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Entrevista a Clandestino Menéndez

 

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Este mes en La Polémica la entrevista que han realizado a Clandestino Menéndez en la revista digital ww.comentariodelibros.com

¿El panorama literario español es tan preocupante como apuntan tus “Cuadernos Críticos”?
Opino que sí, pero no solo en el caso español, sino en el mundial, o al menos en el occidental. La clave del problema, en mi opinión, radica en que hemos caído en lo que ya, sin rebozo alguno, se llama "la industria cultural". Esto significa que hoy en día, el arte, y en especial (o al menos en lo que a mí más me duele) la literatura, ha pasado a ser tan solo una forma de ocio, una actividad industrial no muy diferente a la fabricación de detergentes en que se crean y lanzan productos de acuerdo, cada vez más, a las técnicas del marquetingue: estudios de mercado, de conveniencia, de oportunidad... Debido a esta industrialización del hecho cultural, se han subvertido casi todos los antiguos valores estéticos, arrinconados para dejar paso a la especie de que lo bueno es lo que más vende y de que contra el gusto de la mayoría no cabe (¡sería antidemocrático!) opinar en contrario. Todo esto es una inmensa falacia y un enorme crimen cuya finalidad es volvernos a todos más idiotas y más manejables. Así nos están haciendo tragar como escritores buenos y maravillosas obras de arte libros y autores que serían el hazmerreír de nuestros abuelos; nos están haciendo creer que cosas como que las novelas tengan un mensaje o quieran transmitir unas ideas son nociones rancias del pasado, y lo que la novela tiene que ser es fácil, aséptica, para todos, si acaso un tanto gamberrilla, para que nadie venga a acusarnos de meapilas; nos están metiendo, en resumen, día a día en la cabeza, de que tenemos que subirnos al carro del gusto de la mayoría, no disentir de lo que opinan los demás y, sobre todo, de lo que opinan los grandes popes, y consumir, consumir, consumir, libros y novelas que permanecen apenas quince días en la mesa de novedades porque enseguida tienen que ser sustituidos por otros para que sigamos consumiendo, consumiendo, consumiendo...


¿Qué le falta a los escritores españoles contemporáneos? ¿Qué les sobra?
Sobre todo creo que les falta coraje para hacerse valer, para dignificar su profesión, para denunciar las miserias que ven cada día en torno suyo. Todos sabemos, por ejemplo, el chanchulleo que existe alrededor de los premios, el amiguismo que hay en lo tocante a participar en tal o cual revista o ser incluido en esta o aquella antología, el chalaneo que burbujea en cuanto asoma en el horizonte una subvención... Sin embargo, si nos enteramos de todo ello es casi por casualidad y porque ya resulta demasiado ofensivo para el sentido común, porque, si por los escritores fuera, no nos enteraríamos de nada. Todos callan y todos tragan y tragan, con el pensamiento puesto en que algún día serán ellos los beneficiados. Y cuando digo que no denuncian las miserias de su mundo, lo amplío también a que ninguno (alguna excepción habrá, pero no la conozco) alza la voz en contra de las injusticias de su tiempo. Se despachan, acaso, con cuatro ideas comunes acerca de que todos tenemos que ser buenos y luchar contra el hambre en el mundo y que viva la paz, pero aparte de cumplimentar este trámite, pocos conozco que se arremanguen, bajen a la arena y luchen por desvelar y denunciar las miserias del mundo actual. Todos prefieren mirar hacia otro lado y callar y no significarse demasiado, no sea que algún día se hagan ricos y famosos y tengan que retractarse. Esto es, en fin, lo que sobra en los autores actuales, y con especial gravedad en los jóvenes: conformismo.


