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Cuqui Weller
Pepe Colubi es un asturiano muy versátil: escritor, adicto a la televisión, gran contador de chistes, animador cultural, tertuliano, columnista...
Diario disperso recoge, por un lado, los artículos que se publicaron en el suplemento «El Paraíso» del periódico La Nueva España, bajo el título de «Diario disperso», durante los veranos de 2004 y 2005. Por otro lado, recoge, también para La Nueva España, un artículo sobre la repercusión en Oviedo del anuncio de boda del Príncipe don Felipe y Letizia Ortiz, que dio lugar a una serie de artículos sobre el evento que se publicaron diariamente durante las dos semanas previas al enlace, bajo el título de «Himeneo».
Los temas, como se puede suponer, son de lo más disperso, adecuados para los días veraniegos en los que los periódicos intentan ofrecer a sus lectores artículos de todo tipo. Los de Pepe Colubi aquí empiezan por una primera descripción muy acertada del verano: «Iba vestida como para una boda; gracioso sombrerito encarnado que apenas le cubría la coronilla, traje chaqueta bermellón y zapatos de tacón a todas luces incómodos. Rojo pasión de la cabeza a los pies. De lejos parecía elegante, pero según se acercaba perdía varios puntos: además de los enormes lamparones que cercaban sus axilas, llevaba la frente perlada de sudor y jadeaba agobiada por el calor».
Podemos encontrarnos reflejados en el artículo «Pequeños hurtos», cuando habla de cómo nos comportamos en los hoteles: «El último acto reflejo antes de abandonar la habitación es vaciar el contenido de esa cestita en la maleta», o en «Tonto el último», sobre las rebajas, o en «Invasión láctea» y «En fila de a uno», sobre los supermercados: «Siempre hay alguien que se queda a medio camino de ambas colas sopesando cuál tardará menos; si se encuentra detrás de uno de esos indecisos, no lo dude y escoja la fila que él deseche, invariablemente será la más rápida».
Incluso se nos explica el motivo de que los bolis Bic hayan perdido la parte de arriba de la capucha, en el artículo «Escribe normal», donde se cuenta el periplo que recorre el autor para informarse de que una normativa europea aprobó la «decapitación» por razones de seguridad: si alguien se traga la capucha, podrá respirar por el agujerito.
No se olvida prácticamente de nada que tenga que ver con las cosas del día a día: los bares (qué lugares), la televisión (y sus concursos basura), los ordenadores (para quien los entienda), las cajas que guardamos con recuerdos (que nunca recordamos), pero también con todo lo que tenga que ver con el verano: las agencias de viajes, las playas, el Seat 600...
En la segunda parte, la de la boda del Príncipe, la cantidad de detalles y anécdotas que surgieron no se escapan del punto de vista de Pepe Colubi, que nos cuenta cómo nos dejó Madrid Gallardón-Smithers, qué problemas tenían los invitados para encontrar modelitos... hasta la retransmisión de la Boda Real. Por supuesto, todo con mucha coña, buen humor y facilidad de lectura.
En cuanto al estilo, Pepe Colubi sabe atraernos al inicio con referencias culturales muy conocidas y a partir de ahí empieza a desplegar toda su gracia y facilidad verbal para hacernos pasar un buen rato de verdad, con carcajadas garantizadas. Invariablemente nos sentimos reflejados en cada uno de los artículos: en unas ocasiones, compartiendo las afirmaciones del autor; en otras, certificando la realidad que Pepe Colubi nos transmite; en otras, en fin, deseando que no suceda nunca más lo que el autor ha captado con su mirada.
Quizás el libro no pase a la posteridad por estar escrito por Pepe Colubi en vez de Eduardo Mendoza o Juan José Millás, pero lo que sí es seguro es que a mí me han dejado un sabor de boca que me reconcilia con la humanidad.
La gracia está ahí dentro.
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