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Cultura 21

El hombre de los 21 dedos

21dedos.es

 

Jose Ángel Mañas
Antonio Domínguez Leiva

Editorial: Dolmen

 

 

Jose Ángel Mañas, en compañía de Antonio Domínguez Leiva -coescritor- y de Benjamin Escalonilla -ilustrador y responsable de la parte multimedia- va a presentar en la semana negra del mes de Julio 2007, una serie de aventuras que gira entorno a su protagonista, un personaje cambiante, que se descubre cuando aparece el sexto dedo de su pie: el hombre de los 21 dedos .

"21 sería algo así como un 'Torrente' para listos... ", comentan.

A colación con la inminente salida al mercado de la publicación del hombre de los 21 dedos, Antonio, uno de sus autores nos ofrece en primicia un paseo alrededor de los mundos y submundos en los que han ambientado la primera de las obras… desde el thriler marítimo hasta las triadas…Mondo21

EL HONOR DE LOS CAMPEADOR es la primera aventura del hombre de los 21 dedos, que publica Dolmen, y que estará en las tiendas a finales de Julio. Para más información sobre el resto de novelas de la serie, remitirse a la web oficial:
21dedos.es

 

MONDO21

Thrillers marítimos

El subgénero del thriller marítimo al que pertenece la primera entrega de nuestra saga ventiunera es uno de los más curiosos de la tradición de la novela negra. Su representante más célebre fue tal vez Charles Williams (1909-1975) –del que volveremos a hablar en otros apartados debido a su veintiunísimo The Diamond Bikini (1962).
Tras enrolarse por diez años en la marina estadounidense se dedicó a la novela negra, empezando por el subgénero entrañable del “backwood noir” que podríamos traducir por “novela negra palurda” a la que 21 rinde claro homenaje en “Gothic Galicia”. Tras el éxito de sus Hill Girl (1953), Big City Girl o Uncle Sicamore and his Girls, decidió abandonar la tierra firme y las palurdas ninfómanas y criminales para entregarse al “blue-water noir” o “novela negra de agua dulce” en una serie de títulos memorables: Scorpion Reef (trad. esp. El Arrecife del Escorpión, 1955), The Sailcloth Shroud, Aground, And The Deep Blue Sea  y el mítico Dead Calm (tr. esp. Mar calmo, 1963) que se haría famosa 14 años después que Charles se suicidara en su caravana (y no ahogado como cuentan por ahí, tal vez porque pegue más con sus obras).
Actualmente sólo tres de sus novelas están disponibles en Estados Unidos, lo que puede hacer reflexionar a todo ventiunero sobre lo asquerosamente injusta que es toda la industria editorial –y no sólo la de nuestros lares.
El subgénero se popularizó (cómo no) en una serie de producciones cinematográficas, empezando por la adaptación de la obra maestra de la Highsmith que hizo René Clement en A pleno sol. Aparición estelar de nuestro idolatrado Ripley en la piel de un inolvidable y polierótico Alain Delon, esta obra es de culto obligado para todo veintiunero que se precie.
El cuchillo en el agua de Roman Polanski marcó un nuevo hito, mezclando deriva existencialista y homenaje a Hitchcock con un Donald Pleasance tan perturbado que te lo llevarías a casa para tenerlo encerrado en una diminuta caja de cerillas.
A nivel de box office fue Dead Calm (1989), la adaptación de Williams por Philip Noyce, quien se llevó el gato al agua (hehe) en una producción tardochentera en la que descolló una de nuestras “21 queens” preferidas, Nicole Kidman. Otros films incluyen adaptaciones del Williams marino como Aground (a.k.a Dictator’s Guns o L’arme à gauche) del 65 y The Sailcloth Shroud – The Man Who Would Not Die (aka Target in the Sun) (1975). 

LINKS: Williams
Aunque es mejor en ingles
En francés, con muchas ilustraciones guapas http://www.gloubik.info/williams/williams.html
En Internet Movie Database http://www.imdb.com/title/tt0097162/

200px-Dead_calm 200px-Plein_soleil Jolanta Umecka in Knife in the WaterPolanski (Jolanta Umecka en El cuchillo en el agua)

 

