| En la Polémica de este mes, la tan debatida presencia de Cataluña en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort. Aquí la información.
Subiendo las escaleras que llevaban a la exposición, me inventaba conversaciones, iba preparándome réplicas. Los encuentros terminaban volviéndose visuales, los catalanes me daban la espalda nada más abrir yo la boca. O se dirigían a mí en inglés.
Estoy harta de tener que estar a favor o en contra de los catalanes. Tengo curiosidad, quiero conocer Cataluña. Como si fuera extranjera; como una marciana, si es necesario. Este artículo será un testimonio imparcial, todo lo que me sea posible. Escribo desde una perspectiva espectadora. Como una cámara he pretendido seguirlos, transmitir únicamente lo que he visto y escuchado estos días de feria. Por supuesto que me mojo y digo que me perece una pérdida que no se hayan presentado como una cultura bilingüe, con la riqueza que el bilingüismo supone. Pero también admito que los entiendo: una ocasión como Fráncfort no se les presenta cada día.
En fin.
Dispuestos sobre las mesas informativas de la entrada a la exposición: pegatinas, separadores, bolígrafos «Cultura Catalana Singular i Universal»; «Katalanisch express», «Comencem a parlar», «Vocabulari en imatges»; el programa de actividades (alemán, catalán, inglés), el resumen en castellano, en catalán, en francés, en inglés, en alemán. Un largo etcétera.
Me saludan en catalán, los entiendo perfectamente. Acuerdo en castellano una entrevista para el día siguiente con Jordi Dosaiguas, colaborador del Institut Ramon Llul. Antes de irme, paso un momento a la exposición; Josep Bargalló, Jordi Iparraguire, Miguel Pueyo y Loan Laporta participan en el debate «El català, llengua global».
Por la noche, conversaciones sobre el éxito o el fracaso de Cataluña en la feria. Dependiendo de a quién preguntes, una cosa u otra. Hablo con una argentina que vive en Barcelona desde hace cuatro años: está encantada de vivir allí. No habla catalán, y se ha acostumbrado a que hablen con ella en catalán y ella responda en castellano.
A la mañana siguiente invito a Jordi Dosaiguas a un café y nos sentamos. Saco el tema de la politización de la presencia catalana en la feria; me sonríe, me habla de la sensibilización que experimenta la sociedad catalana. Entienden el malestar del resto de España, pero no se arrepienten de la elección hecha ya que para ellos Fráncfort es una oportunidad única de explicar y presentar su cultura. La sociedad catalana está marcada por la diversidad. A las emigraciones del sur de España de los años 60 hay que añadírseles las emigraciones del norte de África y de Latinoamérica. Esta diversidad cultural les ha obligado a elegir una de estas dos posiciones a la hora de presentarse en Fráncfort :
- Exponer sólo la cultura/lengua catalana
- Proyectar la cultura catalana desde toda la diversidad, teniendo en cuenta no sólo el español; sino también el francés, el árabe, las diversas culturas iberoamericanas…
En 1991 España fue el país invitado en la feria del libro de Fráncfort. Contó con Cataluña, confirmó ayer Carmen Riera.
Toda España está politizada, no es posible despegar la política de la cultura. Sobre la polémica de si los escritores catalanes que escriben en castellano fueron o no invitados a Fráncfort: denegaron para dejar el protagonismo a los otros.
Mi entrevistado tiene 28 años, ha estudiado Traducción e Interpretación. Se considera más catalán que español porque ha crecido en un entorno catalán. Los catalanes relacionan mucho la cultura con la lengua, él se siente parte de la cultura catalana. El carácter catalán está marcado por la dictadura; les ha dolido, les duele, la falta de libertad para decidir. Podría haber diferentes soluciones para la cuestión catalana, cierto tipo de federalismo.
Pero ¿cuál es el objetivo de Cataluña en Fráncfort? Cataluña no tiene mucha representación fuera de España, por ello se quiere proyectar la cultura catalana sobre todo a nivel europeo, aumentar las traducciones de literatura catalana, dar a conocer a los clásicos. Publicitar Cataluña, lo que justifica los estantes con información turística de la región. Se están creando delegaciones del Gobierno catalán en diversos países, una de ellas se está abriendo en Berlín. Estar en Fráncfort ya es un éxito. La repercusión de esta feria en Cataluña es muy grande, se trata de una acontecimiento nacional.
