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  Latinos en España  

Lola Delgado y Daniel Lozano

 
La Esfera de los Libros, 2007  

Literaturas.com presenta en exclusiva para sus lectores y por gentileza de la editorial La Esfera de los Libros, las primeras paginas de Latinos en España: Cómo son y cómo viven.

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Lola Delgado y Daniel Lozano, Latinos en España

Prólogo

Las vueltas en el círculo de la vida nos han traído y llevado desde España a América. Por eso cuando La Esfera de los Libros nos encargó la investigación y narración de Latinos en España no nos sorprendió. Al momento recordamos nuestro primer libro, Historias de Ultramar. En aquel viaje de ida nos embarcamos para contar las aventuras y desventuras de españoles de hoy en América Latina. Conocimos a emigrantes y exiliados, a misioneros y empresarios. Perseguimos a los aventureros por todos los rincones. Y tampoco nos olvidamos de los asesinos.

Varios años después nos ha tocado emprender el viaje de vuelta. Destino: contar cómo son y cómo viven los latinoamericanos en España. La década de 1990 entreabrió las puertas de un país en expansión económica. En el nuevo siglo se han abierto de par en par. Sabíamos algunas cosas y hemos descubierto otras. Así comprobamos que los más de 700.000 ecuatorianos expulsados por la crisis económica de Quito, Loja, Cuenca y otras regiones ya forman parte del tejido social de su país de acogida. Incluso comparten el mismo dolor, como sucedió con el atentado de ETA en la T-4 de Barajas.

Confirmamos ideas: parte de la clase media venezolana que huye del proceso revolucionario de Hugo Chávez ha iniciado una nueva vida en Canarias, Galicia, Madrid o Barcelona. Y nos sorprendieron otras: los brasileños están enganchados a las redes de comunicación social. También desde España.

Otras sorpresas nos acompañaron a través del relato, como cuando conocimos a doña Catalina, abuela coraje hondureña, que ha logrado traer a Barcelona a más de 70 familiares. O como la grata noticia de que Madrid y Barcelona han sustituido a París en el imaginario literario y artístico de los latinos.

Buenas y también malas noticias. Los pandillero latinos, empeñados en hacerse famosos a costa de los demás. Las sectas, que intentan aprovecharse de los ingenuos. Y las mafias de la droga... Frente a éstas, el colectivo colombiano, el segundo más numeroso en el país, deseoso de sacudirse de encima el estigma de la coca.

Mexicanos, caribeños, argentinos, bolivianos…Obreros, camareros, enfermeras, asistentas, taxistas, publicistas, fruteros, militares, actores, escritoras, periodistas, políticos, cantantes, presidiarios…

Y, entre ellos, los más poderosos e influyentes, como Zerolo o Ronaldinho. Como Enrique Iglesias (el ex ministro uruguayo de Exteriores, no el otro).O como el escritor Mario Vargas Llosa, cuyos libros se venden a millones y cuyos artículos se leen y estudian en los cinco continentes. Por eso encabeza el ranking de los 40 latinos más poderosos de España, que hemos incluido tras los capítulos dedicados a las diferentes nacionalidades.

Tampoco podía faltar un pequeño diccionario urgente de términos latinos. Para «acabar» (en español, no en argentino) de la forma más chévere posible.

Así son y así viven. Así trabajan y así bailan. Así lloran y así ríen. Pasen y lean. Descubrirán a los nuevos madrileños, a los nuevos gallegos, a los nuevos catalanes… Conocerán a las personas que les atienden en el mercado, a las que construyen sus túneles, a las que ayudan a los ancianos, a las que hacen sus periódicos y sus películas favoritas....finales de la década de 1990, se hicieron famosos en Madrid dos edificios del centro que se convirtieron en ratoneras para inmigrantes, especialmente de ecuatorianos. Los hermanos De Frutos, el apellido español más repetido por los recién llegados, popularizaron un edificio de su propiedad de habitaciones diminutas por las que cobraban 10.000 pesetas. Hacinamiento inhumano como bienvenida. En la calle Montera todos conocían también un piso de 140 metros en el que vivían unas 100 personas. Había ropa tendida por todos los rincones y un olor nauseabundo. Cuentan que aquél era el lugar donde los propios latinos mandaban a sus compatriotas cuando alguien les preguntaba dónde pasar la noche. Algunos pagaban el alquiler incluso con joyas.

Pero, comparadas con el tristemente famoso fenómeno de la «cama caliente», aquellas habitaciones eran todo un lujo. Se trata de algo tan sencillo y tan incómodo como hacer un relevo para dormir. En pisos de 70 metros cuadrados pueden vivir fácilmente

Veinte personas. ¿Cómo lo hacen? Por turnos. Unos de día y otros de noche, dependiendo de sus horarios de trabajo. Las comidas se preparan guardando un escrupuloso orden hasta que el último ha cocinado su desayuno, su almuerzo o su cena. El precio oscila entre los 100 y los 120 euros al mes y para muchos es la única forma de tener un techo durante los primeros meses de estancia en Madrid. No se trata sólo de la solución más barata; también de la única alternativa para una persona que carece de papeles y avales que le faciliten el alquiler de una vivienda.

