| En defensa propia
Cada cual tiene su historia, yo aprendí a leer en legítima defensa. Desde niño, comprendí que la lectura y la escritura eran un par de armas más formidables para un ser humano. Le hacían más libre y más fuerte.
No seré el único, seguro, a quien una persona analfabeta le haya pedido alguna vez que le leyera una carta o, incluso, que se la escribiera. Esta es una experiencia que muchos de mi generación vivimos de chavales. Mis peticionarias fueron, en su mayoría, mujeres, duras, decididas, que escaparon al triste sino de su pueblo natal y emigraron a la ciudad, buscando mejores horizontes.
Recuerdo cansados rostros femeninos, azorados y suplicantes, en demanda de ayuda. “¿Por qué no me escribes una carta para mi….?” Daba igual el destinatario: una madre, un novio, una hermana, las vecinas. Acabas por aceptar. Esas miradas de súplica siempre revelaban la humillación que precedía a una excusa avergonzada: “es que yo no sé”. Horrible esclavitud la del ignorante.
Nunca fui muy demasiado listo. Acaso lo suficiente como para saber que algo me hacía mas libre que aquellas pobres chicas. Yo, el niño, podía, sabía trazar signos sobre el papel blanco. Los misteriosos pequeños dibujos que narraban las cosas.
Insisto, cada cual con su experiencia. Aquel aprendiz de brujo con nueve años que una vez fui, acabó por sentirse más útil y, acaso, más sabio porque había aprendido a escribir. Era capaz de manipular la alquimia de las letras, de pronunciarlas formando sonidos, creando palabras, generando ideas y emociones en los oyentes.
Luego, empecé a percatarme que los adultos más fascinantes, quienes relataban historias más divertidas o interesantes, tenían algo en común: habían leído mucho y viajado mucho. Siempre los dos hábitos unidos, nunca por separado.
Eran gente capaz de llegar a una ciudad, a un país extraño, y analizar cuanto pasaba alrededor. Y gracias a que leían libros, ininteligibles para mí, hablaban también lenguas extrañas. Eso me fascinaba. Para mi la Libertad está encuadernada entre tapas del cartón duro de los libros de mi infancia, viaja en maletas plagadas con etiquetas de nombres o sitios exóticos, y era el galopar de un bolígrafo sobre las páginas de una libreta.
Los tebeos dejaron paso a relatos para niño y, finalmente, obras nada pueriles. Entonces descubrí algo maravilloso; los libros tenían alma. No eran objetos inertes, sino ventanas abiertas a universos distintos y paralelos. Puentes tendidos desde las más mentes más brillantes de la Historia. Rutas hacia las inteligencias de hombres y mujeres, vivos y muertos, que hicieron o hacen un poco mejor este mundo.
Esas personas y sus libros me guiaron a parajes increíbles, reales, ficticios, diferentes… Algo que agradeces, especialmente, cuando comienzas a darte cuenta que muchas de las cosas a tu alrededor te disgustan o son simplemente brutales.
Nunca fui un ratón de biblioteca. Yo practicaba deporte, me relacionaba con mis amigos y era capaz de cometer las mismas sandeces o experimentar idénticas alegrías que cualquier otro adolescente. Sin embargo, estaba en posesión de un secreto. Gozaba de un disfrute reservado sólo a privilegiados.
Bastaba aislarte un poco y extender las invisibles alas a mil vuelos sobre Samarcandas desconocidas o irrumpir en medio de formidables aventuras. Me batí junto a Los Tres Mosqueteros. Pirateaba con Juan Cantueso o Sandokán y sus hordas de Mompracem. Vivaqueé con Tarzán y viajé en misteriosas máquinas voladoras y submarinas, gracias a Julio Verne.
Mi destino me llevó a buscar un singular remedio En busca del unicornio. A tañer el poema estelar de la Serpiente Emplumada con Lagrimas de Luz. Por el camino, he oteado desde las alturas dramáticas de Cumbres Borrascosas las desoladas praderas de almas de Guerra y Paz. He sentido la oscura autodestrucción de El Ayudante de Verdugo, el dolor cercano y limitado de Los Santos Inocentes o la intriga apasionante de La Carta Esférica.
