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Alberto Olmos

Alberto Olmos

«La literatura estará cada vez más presente en Internet»

Entrevista: Luis García

Reseña: Nacho Fernández

Cuando Alberto Olmos quedó finalista del Premio Herralde de Novela, en 1998, tenía tan sólo 23 años. Edad más que suficiente para poder decir sin pudor que estábamos ante un nuevo fenómeno editorial, quizás del estilo de Mañas. Por qué no. Le avalaba el premio, le avalaba editar en Anagrama y le avalaba la edad. Pero A bordo del naufragio no tuvo la repercusión esperada, y su autor, el joven Alberto Olmos, desapareció de la escena literaria. Ahora regresa con Trenes hacia Tokio (Editorial Lengua de Trapo), Premio Arte Joven de Novela de la Comunidad de Madrid, y nuevamente volvemos a encontrarnos con un joven de 32 años, totalmente alejado de los circuitos y saraos literarios, pero que sabe perfectamente lo que quiere. Y lo más importante, que le apasiona la literatura.

 

Luis García: Trenes hacia Tokio, ¿qué es Trenes hacia Tokio?
  
Alberto Olmos: Es el mejor título que le he puesto nunca a nada. Luego es una novela, pero como sobre ella ya hay escrita una sinopsis estupenda (“Japón inédito, el archipiélago visto desde dentro…” etcétera) me concentraré en el título. Me encanta haber encontrado acomodo en el título para la preposición “hacia”; y haber destronado la preposición “de”. Me encanta la simetría tipográfica, esas T mayúsculas a cada lado. Me encanta que cuando la traduzcan al inglés, el título les va a quedar todavía mejor.

 

Luis García: Una novela que se desarrolla en el Japón actual que tú tan bien conoces... ¿qué tiene de autobiográfica la novela?

Alberto Olmos: No es autobiográfica porque el personaje se llama David.

 

Luis García: ¿Es la sociedad japonesa tal y como la reflejas en la novela?

Alberto Olmos: Creo que, sin querer, he hecho un libro extraordinariamente verosímil y documentado sobre las bambalinas de la realidad nipona. No era mi intención, pero puede ser la del lector: encontrar anécdotas y gestos de una cultura lejana. Eso pone a Trenes hacia Tokio en la parrilla de los “niveles”. Sé que muchos pueden disfrutar de ella por su escenografía: Japón mola, para que nos vamos a engañar. Pero espero que muchos más sepan ver lo literario puro, la fuerza lingüística y las emociones como envasadas al vacío que se suceden en cada episodio.

  
Luis García: Uno no puede dejar de identificarse con el personaje principal de Trenes hacia Tokio, quizás porque todos nos comportamos como un voyeur en algún momento de nuestras vidas... Pero, ¿no te parece excesivo referirse a él como a un voyeur?
  
Alberto Olmos: En absoluto. Realmente el libro está compuesto por descripciones milimétricas de situaciones espacio-temporalmente muy limitadas (un vagón de tren, una habitación, una sala) y todo en ellas se cifra en la mirada. Dado que lo importante en esta novela es el punto de vista, me parece casi misericordioso decir que el narrador es tan sólo un voyeur.

  
Luis García: ¿Tu mismo te podrías definir como un voyeur cuando viajas en tren, en autobús...?

Alberto Olmos: Claro.

 

Luis García: Hay voyeurs entrañables caso de James Stewart en La ventana indiscreta... Pero, ¿no te parece una actividad muy propia del mundo en que vivimos? Internet, los blogs... ayudan a desarrollar una nueva forma de voyeurismo... en este caso consentida por quien se deja observar...

Alberto Olmos: Internet es el invento de nuestras vidas. Dicha esta salvajada: hay una gran diferencia entre el voyeur y, digamos, mirar cosas que la gente cuelga en flickr o blogger. Eso es curiosear. Curiosear es aceptar el rol de receptor. Evidentemente la gente, que es muy exhibicionista y necesita todo el rato que le digan “te vemos, te vemos”, ha puesto sus fotos en la red, sus vídeos y sus cosas, para que alguien las vea. El voyeur lo que hace es inventarse como receptor, ocupar un puesto único, pues es él el que, como digo, lo ha creado. De ahí que se avance siempre en direcciones insospechadas en esto de la perversión, hasta el punto de crear parafilias inauditas, pues precisamente lo que necesita el vouyer es creer que está viendo o haciendo algo que, en definitiva, no le dejan hacer.

