| La gran revancha, Isabel Durán y Carlos Dávila, Temas de Hoy, Madrid, 2006, 300 pp.
Martina, la rosa número trece, Ángeles López, Seix Barral, Madrid, 2006, 254 pp.
Sin ti. Cuatro miradas desde la ausencia, Mara Torres, Aguilar, Madrid, 2006, 182 pp

A veces la labor del periodista es ingrata pero apasionante. El hecho de buscar testimonios acerca del pasado, averiguar cuestiones que puedan ser de importancia para los demás o estudiar hechos que es conveniente conocer, forma parte de esa profesión donde puede/debe aunarse el interés del escritor con la astucia del detective.
Desde diversos ángulos del espacio político aparecen libros, ensayos o testimonios, que dan fe de un pasado o que rememoran historias de gentes o hechos que han formado parte de la Historia de España. Uno de estos libros es el trabajo de los periodistas Isabel Durán y Carlos Dávila “La gran revancha” que con el subtítulo de “La deformada memoria histórica de Zapatero” se preguntan “¿Por qué el empeño personal de Zapatero en situarse al frente de la izquierda española más radical para rescatar de forma conscientemente errónea toda una época del peor y más dramático conflicto español de la historia reciente?”. En el prólogo el hispanista Stanley G. Payne viene a recordar que “El mito de los franquistas es que Franco no fue partidario de Hitler en la Guerra Mundial, lo cual es falso. El mito de las izquierdas es que las izquierdas de los años 30 fueron demócratas y así meras víctimas inocentes de la crispación, lo cual es aún más falso, si cabe”. Alguien tal vez escriba sobre el primer aserto, Durán y Dávila dan en “La gran revancha” datos y razones acerca de parte del segundo, esta vez aplicado a la biografía concreta del abuelo paterno del actual Presidente del Gobierno español, Capitán Juan Rodríguez Lozano y para ello han investigado, durante bastante tiempo, sobre la situación del mismo acercándose a determinados documentos como los existentes en el Archivo de Salamanca sobre la causa del Tribunal para la Represión del Comunismo y la Masonería, donde se dice que tal capitán era masón, fundador de la Logia Emilio Menéndez Pallarés nº 15 y se habla incluso de la probable pertenencia a la masonería del propio José Luis Rodríguez Zapatero. Explican los autores dónde estaba el capitán Lozano al estallar la sublevación franquista, en un episodio poco claro que desmiente su presunta valentía, pues se encontraba en el pueblo de su mujer y luego regresa a León, ciudad ya tomada por los insurgentes. Así que cuando Payne dice que “la libertad de expresión es todavía posible en España, que hasta ahora no ha conocido la clase de leyes que la restringen hasta cierto punto en algunos de los países del norte de Europa”, trata de alentar trabajos como éste, que no limitan la escritura de otros en sentido contrario, y que permiten opiniones en contra de versiones “oficiales” acerca de protagonistas de dudosa conducta de la historia más negra del siglo XX, como el dato que ahora hemos conocido de que Mariano Rajoy sea el nieto de un conocido líder republicano gallego, Enrique Rajoy Leloup, acerca del cual se ha publicado una biografía firmada por Baldomero Cores titulada “Rajoy Leloup, un protagonista do autonomismo galego” y que la Diputación de Pontevedra anunciaba como un texto en el que se analiza el proceso de elaboración del primer Estatuto de autonomía de Galicia.
