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Anabel Soriano
Cecil Oker es turco, periodista, traductor y experto en lengua y literatura inglesa. Se ha hecho muy popular en su país por la serie de novelas criminales protagonizadas por el detective, Remzi Ünal. Esta novela es su primera novela de una serie de cinco.
“Sí, soy yo... Remzi Ünal en persona... Aquel Remzi expulsado de las Fuerzas Aéreas, despedido de las Líneas Aéreas Turcas; aquel que no pudo mantenerse siquiera en las líneas aéreas de octavo orden, de las que ningún piloto de vuelo regular que se precie habrá oído hablar; aquel que gracias a usted ni siquiera ha sido capaz de conseguir que el Cessna del MS Flight Simulator aterrizara como Dios manda; ex piloto, ex capitán y, en la actualidad, detective Remzi Ünal... “.
De esta guisa se presenta nuestro protagonista a la secretaria de su próximo cliente Yusuf Sari. Este comerciante del interior del país le encarga localizar a su sobrino Ibrahim, un joven idealista, estudiante de sociología en la universidad del Bósforo, desaparecido hace unos días. Sus pesquisas le ponen en contacto con vivos dispuestos a ayudarle -el director de un estudio de grabación, el responsable de las Actividades Estudiantiles de la universidad y con una joven modelo que dice conocer el paradero del desconocido-, con muertos dispuestos a complicarle la existencia y con el resto: los gángsteres y la policía, dos caras de la misma moneda que ponen nervioso a nuestro detective, a su cliente y a todo lo que se menea. Cuando Ünal descubre el cadáver del socio de su cliente decide quedar al margen: "quería a mi patria pero no tenía tanta conciencia cívica como para estar dispuesto a declarar durante horas en un caso de asesinato”. Esta actitud define al personaje ante la justicia moral. No persigue asesinos por una gran idea de justicia moral, simplemente, es su trabajo y, desde luego, no se siente moralmente comprometido. Pone mucha distancia entre la policía y él y no hace tratos.
El cóctel de drogas, pornografía, puñetazos, patadas, palizas, persecuciones y comentarios jocosos no logra templar la novela. El cinismo y la falta de implicación del detective no le hacen atractivo, es más, al igual que a la policía también mantiene a una fría distancia al lector.
El escritor Petros Markaris escribe”: Las novelas de Cecil Oker son como Estambul; aunque sus personajes y argumentos son occidentales, vive, se pelea y asesina en un contexto muy oriental. Sus contradicciones la convierten en una novela maravillosa”. He leído suficiente novela negra “occidental” como para, en efecto, identificar a ésta como tal pero el contexto oriental no lo veo por ningún lado; lejos de esto, el escenario bien podría ser Madrid y un tal Hugo Martín el detective. Supongo que la culpa de mi ceguera es mi propia resistencia a la globalización. Esa globalización que se arroga el derecho de extrapolar no solo los que considera sus grandes valores sino que por el mismo precio lo hace también con sus miserias.
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