Les molestan las discusiones surgidas con respecto a la elección de la lengua catalana como motivo de la presentación catalana, también se han extendido a Alemania. Cataluña tiene una organización social diversa, una visión muy europeísta; se consideran autónomos dentro de Europa. La literatura catalana no es algo nuevo; se remonta a la Edad Media; experimenta un boom desde el siglo XV; cuenta con periodos más o menos fructíferos. La literatura producida durante la dictadura franquista es escasa, pero buena.
Quim Monzó transmitió muy bien el humor catalán en el discurso inaugural de la feria. Yo acabo de leerlo ahora, y tengo que mojarme otra vez: un ingenioso discurso en el que, ante la certeza inevitable de disgustar a unos y contentar a otros, Monzó se imagina lo que diría o podría decir un escritor si quisiera inaugurar la feria.
El periodista Andreu Buenafuerte es según Jordi Dosaiguas otro buen ejemplo del humor catalán. Es muy crítico con temas de actualidad, de política (ya que la sociedad catalana está muy politizada), con un estilo desenfadado, de poca elaboración, pero con muy buenos efectos. Su éxito a nivel nacional (España) confirma que la perspectiva catalana, cuando se abre a la española, gusta.
Pero buena parte de la literatura que se produce actualmente en Cataluña no está escrita en catalán, sino en castellano: «La sombra del viento» (Carlos Ruiz Zafón), «La catedral del mar» (Ildefonso Falcones). La literatura sobre Barcelona experimenta un auge desde las Olimpiadas de 1992, en catalán o en castellano. La mujer como tema de la literatura catalana actual es un motivo repetido; lo tratan por ejemplo Carmen Riera, Isabel-Clara Simó y Maria de la Pau Janer.
Llega Maria Alba Bosch, colaboradora asimismo del Institut Ramon Llul; intercambia unas palabras con Jordi Dosaiguas en catalán (lo entiendo todo) y se nos une. Ella me habla también del éxito de la literatura juvenil catalana, una literatura que trata temas actuales; muchas editoriales catalanas apuestan por ella. Me nombra a Care Santos y a Gemma Lienas.
Les agradezco su tiempo y la entrevista, les fotografío y me meto en la exposición, esta vez la veré entera. Un recorrido esquemático por la historia editorial catalana; ensayo, poesía, antologías…; vídeos de entrevistas a escritores; libros de arte, libros sobre regiones turísticas, libros culinarios. En los sillones, un señor mayor echa la siesta.
A la salida, en una mesa apartada, un póster en contra de las corridas de toros.
Esta noche la Casa de la Literatura de Fráncfort presenta a Jaume Cabré, que lee un framento de su novela «La voces del Pamano», recientemente traducida del catalán al alemán. Hablo después con él, en castellano hablamos los dos; sentados a una mesa, le pido que me dé un consejo en la dedicatoria que va a escribir en mi ejemplar de su libro. Me habla de la palabra viva deseándome que viva en mí toda la vida.
Al día siguiente una catalana de padres aragoneses me recomienda «Solitud», de Victor Català (seudónimo de Caterina Albert i Paradís), una novela que también mi editor madrileño me ha recomendado.
Como punto final, las intenciones que hace tres años Jordi Úbeda, presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), me confesó también en Fráncfort con motivo de la elección de Cataluña como país invitado en la feria de 2007: «Habrá que organizar lecturas literarias, exposiciones de pintura, representaciones teatrales y conciertos musicales para antes, durante y después de la Feria del Libro de Fráncfort. Cataluña tiene que dejar un recuerdo imborrable, ya no sólo en el plano literario, sino en general, presentar su cultura y peculiaridades»(1). Hablando en general de la edición española, también por aquel entonces me revelaba: «Está repartida en más del 80 % entre Madrid y Barcelona. Pero Barcelona sigue siendo en nuestros días la capital de la edición española, con tradición desde Cervantes. El Quijote va a Barcelona y queda maravillado de que se hagan libros. Los primeros impresores alemanes fueron a Barcelona, se convirtieron en editores»(2).
Doy por terminado este artículo, esta impresión que he querido transmitir sin matices.
Viajaré a Cataluña. Con la novela de Caterina Albert i Paradís en alemán.
(1) En: «Un recorrido por la feria de Fráncfort», publicado en Escribir y Publicar, n° 40, Asociación Cultural Grafein, Barcelona, diciembre 2004 / febrero 2005
(2) En: «Un recorrido por la feria de Fráncfort», publicado en Escribir y Publicar, n° 40, Asociación Cultural Grafein, Barcelona, diciembre 2004 / febrero 2005
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