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La caza salvaje (Premio Azorín)

 

Jon Juaristi

 

Planeta, 2007

 

Javier Pérez

Jon Juaristi, La caza salvaje

Un libro que empieza con Unamuno entrando en una cueva bien puede terminar con los personajes hablando con el autor, en tono exigente, para pedirle cuentas de los papeles que les ha tocado en suerte representar. Unamuno muestra los bisontes de Altamira a un joven discípulo, y a partir de esa imagen entre mágica y feroz se desencadena la trama.

En La caza salvaje, de Jon Juaristi, se dan cita por igual las citas cultas y los chascarrillos del humor más descarnado. Nos encontramos ante una novela a medio camino entre el género negro, la denuncia política y la antropología encubierta de Umberto Eco en su Péndulo de Foucault, en un aquelarre en que la sangre origina a veces la leyenda, y la leyenda la sangre.

Martín Abadía, un cura vasco cuyo nombre curiosamente coincide con el del cazador maldito, versión euskaldún del judío errante, va recorriendo las vicisitudes de Europa siempre en contacto con los más irredentos nacionalismos. La acción comienza con los acuerdos de Santona, cuando los nacionalistas vascos se entregan a las tropas franquistas sin combatir, y evoluciona alocada pero lógicamente con el paso de este sacerdote a Francia, sus connivencias con los nazis, su regreso a la España franquista y sus contactos con los nacionalistas balcánicos. El protagonista, siempre hábil para escapar de cualquier derrota, va mutando su idealismo en instinto de cazador, hasta verse convertido en un jugador de la vida y de la muerte que ya no lucha ni engaña por lograr sus objetivos, sino porque esa es su naturaleza.

En una grandiosa fábula, ante todo entretenida y chispeante, Juaristi trata de demostrar que no hay ruptura lógica en el paso de cura de aldea a nazi, y de nazi a inspirador de ETA. Los personajes, algunos delirantes, se van sucediendo en la novela a la par que muestran sus explicaciones cosmológicas sobre el significado de la unión sanguínea entre el hombre y la tierra que habita. La idea, curiosamente, es la misma en la que abunda Alfred Rosemberg en su obra El Mito del siglo XX, pero Juaristi la hace más accesible, y también más actual, con los ejemplos, los personajes y las vicisitudes que nos propone. Pero la idea es la misma: la comunión entre la tierra y los hombres que la habitan es algo místico, y en las aras de la raza y de la lengua, de lo ancestral más profundo, cualquier sacrificio el legítimo.

Al final el resultado es un libro muy ameno y muy completo, con retazos de aventuras, fragmentos de género negro y unas cuantas disertaciones sobre el folclore europeo, su confluencia en algunos temas principales, y la universalidad del hecho de que todos nos creemos mejores que nuestros vecinos y encontramos siempre un buen cuento para justificar tal creencia.

Aunque se nota que el autor trata de evitarlo, a veces surgen ciertos rasgos de erudición, que de todos modos no entorpecen la lectura cualquiera que sea el conocimiento previo de la materia que tenga el lector.

En conclusión, estamos ante un libro que nos obligará a tomar algún apunte, o a señalar una página para tomarlo más adelante, porque la trama y la acción no admiten dilaciones ni interrupciones. Tómenlo sin prejuicios y lo leerán en tres tardes. Ya lo verán.