
«Allí estaban todos, la clase hipotética de Howard. Él se permitió hacer un rápido catálogo visual de sus rasgos más sobresalientes, sabiendo que probablemente no volvería a verlos. (...). Les había presentado un Rembrandt que no era ni un antisistema ni un innovador si no más bien un conformista; les había dicho que se preguntaran qué entendían ellos por “genio” y, en medio de un silencio de perplejidad, había sustituido la figura convencional, reconocida por la historia, del maestro rebelde, por la versión personal de Howard: un artesano meramente competente que pintaba lo que le encargaban sus adinerados clientes. Luego pidió a los estudiantes que imaginaran la belleza como la máscara que se pone el poder. Que visualizaran la estética como un enrarecido lenguaje excluyente. Les prometió un discurso que desafiaría sus ideas acerca de la calidad humana y redentora de lo que generalmente se entiende por “arte”.
-El arte es el mito de Occidente –proclamó Howard por sexto año consecutivo- con el que nos consolamos y nos configuramos nosotros mismos.
Esto lo anotaron todos».
Sobre la belleza, el último libro de Zadie Smith, acaba de ser traducido al castellano por Salamandra. Lo hemos anotado todos. Y es que, aunque la autora reniegue de su escritura en tanto que fenómeno de ventas, lo cierto es que sus muchos lectores esperábamos ansiosos la aparición de su tercera novela. Tras el éxito de la sarcástica saga mestiza White Teeth y la relativa decepción de las expectativas que supuso El cazador de autógrafos, en Sobre la belleza Zadie recobra sus mejores recursos, recuperando sus incisivas descripciones y sus peculiares metáforas de la cotidianidad pero armándolos en una estructura narrativa mucho más sólida que la de su primera narrativa.
En esta ocasión, la autora nos describe con feroz sinceridad los entresijos del mundillo académico anglosajón, en un retrato contrapuesto de dos familias de inclinaciones políticas enfrentadas. Howard Belsey es un profesor de izquierdas que ronda la cincuentena. El mayor de sus tres hijos se marcha a pasar el verano a Londres para trabajar como asistente personal de un académico reaccionario, encumbrado como un gran experto y férreo enemigo de Howard: Monty Kipps. Kipps es el patriarca de una familia negra conservadora, obsesivamente respetable, que ingresa en la misma universidad que Howard. Como no podía ser de otro modo, el hijo de los Belsey se enamorará de la hija de los Kipps: la intriga a lo Romeo y Julieta está servida. Pero ese no será el único lazo de la historia. Como siempre en sus novelas, Zadie trama una historia coral, inundada de personajes sabiamente contradictorios, tangibles.
Y sí, se trata de una sátira del mundo académico, pero también de mucho más. En un cuento sobre tendencias políticas encontradas, infidelidades, críticos y artistas, blancos raperos, negros poetas, cuarentones en crisis, jóvenes irreverentes, complicidades, momentos vulnerables, odio, cariño; en definitiva, “sobre la belleza.”
Más allá de su acostumbrado humor ácido y descripciones afiladas, esta es una obra no tan superficial como algunos quisieran creer. En cierto sentido, reflexiona acerca de la oposición entre arte y vida, encarnada por los personajes opuestos de Howard y su esposa Kiki. Howard es un profesor encerrado en su mundo de pedantería intelectual, egoístamente desinteresado de la realidad. Por el contrario, Kiki es una mujer negra entrada en años, políticamente comprometida, eficazmente activa, cuarentona, oronda, menopáusica y terriblemente sincera. Ella es el punto de encuentro de Howard con la realidad y, en definitiva, el personaje más valiente y coherente. Pese a sus diferencias, el matrimonio lleva muchos años unido por cariño real, exento de palabras.
Una de las escenas clave de la novela es la de la clase de arte que Howard imparte en la universidad. En ella, Howard proyecta el cuadro La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp; no en vano, el profesor lleva años intentando escribir su gran obra magna, un ensayo crítico acerca de Rembrandt. La lección de anatomía es según Howard, una muestra de perfección formal alcanzada por un hábil y esforzado maestro.
Lo que mueve a Zadie Smith a ponerse al teclado es “escribir un buen libro algún día”. Pero su mordiente capacidad crítica la lleva a ser tajante también consigo misma. Sin embargo, sus novelas no son meras sátiras, algo que la propia autora confiesa que “la entristecería”. No sin motivo. Reducir Sobre la belleza a un irónico cuadro costumbrista sería, cuanto menos, simplista. Hay mucho más. Un sutil talento para perfilar los matices de los personajes, para reírse de las contradicciones, para representar lo absurdo, lo dramático, lo genial de la vida. En definitiva, un toque de maestro. Toda una lección de anatomía narrativa.
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