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La pared vacía

 

Elisabeth Sanxay Holding

 

Lumen, 2007

 

À. Vicente Palazón

Elisabeth Sanxay Holding, La pared vacía

Para cuando la Gran Depresión había acabado y la población trataba de recuperarse de sus secuelas, estalló la Segunda Guerra Mundial y con ella regresaron las dificultades económicas. Ambos acontecimientos influyeron de un modo u otro en la redacción de La pared vacía. La Gran Depresión empujó a Elisabeth Sanxay Holding a abandonar un estilo de literatura que, a pesar de contar con el aplauso de la crítica, no resultaba comercial, viéndose obligada a cultivar un registro que no se había visto afectado por la crisis económica, la novela de suspense. La pared vacía se desarrolla durante los peores años de la Segunda Guerra Mundial, aunque este es un dato intranscendental ya que sus consecuencias, las del conflicto, apenas se hacen notar en la obra, pues la trama tiene lugar, básicamente, entre las paredes de una casa alejada de la civilización en la que convive un ama de casa, Lucia Holley, junto a sus dos hijos, Bee y David, su padre, el señor Harper, y la sirvienta, Sibyl. Los efectos de la guerra se cuelan en la vida de los personajes con la imagen de un marido ausente, un comandante de la marina destinado al Pacífico. Por lo demás, y como ya he dicho, el marco en que se desarrolla la obra no tiene gran importancia y esto es algo que más tarde demostraría la pareja artística formada por Scott McGehee y David Siegel que, en su reciente versión cinematográfica titulada En lo más profundo, trasladaron el argumento de la novela a la América actual bajo el precedente, eso sí, del cineasta alemán Max Ophul que hizo lo propio en 1949 con su Almas desnudas.

En La pared vacía, como en tantas otras novelas del género, el suspense surge cuando alguien rompe la rutina de los personajes. Esta rutina resulta monótona, aburrida y afortunadamente para el lector se ve truncada casi desde el principio. Sanxay Holding nos deja un breve espacio de tiempo para descubrir el día a día de los personajes antes de que todo se altere. Lucia, la madre, se pasa los días nadando, limpiando y escribiendo tediosas cartas a su marido a la par que aguarda a que su vida cambie, aunque desconoce que el cambio que se producirá no será el tan esperado regreso de su marido. Bee, su hija mayor, mantiene una relación con Ted Darby, un hombre casado, siniestro, disfrazado de artista. Su madre se presenta entonces en el trabajo de Ted para convencerle que deje de ver a su hija, pero lejos de conseguirlo, esa misma noche la pareja planea encontrarse cerca de la casa. Sin embargo Lucia consigue evitar el encuentro. Al día siguiente deberá enfrentarse a un terrible hallazgo que más tarde tratará de ocultar: el cadáver de Ted.

Cuando todavía no ha sido encontrado el cuerpo sin vida del artista, un desconocido se presenta en la casa de los Holley con un puñado de cartas, la correspondencia entre Bee y Ted, que utilizará para chantajear a Lucia, solicitándole cinco mil dólares en caso de querer evitar que éstas salgan a la luz.

La autora construye una intriga sutil, que late a lo largo de sus 250 páginas sin consumirse pero, a la vez, sin turbar al lector. Sanxay parece haber heredado de los grandes, de los autores pulps, esa tendencia a contener la acción hasta el final de cada capítulo, artimaña que empleaban aquellos escritores para asegurarse un buen montón de lectores en la próxima entrega de sus aventuras. De esta forma logra atraparnos, dosificando lentamente el misterio.

Sanxay Holding tenía en La pared vacía los ingredientes suficientes para crear una intriga desasosegante, sin embargo, se queda a medio camino escogiendo desarrollar otras opciones más complacientes que arrastran el suspense hasta el final pero que rechazan sorprender al lector. Da vida a una serie de personajes sencillos, sin mayor pretensión en la vida que esperar a que ésta cambie, que se sitúan entre lo mejor de la novela junto a una paz narrativa que logra disimular el gran ritmo que posee la obra y que constituye, además de la dosificación de la intriga, una de las razones por las que abandonar su lectura resulta imposible. Son personajes con vida propia, que dudan, se equivocan, se atormentan por sus errores y aprenden de ellos y, por tanto, experimentan cambios a lo largo de la novela.

La pared vacía decepcionará a aquel que busque una trama compleja, una intriga asfixiante o un deus ex máchina en cada esquina, pues estamos ante una novela de lectura relajada aunque esconde ciertas armas que impedirán que su disfrute se alargue demasiado.