¿Y a los críticos?
Los críticos han abjurado de su tarea, que es algo tan sencillo como opinar sobre la calidad de un producto artístico, sinceramente y conforme a un criterio que se les supone bien formado. En lugar de cumplir ese papel social, los críticos actuales han pasado a convertirse en meros propagandistas más de un producto, en vulgares agentes comerciales. Si ves las críticas de libros actuales, la mayoría de los críticos las despachan con unas líneas sobre el autor (sobre todo sobre los premios que ha recibido), unas líneas sobre el argumento, y una a manera de conclusión donde se nos dice que la tal novela y el tal autor son imprescindibles y que ya estamos tardando en ir a comprarlo. El objetivo de la crítica, más que establecer un juicio personal y fundado sobre el libro y el autor, parece ser ir desgranando frases que luego puedan ser utilizadas en las solapillas, como medio de promoción. Y esto es así porque los críticos ya no son independientes; todos están en plantilla de un periódico que a la vez depende de una gran firma con división editorial y, naturalmente, no conviene decir nada malo de los productos de la casa (y de los de las otras casas tampoco, no vaya a ser que se descubran las carencias de unos y otros). Y cuando alguno, como Ignacio Echevarría, osa decir de un producto de la casa que no es del todo bueno, en menos de cinco minutos se encuentra en la puta calle.


¿Te preocupa la reacción de los autores que puedan sentirse damnificados?
¡Que les den por culo, coño!. Estamos llegando al absurdo de que aquí a todo el mundo se le llena la boca al decir "libertad de expresión", pero luego somos incapaces de consentir que alguien diga que no le gusta lo que todo el mundo opina que es bueno. Ya lo consideran un insulto, una descalificación, una injuria. Si se leen todas mis críticas, yo en ningún momento, nunca, jamás, he insultado personalmente a nadie; me he limitado a decir cosas como que las novelas de Almudena Grandes me parecen muy malas, como que Rosa Regás tiene un ínfimo nivel intelectual, como que Millás es un ventajista que se limita a decir, muy suntuosamente, lo que todo el mundo piensa... Todo ello, por lo visto, constituye un hecho gravísimo, una ofensa incalculable. ¿No será que estamos ante los síntomas de una sociedad enferma a la que paso a paso están incapacitando para discernir entre la calidad o no de lo que le empapuzan?


Utilizar pseudónimo, ¿es cuestión de pudor o sana precaución…?
Lo cierto es que el seudónimo nació al mismo tiempo que mi decisión de lanzarme a criticar duramente lo que me estaban vendiendo como "hecho cultural". Supongo que, si lo adopté casi de manera instintiva, fue como un acto reflejo de protección, porque estaba claro que, escribiendo lo que escribo sobre las vacas sagradas del sistema, me iba a cerrar todas las puertas para siempre jamás de los jamases, incluso las puertas de aquellas editoriales que van como alternativas pero que se cuidan muy mucho de hacer algo que pueda molestar a las grandes, y quería con el seudónimo dejarme algún resquicio por el que pudiera luego traspasar esas con otro nombre. Hoy, si se te soy sincero, la verdad es que conservo el "Clandestino" por cariño, porque, viendo como he visto la "calidad" humana e intelectual que domina el mundo de la literatura, no estoy tan seguro de que resulte interesante ni atractivo colarse por esas puertas.

¿Qué criterio sigues a la hora de “acompasar” una novela?
Sobre todo, ha de ser un producto que yo considere como "tramposo". Sería una ruindad, además de que carecería de mérito, aplicarle el método a un chaval que está empezando o a alguien que escribe mal pero el hombre hace lo que puede y no se sirve de argucias ni premios amañados ni columnas al mejor postor para medrar. Tampoco estoy contra los superventas por el solo hecho de serlo; nunca se me ocurriría criticar una novela como "La Catedral Del Mar", por ejemplo, o a Matilde Asensi, que son los que más venden pero nunca han pretendido engañar a nadie, siempre se han llamado a sí mismos autores de entretenimiento. Yo aplico la crítica acompasada a esas novelas y a esos autores que nos están presentando, con mucho despliegue propagandístico y a veces de manera tan desvergonzada que causa vergüenza ajena, como seres superiores, cumbres del pensamiento o de la estética, como los nuevos Genios de la Literatura. Es entonces cuando me gusta tomar el bisturí, destripar la novela (a veces basta con un pequeño corte para que se escape la podredumbre) y demostrar, o al menos argumentar con solidez, que eso tan maravilloso no es más que una mierda envuelta, eso sí, en mucho papel de celofán. En resumidas cuentas, criticaré a Matilde Asensi cuando la hagan académica y a "La Catedral Del Mar" cuando la nominen para el Nacional de Literatura.