  
Luis García: Afirmas que la novela “ha nacido en la red”... ¿a que te refieres cuando hablas de ello?
  
Alberto Olmos: A algo tan sencillo como que yo, mientras la iba escribiendo, la iba colgando en Internet. En un blog. Luego, cuando di por concluida mi estancia en Japón, agrupé los textos de ese blog, los leí y me dije: Me he vuelto de Japón con dos novelas. Trenes hacia Tokio, por tanto, tiene mucho que agradecer a los 27 lectores que tenía mi blog, que realmente me animaban a contarles más cosas y me sugerían la idea de que eso podía quedar muy bien en libro. Hasta me corregían las erratas. Un lujo.

   
Luis García: ¿Cómo observas el debate de Internet en consonancia con la literatura? ¿Podrán a tu juicio coexistir en el futuro?

Alberto Olmos: De momento (y lo digo porque siempre pregunto a los escritores que entrevisto sobre la relación Internet-Literatura) no hay tal debate. En mi opinión y por mi experiencia, la literatura estará cada vez más presente en Internet. Por un lado, hay que observar que la literatura la escribe la gente, y que si se publica en Lengua de Trapo, Anagrama o Debate es por un solo motivo: el ego/vanidad de los autores. Quieren verse en la cubierta de una novela. Sin embargo, en el momento en el que esos autores sólo quieran dar a conocer su literatura y pasen de la “fama” y del dinero, pueden darse cuenta de que Internet les ofrece todo lo que les puede dar una editorial (salvo el sello de calidad), colgar sus obras en la red y tener más lectores que un autor medio. Eso está sucediendo ya. Y será una bendición para las editoriales cuando abran el buzón y el número de manuscritos sea: cero; ¡porque estará todo colgado en Internet y pasarán de ellas! Luego, presumo que sucederá como en Japón. En la lista de ficción de 2005 de literatura en Japón, de los diez libros más vendidos, ocho (repito: ocho) eran blogs que las editoriales habían captado para transformarlos en novelas, dado su éxito (miles de visitas de los blogs) y, por tanto, las ventas seguras. Ejemplo: Densha no otoko.

  
Luis García: ¿Cuales son los referentes literarios de Alberto Olmos? Si es que los tienes, claro...

Alberto Olmos: Para este libro, en concreto, me siento bastante liberado de referentes. Con todo, para que no se quede huérfano de ellos, me gusta citar a Raymond Carver, que en realidad es un cuentista que me aburre un montón. Creo que el tono naíf y repetitivo (autista) de algunos pasajes puede remitir a El curioso incidente del perro a medianoche, de Haddon. Y es seguro que habrá huellas de contemporáneos míos como Unai Elorriaga o Eloy Tizón, cuyo estilo me encanta.

 

Luis García: Y ¿cuáles tus obsesiones?

Alberto Olmos: El sexo. La figura del padre. El chocolate. El suplemento dominical del diario El País. Por ese orden.
  

Luis García: ¿Qué queda de aquel Alberto Olmos que quedara finalista del Herralde en 1998 con A bordo del naufragio? Nada más y nada menos que tras Roberto Bolaño...

Alberto Olmos: Como habrás comprobado, queda una increíble capacidad para responder sin pensar demasiado a las entrevistas, una notable valía para decir cosas que no sé si pienso pero que por defecto profesional creo que he de decir para que la entrevista no sea un auténtico coñazo; un tono de expresarme bastante frío y cortante que no pega nada con lo dulce que soy; una considerable incontinencia nominal (el senador McCarthy se hubiera puesto las botas conmigo) y un ego necesariamente abultado en vista de la que se le viene a uno encima cuando publica.

  
Luis García: ¿Y como te ves desde la distancia con la perspectiva de los años? Quiero decir... ¿No resultas más innovador estilísticamente en tu primera novela que ahora? ¿Aplicas aquello que dijo un político de “los experimentos con gaseosa”?.

