| Poética
Por alguna inexplicable razón, cada vez que alguien me pregunta por mi poética, me dan ganas de vestirme de tratante, traje a rayas y vara en mano, sentarme en una silla de enea y empezar a echar cuentas sobre el polvo del camino. Nunca he tenido muy claro qué responder a esta pregunta, a este misterio que huele a incienso y a autobombo podrido. Como los hay más curtidos que yo, y más viajados, y, sobre todo, más entrevistados, pregunté entre mis ilustres amigos. Hubo respuesta para todos los colores, y el que no me habló de referencias me mentó a las corrientes, y de las corrientes pasamos a mares, y de mares a océanos. Inevitables siempre. Uno de ellos, el señor K, el más poeta de todos – obligatorio no ser el más conocido- me habló de mi lugar en la literatura. La imagen tenía su sustancia. La literatura como un mapa de lugares en los que algunos, no todos, tienen su sitio. Por ahí sí íbamos bien; ese era mi hilo.
Me gusta creer que ese lugar existe, y que es distinto y cambiante según sea el inquilino. Mi poética sería un ático airoso, bien iluminado, con cañerías y tejas en óptimas condiciones. Un lugar en el que escribir sea, al pintar, lo más parecido. Cuando me mudé a mi ático, y con los bastidores apoyados en la pared norte, descubrí que los muebles eran palabras, y que con la tapicería adecuada, podía sentirme muy a gusto. Palabras serias o juguetonas, contundentes o etéreas, esmaltadas y turbias; cabían también las palabras que se inmolan en hara- kiris. Comencé a trabajar. El claroscuro. El puntillismo. La abstracción y el hiperrealismo. La poesía, la novela, la columna de opinión y la crítica literaria.
Mi lugar es ese ático, pero, como sus paredes no son la patria de quien hizo de su trabajo exhibicionismo, perdónenme que no les indique la dirección exacta; el santo y seña de mis vecinos.
Existe. Mi lugar en la literatura. Mi casa de tinta invisible.
Inés Matute
Entrevista
Un vistazo al currículum de Inés Matute, bilbaína de cuna y mallorquina de residencia desde hace dos décadas, nos informa de sus estudios de Bellas Artes, Idiomas y Turismo en la villa de Bilbao, seguidos de una época dedicada de lleno a las artes plásticas como pintora y directora comercial de una galería de arte. Sin embargo, hace diez años decide cambiar los pinceles por las teclas del ordenador y comienza una nueva etapa volcada de lleno en la literatura. De esta actividad, conocimos sobre todo su labor periodística en revistas electrónicas tales como www.espacioluke.com , de la cual es directora, y también en medios en papel, como la edición de Baleares del diario El Mundo. Leyendo estos artículos, era fácilmente deducible que la novela habría de tentarla, como efectivamente ha sucedido. Por fortuna para todos, la editorial canaria Baile del Sol acaba de publicarle Autorretrato con isla, su primera novela, el relato autobiográfico de una mujer, Claudia Mentxaka, que se refugia en un rincón olvidado de las islas Canarias tras varios años de militancia en ETA, y realiza, dentro de una trama de tráfico de armas, un expuesto viaje a Yugoslavia en los meses anteriores al conflicto de 1991. El relato recoge su confesión autobiográfica, integrando fragmentos de un diario y las cartas que, tratando de romper su aislamiento, comienza a enviar a Lola, una artista conceptual con la que entra en contacto a través de Internet.
Jesús Aller
La novela trata momentos históricos clave de la historia reciente: el terrorismo de ETA, la vida en el bloque socialista, la guerra de la ex-Yugoslavia... Claudia pasa a través de todo ello dejando jirones de su piel, para recluirse al final en una isla en soledad casi completa. De esta forma, el relato se desenvuelve inevitablemente en dos planos, el del recuerdo, pleno de acontecimientos, que va reconstruyendo la historia que ha llevado a Claudia hasta allí, y el de la vida en la isla, mucho más sosegado. El lector siente la tensión de estos dos niveles, el del pasado y el de la cotidianeidad, y espera el desenlace, que a mi juicio ha de señalar simbólicamente las posibilidades que todos tenemos de superar lo que ha ocurrido en la historia reciente. No quiero contar el final de la narración, pero mi impresión es que deja traslucir una visión muy desesperanzada sobre la situación actual del mundo y el tiempo en que vivimos. ¿Qué piensas de esta interpretación “en clave” y simbólica que me he permitido hacer de tu novela?
