borde Sumario. Libros. Reseña.
 

88 Mill Lane

 

Juan Jacinto Muñoz Rengel

 

Alhulia, 2006

 

Ángel Marcos

Juan Jacinto Muñoz Rengel, 88 Mill Lane

El relato corto gana cada vez más adeptos en nuestro país. Son muchos los escritores que hace tiempo proclaman abiertamente la dificultad que encierra la ejecución de un buen relato, donde todo se ajusta al milímetro, frente a la escritura de una novela, que permite la divagación inmoderada. Los editores siguen siendo reticentes, sin comprender que los ingresos siempre estarán en relación con la promoción que están dispuestos a concederles a los títulos. Los lectores, poco a poco, y a pesar de todo, cada vez se mueven más cómodos en este género que va tomando las librerías y los suplementos culturales. Sin embargo, la maquinaria aún no está bien engrasada. Cómo si no explicar que escritores que se han hecho con todos los premios del género del cuento ni siquiera suenen a editores o libreros.

Si además un escritor –de relatos- se moviera en otras superficies resbaladizas, como lo son en España las cimentadas sobre la pura ficción, sobre la mera y clásica estructura ficcional que tanto nos ha hecho disfrutar antes de que todo fuera realismo –social, sucio, postmoderno, generacional, intimista, etc.-, y si yendo aún más lejos estas ficciones rozaran las estelas de la fantasía, ese escritor estaría en serios problemas. De un momento a otro podría volverse intangible. Sobre esa cuerda sin tensar camina -entre otros- Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974), que reúne bajo el título de 88 Mill Lane una selección de cuentos que han cosechado los más importantes premios de relato corto en español de dentro y fuera de nuestras fronteras.

Londres. Finales del siglo XIX, finales del XX, inicios del XXI. En esas coordenadas fluyen las inquietantes historias de Juan Jacinto Muñoz, en calles reales, líneas de metro, cadenas de cafeterías, o en carromatos y librerías de antaño, pero en cualquier caso todas referencias bien conocidas, referencias creíbles detalladas por alguien que ha vivido de cerca la ciudad. Todo es plausible en la primera parte de los relatos, los personajes nos conducen como a lectores confiados, porque estas historias no están hechas para dudar: nos llevan, sus estructuras no están tramadas para que el lector se aleje del texto o vacile, son precisas, concretas, y la lectura se impone. Sólo así tiene cabida de repente la irrupción de lo fabuloso.

Aun cuando las historias de 88 Mill Lane tienen como epicentro la ciudad de Londres, y mantienen un tono constante que les confiere equilibrio, cada una de ellas se concibe desde una idea diferente y despliega un distinto abanico de personajes y recursos. Como en los relatos clásicos, los personajes se limitan a actuar, sin plantearse su naturaleza, y se confunden con la trama, nos arrastran hacia ella, sin trampas. ¿Pero qué hubiese ocurrido si R. L. Stevenson o Henry Miller hubieran nacido en nuestros días? Probablemente sus leitmotivs hubiesen sido otros, más sofisticados. Probablemente no hubiesen salido indemnes de los estragos causados por Freud o la posmodernidad. De esta forma, aquí los protagonistas del relato no son nunca los personajes -aunque lo parezca-, porque su verdadera y última función es la de guiarnos hasta la idea, la idea cuasi-filosófica que es germen de cada cuento. Lejos de barroquismos, de sobreadjetivación y juegos lingüísticos, lo esencial de la literatura de Juan Jacinto Muñoz son las ideas desde las que germinan sus relatos. Es ésta una literatura de juego intelectual, al alcance de todos los públicos.

El primer relato del volumen, "Los habituales de La Brioche", que fue premio internacional de cuentos La Felguera en el 2003, ya parece anunciarnos lo que va a ser el resto del libro. El protagonista-narrador es un presunto escritor que nos transporta con efectividad por la historia, hasta el punto de que cuando nos dice que nos está mintiendo no podemos dejar de creerle. De inmediato nos sentimos atraídos por las vidas del resto de personajes que nos describe, a pesar de que en todo momento respiramos en el aire la sensación de que algo raro está pasando. No se nos oculta nada, y sin embargo, como en los grabados de Escher, de repente se cierra el círculo por un lugar inesperado y estamos donde no pensábamos estar. ¿Puede un escritor afectar la vida de los otros al imaginarse sus vidas? ¿Hasta qué punto un escritor afecta la realidad? ¿Y si aparece otro escritor en su escenario?

También se reproduce este bucle escheriano, en mayor o menor escala, en "La casa de Strawbrooke", de nuevo con la forma del "narrador mentiroso"; en "El Libro del Destino", como paradoja temporal; en "El ojo en la mano" o en "Bestiario secreto en el London Zoo", como una suerte de ruina circular de Borges, en la que no se sabe quién sueña y quién es soñado; y en "La perla, el ojo, las esferas", como paradoja espacial en la que el universo es infinitamente divisible.

Pero hay otros relatos reseñables. Como los dos que transcurren en el Londres del siglo XIX. En "La Sociedad secreta del Sueño", escrito en segunda persona, una vieja librería de Marylebone esconde una secta turbadora de hombres con la capacidad de compartir sus sueños; el protagonista, el lector, se verá pertrechado con los objetos y costumbres de la época, y envuelto en una conspiración espeluznante. En "El desván de Thomas Carlyle" podremos conocer con detalle la casa del filósofo escocés (que fue bastante conocido en su época, amigo de Sterling y de John Stuart Mill) en el número 5 de Cheyne Row, su buhardilla insonorizada, su personalidad tormentosa, sus manías, a su mujer (hasta aquí lo real), y a su hijo ficticio con el que puso a prueba sus postulados filosóficos, en un experimento de privación sensorial de sorprendentes resultados.

Dice Pablo de Santis que "Juan Jacinto Muñoz es de los autores para quienes escribir es sobre todo imaginar, inventar, agregar cosas nuevas al mundo". Desde luego quien busque tensión poética, lirismo y florituras en la prosa, que no malgaste su tiempo ni dinero, no los encontrará en este libro. En cambio, quien busque historias bien tramadas y efectivas, mundos nuevos que, a la manera de las Crónicas marcianas de Ray Bradbury, nos sorprendan sin estridencia y con melancolía, habrá acertado de lleno con este descubrimiento. Y digo descubrimiento porque éste no es el país de Bradbury, y si este escritor de relatos no es descubierto pronto, puede encontrarse en serios problemas. O en la jerga de los barrios londinenses, in big trouble.