Alberto Olmos: ¡Qué es más innovador que haber hecho una novela en Internet! Con todo, mi novela sobre el talento (la siguiente) es la apoteosis del experimentalismo consecuente, por lo que me permito apuntar (dada la ventaja que me da conocer en exclusiva lo que ya he escrito) que “innovar” y “desmecanizar” la lectura sigue siendo uno de mis objetivos. Pero en esto sólo podrás darme la razón (o quitármela) cuando aparezca, Dios mediante, mi novela sobre el talento.

 

Luis García: ¿Llegaste en algún momento a perder la ilusión? Te lo pregunto porque ser el ganador mas joven del Herralde (corrígeme si me equivoco) y no entrar en el gran “circo” literario parece un poco raro, cuando menos...

Alberto Olmos: El ganador más joven del Herralde es Andrés Neuman, con Bariloche: 22 años. No perdí la ilusión porque de ser así hubiera dejado de escribir. Para el mí el gran circo literario es Kafka y Juan Rulfo. Esta afirmación me parece tan evidente que no la voy a desarrollar.

  
Luis García: Y ¿qué estas escribiendo en estos momentos?

Alberto Olmos: Sigo indagando lo literario en Internet. Ya me han vuelto a diagnosticar el mal de “escribes demasiado”, así que me parece buena salida desahogarme en la Red. Aparte de que me encanta ese halo de guerrilla, independencia y underground que tiene la ciberliteratura.

 

Reseña

Alberto Olmos
Trenes hacia Tokio

X Premio  de Arte Joven Novela de la Comunidad de Madrid 06
Edita Lengua de Trapo. 2007-03-02

Los Narrablog

El libro Trenes hacia Tokio es la reflexión del individuo ante una sociedad que no entiende, con una mirada occidental. Alberto Olmos escribe sobre lo que ve en una aproximación a ese mundo,  para interpretar la profundidad de sentido japonés. Con pequeños textos como formato,  nos muestra una polaroid personal de la vida, el ocio, las relaciones y el paso del tiempo.

El protagonista cada día viaja en un total de ocho trenes para ir y volver a su lugar de trabajo. Esto que nos puede parecer kafkiano se convierte para él en su escaparate de referencia, al observar -unas veces con acierto, otras por territorios más trillados- dos mundos que conviven con referencias culturales de difícil transposición a la página en blanco. Se puede contar lo que se ve y fallar en el intento o se puede contar lo que se ve y hacer de retazos, y de momentos desbaratados un texto para ser leído con simpatía. Eso le ocurre a este libro.

Cuando he titulado Los Narrablog me refería a los escritores que decostruyen la narración en rodajas, y la escritura a tramos o en forma de posts. La creciente llegada de jóvenes novelistas – Mallo, Aseijas, Olmos- en donde la ficción ocurre a tramos, con párrafos cortos y en donde todo se resuelve en pocas páginas. Es el descubrimiento de la escritura en tiempos de Internet. Nos da la impresión que la forma y el lenguaje proceden de otro modelo y soporte. Es el de la escritura en Red. La estética blog define de una manera que todos comprendemos esta propuesta.

Trenes hasta Tokio bien pudiera ser la recopilación de post en un blog hecho desde Japón. Sólo que esta sucesión de notas se hilvanan de una manera productiva  para darnos un resultado final coherente. Llega una nueva tendencia o generación que ha crecido escribiendo en la Red, por lo tanto con las herramientas que comprenden y manejan de una forma que conecta con gran parte del público que recibe su mensaje. Estamos ante el descubrimiento de escritores digitales que acceden a soporte impreso para darse a conocer pero respetando su estética electrónica.

El libro combina elementos de ensayo, poesía, reflexión, teatro, guión y visualmente muy cinematográfica la vida cotidiana de un profesor boliviano – alte ego del escritor- defendiéndose en un mundo donde hay pantallas hasta en los lavabos. Entretenido y coherente, el autor nos cuenta ese aspecto de la cultura japonesa con los ojos de un español nacido en Segovia, el choque resulta muy acertado.

Sean bienvenidos pues Los Narrablog al lugar de los libros que gusta leer a la gente y encima caen bien a la crítica. Si no podemos publicar relatos, hagamos una novela de relatos. Llegan los blogcuentistas.

Nacho Fernández

 

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