Crecí y leí, como vivo y amo. Saboreando cada sorbo y cada instante. Agradeciendo cuanto me hace mejor y más libre. Por eso decidí dar este paso. Crear una historia que a mí me hubiera gustado leer. Una aventura con sucesos interesantes, cuya lectura seduzca, atraiga y te haga sentir ansias de continuar leyéndola, cuando te veas obligado a apartarte de sus páginas.
Quería una novela distraída. Un alivio al lector durante su particular calvario de viaje, en autobús o metro, esos lunes lluviosos y fríos, rumbo a un trabajo agotador y poco estimulante. Una historia que sepa acompañarle también en su cansado regreso a casa. Un libro para gozar, al mismo tiempo, en el asueto de las vacaciones, o tumbado en la playa, o sentado en un parque.
Si lo consigo, si logro que un jubilado o una sub-mileurista goce de esas horas de entretenimiento, me doy por satisfecho. Sólo estoy pagando la deuda que tengo con quienes, gracias a su pluma, me sedujeron antes y continúan apasionándome hoy día.
Es así de simple: escribo en defensa propia.
Óscar Lobato
Entrevista a Óscar Lobato de Luis García
Ópera prima del periodista Óscar Lobato, Cazadores de humo narra un hecho que por desgracia se repite, al menos el escenario, demasiado a menudo en nuestro país. El cadáver de un hombre de raza negra, un emigrante clandestino que acaba de llegar en patera a España, no debería sorprender más de lo que ya lo hace otros cadáveres, sino fuera porque aparece salvajemente mutilado. Estamos pues ante un crimen, un asesinato que llevará hasta el escenario donde se ha producido a todos los cazadores de humo, periodistas en su mayor parte, que como aves de rapiña siempre están allá donde ocurre la tragedia. Dos formas de entender el periodismo chocarán irremediablemente cuando sobre los restos del desafortunado parasito, así es como aún se les ve no solo en las costas de Tarifa donde arriban, también en el centro de nuestra propia ciudad, se encuentren la reportera Saurina, ambiciosa y con ese punto de crueldad necesario para conseguir el éxito, y Wamba Rodríguez, el periodista demasiado perfecto.
Luis García
Oscar Lobato, es usted un desconocido o neófito literario.... y sin embargo me ha sorprendido gratamente Cazadores de humo. ¿Cómo nació la historia de la novela?
Óscar Lobato
El punto de partida es un hecho cierto. En el polígono de maniobras de la OTAN que se describe en el libro, apareció el cadáver de un emigrante clandestino hace ahora siete años. Esa es una zona habitual de desembarco de “espaldas mojadas” en España. También, un agujero negro en la geografía, un espacio tan desconocido como extraño y misterioso. Para colmo, en esa área litoral se avituallaban los submarinos de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Las mercancías llegaban a una recóndita playa y eran barqueadas hasta los sumergibles, al amparo de la Punta de Camarinal y el Cabo de Gracia. Tras la derrota, bastantes ex militares y ex miembros de las SS, SA y SD, compraron allí fincas, formando una colonia que se ha mantenido relativamente al margen durante bastantes años. Incluso, un par de agentes secretos del Mossad israelí intentaron matar a uno de los residentes, allá por la década de los 70. En fin, es una zona con posibilidades de misterio en abundancia
Luis García
¿Y como perfiló los personajes, en concreto el más impactante a priori, el de la ambiciosa Saurina, mezcla de reportera y policía?
Óscar Lobato
Saurina Vallseca es un sumatorio. Tiene rasgos y detalles de las personalidades de cinco mujeres, que he conocido durante mi trayectoria profesional. Para mi sorpresa, esa mezcolanza recuerda a muchos lectores y –en especial, a muchas lectoras– a ciertas compañeras de trabajo con las que se han topado en su vida. Eso le ha conferido un rango de arquetipo que todo el mundo reconoce. Saurina es en esencia la reportera en estado puro. Si se orienta bien, resulta una profesional extraordinaria. El problema es que sus vivencias laborales la han convertido en todo lo contrario. Es una mujer inteligente, trabajadora, tenaz, ambiciosa y muy despierta; pero han estado explotándola miserablemente durante varios años. Un día descubre que está hasta las narices y que dispone de otras armas. Wamba es el retrato físico de un compañero al que conocí cuando trabajaba para la Agencia EFE. Un tipo vencido por su propia vida y que se refugia en el trabajo como en una droga, aunque no consiga olvidar su derrota. Tiene experiencia y conoce los trucos del oficio. Por eso le he concedido mucho de las argucias de veteranos compañeros de profesión.