Inés Matute
Creo que aciertas. Mi visión actual del mundo es pesimista, pero no porque yo lo sea por naturaleza, sino porque la realidad objetiva es desalentadora. Volviendo la vista atrás, vemos que una guerra tapa a la anterior y a la vez es el preludio de la siguiente; en medio, víctimas, verdugos y un buen puñado de seres, como Claudia, que ya no saben cuál es su papel en la historia, cómo moverse en un mundo que les rechaza y que inevitablemente se ensaña con los vencidos. En mis textos siempre aparece el desarraigo, la incertidumbre, un profundo sentimiento de indefensión y la sensación de descenso con que se anuncia la muerte. Ahí están las preguntas clave, esas que todos nos hacemos antes o después. Y la prisa, la prisa por vivir en mitad del caos, mirando hacia otro lado e ignorando todo el sufrimiento que empapa la vida. Imagino que Claudia representa, con bastante exactitud, a todos aquellos que encontraron en la lucha armada un sentido a su existencia, y que una vez abandonada ésta se ven obligados a reinventarse, a renacer de sus cenizas. Pienso que deben sentirse terriblemente solos y culpables, aunque tal vez no arrepentidos.
Jesús Aller
¿Cuánto hay de Inés Matute en Claudia Mentxaka, la protagonista de tu relato?
Inés Matute
La primera novela de todo autor suele tener, inevitablemente, tintes autobiográficos. Yo comparto con ella varias cosas: un vínculo personal con la ex Yugoslavia, a la que viajé justo antes de que estallase el conflicto, una liaison que se mantiene viva dado que aún me escribo con las personas con las que viví aquel momento y que hoy se encuentran desperdigadas por medio mundo, sufriendo el exilio en sus carnes. También participo de sus escozores personales, de su sentimiento de impotencia y ajenidad, de su incurable extranjería interior. Comparto con mi personaje una memoria fragmentada y un alma como una lista de lugares en los que buscar refugio; el desamarre, el desengarce de la realidad – los escritores vivimos en mundos paralelos, como hace ella a través de sus cartas- y la elección de una isla como lugar de residencia. Una isla que puede ser una transilvana horrorosa, un puño de tierra poblado por extranjeros, eternos aspirantes a dejar de serlo, pero también un paraíso, si se es capaz de soportar sus carencias. Y algo clave: la sensación de que mi verdadera identidad ha sido borrada, una y mil veces, por las circunstancias.
Jesús Aller
Cuenta a nuestros lectores qué van a encontrarse en la novela.
Inés Matute
Una primera persona muy cercana, mostrada en su intimidad y metida en vericuetos existenciales. Saltos en el tiempo, analepsis y prolepsis que nos dan pistas y nos adelantan elementos de la trama. Listas. Listas de las cosas que Claudia poseía hace años y que ya no tiene ni tendrá; incluso hay una lista de palabras como ecos muy lejanos. Hay descripciones de personas según el léxico que emplean, y también hay descripciones de lugares a partir de conceptos. Hay un puñado de marcas comerciales, que representan las migas del pan con las que el Pulgarcito- etarra intenta salir del abismo. También hay trenes, locomotoras que viajan en el tiempo y en el espacio, desde el bloque del este al capitalismo más atroz. Hay una noción del comunismo como brecha de la no- existencia, y un nacionalismo malentendido que justifica el terrorismo de una manera muy pobre. Hay conversaciones y cartas o e mails que son perchas en las que cuelgo mis ideas, mis paradojas, y alguna que otra historia secundaria que podría funcionar por sí misma como cuento independiente. Un buen collage de secuencias dispares, como ves, que, sin embargo, no aturde ni confunde al lector. Al contrario: le engancha y le obliga a hacerse preguntas.
Jesús Aller
Arte y literatura, pintura y novela. Son mundos distintos que conoces bien. ¿Qué diferencias y que semejanzas has encontrado entre la creación en un campo y en otro?
Inés Matute
Déjame divagar un poco... Dado que en mis cuadros siempre he rozado la abstracción, mi pintura estaría más cerca de la poesía que de la narración. Para mí, la poesía es una imagen desenfocada de la realidad, mientras que una novela es una película completa, sujeta a un orden lógico en la sucesión de los fotogramas. Alguien objetará que también un cuadro es una polaroid robada a lo real, por más que el significado de lo no-figurativo se nos escape. Pero, ¿qué viene detrás? ¿Cuál es su epílogo? Yo nunca pinté paisajes ni bodegones, pero sí esbozos de figuras humanas, gente retratada de espaldas, sin rostro, siempre en movimiento, sugiriendo la fuga. Curiosamente, recurro a la pintura cuando quiero ser ambigua, no decirlo todo. La literatura, la palabra, satisface un afán personal de concreción. Pienso que a veces hay que contar los hechos sin escatimar detalles, desde varias perspectivas simultáneas, y eso no se puede hacer sobre un bastidor de madera. A cada historia, su soporte, aunque tanto la pintura como la literatura son unos estupendos vehículos narrativos. Yo escojo uno u otro en función del momento, instintivamente. Luego, sólo tengo que dejar que se produzca el hallazgo, cosa que no siempre sucede. Detrás de cada cuadro hay infinidad de bocetos, y detrás de cada buena historia, hay dos o tres abortadas, que no he sabido contar con acierto. En general me interesan todas las artes, todas las formas de expresión sensible.
