Sumario. Cómic y novela gráfica
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Modotti: una mujer del siglo XX

Ángel de la Calle

 

 

Ángel de la Calle (Molinillo de la Sierra, 1958), asturiano nacido en algún lugar de Salamanca, comienza su carrera a finales de la década de los 70 en la revista Star. En la subsiguiente década de los 80 su trabajo aparecerá de forma regular, en cabeceras autóctonas como Bésame Mucho, Rambla, Zona 84, Comix Internacional o en El Víbora, y en foráneas como la sueca Tung Metal, la francesa Fantastik o la norteamericana Heavy Metal. Durante la complicada década final del pasado siglo alterna sus esfuerzos en el campo del cómic con el diseño gráfico y la ilustración realizando, por ejemplo, el storyboard de la película de Gonzalo Suárez El lado oscuro o material didáctico como la tira Contra el ruido. Su obra más ambiciosa es, Modotti una mujer del siglo veinte, la biografía de la fotógrafa y activista política Tina Modotti, que completa con el segundo tomo en 2005, nominado como mejor obra y mejor guión en los premiso del Salón de Barcelona, y Premio de  la Crítica en 2005. Es responsable de las actividades de cómic de la Semana Negra de Gijón de la que es organizador desde hace 20 años.

 

ModottiMi enamoramiento de Tina Modotti y posterior seguimiento de la mujer y la obra sucedieron como lo cuento en la biografía publicada en la madrileña editorial Sinsentido. Editada en dos volúmenes, el primero en 2003 y el segundo en junio del pasado 2005, bajo el título Modotti, una mujer del siglo XX.  Agotadas ésas ediciones se reeditó en un volumen único en la primavera de 2007.

No podía contar la vida de la fotógrafa, nacida en Italia en 1896, sin contarme a mi mismo. Por ello utilicé, para narrar los avatares de la bella emigrante en el San Francisco de los años veinte, una técnica de vanguardia en la narrativa actual: la vertiente autobiográfica, donde  el narrador  se expone y  muestra su implicación en lo contado. Ante el aparente descrédito en que ha caído la ficción es una buena estrategia para no permitir que el lector olvide que lo se narra es real y por tanto necesitado de su compromiso activo.

Leer la historia de Tina en mi versión es, también, acompañarme en la búsqueda de su persona, de los sorprendentes hechos que marcaron su vida y de los aconteceres, más normales, que rellenan la mía y que, supongo, condicionaron la realización del libro.

Descubrí a Tina Modotti en la autobiografía de Pablo Neruda, aquel inolvidable Confieso que he vivido. Lo sé ahora, entonces su nombre y lo que de ella contaba el poeta chileno no dejó huella ni recuerdo en el adolescente de los años setenta que yo fui.

Hubo de ser en un programa de televisión que me enteré que la cantante Madonna había pagado una considerable cantidad de dólares, en una subasta, por un retrato fotográfico de Tina Modotti, tomado por Edward Weston. Un capricho de neoyorquina rica, pensé.

Algunos años después, en otra subasta en Sotheby’s, la empresaria y feminista Susie Tomkins, pagó 165.000 dólares, el precio más alto de la historia, por Rosas, una fotografía de la propia Tina Modotti.  Tomkins, la utilizó para la campaña publicitaria de aquella temporada de su marca de ropa deportiva Esprit.

Tina había sido, en los primeros años veinte, protagonista de cuatro películas en el Hollywood del cine mudo. Sólo he visto The tiger’s coat. Les aconsejo que si la ven no pierdan detalle de Tina, el resto es prescindible. De las otras tres no existe huella fiable.

Antes que actriz, Tina había sido trabajadora textil, modelo y amante del poeta y pintor Robo de L’ Abrie Richey que la introdujo en el burbujeante mundillo cultural de Los Angeles de finales de la década del diez del pasado siglo.

En mitad de la relación  con Robo, conoció al fotógrafo Edward Weston y con él acabaría trasladándose a Ciudad de México en 1922. De Weston, el dios del formalismo, el otro gallito del corral fotográfico americano junto a Alfred Stieglitz, aprendió fotografía. Y cómo la aprendió.

Fotógrafa profesional en México, sería modelo, fotógrafa de los murales y amiga de Diego Rivera, de  Orozco, de Sequeiros, de la jovencita Frida Khalo y del general de la revolución Manuel Galván.