Lolitas

The 1962 adaptation`s movie poster artSi bien fue la obra maestra de Nabokov (y consiguientemente la de Kubrick) la encarnación definitiva del mito de la “lolita”, éste había ya dado mucha guerra desde las novelas libertinas del siglo XVIII –tan deliciosamente veintiuneras, por cierto. La Confession d’une jeune fille de Pidansart de Mairobert (qué pedazo de nombre) por ejemplo, nos presenta ya una de esas jovencitas fogosas e incorregiblemente curiosas (la pequeña Safo dotada de un “clítoris diabólico”, aunque suena mejor “clítoris diabolique”) que abundarían en la literatura erótica del XIX hasta culminar con las inenarrables fantasías de Pierre Louys (que hoy en día, en nuestros tiempos de progresía, serían sin lugar a dudas censuradas como abiertamente pedófilas), cuyas Tres hijas de su madre y Manual de civilidad para uso de niñitas todo ventiunero debería leer con veneración. Tras triunfar como consorte de la mujer fatal (pronto, pronto habrá algo sobre las fatales) en la “fin de siècle” (época veintiunera por excelencia), la lolita va haciéndose un hueco cada vez más claro en la literatura general y pornográfica. Nabokov consigue fusionar todos los motivos, creando un auténtico mito moderno, mezcla de consumismo, cretinismo y perversidad que va a arrasar con todo, desde el cine hasta la moda, pese a la creciente represión legislativa (Dolores tiene 12 añitos en la novela...).En cine citemos el melodramáticoThe 1997 movie poster art Almas perdidas de Dino Risi con la cándida Anicée Alvina, ya un poco mayorcita (imperativos legales habituales del 7º arte en lo que atañe al candente tópico de la lolita), o el Padre Putativo de Alberto Lattuada (la lolita es aquí una joven retrasada, la sexísima Teresa Ann Savoy). De hecho el subgénero lolitesco arrasó, cinematográficamente hablando, en el cine italiano de destape. La lolita se presta ahí a múltiples combinaciones, empezando por el inevitable incesto de los Placeres Prohibidos de Salvatore Samperi.En otras filmografías saludemos a nuestro queridísimo Gainsbourg con su Stan the Flasher, donde da rienda suelta a su humberthumbertismo proverbial. Siguiendo con “les lolitas” gabachas señalemos La petite sirène de Roger Andrieux, donde Philippe Léotard termina cepillándose a la hermana menor de su novia o el suculento La chica de 15 años de Jacques Doillon donde un ibizenco idilio termina con la pequeña Judith Godrèche cepillándose al viejo de su amiguito. En plan cachondeo, el inevitable profe de Letras es perseguido por la histérica hija de su  mejor amigo en La petite allumeuse (la pequeña calientapollas) de Danièle Dubroux.Nelly Kaplan se monta un buen rollete entre profe y alumna en Nea. Versión trashy o basuril de Nabokov es Babyface de Jack Blum, con la treceañera Elisabeth Rosen cargándose a su vieja con la ayuda del amante común. Abiertamente electril (por lo del complejo, pero tambien por lo eléctrico) es Ampliar la imagenCaído del cielo de nuestro querido colgado Dennis Hopper, escándalo en Cannes (1980) que flirtea con el ethos punki. Por ende, no podemos olvidar a Buñuel con su pequeña joya infravalorada, La joven. Carlos Saura también se apuntó al tema con Elisa, vida mía, drama cerebral entre Geraldine Chaplin y Fernando Rey.En las letras hispánicas la mejor lolita es sin duda la protagonista de Luna Caliente del olvidado Mempo Giardinelli (1983), precediendo de mucho la Rosana de La flaqueza del bolchevique (y su jugosa encarnación fílmica).Para los veintiuneros más viciosillos (que los hay) acaba de salir el Magnus Opus sobre el tema, desgraciadamente aún no hay traducción española. Se trata de Petites madones perverses et lolitas de Sebastien Hubier (EUD, 2007).No os damos más ideas que para encontrar lolitas por la web os bastáis y sobráis vosotros solitos.  

 

 

Toreros

El subgénero del toreo tuvo sus horas de gloria en la producción hispana pero empezó siendo algo esencialmente gabacho (en plan qué brutos que son los de 200px-Blood_and_sand_posterallende los Pirineos). Después de algún intento fallido como Le toreador de la mujer de aquel cabrón de mariscal Junot, Laura Saint Martín y del bombazo de la Carmen de Mérimée (1846) con su torero Escamillo (sin, que se sepa, ninguna alusión psicotrópica), Teófilo Gautier cometió “Los amores de un torero” y el costumbrismo nativo se entusiasmó, engendrando cosas como Pascualito. La novela de un torero del uruguayo Manuel Acosta y Lara o  El embrujo de Sevilla del (también uruguayo!) Carlos Reyles. Para que os hagáis una idea Miguel Godoy Barroso cita un trozo en su página web sobre los Toreros de Córdoba:“Ese círculo [la arena, claro] nos transfigura, nos sublima, porque viven en él acaso las energías y las virtudes de nuestro heroico pasado; todo aquello que nos hizo grandes y fuertes”.[...]: “En este momento todos deliramos, todos nos sentimos capaces de cargarnos al mundo y sus arrabales. Mire usted esos rostros. Sólo a los héroes y a los grandes artistas les es dado suscitar emociones semejantes” [...]. “El que enloquece no soy yo, sino el redondel… El redondel nos electriza, nos transfigura, nos convierte en héroes legendarios. Yo estoy seguro que el público se imagina, en su entusiasmo, que el torero es España y el toro el Destino, y delira viéndolo desafiar arrogante y luego burlar la ira de la fiera, y vencerla, y dominarla, y, finalmente, tenderla muerta a sus pies. Lo que nos recuerda tan a lo vivo nuestra valentía de otras épocas, nos transporta y embriaga”...No comment.El delirio llegaría con el célebre Sangre y Arena de nuestro ancestro Blasco Ibáñez –algo haremos sobre él en algún momento. El éxito de la novela se confirmó con el de las versiones cinematográficas, hitos en el kitsch hispano-hollywoodiense que pronto generarían parodias como la prescindible Ni sangre ni arena de Cantinflas.