Las condiciones de salubridad de estas habitaciones son pésimas. En España, el 60 por ciento de los hogares en los que se vive hacinado son de inmigrantes.

 

Negocios de aquí que funcionan allí

Paradojas de la vida: muchos malviven al llegar para conseguir una vivienda digna en su país. Las inmobiliarias de allí lo saben. Y los bancos también son conscientes de la clientela que tienen en España. En abril de 2005 tuvo lugar en Madrid la Primera Feria de la Vivienda «Mi casa en Ecuador»,destinada a ese 90 por ciento de la población inmigrante que tiene intención de comprarse una casa en su país. Las instalaciones del Recinto Ferial de la Casa de Campo se llenaron. El lema de la feria ya lo decía todo: «Una vida mejor con tu casa en Ecuador».Invitación nítida para adquirir una vivienda en ese sitio donde su vida va a ser mucho más feliz que en España.

Inmobiliarias, constructoras y entidades financieras pusieron encima de la mesa una oferta de casas de 50 a 150 metros cuadrados por un precio que oscilaba entre los 17.000 y los 80.000 euros. Y es que de los 730 euros de media que gana un ecuatoriano al mes, envía a su familia más de un 30 por ciento. Las inmobiliarias lo saben. Por eso es frecuente encontrarse en los lugares de reunión de los ecuatorianos, aunque estén en mitad de la calle, de un parque o en un campo de fútbol, folletos publicitarios como el de «Vendecasa. Viviendas en Ecuador», un cuadernillo de 20 páginas con fotos de inmuebles en todos los rincones del país andino. Cada fin de semana aparece cubriendo el suelo casi como una alfombra de las canchas de voley del Huerto de Rueda de Lorca.

Los restaurantes ecuatorianos, productos autóctonos en los supermercados latinos, viviendas en Ecuador... no hay duda: estos inmigrantes viven con la mirada puesta en su A los latinos de España.

 

Uno

Ecuatorianos,
lorquitos en la tierra prometida
ami, tengo mangá tu nebula
tu novio es pura fábula
y si anda con sus cangris
que se tire que hay rebu «Mla
y como se ponga cómico
sacamos el automáti...co
dile que no fantasmeo
que me gusta el tiroteo».

Son las cinco en punto. Tarde de sábado con calor infernal en Lorca (Murcia).La voz del rey del reggaetón, Don Omar, se escapa a gritos por los bafles de un coche que circula con las ventanillas bajadas. El vehículo aparca en las inmediaciones de la estación de ferrocarril y de él comienzan a bajarse los miembros de una familia. El primero es un niño de unos 10 años vestido de marinero, en pleno trance de su día de la Primera Comunión. Luego lo hace la madre, que luce un vestido ajustadísimo con escote «palabra de honor» y unos tacones rojos a juego. El padre del pequeño lleva traje crema con chaqueta cruzada y zapatos de punta. Va engominado hasta las cejas. Su hermana, de unos 14 años, una minifalda extracorta que conjunta con una camiseta de tirantes y sandalias de tacón.Y el hermano mayor, de unos 16, otra camiseta de tirantes, varias cadenas doradas al cuello y una chaqueta a rayas colgada al hombro de forma chulesca. Cerca hay un parque. La familia lo ha elegido como escenario para una sesión fotográfica de lo más pintoresca.

Acontecimientos similares se repiten ese día por rincones de Lorca y la vecina localidad de Totana. En pleno mes de mayo, las familias ecuatorianas con hijos pequeños no olvidan sus «obligaciones» católicas y los encomiendan a la Virgen del Cisne, la patrona de su país.

Lorca hierve a estas horas de la tarde. Estamos en vísperas del Día de las Madres, Día de la Madre en Ecuador, el segundo domingo de mayo, y los ecuatorianos calientan motores para la fiesta, que empieza esta misma noche. La ciudad tiene unos 85.000 habitantes y 12.000 proceden del país andino. La cifra alcanza los 15.000 haciendo un cálculo aproximado de los «sin papeles». En Totana nada menos que el 35 por ciento de la población es ecuatoriana.

 

Lorca, territorio andino

La lorquina plaza del Óvalo de Santa Paula está plagada de ecuatorianos, esos a quienes los gitanos de Totana llaman despectivamente «payos pony», en referencia a su baja estatura. Los bares, las heladerías, los bancos... todo está repleto. Niños, jóvenes y mayores se cruzan por las aceras en la primera tarde de ocio de la semana. Es impresionante. Casi parece haber más andinos que lorquinos. No en vano la localidad ha perdido ya para muchos su nombre original y ha pasado a llamarse «LorQuito».

Varios coches con megafonía anuncian fiesta en los dos lugares donde los ecuatorianos pasan las noches de los fines de semana: Las Américas y Canela Fina: «Grupo colombiano Niche. Esta noche macrofiesta homenaje a las madres por 15 euros la entrada en Canela Fina», escupe el megáfono más potente.

