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Eduardo Martínez Rico
Una serie de vidas se cruzan una y otra vez: pertenecen a un tiempo determinado y a un país concreto. Palomas eléctricas pone “dinamita debajo de las líneas”, para transmitirnos una extraña mezcla de felicidad y desolación: los que tengan ahora treinta años, arriba o abajo, saben bien de qué hablo.
Bajos, inestables sueldos, infinita formación y baja, nula o deficiente ocupación. Palomas eléctricas nos muestra cómo esta generación, los “mileuristas”, es un auténtico volcán que se está incubando con todos sus másters, sus ansias sexuales, su dependencia de los papás y su orgullo intelectual, y que cuando explote va a ser difícil pararla...
La presentación de este libro fue una auténtica batalla, y esto no se sabe muy bien si es bueno o malo. Raúl del Pozo alabó a Valdeón, al que presentó como un nuevo y valiente Henry Miller, y César Alonso de los Ríos aprovechó para hacer política reciente, y no tan reciente, de España. Valdeón fue muy crítico con la literatura española actual, con los grupos mediáticos y la complacencia de los escritores actuales. Saltó la chispa… uno de los periodistas convocados, Antonio Lucas, del diario El Mundo, se refirió al pasado, al franquismo, y hubo un choque de trenes, de generaciones y de heridas no cicatrizadas. Hubo debate y hubo crispación.
La literatura no sólo divierte y hechiza… también nos explica. Recordaba Heráclito que “del caos nace la armonía”. Las piezas, vivas y móviles, en conflicto, parece que van encontrando su sitio, y todo va funcionando.
Llama mucho la atención en este libro las ideas sobre el oficio periodístico, bien disueltas, el espectacular lenguaje que es marca de la casa –Valdeón dice sentir “verdadero amor por el idioma”, y le creemos-, la complicidad con la que están trasladados algunos tipos sociales que todos vamos encarnando… y la valentía para hacer una novela barroca, con poca trama pero muy intensa, con la intención clara de dinamitar la mente del lector, para que vea la realidad con unos ojos más críticos. Aunque duela.
Julio Valdeón vive en Nueva York, escribiendo para muchos sitios y cobrando poco, supongo, pero haciéndose cada vez más escritor… Se le está acentuando la pinta de italoamericano, y parece salido de una película sobre la Cocina del Infierno. Recomiendo este libro, sobre todo, y no sé muy bien por qué –sí lo sé-, a las mujeres de nuestra generación. Se van a sentir acompañadas.
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