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Francisco José Peña Rodríguez
Miguel García-Posada ha construido y ha sacado a la luz una magnífica novela, en todos los sentidos de la creación literaria: lenguaje, protagonista, espacio y tiempo. El crítico literario se nos muestra vivamente como un narrador de excelentes cualidades que quedan reflejadas en esta novela suya publicada en 2006 por la editorial sevillana Algaida.
Detrás del protagonista principal de la obra hay un tiempo específico vivido por el autor mismo y otros colegas que pueden verse o no reflejados, pero que no quedarán indiferentes ante el apabullante ejercicio literario que despliega García-Posada (Sevilla, 1944).
Un profesor afincado en Madrid acude al Sur de España (¿Sevilla? ¿Granada? ¿Ecos de ambas?) a mediados de la década de los noventa a pronunciar una conferencia; una vez allí, se reencuentra con su juventud universitaria y sus compañeros --ahora profesores universitarios-- y la inercia de la acción, o más bien la curiosidad, le llevan a investigar la muerte de uno de sus conmilitones, suicidado en los albores del '68. No deja de haber una cierta crítica hacia un sector ideológico de la España franquista y, por supuesto, la postfranquista: miremos que la mayoría de los profesores se han adaptado sin rubor y sin recuerdo de sus luchas políticas a la realidad imperante. El suicidio se convierte en una obsesión que marcará los pasos del conferenciante durante la primera parte de la obra: por toda la ciudad, con todas las gentes, bajo todos los análisis...
Miguel García-Posada, uno de nuestros críticos más leídos, ha querido cuidar mucho el lenguaje en esta novela suya; así pues, en La Sangre Oscura hay ecos de Proust, de Wilde, de Umbral, de Vargas Llosa... de tantos y tantos otros escritores ya plenamente incursos en la Historia de la Literatura. Él, que ha sido catedrático de Instituto, ha demostrado que un filólogo puede adaptarse a la novela y, por encima de todo, ha mostrado cómo un crítico no siempre es un escritor frustrado sino que se puede ser --como es este caso-- un crítico plenamente novelista. Esperemos que la inercia del lenguaje mimado hasta lo extremo continúe en sucesivos títulos.
Sin duda, la novela ha de levantar polémicas. El suicidio del protagonista --que me trae a la mente el del joven Enrique Ruano en 1969 en Madrid-- es una trama ingeniosa y rica en referencia a plantear el tema, la acción y los espacios --yo me decanto por que García-Posada ha realizado una mezcla de sus muy conocidas y transitadas Sevilla (donde nació) y Granada (donde realizó sus estudios) para pintarnos una Andalucía inmortal--. La izquierda intelectual e ideológica española podrá quizá reprocharle que no todos los que combatieron a Francisco Franco han sido después unos advenedizos u olvidadizos, pero algunos los ha habido. El suicidado y los demás personajes están recreados con unas magníficas pinceladas en lo físico y en lo psicológico, y en alguna parte podríamos verlos.
La segunda parte de La Sangre Oscura, un magnífico diario llevado a cabo por el protagonista nos lleva a otro magnífico ejercicio: el dietario. Construye García-Posada un diario no auténticamente personalista, sino literario, y allí se dejan ver los elencos lectores del protagonista mezclados con la España del tardofranquismo y las luchas universitarias aderezadas con el veraneo playero que tanto nos ha dejado la propaganda del régimen anterior. Por supuesto que no se trata de un ensayo puro y duro, pero no desmerece ni rompe ni desentronca con lo que el lector ha ido viviendo --así: el lector vive y se inmiscuye en la acción-- en la primera parte.
Pero Miguel García-Posada, crítico, novelista, profesor, conferenciante, es también un excelente poeta. Esto nos lo deja ver en la tercera y última parte de la novela cuando nos propone y nos recupera los poemas que el antiguo compañero del conferenciante --a veces pienso si no será un alter ego del propio García-Posada en sus múltiples conferencias a lo largo de la geografía española y extrajera-- había escrito. El escritor ha leído y conoce perfectamente el verso, la métrica, la estrofa y la rima, y lo que es más, la ironía, el sarcasmo, la sugerencia, todo lo que lleva consigo la poesía clásica. Ahí queda, a ojos vista del lector. Y como se ve, todo en su conjunto constituye una novela abigarrada, firme, que seguro no dejará indiferente al lector.
En los tiempos de los griales, las marías magdalenas, los caballeros templarios y las novelas convencionales, al uso y abuso del mercado, que buscan más lo mercantil que lo literario, hacía falta un libro como La Sangre Oscura. Una novela que rompiera por algún sitio, y Miguel García-Posada lo ha sabido hacer: por el lenguaje y por la mirada de soslayo y crítica hacia una España que no sé se aún hemos superado. Los lectores de edad intermedia revivirán cierta etapa de su vida, los lectores de menor edad asistiremos a la recuperación de un tiempo histórico sobre el que poco o nada se ha dicho en novela, salvo el consumo habitual y tópico. Según la propia biografía del autor él entonces estudiaba, fue detenido por activismo contra el régimen, había sacado un librito de poemas y leía, como pocos, a Luis Cernuda, entre otros.
Si por algo recomiendo esta obra es por todo ello: por su excelente lenguaje; por sus claros y perfectamente definidos y dibujados personajes; por el tiempo histórico que se revive desde el excelente flash back de García-Posada; y por el espacio, que el autor deja al juego recreativo del lector, pero que no deja de ser una ciudad del Sur de España que se asimila al escritor. Perfecta, pues, La Sangre Oscura.
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