Jesús Aller
¿Es Autorretrato con isla un viejo proyecto de lenta elaboración o ha resultado más bien de una inspiración más o menos súbita?
Inés Matute
Curiosa pregunta. “Autorretrato” es la tercera versión de una novela que nació como un pesadísimo ensayo sobre la culpa. No me gustó el resultado y escribí “Allegro bárbaro”, una historia centrada exclusivamente en el conflicto de los Balcanes. Mientras la escribía escuchaba, obsesivamente, el Allegro Bárbaro de Béla Bartók, de ahí ese título provisional que ya en su día cautivó a José Luis de Vilallonga. Pero, por alguna razón, una historia de amor y guerra, pese a que tiene su público, me pareció insuficiente, manida. Decidí añadirle otro tema de peso, y ahí entró en juego el perfil terrorista de mi protagonista. Cuando nació Claudia Mentxaka la novela dio un giro, y, entonces sí, la escribí casi de un tirón, como respuesta a un nuevo estado de conciencia.
Jesús Aller
¿Qué escritores puedes reconocer conscientemente que te han influido en la escritura de esta novela o en tu forma de escribir en general?
Inés Matute
Sería muy pedante por mi parte decir que reconozco en mi escritura la huella de los grandes. Tampoco creo que sea yo la persona indicada para decirlo, pero sí te puedo hablar de los autores que admiro y que supongo que, a su manera, me han ido moldeando. Me gustan mucho Kundera, Nabokov, Arrabal, Houllebecq y la locuela entrañable de Zoé Valdés. No hace falta ser un lince para observar que todos ellos se plantean preguntas acerca de la identidad, y que reflejan, de un modo bastante pesimista, “la insoportable levedad del ser”. El destierro y la nostalgia por la patria perdida también son una constante en sus obras, sobre todo en el caso de Valdés, con Cuba, y de Kundera, con Chequia. Ambos ironizan con el significado de la palabra comunismo. Los suyos son mis libros de cabecera, a los que vuelvo una y otra vez, sobre todo desde que descubrí que la nostalgia es la variante dócil de la protesta. La sabiduría reflexiva de Salvador Pániker también me ha acompañado a lo largo de los años, así como unos cuantos libros de Lawrence Durrell y Thomas Mann. La literatura de viajes es otro de mis puntos débiles. Y, por encima de esta sopa de letras y nombres, Cortázar, siempre Cortázar, el gran exiliado. ¿Sabes? Escribir, para él, era una forma de combate con la que me identifico por completo.
Jesús Aller
¿Cómo ves el panorama narrativo actual?
Inés Matute
Como lectora me siento abrumada por la sobreabundancia. Creo que debería editarse de otra manera, evitarle al lector este empacho de títulos, luchar contra la desorientación y la obra mediocre, que nada aporta. Los best seller del momento – templarios, aprendices de brujo, autoayuda y feminismo de baja intensidad- son una auténtica gilipollez, aunque entiendo que la literatura de entretenimiento también es necesaria, y que hay que contentar a todos. Por desgracia vivimos en una cultura fascinada por la rapidez, por la comida fast food, los ligues de usar y tirar, la obra frívola de fácil olvido pero rápida digestión. Me pregunto cuántas de las obras editadas hoy en día sobrevivirán 50 años, qué autores quedarán para la posteridad. Pocos, muy pocos. Como escritora, volviendo a tu pregunta, soy una sardina nadando entre ballenas. Por suerte, mi escritura responde a una exigencia interior, lo cual me mantiene al margen de lo que se cuece entre bambalinas; de no ser así, abandonaría antes de plantearme un nuevo texto.
Jesús Aller
¿Qué planes literarios tienes para el futuro? ¿Hay otras novelas en perspectiva?
Inés Matute
Escribo cuentos y poemas para desintoxicarme de las novelas, que mientras se cocinan se vuelven muy obsesivas. Muy pronto verá la luz “Kalor” un libro de relatos eróticos. Si todo va bien, repetiré con Baile del Sol. Su editor, Tito Expósito, es un estupendo compañero de viaje, luchador, entusiasta y generoso. Recientemente, he comenzado a escribir una novela secuencial sobre el mundo abertzale visto desde dentro. Admito que es un tema que me atrae poderosamente. Y luego... una historia intimista y sorprendente que girará en torno al amor propio. Como ves, no son ideas lo que me falta. Me falta tiempo para poder desarrollarlas de la mejor manera posible, como nos ocurre a casi todos.
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