borde Sumario. Nuestro novel
Leticia Sigarrostegui

Leticia Sigarrostegui

«Mi literatura empieza en el dolor y termina en la esperanza»

 

Entrevista de Luis García

 

Poética

La literatura lo es todo

 La literatura lo es todo. Es victoria y derrota, soledad y compañía, ilusión y deseperanza, violencia y pacifismo, sinceridad y (auto)engaño, hambre y saciedad, vergüenza y orgullo, depresión y euforia, calma y ansiedad... La literatura lo es todo porque se mueve entre contrastes, porque vive de y por ellos, de y por las ambivalencias que conforman la vida humana.

La literatura es un lugar de encuentro, un trueque (va más allá del negocio económico) entre el autor y el lector. El primero satisface la necesidad primitiva de expresarse, de dar a conocer a un sujeto (que incluso puede ser él mismo en el caso de que busque la distancia para autoanalizarse). El segundo pretende y recibe un ejemplo, una advertencia, una confirmación, una base.

La literatura es el paso que diferencia al hombre del animal que se mueve por instintos. Al animal no le interesan los porqués, simplemente nace, crece, se reproduce y muere. El hombre pregunta o se pregunta buscando el control, la “seguridad” (¡cuando cada uno tenemos una verdad!) del conocimiento. Y encuentra unas respuestas, otras no. Sigue buscando hasta el final de sus días, muere más o menos satisfecho por las aclaraciones que ha conseguido. Pregunta directamente a los que le rodean, pero también pregunta de manera indirecta a aquellos a los que no conoce, muertos y vivos: representantes de la Iglesia, filósofos, políticos, chamanes, periodistas, pintores, estrellas de la música y del cine (hoy, antiguamente a otros ídolos)… Y por supuesto a los escritores, quienes finalmente no hacen otra cosa que reflejar su realidad seleccionada.

El valor del escritor lo determina la destreza con la que es capaz de combinar las palabras escritas para servir al lector. Las palabras son el medio y su objetivo es lograr la comunicación. Si yo como autora escribo las palabras “no, ya sí porque vale” , lo más probable es que el lector no me entienda. Menos aún si propongo esta única frase como un capítulo entero, sin añadir nada más. Pero me habré comunicado con el lector si él interpreta este mensaje como absurdo, aleatorio o incluso nihilista. Suponiendo que ésta hubiese sido mi intención.

Mi literatura es hasta ahora mi primera novela. Un impulso nacido del miedo, de la empatía que sintió España en un determinado momento. Del contraste entre mi vida de entonces, cuando yo iba a cumplir veintidós años y me dedicaba a dejar pasar el verano (me veo desganada en la piscina de la urbanización); y el final violento de la vida de un hombre de veintinueve años, un final arbitrario que no decidían ni la vejez ni la enfermedad, sino los hombres. El germen necesitó años para madurar y adquirir vida propia: la mía. Y se convirtió además en cobijo: los cuatro años de escritura me ayudaron a sobrevivir mi propia realidad. Yo viví por este libro, para él, a través de él. Mi tristeza, mi soledad, mis miedos (mi necesidad primitiva de expresión) pasaron a mis tres mujeres, que como yo buscaban sobrevivir. Ellas vivían en otro lugar, tenían otros motivos e intereses, otras personalidades. Álvaro también soy yo, su desasosiego es el mío; y también su ambición es mía.
En cualquier caso, el impulso inicial seguió presente: la incomprensión, la impotencia, el desamparo. Y las ganas de seguir viviendo.

Mi literatura empieza en el dolor y termina en la esperanza. Nace de un momento, de una situación, de un gesto, de una reacción, de una palabra que me conmueve. La novela en la que actualmente trabajo viene a confirmármelo. Quizá en esta próxima novela muestro más interés por cómo la mente puede llegar a dominar al hombre o a liberarlo de sí mismo. Me interesan también las capacidades o incapacidades sociales del individuo; las manipulaciones, las torpezas. Me interesa enfrentar los contrastes que conforman la vida.

  

Entrevista a Leticia Sigarrostegui por Luis García  

Luis García
Leticia Sigarrostegui, una nueva voz dentro del panorama literario  español... ¿Asustada quizás?

Leticia Sigarrostegui
Una pregunta como ésta, en concreto la de cómo se sentía después de haber publicado, se la hice yo a alguien que publicó hace tres años su primer libro. Me miró con cierto aire de superioridad (él ya había publicado y yo sólo escribía) y me dijo como si ninguna otra respuesta fuera posible: no. A lo que voy: ahora entiendo lo que me quiso decir. Has trabajado varios años en una novela, casi no has vivido para otra cosa que para sacarla adelante, y cuando lo consigues, lo que te queda en un principio es una especie de nostalgia, de incredulidad, de orgullo maternal, de sorpresa también porque tú empezaste con una idea y la novela fue creciendo... Así que yo también diría que no, que son muchas otras las sensaciones que priman cuando me paro a pensar en la publicación de Álvaro fue. Por supuesto, cuando me enteré de que El Cultural iba a incluir una reseña sobre mi novela a principios de abril sentí cierto nerviosismo. ¿O curiosidad? Fue por cierto una reseña preciosa, y ahora sólo me estoy refiriendo al estilo que empleó Ernesto Calabuig para escribirla.  Hombre, ¡el contenido me encantó!

