Sumario. 30 cuentistas hispanoamericanos
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ETERNA

Iván Humanes Bespín

Iván Humanes Bespín

¿Y cómo explicarle el Museo de la novela de la eterna? Lo que nace y lo que muere. La primera novela buena y la que más veces habrá sido arrojada con violencia al suelo. Macedonio Fernández es un fantasma. Y mira a la cámara como lo hacen los cadáveres: sobresaltado, con todo Schopenhauer y Wittgenstein aprendido. Para explicarle a Osasis (a ella) toda la Novela se necesitaría el tiempo de Proust. Más que suficiente para aprender que la voz molesta, que una boca abierta, arrastrando palabras, es un acto sucio, inactual. El ojo es lectura, el ojo del amo engorda al caballo. Quizás presentarle a Caytran Dölphin y recordarle su Estuario, el momento de la cita de Estuario: “Qué lucha contra el tiempo la del animal invertebrado y de fango que abandonó la orilla y resiste al oscuro llamado de las aguas. El verdadero héroe, un gusano”.

(Oasis en el desierto es el lago Qarun. Su norte es vacío, vergel el sur. Es el más cercano a la capital egipcia. La sal lo consume, borra sus límites y lo hace pesado. Su densidad será petróleo).

Como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil. Sería un mundo ideal. Lo supuso Cortázar y ella debe comprenderlo, que los labios deben persistir recortados hasta las encías y que la palabra molesta al oído. Osasis abandonada en un motel de carretera deshilachado, preguntándose por la Novela de la eterna. Próxima a una ciudad con calles de mejor gusto, del gusto de Macedonio: Olvido, Emprende, Vuelve a Mí, Tertulia, Vive en Fantasía. Una ciudad delicada y prólogo a la persona del autor. La literatura lo inunda todo, arrasa a los hombres y los sumerge como piedras, son granja de cadáveres.

(Oasis es cualquier crítico. Inocente que dispara a las letras y vive en desalación. Las palmeras que lo guardan son brazos lánguidos, se estiran aspirando a la tierra, hartos de tanto cielo y de tanto sol y tanto poema).

¿Basta con “ir antes” para ser prólogo? Lo que viene después del acto si acaso. No todo es vigilia para los ojos abiertos, dijo el autor eterno. Por eso mejor entreabiertos, esperando el horizonte. Mejor en la cama que tantas veces se ha frecuentado, ahora con las mantas roídas y hedor a Rayuela. Espera aquí. Tú aquí, en descomposición. Y la Novela vagando por la cabeza sin saber qué forma adoptar. Cthulhu que es primigenio del mundo marino y que existió “antes del tiempo”. Adorar a Cthulhu es leer del envés las novelas y acercarse al sentido (sin sentido). Por eso tú rodeada de conchas marinas en esta cama, que es tu cama, la frecuentada, prólogo para el lector corto.

(¿Oasis se ve tras la ventana? ¿Qué hay detrás de la ventana? Bolaño hace saltar las teclas de sus detectives y se pregunta por la ventana. Los párpados son la ventana, cortinaje que engorda el caballo del amo).

La no-muerte ya fue imaginada por Macedonio, derrotó la estabilidad de cada uno en su yo. Por eso mejor así. El tiempo de la narración detenido, tú como pequeño monstruo que descansas entre las sábanas que tanto trabajo te vieron socorrer. Tu pequeña biblioteca olvidada huele a espejo, todo tu húmedo sexo huele a espejo.

(Para Oasis, aprendiz de taller literario, frases como:

-Eva que cayó del árbol de la ciencia.

-La memoria del laberinto.

-El sentido del texto.

-Si examino en detalle tu corazón, me lo como.

Cómo no, tienen su matemática secreta.)

Si nadie puede comprender la Eterna, ¿quién entiende lo literario? El que lo suponga es labio para ser podado. Miente, delinque. La Eterna se arrastra, es alimento de lágrimas. Juego lingüístico. Ella como Fantasía que repasa desde su mudez los cuadernos azul y marrón de Wittgenstein, Ludwig. Hay que tender a lo mínimo: el ser humano mínimo, la boca mínima, el dedo mínimo que repasa el libro, lo inexistente. De vez en cuando hablarás sin labios y lo agradecerás, porque el sonido será canto I, Estrofa VI, de Maldoror: “Hay que dejarse crecer las uñas durante quince días”. Más: “Hundir las largas uñas en su tierno pecho, pero evitando que muera, pues si murieran, no contaríamos más adelante con el aspecto de sus miserias”.

 

Iván Humanes Bespín (Barcelona, 1976). Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona, realizando también estudios de Filosofía. Ha publicado el libro de relatos breves La memoria del laberinto (Biblioteca CyH, 2005). El ensayo Malditos: La biblioteca olvidada (Grafein, 2006) y 101 coños (Grafein, 2007), ambos en coautoría. Ha obtenido el XVI Premio de narraciones cortas Ciudad de Jerez, 2003 y el XIII Premio El Fungible, Alcobendas, 2004. Ha participado en la colectiva Así escribo mi ciudad, 32 maneras de escribir un viaje (Grafein, 2005). Blog: ivanhumanes.blogspot.com