Sumario. 30 cuentistas hispanoamericanos
volver

SÍSTOLE CLAP

Daniela Bojórquez

Daniela Bojórquez

Prepárate para entrar por esa puerta tras la que tu noche espera. Estás lista para deslumbrarnos con tu papel. Da un paso, otro, míranos con el cinismo que nos atrae bajo tus ropas holgadas. Actúa como si hoy hubieran salido las estrellas, como si tuvieras ganas de escuchar guitarras y notas altas. Únete a la certeza de que aquí sólo ocurren cosas buenas. Acomoda tu cinturón, luce delgada, aprieta la hebilla, ajústala, listo.

Avanza con pies sin importancia, muéstranos tu rostro seguro y de piel pareja, corresponde los saludos. Vístete con telas ligeras porque el viento corre cálido. Acaricia y penetra entre el hilado de tu blusón, tú siempre en tonos que dan apariencia de oscuridad, aunque la risa te gane y te pongas luminosa. Háblanos del cielo opaco, de las notas que salen del acordeón, canta en murmullos alguna estrofa de nuestra cancioncita. Es necesario ahora, porque eres el centro de la atención de este patio donde festejaremos tu próximo estreno. Toma en cuenta que estamos quienes hemos visto cómo creces, los que contigo cumplen años.

Celebremos: hoy hace calor, nuestras vidas continúan ocurriendo en este mundo, la cena abunda y el teatro sigue con público, poco, es cierto, pero ha mucho nos hemos acostumbrado, nuestras manos son cada vez más hábiles con la guitarra y nuestros brazos con el acordeón. Como siempre, hay alguien fotografiándonos para el recuerdo.

Te gusta esconderlo, lo sabemos: tu cuerpo ya se parece al nuestro, ahora podemos hablarte como adulto ¿no es cierto? Aunque haber perdido a la única niña del grupo nos ponga la mente en el tiempo, lo inevitable, es motivo de festejo que hables en términos de teatro y cine, que sepas bastante de música, que te prepares para actriz y que incluso hayas escrito varios textos.    

Platícanos con palabras de adulto temas de gente grande. Danos detalles de tu anécdota: subida en zancos, una tabla faltante en proscenio dejó la pierna falsa en el aire y caíste boca arriba. Qué bueno que era un ensayo y no el estreno. Desde ese día te duele mucho la espalda. Señálanos dónde, cuéntanos qué medicinas tomaste, en fin, ya has de saberlo, es el precio de la preparación como actriz, esas cosas pasan, el cuerpo se arregla y tú eres joven, descríbenos la sensación de pellizco cada vez que te agachas o cuando te estiras demasiado en los ejercicios de calentamiento.

Que se destapen más cervezas porque hoy estamos festejando que presentarás dentro de un rato un monólogo que, estamos seguros, nos dejará sorprendidos de tu capacidad histriónica, y si así no fuera, no perderemos la esperanza. Así empezó ella con el acordeón, quizá tú no lo recuerdas, pero lo cierto (y ya que estamos en confianza) es que cuando empezó a tocar, de su instrumento surgían meros balidos de oveja y qué decir de los guitarrazos de él, pero de eso también hace ya mucho. Hoy eres tú la muestra de cómo pasa el tiempo. Dejarás de vestirte de oscuro algún día, si no, aún mejor: eso marcará tu personalidad y ya sabes que en este grupo todos tenemos una.

Ah, el verano y la vida de artista. Nos sentamos distribuidos en el patio donde hemos presentado conciertos y muestras pictóricas y contado cuentos y hecho fogatas como si estuviéramos en el campo. Ahora esperamos que salgas del cuarto que hemos habilitado como camerino, mientras, el cañón que trajimos del teatro alumbra la tarima en el centro del jardín, escenario que te verá surgir de personaje.

Pero qué pasa que la niña demora tanto.

—Creo que ya no le llamaremos niña ¿no crees? Oh, es verdad, pero cómo tarda. Creo que es complicado su vestuario. Serán bastantes sus nervios. No creas, estará más lista de lo que pensamos. Oh, pero cómo tarda. Destápame otra cerveza por favor. Van cuatro en una hora. Tenemos una hija a punto de estrenarse como actriz y tú todavía cuentas mis cervezas. Tienes razón ¿dónde quedó el destapador? Junto a la guitarra, creo.