 

Luis García
Y con una novela, Álvaro fue, plena de actualidad. El mundo de los cooperantes internacionales, guerras internas en el Perú.... ¿qué tiene la novela de realidad y que de ficción?

Leticia Sigarrostegui
Álvaro en realidad es un pretexto. O lo fue, porque más adelante me di cuenta de que complementaba a mis tres mujeres. Ya he dicho que algo pasó en España cuando yo iba a cumplir veintidós años, y que ese algo me impresionó. Pensé en las tres mujeres que había en la vida del hombre que había muerto: fui madre, novia, hermana. Curiosamente madre, se me ocurrió: qué dolor te puede invadir si el ser al que pudiste proteger dentro de tu vientre, toda su niñez has estado pendiente de él, es tu obra, es mucho más, es parte de ti... Y de repente viene alguien y le quita la vida. Independientemente de las razones. Tú como madre. Qué se debe sentir. Hoy tengo casi treinta y dos años y no soy madre, y aún así me inquieta la idea. Volviendo a Álvaro, a mi novela: Álvaro soy yo. Beatriz, Natalia y Carolina también; bueno, alguna más que otra... Guerras internas del Perú: necesitaba un escenario diferente a España  (porque ni son las tres mujeres que perdieron al hombre en 1997 ni es el hombre al que asesinaron). Y qué mejor escenario que uno que me permita conocer mis propias raíces: el Perú. Mi padre es peruano, pero yo soy española. Quiero decir: cuando yo era niña, casi no había latinoamericanos en España. Mi madre es española y me he criado sobre todo con ella. Además mi padre dejó el Perú a los dieciséis años, y vivió en EEUU, Alemania, Holanda, España... Y parece ser que yo sigo su camino aunque llevo ya varios años viviendo en Alemania y de momento quiero quedarme aquí.

 

Luis García
¿Existió Álvaro o es una recreación suya?

Leticia Sigarrostegui
Lo dicho: hubo un muerto y tres mujeres. Pero Álvaro soy yo.

 

Luis García
Nuevamente tenemos una novela sobre la realidad del Perú, sobre la justicia...., ¿no es un tema demasiado trillado?

Leticia Sigarrostegui
Veo que lo he revelado todo en la segunda pregunta, las prisas son mi perdición... Puede que sea un tema muy tratado, sí, el de la justicia. Mi padre, como he dicho, es peruano. Por eso elegí el Perú, para conocer el país de mi padre. Por lo demás: la verdad es que ni se me ocurrió que fuera un tema popular. Yo es que vivo un poco en las nubes, siempre lo he hecho; dónde he leído que los nacidos el 17 de julio somos soñadores empedernidos... Así que más bien creo que ha sido una casualidad. Hay tantas casualidades en mi vida... Me asusta la idea, y estoy tomando cartas en el asunto. Claro que perder del todo los sueños, no, ¡eso tampoco!

 

Luis García
¿Cómo afrontas esta tu primera novela?. ¿Sientes vértigo ahora que por fin la puedes ver sobre las mesas de novedades?

Leticia Sigarrostegui
De nuevo una pregunta ya medio respondida; yo y la velocidad, como si me fuera a faltar el tiempo, esto me viene pasando desde niña... No, no siento vértigo. Siento asombro, satisfacción personal e incluso extrañeza: ¿he escrito yo esta novela? Los recuerdos relacionados con la escritura de la novela también me asaltan. Por ejemplo el desconcierto de Natalia cuando Hilario la mira de una determinada manera; esos ojos me miraron a mí, esta vez en la vida real (¡en mi vida real!), y no a los trece años sino a los treinta y uno. Fue una de las últimas correciones que hice.

 

Luis García
¿Cual te parece que sea la causa de que la literatura peruana este al alza en nuestro país?

Leticia Sigarrostegui
Yo creo que tiene que ver con el fenómeno inmigrante. Para los españoles la convivencia con extranjeros latinoamericanos no es ya una excepción, sino la norma. Son como he dicho extranjeros, pero hablan el mismo idioma y formaron parte de España en un determinado momento. Además, por lo general no son extranjeros que se aislen, de hecho hay muchas parejas mixtas. Y tienen cierto toque de exotismo, de diferencia de todas formas abarcable por la historia y el idioma en común. Las marcadas diferencias sociales, los fracasos políticos, los desórdenes generales... son quizá extremos en Latinoamérica; pero no dejan indiferentes a los españoles porque de una forma u otra son conflictos que nos afectan a todos como hombres, independientemente del país del que provengamos. También en cuanto a la inmigración hay prejuicios, como en todas partes; España es uno de los países europeos más tardíos en cuanto a la recepción masiva de inmigrantes. Y lo mejor contra los prejuicios es el conocimiento, de ahí el interés de la gente por comprender a los “nuevos españoles”.

 

Luis García
¿Qué estas preparando actualmente?

Leticia Sigarrostegui
Una novela que es más bien un mosaico de impresiones, documentos, comentarios, obsesiones, enfrentamientos, oposiciones. El tema en líneas generales: la idea de que saber vivir es un arte. Y lo contrario una condena. Por supuesto también hay una historia, y unos protagonistas (una mujer y unos hombres). Una historia sincera, sin pelos en la lengua; no me está resultando fácil escribirla. Mi agente opina que es el momento adecuado para esta novela y por eso sigo adelante. Bueno, y porque creo que el escritor tiene que atreverse a decir: es su responsabilidad.

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