Isabel Durán y Carlos Dávila ofrecen en “La gran revancha” una gran cantidad de datos, cifras, relaciones nominales de pertenecientes a miembros de la masonería, el acta de defunción del Capitán Lozano. Sabremos, por ejemplo, que los fallecidos a consecuencia de la guerra incivil fueron 113.092 personas, cifra lejana del millón de muertos de que hablaba Gironella, aunque la represión posterior no anota los muertos que se sucedieron hasta días antes de la muerte del propio Franco, por consecuencia de la propia contienda o acciones punibles por parte del Estado. Desde el fusilamiento de Lozano la relación de muertos varía según quien dé la referencia, pero tenemos constancia de los periodistas muertos en la guerra, 180, o la cifra de religiosos y sacerdotes asesinados por los republicanos, que es de 6147 aunque en el libro se da la cifra de 6871 personas entre obispos y sacerdotes, religiosas y religiosa. Se dice que la biografía de Lozano es más compleja de lo que dice Zapatero, y se analiza con profundidad y detalle, señalando su cometido en la revolución de Asturias de 1934 y oscuros episodios de espionaje o su cese como militar. Ello se debió a haber encontrado una carta dirigida al director del periódico El Socialista, Zagazagoitia, ofreciéndose a pasar determinada información al medio, que estaba prohibido a los militares, por lo que tendría que haber pedido permiso a la institución. A causa de ello un juez le abre un expediente el 14.11.34. También se comenta la muerte del abuelo paterno de Zapatero y se pone de manifiesto el que el político haya “querido resucitar los viejos fantasmas de la Guerra Civil”. Una suculenta lista de masones célebres de España, el “Texto del *Proyecto de Ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura*” e índice onomástico cierran este documento que trasciende los temas personales para hablar de unas circunstancias desgraciadas y de un pasado infeliz.
La periodista Ángeles López, autora de novelas o libros de poesía y colaboradora de diversos medios que, según Antonio Muñoz Molina prologuista de “Martina, la rosa número trece”, “sigue los pasos de Javier Cercas, Javier Marías, Jesús Ferrero y Dulce Chacón: entre la ficción y la memoria, entre la búsqueda detectivesca y la intuición emocional” nos ofrece en este libro un apasionante estudio sobre una de las jóvenes fusiladas en las tapias del Cementerio del Este de Madrid el 5 de agosto de 1939, “en uno de los episodios más crueles de la represión franquista”. Se las comenzó a llamar las trece rosas por ser jóvenes de diversos oficios, entre las que se contaban modistillas, pianistas, sastras, amas de casa, en definitiva mujeres alegres, soñadoras y confiadas en la existencia de un mundo mejor tras la férrea tiniebla de la recién instaurada tiranía. Habían comenzado a participar en lo que se podía considerar una reorganización lógicamente clandestina de las Juventudes Socialistas Unificadas, como medio para resucitar las pretensiones que antes de la guerra intentaron llevar a la política quienes creían en una democracia de partidos que la guerra había truncado. En este caso una sobrina nieta de Martina Barroso, relata a la autora, la historia de esta mujer sencilla y con ella se crea este testimonio, desgarrador y apasionado, de la mujer sencilla que durante muchos años estuvo prohibido o silenciado y que parece oportuno poder conocer ahora. “Así descubrimos -recuerda Muñoz Molina- y casi llegamos a ver a esa Martina joven y trabajadora, animosa y asustada, deambulando por su Madrid de guerra y resistencia, así tenemos la sensación de asistir a su tormento, a su muerte, a la injusticia y al absurdo que troncharon tantas vidas”. El trabajo de Ángeles López se centra en conversar con su amiga y cuñada Paloma Masa Barroso que pacientemente le va contando lo que siempre oyó en su casa de Martina, los contactos con otras jóvenes que la conocieron o los documentos, datos y nombres que hacían posible un conocimiento real de la existencia de la joven y su incursión en un mundo que le llevaría a la muerte, “Porque-describe Ángeles- esta historia anidaba en su cabeza desde hacía mucho, mucho tiempo”. Conocemos la existencia del Socorro Rojo, donde las mujeres republicanas en medio de una gran escasez de medios, crearon talleres de costura para coser la ropa de las tropas, diferente de los hermosos uniformes del ejército franquista, documentos de movilización, referencias personales de Martina (como esa declaración indagatoria en que consta su afiliación a las Juventudes Socialistas o su “sentencia de muerte por delito de adhesión a la rebelión” (¿?). La vida casi miserable de la muchacha en su barrio de Tetuán de las Victorias, su amistad con los demás chicas y el proceso que la conduciría a la muerte tras ser “Presunta culpable de no se sabía aún qué”. A todo esto la joven contaba 22 años y parecía ser un claro objetivo de la policía, igual que lo eran sus compañeras Carmen, Blanca, Pilar, Julia, Avelina, Elena, Virtudes, Joaquina, Dionisia, Ana, Victoria y Luisa Rodríguez. Leemos que tras la “labor policial” y el apresamiento “Durante unas horas creyeron en el indulto”, pero ese indulto no llegó y el mismo 5 agosto junto a las muchachas eran fusilados cuarenta y tantos hombres. “Cada uno de ellos merece una historia propia- escribe Ángeles López- llena de aspiraciones truncadas. Una vida por descifrar”. Lo cierto es que este libro es un testimonio inapreciable, como otros libros que nos permitan acercarnos al mundo de las tinieblas y recordar aquellos, de uno u otro bando, que murieron injustamente en aras de lo que ellos consideraban eran los cimientos de la libertad.
