borde Sumario. Entrevistas.

ACVF

José Marzo

«Lo importante en un escritor es hacerse una obra»

Miguel Baquero

«Lo importante en un escritor es hacerse una obra». Esta frase la oí por primera vez en boca del escritor madrileño José Marzo, un joven autor que para la época que me hablaba ya había dado a la imprenta tres novelas y estaba a punto de sacar La alambrada, una obra que precisamente buscaba eso, la madurez, la seriedad y la categoría como escritor. Los cimientos de un edificio. La alambrada fue recibida, en general, con buenas críticas por parte de las revistas culturales casi minoritarias, porque los suplementos de los grandes diarios estaban ocupados, si no recuerdo mal, por aquel entonces aplaudiendo la irrupción de una nueva novela de espadachines o la última entrega de una saga de templarios...

Mucho hablamos Marzo y yo en aquellos días sobre esto, sobre la influencia del mercado y la necesidad de pronto éxito en la literatura actual, y a pocas personas he encontrado más realistas sin renunciar a su idealismo. Marzo, por una parte, no adopta esa porte orgullosa, interesante e indolente de quien vende poco y lo atribuye a su alta categoría intelectual en contraposición a la baja estofa del público; él entiende (y así lo dice en un pasaje de su última obra) que «un libro sin lectores no es un libro», él busca al lector, pero, eso sí, y aquí surge su idealismo, no quiere para ello tener que adoptar la expresión rápida e ingeniosa que hoy exige el mercado ni el pensamiento indolente y repetitivo que en la actualidad se practica. La de Marzo, antes bien, quiere ser una carrera de fondo, una obra que vaya sumando lectores poco a poco en razón de su autenticidad y su apego a unos valores. Una escalera a ascender y no un globo que, sí, suba rápidamente y produzca cosquilleos en el estómago, pero cuando esté en lo más alto de pronto se deshinche y tenga que aterrizar de cualquier modo en cualquier parte.

Ahora Marzo nos obsequia a sus seguidores con un nuevo paso en su andadura, en este caso un libro de microcuentos, pero también con la fundación de una editorial, ACVF, que se ha trazado como primer objetivo dar a conocer la obra de un magnífico escritor francés del siglo XIX, hoy esquinado, Jules Vallès, cuyas obras constituyen el grueso, la principal apuesta de ACVF en ésta su fase inaugural.

Miguel Baquero
La primera pregunta es necesaria. ¿Qué te movió a fundar una editorial?

José Marzo
En España se edita mucho y bien, pero pienso que hay huecos que se pueden cubrir. En ACVF Editorial vamos a ir apostando con pasos muy medidos por la obra de clásicos contemporáneos y también por voces y artistas actuales interesantes.

 

Miguel Baquero
¿Cómo se funda, grosso modo, una editorial (además, claro, de "con mucho esfuerzo y trabajo")?

José Marzo
Hace falta integrar un equipo de personas con talento: las personas que traducen, las que corrigen, las que diseñan. Las que comunican son muy importantes. Y, claro, las que escriben. En el mundo del libro hay tareas muy especializadas, que requieren de personas comprometidas con la cultura. Hace falta conocimiento del medio e ilusión por aportar cosas. Luego hay que contar con la confianza de una buena distribuidora. A partir de ahí, el lector decide.

 

Miguel Baquero
En el caso de ACVF, tres de los cuatro primeros títulos son del escritor francés Jules Vallès. ¿Quién fue Jules Vallès?

José Marzo
Su vida de adulto transcurrió en la segunda mitad del siglo XIX, en pleno periodo de las revoluciones sociales. Fue periodista, conspirador contra el Imperio, communard, condenado a muerte y exiliado... Es el autor de una obra maestra, la trilogía de Jacques Vingtras, de cuya primera entrega, la novela El niño, Zola dijo aquello de «pido que lo lean por amor a la verdad y la inteligencia».

 

Miguel Baquero
Podría decirse, pues, que primero tenías los textos y en razón de ellos fundaste la editorial.

José Marzo
En cierto modo. Espero que cada nuevo libro por el que apostemos sea un poco como una refundación de la editorial, que nunca perdamos esta ilusión por publicar cosas interesantes.