Por su casa pasaban John dos Passos, Alexandra Kollontai y Cesar Augusto Sandino. Rene de H’arnoncourt y Katherin Anne Porter la visitaban. Fotografiaba a Dolores del Río y a Antonieta Rivas Mercado. Y a mujeres y niños anónimos y a flores y plantas y a campesinos con y sin sombrero. Y fue pareja del muralista Xavier Guerrero que la introdujo en el comunismo y en el Partido. Y se enamoró de Julio Antonio Mella, el fundador del Partido Comunista Cubano, que murió tiroteado en sus brazos una noche fría de febrero.

Y fue sometida a juicio y expulsada de México. Y era  disciplinada y activa militante del Partido Comunista Mexicano y conoció a un tal Enea Sormenti, alias Vittorio Vidali más tarde Comandante Carlos del Quinto Regimiento en la España de la guerra civil.

En su marcha se detuvo en Berlín, allí tomó sus últimas fotografías, mientras los camisas pardas se iban haciendo, legalmente y a puñetazos, con el poder. Desolada, se fue a Moscú. Ya convertida en activista de Socorro Rojo Internacional, vivió en pareja con Vidali. Del que decían que tuvo algo que ver con el asesinato del cubano Mella, amante anterior de Tina.

La Modotti fue agente del Comintern. Y llevó dinero para sacar presos de las cárceles nazis, ayuda para los trabajadores en huelga y atención para los huérfanos que el capitalismo salvaje iba dejando a su sombra. Actuó como delegada  de SRI en París. Cuando estalló la revolución asturiana de 1934, intentó entrar en España para ver qué se podía hacer. No lo logró. Regresó a la URSS. Al irrespirable país de los sueños rotos y las purgas endemoniadas.

Y vino a España. Desde Madrid se trasladaba a Asturias, la derrotada, la repleta de muertos, presos y hombres exilados. Vino a traer ayuda, en el duro 1935. A contactar y mimetizarse (ella, la modelo profesional, la actriz de Hollywood) con las mujeres y los hombres que mantenían las organizaciones de clase, declaradas fuera de la ley por el gobierno del Bienio negro.

Y combatió en la Guerra Civil, como ella sabía, desde un hospital. Encargándose de los heridos y los niños. De esos niños que ella no podía tener y que veía llegar destrozados por las bombas franquistas. Y trabajó con los intelectuales. Con Alberti, Machado, Maria Teresa León, Neruda, Hernández, Connie de la Mora y tantos otros. Y escribió en la revista de Socorro Rojo, Ayuda.

Y hubo de exilarse en el único país al que no quería volver: México. Y allí sobrellevó sus últimos tres años. Junto a pocos amigos. No volvió a coger la cámara de fotos.

Salía de la casa de  Hannes Meyer, el  exilado arquitecto director de la Bauhaus, la noche que, en la parte de atrás de un taxi, la sorprendió la muerte en forma de un improbable ataque al corazón.

Los periódicos trotskistas dijeron que había sido un ajuste de cuentas estalinista.

Se la enterró en la parte más pobre del Panteón de Dolores en la Ciudad de México, pero su piedra funeraria lleva grabados los primeros versos del poema que le escribió Pablo Neruda.

Y luego el silencio y el olvido, durante más de veinte años.

El Museo of Modern Art de Nueva York y el Museo Eastman tienen, junto a los museos mexicanos, las mayores colecciones de sus fotografías.

Esto, mezclado con mis primeros conocimientos sobre la revolución asturiana del 34, allá por el año 1976, gracias a la temprana amistad con el escritor e historiador Paco Ignacio Taibo II. Y nuestros vagabundeos por los hoteles de las ciudades donde vivió Tina. Y nuestra historia generacional, entremezclada con la de la Semana Negra, el festival multicultural español más conocido del mundo, y las opiniones sobre los otros biógrafos y biógrafas de Tina, y la poesía, que nos encanta, y el placer de narrar lo encontrado o lo entrevisto.  Eso es lo que cuenta Modotti, una mujer del siglo XX. Y no podía faltar en el libro la pregunta esencial ¿porqué Tina Modotti dejó de hacer fotografías un buen día de 1930 y nunca más quiso tomar una cámara en sus manos? ¿Qué hace que los artistas abandonen el arte cuando adquieren compromisos políticos?. A eso trato de dar respuesta desde mi experiencia personal.

Tiempo después de editado el libro, me llamó una historiadora italiana, que investigaba la vida de Tina en la Guerra Civil, tras buscar en la Biblioteca Nacional, resultó que el único libro sobre Tina Modotti realizado en España era este y que como estaba tan documentado pedía permiso para utilizarlo como fuente y orientación en su trabajo.

Y saben qué, que estamos hablando de un cómic.

Sé que soy parte interesada, pero créanme, vayan a una buena librería y cómprenselo. Tanto si leen cómics como si no, les va a gustar, creo.