La región de Murcia es, junto a Madrid y Barcelona, el lugar de residencia preferido para los ecuatorianos establecidos en España. Y Lorca y Totana son, sin duda, las dos localidades donde se extienden sus raíces de forma más llamativa. Empezaron a llegar en 1998 atraídos por la necesidad de mano de obra en la agricultura. Algunos son hoy capataces de las fincas donde sus compatriotas que van llegando trabajan por 700 euros al mes. Ellos los reclutan y se han convertido en sus jefes por un salario medio de 2.000 euros. Naranjas, alcachofas, tomates, ciruelas... las cosechas se encadenan una tras otra y el trabajo no falta en todo el año. Sin embargo, es un tajo que tiene lugar en unos 150 kilómetros a la redonda y, a veces, mucho más lejos. De hecho, todas las mañanas, sobre las cinco, más de 200 minibuses pasan por Lorca recogiendo inmigrantes que van a trabajar al campo.

Luis Gilberto Ochoa tiene 67 años y es de El Cañar (Ecuador). A su edad, aún es agricultor a sueldo y en los seis que lleva en Lorca ha llegado a recorrer diariamente hasta 250 kilómetros ida, y otros tantos vuelta, para ir a trabajar. Vive en una casa que comparte con siete personas más. Se levanta a las 3.30 de la madrugada porque es el turno que le toca en la cocina para prepararse el desayuno. Come y se vuelve a acostar. Así es la vida de muchos agricultores en la zona, una vida tan dura como la que llevaban en su propia tierra.

En la comunidad murciana hay 53.000 ecuatorianos empadronados, aunque se estima que la cifra total es de 90.000, según datos del propio consulado, que abrió en 2004. La ola de llegadas amainó cuando 12 ecuatorianos murieron en Lorca en 2001 arrollados por un tren al cruzar las vías en una furgoneta de camino al trabajo. «A partir de ese momento todo fue un desastre porque empezaron a pedir papeles en todos lados y no había forma de encontrar empleo», recuerda Luis Gilberto. La gente utilizó las estaciones de trenes y autobuses como hoteles improvisados, se sucedieron las manifestaciones y las huelgas de hambre. Poco después, el Gobierno puso en marcha el denominado «Plan de retorno voluntario», un acuerdo bilateral con Ecuador mediante el cual 13.000 inmigrantes ecuatorianos regresaron a su país para conseguir un visado y volver a España de forma legal.

Ahora, muchos «lorquitos» se han integrado en una sociedad que, si bien no termina de aceptarlos, les da ciertas facilidades. El campo les retiene todo el día, pero al sumar sus sueldos con el de sus esposas e, incluso, con el de sus hijos, se ha facilitado la compra de casa y automóvil. La deuda con el pasado (6.000 euros del viaje más los papeles) ya está saldada. Comienza la nueva vida.

Frente a la estación de autobuses, la tienda Euroecuador abastece a la comunidad durante toda la semana. Sin descanso. El trasiego es constante, siempre está llena. La «tecnocumbia» retumba en Radio Canela. Curiosamente, la dueña del establecimiento es española, pero su personal es latino: quién mejor para atender a los clientes. Para el que no está muy familiarizado con los alimentos ecuatorianos, darle una utilidad culinaria a lo que allí venden sería muy complicado: achiote para colorear la comida, alberja, habas secas, adobo o harina morada para el día de los difuntos. Muchos de los productos que se venden como ecuatorianos se hacen en España.

Cerca de allí, en la avenida Juan Carlos I,se sitúa otra de las miles de referencias que en la ciudad tienen que ver con Ecuador y sus ciudadanos. Un enorme cartel en el escaparate de una lujosa oficina reza: «Véase en pantalla gigante en directo con sus seres queridos». Se trata de la oficina de Austro Financial Services, una especie de sucursal en el extranjero del ecuatoriano Banco del Austro, que ofrece, además, un servicio de videoconferencia. Madrid y Lorca son los únicos lugares de España donde existe una de estas oficinas. Cuatro más en Estados Unidos cierran el círculo de las que hay en el mundo.

Son las ocho de la tarde y decenas de familias abandonan el Huerto de Rueda, en el barrio de Santa Quiteria. La explanada de un recinto ferial es el escenario, cada fin de semana, de varios partidos de ecuavoley. Los ecuatorianos llevan sus propias redes, sus «litronas» de cerveza y, cuando la policía les deja, venden sus platos de comida: los llapingachos (tortillas de patatas servidas con chorizo, huevo frito y aguacate) son los reyes de la jornada deportiva, pero tampoco falta el yahuarlocro (un guiso de cordero con patatas, sangre, cacahuete, cebolla y otras verduras) ni el choclo (maíz tierno).

El espectáculo es insólito: decenas de ecuatorianos bebiendo, comiendo, gritando, riendo y jaleando a los jugadores, que hacen lo mismo al terminar el partido y darle el testigo a los siguientes equipos. La fiesta en Canela Fina comienza en unas horas. Es el momento de ir a casa a acicalarse para después acudir a la cita. Lo mejor del día vendrá en unas horas.

 

 

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