 

Miguel Baquero
¿Qué tiene de especial Vallès que justifique la apuesta?

José Marzo
En su obra están todas las grietas y fisuras de la cultura democrática contemporánea: el ansia de libertad y de justicia, los derechos del individuo y su corolario, que son los derechos sociales, frente a los privilegios heredados de la tradición. Fue un exaltado defensor de la libertad de expresión y de prensa y de la igualdad social. Pero todo esto, en literatura, no sería suficiente si además no fuera un gran escritor, con recursos narrativos muy modernos, con elipsis continuas y cambios de perspectiva y tono incesantes, muy dinámico. Leerlo sigue siendo un placer.

 

Miguel Baquero
De cualquier forma, tú ya tienes experiencia como impulsor de proyectos culturales. Has creado varias revistas y en estos momentos mantienes una página web.

José Marzo
Todas esas cosas, primero un fanzine, luego algunas revistas, fueron empresas colectivas. En España hay muchas personas dispuestas a arremangarse, aunque otros prefieren que nos mantengamos en la idiocia. La mayoría de aquellos proyectos tuvieron finales catastróficos, pero luego miras atrás y te quedas con la experiencia y con lo aprendido.

 

Miguel Baquero
El segundo título de este lanzamiento es Aurora, una colección de cuentos de la que eres autor. Hablando ahora como creador, ¿qué es Aurora?

José Marzo
Es un libro de relatos muy breves, yo los llamaba mini-relatos porque ninguno sobrepasaba la treintena de líneas. Hablan de pequeñas cosas de la vida diaria, en su mayoría hechos intrascendentes, otros no tanto. Si pudiéramos asomarnos unos segundos a la intimidad de las personas, a esos pensamientos que no suelen comunicarse, nos quedaríamos asombrados. La vida está llena de cosas menudas que dicen mucho de nosotros mismos. El conjunto de los relatos describe un viaje emocional.

 

Miguel Baquero
Tus anteriores obras eran novelas y has trabajado también el artículo. Ahora practicas el cuento breve. ¿Qué posibilidades le encuentras a este género?

José Marzo
En realidad Aurora lo fui trabajando en paralelo. Comencé en 1992 y lo di por cerrado en 2004. Pienso que un volumen de relatos bien escrito y bien construido puede ser una obra de arte. Algunos autores han hecho volúmenes excelentes, como el cubano Pedro Juan Gutiérrez con su Melancolía de los leones.

 

Miguel Baquero
Los cuentos de Aurora, aislados individualmente, se unen sin embargo en el conjunto, a la manera del mosaico, para componer lo que yo he creído ver como un friso del hombre actual, perdido en un mundo de incomprensión, incomunicación, limitaciones. Un hombre abocado a la frustración.

José Marzo
Puede leerse así, quizá. Pienso que ése era el tono de los primeros relatos, que abre “Ojo de buey”, ese ventanuco que nos comunica y que al mismo tiempo nos separa. Luego empezó a haber más violencia, una respuesta irracional de los personajes, que pienso que se deja ver en relatos como “La garrota” o “El hombre más poderoso del mundo”. Y hacia el final del volumen asoma la imaginación. Siempre hará falta la imaginación para intentar resolver los problemas de nuestro mundo. Pero me cuesta mucho hacer una lectura racional de un libro en el que se dibujan sobre todo las emociones.

 

Miguel Baquero
Por último, ¿ves posible compaginar ambas tareas, la de editor y la de escritor?

José Marzo
Sí, espero que sí. En cada día caben muchos mundos.

 

Reseña

Aurora
José Marzo
ACVF, 2006

Ruido. Tráfico. Luces. Es el signo de nuestros tiempos: el bullicio, el neón, el ocio multitudinario, el consumo masivo... Cada día, desde cientos de lugares, se nos invita a participar en la vorágine hasta quedar exhaustos, después de haber dejado, eso por supuesto, todo nuestro dinero sobre la mesa de juego. Y vuelta a empezar. El sonido del presente: Ruido. Tráfico. Luces...

«Cuánta luz entraba por los ventanales. Toda la luz, todo el ruido de la calle inundaba la sala. Los cláxones de los coches, voces de gentes...».

