Sumario. Cómic y novela gráfica
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Del tebeo a la novela gráfica

Luis Garcia

 

From HellTengo que decir por delante y en mi descargo, que no soy un especialista en el comic, ni tan siquiera en la novela grafica, concepto que escuché por primera vez a raíz de la lectura de Contrato con Dios de Will Eisner (sí, como tantos otros). Novela que a su vez me había prestado con cierta carga de entusiasmo adolescente un buen amigo riojano (quiero hacer hincapié en lo de adolescente, porque ambos ya peinábamos canas entonces, y aunque habíamos sido devoradores de tebeos o cómics jamás nos habíamos encontrado con nada parecido a la obra maestra de Eisner).

Tengo que decir, pues, que me cuesta mucho diferenciar un buen cómic (léase Corto Maltés) de una buena novela grafica. Diré en su descargo que siempre consideré al Hugo Pratt de La balada del mar salado antes novelista que dibujante o guionista. Exactamente hasta que optó por hacer caso a los cantos de sirena y escribir la historia que le dio la fama de forma novelada tradicional.

Flash GordonY tengo que decir que, a pesar de haber sido consumidor compulsivo de cómics o tebeos (prefiero este último término, me resulta más familiar y cariñoso) en mi adolescencia y juventud, que a pesar de haberme leído Wachmen y V de Vendetta, de Alan Moore, Muñoz y Sampayo, de Alack Sinner, El Príncipe Valiente, de Harold Foster, o el propio Batman, de Frank Miller (sí, el mismo de Sin City), nunca me había encontrado en mi camino con From Hell, hasta que me lo descubrió y recomendó Paco Taibo II en la reciente Semana Negra de Gijón (algo que no acabo de comprender dada mi por entonces admiración por Alan Moore), ni con Palomar, obra coral y misteriosa firmada por Beto Hernández, que recuerda demasiado al realismo mágico de García Márquez, o el extraño universo “simpsoniano” de Ice Haven (¿me van a negar que no mantienen serias similitudes los actores de esta ultima novela grafica de Daniel Clowes con los que configuran el surrealista universo de Bart Simpson...?).

Pero ciñéndonos al contenido de este monográfico, del que sin duda los lectores y editores encontrarán muchas carencias, no es nuestro objetivo otra cosa que intentar acercarse a un género a menudo denostado y hoy sobrevalorado, quizás por esa fascinación creativa que se les supone tanto a novelistas como guionistas o ilustradores. ¿Tiene la misma consideración un ilustrador que un dibujante?, me he preguntado a menudo. La Novela grafica, por fin, ha conseguido salir de su ostracismo, y a ello ha contribuido tanto que se le haya otorgado el Putlizer a un cómic como Maus, de Art Spigerlman, obra que dentro de una revolución creativa en perpetuo movimiento se nos muestra revulsiva y exigente a partes iguales, como que se colara en los suplementos literarios de cualquier país. Maus se había ganado las espuelas de oro con todos los honores.

El Príncipe ValienteLentamente, estaríamos elaborando así un canon de la novela grafica, del cómic, del tebeo. Y de autores, como no. J. Tardi, Eddie Campbell, Stan Lee, Will Esisner, Ángel de la Calle, Santiago Valenzuela, Carlos Giménez, nuestro entrañable Giménez de Paracuellos, Alan Moore, Frank Millar, Spigerlman... Y aun  a riesgo de ser criticado y ridiculizado a partes iguales, no puedo sino incluir en él la magna obra literaria de Harold Foster, maestro entre los maestros, para dibujantes, guionistas o escritores. Cierto es que El Príncipe Valiente tiene en su contra que nació en forma de “tiras” dominicales en un diario norteamericano, lo que de por sí le configuraría escasa entidad narrativa.  Pero créanme, la tiene. Vaya si la tiene. Las andanzas de Val, de la princesa Aleta y de su hijo Arn, han sido ejemplares literariamente y han ayudado a mantener vivo el mito artúrico por encima de reminiscencias telúricas tan en boga hoy en día. Y enlazando con estas, Corto Maltés se nos presentaría en los años setenta y ochenta como un Príncipe  Valiente moderno, desordenado, un poco maleante y algo hipócrita. Justo lo que demandaba la sociedad en los héroes o antiheroes. Con él, acababa de nacer una estrella novelística que no acaba de cuajar inexplicablemente en un Hollywood tan necesitado de imaginación.

El cómic, el tebeo, la novela grafica, daría un espectacular vuelco en su discurso narrativo con la inicialmente mencionada Contrato con Dios del creador de The Spirit, Will Eisner. Una obra dura y atormentada, tanto como sus protagonistas. La realidad social de un mundo que se desmoronaba saltaba de la pantalla a la viñeta y esta se convertía en arte. En pura literatura. Y, más recientemente, experimentos interesantes como la adaptación por parte de David Mazzuchelli y Paul Karasik de Ciudad de cristal, de Paul Auster, o Poema en viñetas, de Dino Buzzati, han vuelto a acercarnos a un género literario que tuvo que ganarse los galones con sudor.

Sólo me resta decir que no existe tebeo, cómic o novela grafica. Existe literatura. Sólo literatura.