Luis García
A su manera, es una vampiro moderna, succiona la sangre y la información de cuantos la rodean....
Óscar Lobato
Si, cabría definir a Saurina de esa manera. El problema es que ella no quiere la sangre de nadie, sólo ataja por el camino del éxito. El triunfo es su única guía. Pero, al mismo tiempo descubre que la información periodística es un trampa de vértigo. Un universo donde sólo la formación y la profesionalidad del periodista, pueden impedir que éste salte a las aguas del morbo y del escándalo. Como esa es una labor que requiere mucho tiempo, nadie está dispuesto a sobrellevarla hoy. El resultado es que una gran mayoría de los medios de comunicación, especialmente las televisiones, están alimentado esa “Parada de los Monstruos” en que se han convertido las pequeñas pantallas. Les parece más barato vender sensacionalismo que hacer bien las cosas. El problema es que esta conducta es suicida y, a medio plazo, te sale carísima. Especialmente para empresas que se blasonan de vender “la verdad”, con mayúsculas y de ser el contrapeso a los abusos de los poder que se dan en las democracias. El asunto es tan serio que las últimas encuestas del CIS colocan entre las profesiones con menor prestigio social a la de periodistas. Y eso es algo que me preocupa y me duele, personalmente.
Luis García
La historia que narra, tiene un componente realista muy fuerte, la emigración clandestina, los cayucos.... pero ¿qué tiene de autobiográfica?
Óscar Lobato
Permítame una precisión. Los cayucos son piraguas marinas, alargadas y con quilla, comunes en las zonas del África Occidental y del Golfo. Las pateras son embarcaciones de mucha menor eslora pero bastante más anchas y que tienen fondo plano. De hecho, inicialmente se las utilizaba para navegar por marismas y tablas lagunares pues, al tener muy poco calado, podían surcar aguas muy someras. Su uso inicial fue para cazar patos y otras aves acuáticas, de ahí su nombre. Hablamos pues de embarcaciones bien diferentes. La patera, ancha y pesada, tiene una navegación muy difícil en el mar. Incluso el modelo que se está construyendo en el Norte de Marruecos y que realmente se utiliza para la pesca de cabotaje. Lanzarse a la mar con ellas es un auténtico suicidio. Los cayucos, por extraño que parezca, al verlos tan estilizados son más marineros. Hecha esta salvedad, Cazadores de humo es una aventura de intriga y de misterio. Sus protagonistas quieren cazar a una extraña bestia asesina, que mata a emigrantes clandestinos de forma terriblemente brutal. ¿Qué tiene de autobiográfica…? Me temo que bien poco. Aporto a los protagonistas el conocimiento y la experiencia de numerosas personas, así como la ciencia de reputados expertos, a quienes conocí por mi trabajo. Los personajes tienen esos saberes o habilidades que tomé prestados de personas reales. Tal vez lo único que yo aporte al libro es haber cumplido el abc de mi profesión: cierra la boca, toma notas de todo y sé invisible.
Luis García
Se trata de un tema no suficientemente tratado dentro de la literatura, aún tratándose de una incuestionable realidad.... ¿A que cree que es debido?
Óscar Lobato
Para empezar la emigración clandestina es un drama. Y la gente no desea dramas en su vida. Por eso yo no centro la novela en ese aspecto. Ahora que los primeros lectores me comentan sus impresiones, resulta curioso el efecto final. Para algunos, Cazadores de humo es una novela policíaca, con los mejores tintes del género negro. Otros me dicen que es una novela biológica, debido a como se resuelve el enigma o la fidelidad con que se representa el paisaje. La mayoría empieza a coincidir: es una novela de aventuras. Una aventura en el sentido moderno de la palabra. Ahora que no quedan ignotas regiones para explorar ni vastos territorios que conquistar, el desafío a los novelistas se plantea en términos muy simples: hay que narrar aventuras donde se sucedan hechos interesantes constantemente. Y, salvo que uno cultive el ámbito de la Ciencia-Ficción, se deben construir esas aventuras con elementos reales.
