borde Sumario. Entrevistas.

Javier Arévalo

Javier Arévalo

«Se trata de una novela que, por poco, es fantástica»

Max Palacios

Max Palacios (Chiclayo, Perú, 1972) realizó estudios de Derecho y una Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Mayor de San Marcos. Ha publicado la novela Con el diablo dentro (2001), y los libros de cuentos Amores bizarros (2003) y La culpa la tiene Nabokov (2005).  Actualmente se dedica a la docencia, es director de la editorial independiente Bizarro Ediciones y administra el blog literario www.amoresbizarros.blogspot.com.

 

Javier Arévalo (Lima, Perú, 1965) es uno de los nombres más recurrentes cuando hablamos de narrativa peruana última. Desde la publicación de su libro Nocturno de ron y gatos no ha dejado de ofrecernos una serie de historias donde se recrea parte de nuestra compleja realidad peruana. Ha publicado dos libros de relatos: Una trampa para el comandante (Lima, Mashabajo editores, 1989), y Previo al silencio (Lima, Signo Tres, 1995), así como las novelas: Nocturno de ron y gatos (Lima, Peisa, 1994), Instrucciones para atrapar a un ángel (Lima, Signo Tres, 1995) y  Vértigo bajo la luna llena (Lima, Alfaguara, 1997). El beso de la flama (2001) fue su primera novela publicada en España con la editorial Opera Prima. La reciente publicación de la novela de corte policial Gracias, Señor, por tu venganza (Lima, Planeta Perú 2007), es un buen motivo para acercarnos al escritor y conversar sobre el libro.

 

Max Palacios
Tu nombre empezó a sonar en la década del 90 con la novela Nocturno de ron y gatos, ¿cómo ves aquellos años, ahora que ya ha pasado casi más de una década?

Javier Arévalo
Los veo con nostalgia, como todo hombre que va mirándose en el espejo, más viejo cada día. Yo soñaba con ser escritor, ahora lo soy. Sin embargo, me sorprende descubrir que los temas que me invitan a escribir, los misterios que mi escritura quiere develar, aunque no lo logre nunca, siguen siendo los mismos: entre ellos, la acción, la emoción, esta dimensión en la que el cuerpo siente el mundo, como justificación del sinsentido de la vida.

 

Max Palacios
Poco después, empezaste a publicar textos de literatura juvenil en algunas editoriales del medio, ¿cómo fue esa experiencia de abandonar la literatura de adultos para dirigirte a un público más difícil como el de los jóvenes? ¿Tuvo algo que ver el hecho de que tu hijo llegara a ser adolescente, como en el caso de Fernando Savater?

Javier Arévalo
No abandoné nunca la escritura de novelas para adultos, simplemente exploré y exploté una capacidad: la de contar historias y jugué con diversos géneros. Las dos novelas juveniles que he publicado fueron experiencias reveladoras. Una de ellas la escribí en una semana, la otra me demoró cuatro años. La primera hablaba de un muchacho nacido en el centro de una sociedad putrefacta, hijo de un traficante de drogas y hermano de un pandillero. La segunda era una novela política, en clave de novela de aventuras: un adolescente busca a su padre, que ha sido secuestrado por una banda de paramilitares que trabaja para una dictadura. Cada uno de esas novelas ha sido reeditada varias veces. Han sido muy exitosas entre los chicos de colegio. Y sí, algo de la presencia de Gabriel, mi hijo, ha tenido que ver también. Tener un hijo es como escribir una novela, solo que el personaje y no el autor es quien siempre escribe el final.

 

Max Palacios
Ahora presentas un texto que es tributario de la novela negra y policial. ¿Cuáles fueron tus referentes inmediatos en la escritura de esta novela? ¿Te suscribes a la narrativa clásica policial o prefieres el cinismo y nihilismo de la novela negra contemporánea?

Javier Arévalo
Pues soy hijo de todos los libros que he leído y creo que ese reflejo está en todas mis novelas y cuentos. Si Hammet se filtra en mis textos, también lo hace Dostoivski o lo hace Cervantes, lo mismo Borges que Cortázar. Lo que escribimos siempre es un cocktail al que se suman las demás influencias: el periodismo contemporáneo, el cine clásico, el punk. Yo siempre me he visto como un escritor post punk, así que algo de nihilismo hay también allí: no future.

 

Max Palacios
La historia de la novela Gracias, Señor, por tu venganza gira en torno al tema de un culto pagano en una comunidad lejana del país, un cura del Opus Dei que quiere acabar con ese culto y un escritor periodista que intenta cubrir ese conflicto. Están todos los elementos que hacen atractiva una historia.