A estas alturas ¿eres capaz de desembarazarte del crítico y simplemente disfrutar de una lectura?
Por supuesto que sí, incluso disfruto de las lecturas de autores modernos, que hay algunos bastante buenos, aunque en todos, o casi todos, encuentro esa resistencia al compromiso típica de los tiempos actuales. Disfruto, eso sí, leyendo cosas algo más "marginales", de editoriales pequeñas, aunque alguna vez me enfrente, y no me disguste, con algún autor de moda. Eso sí, procuro acelerar el paso, e incluso cruzarme de acera, cuando veo un Premio Planeta, un Premio Alfaguara o cosas así en el escaparate de una librería, y si picado por la curiosidad (inevitable) que produce oír por aquí y por allá tantos elogios, me decido a abrir un best seller, lo cierto es que siempre lo hago con una mascarilla de éstas que usan los médicos para evitar infecciones.


Tus críticas han ido ganando adeptos a medida que cosechabas enemigos entre los autores, ¿te sientes en cierto modo como un crítico “maldito”?
A mí me desagrada profundamente lo de "escritor o autor maldito", entre otras cosas porque, si eso al principio, en el siglo XIX, tenía un significado, ahora no es más que una pose, una manera de hacerse el interesante, de nuevo una estrategia de mercado. Yo lo que me considero, y lo puedes poner con mayúsculas, es un "pringao". Yo reivindico al escritor y al crítico "pringao". Un tío que gasta su tiempo y su paciencia en escribir críticas contra la mentira sabiendo que no va a llegar a ninguna parte. Un auténtico panoli.


¿Cómo debe ser una buena novela?
Principalmente tiene que ser una obra de su tiempo. Tiene que abordar los problemas de su época (aunque sea a partir de una reconstrucción histórica, de una ambientación futurista o mágica, aunque sea en clave de humor, como sea), tiene también que intentar describir cómo son sus contemporáneos, tiene también que ser cosmopolita, en el sentido no de que suceda en muchas partes, sino de que intente reflejar al hombre en su mayor extensión y no sólo a los vecinos de su terruño y sus pueblerinas preocupaciones... No creo que una obra de evasión total sea, finalmente, y aunque esté muy bien construida, una buena novela; y sin embargo puede haber novelas (muchísimas en la ciencia ficción) que tengan apariencia de simple entretenimiento pero un trasfondo de pensamiento, así como novelas que parezcan ser muy intelectuales y sesudas pero en el fondo no decir más que obviedades y simplezas, como es el caso de Millás (entre otros muchos, el más flagrante).


Últimamente proliferan los blogs literarios y los portales de Internet que ofrecen a los lectores la posibilidad de ejercer su “derecho” a la opinión, ¿qué futuro le ves a la crítica tradicional?
La crítica tradicional, en el sentido de independiente y comprometida con unos criterios estéticos, prácticamente ha desaparecido, se ha convertido en un apéndice más de la promoción editorial. Así que mejor que se extinga lo antes posible y ojalá que en su lugar llegue la opinión libre y desprejuiciada de la gente, los espontáneos y los torerillos que por lo menos no vendrán con aquello de "imprescindible", "obra maestra", "cinco estrellas". Lo malo es que tengo la impresión de que la mayoría de esos blogs no van a decir nada distinto de que lo que dice la crítica oficial. La gente no tiene precisamente ganas de ser subversiva, lo que busca en el fondo es a ver si le meten publicidad en el blog y gana un dinerillo, por eso tampoco se va a enemistar demasiado con nadie.


¿En qué momento creativo te encuentras?
Mejor no pensarlo.

 

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