Luis García
¿Podríamos estar ante el nacimiento de una serie de novelas protagonizadas por los mismos personajes?
Óscar Lobato
Eso lo decidirán los lectores. Yo simplemente intentaré seguir contándoles historias. Cazadores de humo y cualquier otra novela que pueda escribir siempre tendrá el mismo objetivo: entretener a los lectores, engancharles y apasionarles. Soy lector desde muy niño y me atrevería a decir que leo en legítima defensa. Me aburren muchas cosas que ahora se consideran de “culto”. No pretendo nada más allá de distraer. Que el lector me permita acompañarle tanto si está tumbado en la playa, de vacaciones, o se dirige al trabajo, en un lunes triste y lluvioso. Busco ese lector que tiene que hacer trasbordos de tren, autobús o metro. Y, entonces, me acerco bajo la forma de un libro y pregunto: “Perdón, ¿me dejaría contarle una historia? Es una buena historia, créame. Le va a interesar todo lo que le dure la lectura de esta novela.” Ahora, compruebo que es fantástico ver como la gente te concede ese privilegio.
Luis García
La novela ha sido “bendecida” (permítame la expresión) nada menos que por Arturo Pérez Reverte, ¿sorprendido, halagado?
Óscar Lobato
Ante todo, muy agradecido. Halagado, muchísimo, y encantado hasta lo indecible de gozar de tan alto respaldo. Si el escritor que ha vendido y vende más libros en lengua española de todos los tiempos, dice que tú vales para esto; es para estar contento. Pero además, tengo una gran suerte personal. Arturo me regala con su amistad desde hace mucho tiempo atrás. Lo mismo me ha sucedido con otros escritores de fuste: Juan Eslava Galán, Juan José Téllez, Jesús Maeso, Manuel Ruiz Torres, Rafael Marín, Jesús Fernández Palacios, Fito Cózar o el difunto Fernando Quiñones… Yo tuve el privilegio de escucharles hablando de trabajo. De cómo enfocaban un personaje o hacían discurrir una trama. Me siento como el tipo al que invitaron al taller de los grandes maestros de la pintura renacentista. Les vi trabajar y aprendí de su técnica. Por torpe que uno sea, algo se te pega de los grandes. Así que lo bueno de mi obra, pertenece a todos los escritores que me entusiasmaron. Los que conozco y los que no; los vivos y los muertos. A todos cuantos me han entretenido e instruido durante muchas horas de lecturas. Los errores son completamente míos
Luis García
¿Qué nos espera en el futuro? ¿Qué esta preparando en estros momentos?
Óscar Lobato
Tal vez resulte extraño, pero a mi siempre me han pagado por contar el presente. El futuro es cosa de los “enteraos”, sean estadistas, corredores de bolsa o adivinos…Por eso nunca suelo especular. Ahora ando con otra historia completamente diferente. Se desarrolla en un ámbito absolutamente distinto. Un ambiente profesional cerrado y muy selecto, donde también suceden hechos insólitos: muertes, pasiones y lances muy diversos. Ya tengo escrito más de un tercio de la novela.
Luis García
¿Y a quien sigue con especial interés dentro de panorama literario actual?
Óscar Lobato
Soy un lector voraz. Consumo de todo y puedo llevar dos o tres lecturas a un tiempo. Esto es algo frecuente, le sucede a mucha gente apasionada de la literatura. Es como la alta cocina, cada libro es un restaurante donde alimentar las ideas, pero con sabores diferentes. Porque me entusiasman como escriben y porque son amigos, sigo especialmente a todos los que ya he citado antes. Pero no puedo dejar de leer ni un solo día. Tengo la suerte de manejarme con los idiomas, así que ahora estoy finalizando una edición del Do Androids Dreems of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) de Philip K. Dick en versión original. También ando releyendo “Rinconete y Cortadillo”, en mi opinión, la más aguda de las novelas de Cervantes, y acabo de concluir Felidae de Akif Pirinçci. Finalmente, le voy a hincar el diente a “El Hereje” de Miguel Delibes, y a “Nos espera la noche”, de Espido Freire, ya mismito. |