¿Por qué permaneces quieta y a oscuras mientras afuera te esperamos? ¿Estás nerviosa? Ah, ya sé: te duele la espalda. Está bien, si no quieres no salgas, no te presentes hoy, ya habrá tiempo, todos comprenderán que estás indispuesta. No llores: pueden escucharte. Vamos, no te agaches de esa manera y te enrosques como caracolito, porque cuando a la gente le duele la espalda se arquean hacia atrás y no hacia adelante. No, no eleves la voz porque ahora sí te escuchan. ¿Tomaste tu medicina? ¿Necesitas una más fuerte? ¿O te ha sucedido lo que los actores temen: has olvidado el parlamento? ¿Te traigo agua? ¿Es ésta tu actuación en sí misma? Voy por agua.

Ah, ya entiendo. Estás protegida en este cuarto y tienes miedo a lo de afuera. Algún día habrías de enfrentarte a esto. Te sucederá muchas veces. Cuando estés en el teatro de la ciudad ocurrirá de nuevo, pero entonces no habrá opción y deberás salir a escena bajo las luces. Mira, es simple: sólo estamos nosotros, los de siempre, no puede pasar nada demasiado grave, un día todo se convierte en pasado. ¿No es eso? Estás pálida. ¿Qué es, entonces? ¿Que ya no puedes más? ¿Mejor hospital? ¿Tanto así te duele?

A todos nos toca salir al mundo alguna noche, espera, ya viene, no te aprietes tan fuerte el vientre, ya llega. A través de los vidrios miro cómo pasa una serie de casas anónimas que cobijan a sus habitantes como a ti esta ambulancia. Me asomo a la noche opaca, tú sigues gritando que te duele mucho, que te está saliendo algo. ¿Es necesaria la sirena sobre el sonido del radio? Y este zarandeo de derecha a izquierda, las preguntas, sólo esperábamos a que se presentara en el escenario, ese cuarto es un camerino, sí, hacemos teatro, otros música, pintura, no sabíamos, que no te regañe el doctor porque tú tampoco y aquí te creemos. Pensábamos que era la espalda, no se le notaba con la ropa floja. No la conozco tanto, la quiero mucho, es cierto, pero no sé de sus cosas íntimas. Sí, todos somos sus amigos, sí, sus padres van hacia el hospital, no hubo tiempo de explicarles nada, nadie entendía y ella empezó a gritar. Vine yo, como pudo haberla acompañado cualquiera de nosotros. Entré a llevarle un vaso de agua y supe que algo andaba mal, no quise hacer escándalo, sí doctor yo firmo, es mejor si permanecemos tranquilos. ¿No es cierto? ¿Tijeras? ¿Gasa? ¿De verdad es necesaria la sirena?

Prepárate para salir por esa puerta tras la que todas tus horas esperan. ¿Tenía que ser esta noche, muchacho? Y las instrucciones por radio. Pero si estabas tan cómodo ahí adentro, a todos nos toca surgir al mundo alguna noche, a ti en ésta, entre luces, buena señal. ¿No es cierto? Sólo conserva la fuerza, mira las luces rojas y azules. ¡Qué bonito paseo en coche! Vas a estar guapo cuando crezcas, serás músico, fotógrafo o actor como nosotros, y algún día también dejaremos de llamarte niño, respira, ya sé que esto se mueve mucho y que es raro para ti vernos y al rojo y azul intermitentes, vamos muchacho, sigue empujando, llora, sólo llora como actor que ha de hacerlo en escenario.

Saldrás de ahí, serás grande, un día actuarás y el público sentirá contigo bajo las luces, ora azules y después rojas de un teatro lleno, con el aplauso para un monólogo que estallará entre el público de pie mientras tú, con el corazón a tope y el rostro maquillado, harás una reverencia. Escucha la canción que te da la bienvenida, bombea, aplauso, sístole, clap, diástole, clap, bombea ¡Welcome home muchachito sorpresa! Destapemos más cervezas, suene el acordeón, guitarras, que un día las luces te alumbren, festejemos que sólo nos suceden cosas buenas: lo más grave de esta noche es que no hayan salido las estrellas.

 

Daniela Bojórquez (México, D.F., 1979) Estudió en la Escuela Activa de Fotografía y en la Sociedad General de Escritores de México SOGEM en el Estado de México. Ha sido becaria en Narrativa de la primera generación de la Fundación para las Letras Mexicanas (2003-2004) y becaria en Cuento del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (2005-2006). Formó parte del taller literario de Rafael Ramírez Heredia del 2004 al 2006. Se desempeña como colaboradora editorial y fotógrafa en varios medios. Es autora del libro de cuentos Lágrimas de Newton (Editorial Ficticia, 2006). Vive en Ciudad de México.