Como un susurro entre esta dinámica, tantas veces absurda, hay escritores que consideran su labor recordarnos quiénes somos: pobres seres que giran en torno a un punto de luz y calor, en medio de un vacío infinito, de un silencio interminable. Seres sensibles cargados de pasado y de remordimientos. Seres desvalidos que no encuentran su razón de ser.

«...voces de gentes. Y la retahíla del mono: "¡Eh, tú! ¡Dónde vas! Hola, ¿cómo te llamas? Ven aquí... ¿Quieres ser mi amigo? Habla conmigo"» (del cuento "El mono mecánico habla conmigo").

Aurora, del madrileño José Marzo, es un conjunto de microrrelatos (ninguno de ellos supera las dos páginas) donde, con breves pinceladas, se nos pretende mostrar con total desnudez esa indefensión de que estamos hechos. La violencia que nos domina en determinados momentos, la incomunicación que nos asola de continuo, los sentimientos indescifrables que nos embargan y nos llevan a actuar de manera confusa... «Lamentaba no haber salido de casa dando un portazo. Seguía teniendo la sensación de que también habría lamentado dar el portazo» (del cuento "Trapos sucios"). Todo, en suma, de lo que está compuesto el hombre, extraño animal para adentrarse en el cual Marzo no intenta, en sus cerca de ochenta microcuentos, llevarnos a dimensiones heroicas ni a situaciones tremebundas que nos muestren su mejor y su peor cara; ni pretende, como hoy es moda, revelarnos con métodos de un pseudo-chamán algo así como verdades trascendentes que nos reconforten la vida. Marzo no busca conclusiones; de antemano, desde el primer cuento, se confiesa tan aturdido como cualquiera por toda esta furia y velocidad sin sentido que nos abruma.

«Es tarde de domingo, muere el verano, y no encuentra motivos para encontrarse satisfecho» (del cuento "La tarde más hermosa").

No es casualidad que los cuentos de Aurora sean breves, que apenas tengan tratamiento narrativo, que, a la manera de los relatos de Carver y de los autores del "realismo sucio", se basen en situaciones, gestos, pequeños detalles (una niña que se columpia, un hombre que no tiene dinero para un hotel, un viajero que llora en un vagón...). Pocos de los cuentos podrían tener entidad propia, pero, como en un cuadro puntillista, de todos estos pequeños trazos, toques aislados de color, acaba surgiendo un lienzo o, en este caso, un reflejo del interior del lector cuando uno se aleja un par de pasos para contemplarlo. Es un reflejo súbito, apenas entrevisto, pero de una contundente veracidad.

«Se miró otra vez en el espejo y después lo empañó con su aliento» (del cuento "Deterioro").

Tampoco es casualidad que Marzo tome como protagonista de sus cuentos al hombre cotidiano, común, sumido en el barro del que están hechos nuestros días. «Él no hablaría a la multitud, sino a la mujer que regresaba de la compra con el carrito vacío, al niño que escapaba del colegio, al oficinista insomne, a la alumna de colegio de pago que odiaba usar falda, al vendedor de periódicos que no leía periódicos, al poeta funcionario, al amante de los pájaros que fabricaba pesticidas, al militar pacifista y al hombre pacífico que no recordaba sus sueños...» (del cuento "Nada"). Como no es casualidad que en ninguno de los cuentos exista diálogo (salvo cuando se transcriben meras fórmulas de compromiso). El hombre, en Aurora, está contemplado como individuo, no como parte de una colectividad en la que, quizás, pudiera encontrar sentido. Marzo nos habla del hombre ante el mundo y, sobre todo, del hombre ante los demás. Nos presenta aislados y confundidos en medio de una sociedad que se supone está hecha para nosotros.

«A Nora le instalaron el mundo para cuando naciera (...) Luego la parieron» (del cuento "Nora, Nora, Nora...")

Un libro, en resumen, Aurora, que nos deja un sabor de gusto amargo, quizás, una sequedad en la boca, pero también un estremecimiento interior, porque en cada uno de estos relatos reconocemos esa materia indefinible, húmeda y gris, de que estamos hechos y que constituye la humanidad.

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