Javier Arévalo
Espero que sea atractiva, una de las cosas que quisiera que le pasara a mis libros es que atraiga y seduzca a muchos y distintos lectores. Trabajo siempre en diferentes niveles de interpretación, de modo que el libro es como una cebolla que se pela. Hay quienes llegan solo a la cubierta superficial, y hay otros que son capaces de desentrañar todos los pliegues de sentido que propongo. Obviamente, los lectores tienen además sus propias interpretaciones. Pero un escritor es también su primer lector y su primer crítico y tiene el privilegio, a veces, de exponer lo que él mismo entendió del libro que ha escrito.

Jugamos con el editor a decir que esta novela era un policial, pero también a que es una novela negra. Podríamos haber dicho que es una novela social, pues su argumento contempla una posible denuncia. Aunque también podríamos afirmar que se trata de una novela que, por poco, es fantástica.

 

Max Palacios
En la novela, el protagonista es escritor, periodista y ateo, características que forman parte de tu personalidad, ¿cuánto de ti se ha filtrado en la construcción de ese personaje?

Javier Arévalo
Digamos que este sujeto, llamado Alberto, es un alter ego que se gana problemas en los que yo no he podido meterme en la vida real. Digamos también que él es solo palabras, solo escritura, vive y palpita en las oraciones que lo dejan existir, de modo que todo él es una fantasmagoría. Yo no lo puedo ver, como lo ven algunos lectores, para mi es solo oración, frase, verbo. Y sí, palabras como ateo, escritor, periodista, se suman a los hilos misteriosos del lenguaje que lo conforman y le dan vida.

 

Max Palacios
Por otro lado, hay una crítica soterrada a un sector de la Iglesia como institución, en la figura del cura del Opus Dei que combate la creencia de la comunidad campesina y de los personajes anónimos que persiguen al protagonista.

Javier Arévalo
Es un cura del Opus Dei, ortodoxo, claro está, que asistido por la razón divina, que él cree que le asiste, intenta destruir un culto pagano. La anécdota dice que Cristo bajó del cielo y mató a balazos a un terrateniente y a toda su familia que abusaba y oprimía a los pobres indígenas de una comunidad de los andes del sur peruano, cerca al Cuzco. Estos indígenas, en reconocimiento por el milagro, levantan una iglesia a ese Cristo que se convierte en El señor de la venganza, pues a partir de entonces, la gente que va a rezarle le pide que mate a sus enemigos. Un cura del Opus no puede permitir que se manosea así a “su” Señor y trata, por medios poco santos, eliminar a ese culto. En medio de este enfrentamiento de creyentes aparece un periodista ateo y criticón. No se si con esto ofendo a la iglesia católica. No es mi intención, tampoco me cuido de no hacerlo. Yo creo que las organizaciones tienen derecho a existir: una organización que protege a  los animales, los círculos deportivos, los partidos políticos y las iglesias deben existir. Pero en manejadas por hombres, son organizaciones políticas y mueven intereses económicos y culturales. En consecuencia, no pueden creerse sujetas a leyes divinas: son responsables ante jueces y ante la sociedad por sus actos y opiniones que influyen decisiones políticas. En mi país, la Iglesia Católica intervine directamente en algunos Ministerios del Estado. Y, por ejemplo, boicotea sistemáticamente las campañas de uso de anticonceptivos entre los adolescentes peruanos. En el Perú, cada año se embarazan 100,000 niñas, no porque tengan sexo, sino porque no han sabido como protegerse. Esa es responsabilidad directa de la ineficiencia del Estado para instruir a nuestros niños en sexo seguro y responsable. La Iglesia Católica en mi país hace mucha política, y deben dejarse de creer divinos y discutir de una vez por todas como los hombres.

 

Max Palacios
Finalmente, ¿Cuáles son los nuevos proyectos que emprenderás en el 2008 aparte del proyecto Recreo que ya has venido desarrollando este año?

Javier Arévalo
El proyecto Recreo es una organización de escritores, periodistas, historiadores, profesores, dedicada a promover el desarrollo humano haciendo posible que los niños del Perú desarrollen sus capacidades no solo para leer, comprender y criticar un libro, sino también para entender, criticar y recrear el mundo en el que viven. Continuaré el próximo año en esta tarea. Voy a iniciar la reedición de mi libros, en principio Nocturno de ron y gatos saldrá con Planeta, espero que este año y tengo una nueva novela que se llama, por lo pronto, Los niños góticos.

 

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