La periodista Mara Torres, que presenta actualmente “La 2 Noticias” de TVE nos ofrece en “Sin ti. Cuatro miradas desde la ausencia” un delicado mosaico de recuerdos, vivencias y lirismos que permiten el recuerdo y la armonía de alguna felicidad anterior. El haber compartido los mundos cotidianos que personas queridas, el recordar sus momentos e ilusiones, el haber estado cerca en su dolor y en su felicidad hace de los protagonistas de estas historias unos seres de excepción. Mara Torres así lo relata pues piensa que su libro no es “más que un intento de detener para ellos el tiempo que compartieron juntos”. Estamos ante la escritora Dulce Chacón y su hermana gemela Inma, junto al historiador Javier Tusell y su emocionada hija Veva, frente a la delicada pianista Mayte Gutiérrez y su alumno el músico del grupo Marlango Alejandro Pelayo o ante la sombra del dramaturgo Antonio Buero Vallejo y la valentía de su esposa la actriz Victoria Rodríguez. Resulta que mientras de los primeros nos queda el recuerdo de su pasión, su amor por la vida, los segundos nos relatan como fue esa pasión, esos amores, el empuje que permite mantenerlos vivos en la larga memoria de su propia existencia. El acercamiento que hace Mara Torres es amable, lírico, vitalista, a veces asombrado, siempre repleto de comprensión y simpatía. De Dulce Chacón dice que no sabía que tuviera una hermana gemela, y su relación con Inma inauguró las conversaciones con las demás supervivientes y con Alejandro Pelayo. La propia Inma la presentó a Veva Tusell, la música le condujo a Pelayo y su recuerdo, el tomar café con Victoria Rodríguez le abrió las puertas al universo de Bueno Vallejo. A todos ellos dedica el libro Mara “por todo lo que me han enseñado durante las largas conversaciones que hemos mantenido en las que me regalaron sus recuerdos y su intimidad desde el profundo amor que sentían por Dulce, Javier, Mayte y Buero.
La última página del relato de Inma Chacón nos estremece, el resto es una historia de amor, de comprensión, de confidencias. Ella consideraba a su hermana una “Escritora con mayúsculas” y su alegría por compartir esta experiencia es aún un buen recuerdo, o relatar como fue la vida sin el padre querido o frente a un mundo que aún las unía.
Veva compartió con su padre Javier Tusell muchas de sus alegrías y también su enfermedad, y lo hizo con ese afecto inmenso de saber que estás al lado de un hombre bueno. De eso habla con Mara Torres en su confesión, del aislamiento para evitar infecciones, ver como en enfermo escribe en su cama, como se va agotando…
Alejandro Pelayo diría a su profesora de Piano: “Tú me has convertido en lo que soy porque me trataste como nadie me va a tratar nunca más”. Tal vez ese sea el mayor recuerdo, el mejor paliativo para el dolor de una ausencia tan profunda. De eso habla con Mara y así queda patente el cariño, el respeto, la pasión y la cercanía con la ausente.
Victoria Rodríguez, aunque también se empeña en hablar de su hijo Enrique fallecido en plena juventud antes que el padre, cuenta cómo conoció al autor de “Historia de una escalera”, como fue su vida juntos y como vida su presente sin los dos seres amados.”En la familia reside la verdadera felicidad y la tragedia”, dice.
Testimonios y averiguaciones: la vida y las muertes tejiendo el infinito muestrario de historias múltiples, de todos los afectos y de todos los dolores. Hay que agradecérselo a los periodistas y escritores que muestran estos universos los cuales, de otra manera, quedarían silenciados para siempre.
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