa es que a veces se hace una crítica un poco rápida.
Carlos Dávalos
¿Te dolieron un poco esas críticas?
Ray Loriga
No porque muchas veces era para bien. Muchas veces era como “por fin un escritor que parece que ha leído a Kerouac”. Estamos hablando de una revolución beat de los años cincuenta. Yo escribí mi primer libro en 1991, no estamos hablando, tampoco, de una vanguardia, sino de algo que ya había pasado.
Carlos Dávalos
Algo similar ocurrió con los escritores de tu generación en América Latina, sólo que a ellos se les acusó de frívolos, de ligeros por no tocar los grandes temas sociales o políticos en un continente con tantas diferencias sociales como las que existen en Latinoamérica. En aquel prólogo de Mcondo decían prácticamente, no literalmente, pero algo así como: “Bueno, sí, somos burgueses y tocamos temas personales que nos afectan directamente”.
Ray Loriga
Para empezar todas las revoluciones o intentos de revoluciones han sido burgueses porque hay que tener tiempo fuera de la zanja para pensar en algo. El marxismo, que es la revolución obrera por excelencia, es una revolución burguesa. Su formación ideológica es burguesa, Marx y Engels son personas pensantes con la capacidad de meterse en una habitación y soñar con una idea. Evidentemente hay muy pocas revoluciones verdaderamente obreras. Se utiliza al pueblo luego como misión para la revolución, pero muy pocas nacen de esa extracción, pero primero por una cuestión de capacidades, es decir que una persona que se ha pasado la vida con una pala en la mano difícilmente le va a quedar tiempo para pensar en nada. Desgraciadamente todas las revoluciones son burguesas y las pequeñas revoluciones como esta literaria, también.
Carlos Dávalos
Alberto Fuguet, que como tú ha pasado de escribir novelas a dirigir películas, me dijo en alguna ocasión que cada vez le interesaban menos los congresos literarios y más los festivales de cine porque mientras que en los congresos, por lo general, el resto de escritores no ha leído tu última novela, en los festivales todos han visto tu última película…
Ray Loriga
Los escritores somos mucho más egoístas y miserables que los directores de cine, en el sentido de que los cineastas nos necesitamos unos a otros más, porque todos trabajamos con equipos muy grandes, entonces tenemos un intercambio ya no sólo de ideas, sino práctico. Por ejemplo si yo conozco a una actriz y tengo más acceso a ella que otro director, me va a llamar y me dirá que tiene un guión y que si se lo puedo pasar. O nos mandamos o pedimos consejos como preguntar por algún director de fotografía, o por algún equipo. Digamos que compramos más en la tienda del otro. Nos necesitamos más los unos a los otros.
Carlos Dávalos
¿Hubo un momento en el que decidiste ser escritor, hubo algún hecho en particular que te movió a convertirte en escritor o siempre supiste que lo serías?
Ray Loriga
Yo creo que desde que empecé a leer en serio en el colegio siempre tuve la sensación de que quería participar en esto. La sensación de que el mundo no se reduce a la experiencia inmediata, sino de que hay otros mundos y otras ventanas que la literatura te ofrece, que uno puede estar aquí leyendo a Homero o leyendo a Ballard, leyendo el Moby Dick de Melville y participar ya no sólo en otros mundos físicos, sino en otras experiencias vitales, esenciales, y en otras ideas que superaban con mucho la experiencia diaria. Esa sensación ya la tuve en el colegio, es decir, no puede ser que mi vida se reduzca a cuarenta personas metidas en un aula y que por mis ventanas sólo se vea lo que se ve aquí, sin la posibilidad de tener otras ventanas.
Carlos Dávalos
¿Recuerdas lo que sentiste cuando tuviste tu primer libro publicado en tus manos?
Ray Loriga
Mucho intento acordarme de vez en cuando porque la vida te lleva por unos derroteros en los que dejas de valorar lo que tienes, ¿no? A veces intento acordarme de eso, o de la primera vez que tuve un libro traducido. En aquella época yo pensaba que simplemente con publicar un libro iba a ser yo la persona más feliz del universo, porque es el sueño de todo escritor, hay muchos escritores que jamás ven su obra publicada. Fue una emoción inmensa, y en mi caso, con mi primer libro ya fui reseñado en El País, el Mundo, ABC. Así que me convertí en un escritor real bastante rápidamente. Y a veces intento acordarme de eso, sobretodo en momentos de bajón y depresión, de cuando tenía cien o doscientas hojas y las mandabas a una editorial para que la leyeran. |