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Martín Piedra
Neil LaBute es un muy reputado autor teatral y director de cine norteamericano que ahora ha escrito su primer volumen de relatos, unos relatos divertidísimos y muy originales. No originales por el tema que tratan, que es el de las relaciones entre parejas, un tema muy trillado en todas las literaturas, y quizás más en la norteamericana, sino por el modo y matiz con el que lo hace Neil LaBute: todas las historias son cortas, esquemáticas, casi constreñidas, crueles a veces, con unos límites trazados a cuchillo, y todas, en mayor o menor medida, están referidas a la sexualidad.
Hay en este libro relatos que tratan sobre la conquista sexual pura y dura, que no el flirteo, otros sobre la homosexualidad, otros sobre el incesto, algunos —bastantes—sobre temas fetichistas y hasta uno sobre la urofilia, por cierto, muy bien escrito, muy divertido, y que es necesario volver a releer cuando acaba para comprobar en qué momento el autor nos ha llevado al huerto, nos ha engañado. Porque es cierto que algunos cuentos vienen con sorpresa. No sabemos la verdad hasta el último párrafo. Entonces, claro, nos lo explicamos todo, todo tiene sentido, desde la primera a la última línea. Pero como lector de cuentos que es uno, y tras haber leído muchos, hay ocasiones en que este método de contar nos irrita. Es como si nos escamotearan la mitad del pastel cuando tenemos hambre. En fin, una tentación en la que cae el autor, un pecado mínimo de Neil LaBute.
Por otra parte, aunque la mayoría están narrados desde una primera persona omnisciente y vacilante, lo mejor de estos cuentos son los diálogos —algunos solo constan de eso, de diálogos, sin más añadidos— y entonces recordamos que Neil LaBute es guionista de cine y autor teatral. Sí, son edificaciones perfectas en las que todo encaja. Las frases de cada uno de los contendientes —porque parecen verdaderos combates estas discusiones normalmente bien educadas entre los personajes, siempre dos, siempre la pareja—van hilvanando el relato, nos van dando y añadiendo sus razones, ingredientes de la pócima final. En este sentido, los relatos de LaBute recuerdan a los mejores de Dorothy Parker, o a algunas películas del Woody Allen obsesionado por el sexo. En fin, son historias muy bien escritas que nos divierten, que a veces nos hieren por su cinismo, que hacen que chasquemos la lengua, pero los creemos, que creerte un relato en estos tiempos ya es bastante.
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