Rudolph Valentino as Juan Gallardo(Valentino en plan Lolete)

Influenciada por nuestro amigo Pierre Louys y su La mujer y el pelele, una producción “sicalíptica” hizo del torero un personaje clave dentro de historietas delirante de sangre y pasión carpetobetónica. Se lleva (discutiblemente) la palma (o la oreja) el cubano Alberto Insúa con su título über-cañí La mujer, el torero y el toro (1926) (con dos cojones, hostia, podría haber añadido). Existe versión cinematográfica (obviamente edulcorada) de 1950 (dirigida por un tal Fernando Butragueño). El más salvaje en la combinación de sexo y toreo no fue, sin embargo (¿os sorprende?) un íbero, sino el colgado Georges Bataille en Historia del ojo, de lectura obligada.En plan más cachondo, en esa época de oro del humorismo español que esconde tantas joyas veintiuneras, citemos a Antonio Robles Soler por su Torerito soberbio (1932).Hemingway retomaría el topicazo taurino en Muerte en la tarde (1932), fascinado por Pedro Romero del que se dice que mató a 5.600 toros, lo cual da que pensar (no sabemos el qué exactamente, pero es lo que se dice ¿no?).El tema taurino ha seguido alimentando la literatura y el cine patrios y extranjero, con cosas tan psicotrónicas como la versión softcore de Sangre y Arena para lucimiento de la entonces decaída Sharon Stone (1989). Rindamos homenaje a la Cuadrilla por su inenarrable Justino, un asesino de la tercera edad  y señalemos una al parecer pequeña joya del cine mexicano reciente Toro negro: el triste matador sobre "el suicida", matador de toros famélicos en la región Maya del sureste de México (???). Por último (porque no todo van a ser comidas de rabo) cubramos de oprobio La pasión de Manolete... por cierto, todo parecido entre Manolete y nuestro Lolete es pura... vease sino http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=280080

Podéis perder un poco de tiempo en una librería especializada en libros de toros: http://www.libreriarodriguez.com/
O leyendo ¡Torero! Los toros en el cine de Muriel Feiner (Alianza Ed).

 

meller2Las estrellas malditas

Se trata de uno de los personajes emblemáticos del melodrama de ambiente teatral. Un micro-género se dedicó a este personaje, el de la “novela de la actriz”, retomado luego por el cine y culminando con el célebre Sunset Boulevard (Billy Wilder) y la deliciosamente enfermiza Qué fue de Baby Jane (R. Aldrich), fuente de innumerables versiones psicotrónicas entre las que recomendamos El lamentable famoseo nacional ha pervertido mucho la augusta tradición de las antiguas glorias ninfómanas y majaretas. Para no remitir a inútiles infra-famosillos de nuevo cuño, rindamos homenaje a la edad dorada del “latin glam” con Raquel Meller http://www.valvanera.com/riojanos/meller1.htm  

 

Proust

¿Qué os podemos contar de Proust? En plan cachondo, que la famosa Albertine que trae de cabeza al narrador de La Recherche era en realidad un maromo, el chofer bien membrado del frágil Marcel, Alfred Agostinelli. Este murió en un accidente (muy moderno para la Belle Epoque) de avión, dejando al maestro desconsolado (habría otro chófer, más adelante, pero que se limitaría a traer al eterno convaleciente compañeros nocturnos de los bajos fondos parisinos). Tenemos una foto cachonda que hubiera hecho las delicias de Walter.

Marcel Proust en Normandie   

Triadas

En el género polifacético de las pelis de triadas y que seguramente los jóvenes veintiuneros conozcáis de pe a pa permitámonos citar la Shinjuku Triad Society y la subsiguiente trilogía de nuestro idolatrado Takashi Miike, quien haría una matanza perfecta para nuestro capítulo introductorio (quien sabe... tal vez algún día, o en un universo paralelo...).    

200px-ShinjukuTriadSocietyPALCover 

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