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Eduardo García Fernández
La médula del cuento
Si te comes un limón sin hacer muecas, o si eres capaz de contemplar la portada del libro sin que te dejes vencer por el sueño o la ternura, porque esta fotografía de Harry Gruyaert es verdaderamente magnífica.
Al leer el título rápidamente evoqué la película El rey del juego (Norman Jewison 1.965) donde Steve McQueen se come un limón como quien ingiere algo dulce antes de emprender la partida de póquer contra Edward G. Robinson. Y es que al leer estos cuentos es muy difícil que no vayamos mostrando muecas conforme avanzamos, ya que brillan a muy alto nivel. Es como esa literatura destilada, ese zumo de limón en excelente estado de salud y concentrado. Como dice Enrique Vila-Matas, este libro está compuesto por “la esencia del relato mismo” aderezado con “esa poética limonera”.
Con una cita de dibujos animados al comienzo parece que Pàmies va en broma, pero no, todo lo contrario. Va en serio y yo diría que muy en serio (vamos, como la vida misma), aportando grandes dotes de observador y de agudeza, así como de ironía y conciencia social.
Previamente a estos cuentos ya conocía su faceta (una entre otras) de columnista en el diario El país donde hace 2 ó 3 veranos nos entretenía consiguiendo imitar el estilo del resto de los columnistas del periódico escribiendo tal y como lo haría Eduardo Mendoza, Rosa Montero, Manuel Vicent, etcétera. Aquel experimento me pareció divertido, atrevido y muy jugoso, así que el pasado verano volví a seguirle la pista con una nueva columna donde cada día escribía sobre un cóctel. Aunque al final daba la receta no hice ninguno, porque lo interesante era que el cóctel fuese un pretexto para hablar de otra cosa, y aquí radicaba nuevamente la originalidad.
Esta digresión sobre su faceta de columnista viene a colación para mostrar que este escritor es un verdadero “todo terrero” ya que cuando se enfrenta al cuento sabe destilar, afinar a modo de francotirador, como en el cuento El pozo, un reflejo del ansia humana de la búsqueda de la felicidad, conciso y con carga de profundidad.
El hilo conductor de casi todo el libro son las situaciones de la vida cotidiana que van derivando hacia lo recóndito, al límite, pero aún así resaltando la belleza en la forma en que se encuentran resueltas.
En La otra vida su comienzo es como un latigazo “me tuve que morir para saber si me querían”. En Nuestra guerra, da una visión acerca del conflicto bélico, de cualquier conflicto que es un fiel reflejo de cómo esa situación degrada al hombre hasta extremos inefables. Después de leer Como dos gotas de agua probablemente cuando a media noche vayamos de incursión a la cocina a beber un vaso de agua del grifo y observemos las gotas del mismo mantendremos otra relación con ese líquido que se desliza y desvanece por el fregadero. Esas dotes de buen observador que anteriormente cité se ven aquí realmente plasmadas.
La actualidad queda reflejada, según el correr de los tiempos donde lo normal o habitual se vuelve excepción y lo excepcional es la norma, en un cuento de gran radiografía social como es Sangre de nuestra sangre.
Podría ir desgranando cuento a cuento como gajos de un limón, pero mi pretensión es hacer sugerente el libro para atraer al potencial lector, dada la variedad de temas: Brindis, donde se yuxtapone el ámbito de la edición literaria con la seducción, o Precisamente hablábamos de ti, donde una ruptura afectiva es abordada con tanta verosimilitud que más bien podría ser una auténtica trascripción del suceso de una conocido.
Al finalizar la lectura del libro uno se queda como si necesitara otra buena dosis de esta poética limonera, como diría Vila-Matas; y entonces se deja reposar la lectura para releerlo nuevamente en posición decúbito supino, al revés, o sino en la cocina mientras aguarda a que se deslice la gota de agua y piensa si podría comerse todo un limón.
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